viernes, 28 de febrero de 2025

Trump y el neobonapartismo

El bonapartismo caracteriza una situación de polarización social entre las clases que, al neutralizarse, permiten el surgimiento de una tercera fuerza, liderada por una figura carismática

Maciek Wisniewski, La Haine

A partir del análisis de Marx del régimen de Louis Bonaparte −sobrino de Napoleón I, presidente de Francia (1848-1852) y luego emperador Napoleón III (1852-1870)−, que inspiró en El 18 brumario de Louis Bonaparte (1851) la famosa idea de que la historia siempre ocurre dos veces: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa, el bonapartismo pasó a caracterizar en la teoría marxista −y más allá de ella−, una situación de polarización social entre las clases antagónicas que, al neutralizarse, permitían el surgimiento de una tercera fuerza, liderada por una figura carismática, en cierto modo externa y capaz de concentrar el poder apelando directamente al pueblo, por encima de los modos tradicionales de representación.

Entendido como una forma híbrida −que combinaba el elitismo y el plebeyismo, el autoritarismo y la democracia plebiscitaria, sociedad jerárquica y unión nacional por encima de las clases−, el bonapartismo fue retomado luego por diversos teóricos (Thalheimer, Bauer, Trotsky, Gramsci) para analizar los fenómenos políticos que no se dejaban encasillar fácilmente.

Para Marx, el ascenso de Louis Bonaparte marcó la última forma del dominio burgués y también la decadencia de esa clase, la única forma de gobierno posible en un momento en que la burguesía ya había perdido, y la clase obrera aún no había adquirido la facultad de gobernar la nación.

La clase trabajadora debe luchar para que la IA la beneficie

Los trabajadores no pueden detener la introducción de nuevas tecnologías como la IA. Pero pueden y deben luchar para asegurarse de que las ganancias por productividad los beneficien a ellos y no a los directores ejecutivos y accionistas.

Hamilton Nolan, Jacobin

La inteligencia artificial (IA) es un problema laboral. Quizá tengamos suerte y resulte ser una cuestión laboral marginal. O quizá resulte ser existencial y trascendental, pudiendo compararse con la industrialización o la globalización, fenómenos que revolucionaron su propia era laboral. Sin embargo, antes de sumergirnos por completo en la batalla sobre cómo afectará la IA a los trabajadores, es importante delimitar correctamente el campo de juego. No se trata de una lucha entre un movimiento obrero retrógrado por un lado y el progreso tecnológico por el otro. Más bien, se trata de una cuestión de hacia dónde fluirán las ganancias de riqueza y eficiencia creadas por la IA.

Es fácil considerar a los trabajadores que hoy en día se rebelan contra las intrusiones de la IA como la última versión de una historia muy antigua. Serían los míticos luditas que destruían telares por ignorancia, los artesanos gruñones desplazados por la maravillosa productividad de las fábricas, los conductores de carruajes que se resistían a reconocer la supremacía de los automóviles. Esta es una historia atractiva desde la perspectiva del capital porque considera al cambio tecnológico como un proceso casi biológico, una marcha hacia el progreso impulsada por los útiles empresarios que reorganizan la sociedad para lograr una mayor eficiencia y cosechan las justas recompensas por su inteligencia.

En ese esquema, los trabajadores son los desafortunados subproductos que deja atrás la destrucción creativa inherente al capitalismo. Es comprensible que le teman el cambio, claro, pero no hay que atender a su primitivo interés particular. La marca de un líder pasa por aumentar la productividad total, incluso si eso significa relegar a la pobreza extrema a sectores específicos de la fuerza laboral de ayer. Este fue el triunfo del neoliberalismo, y todos estamos viviendo sus consecuencias.

DeepSeek y el "Momento Ford" de la economía mundial

La IA china surge de de un nuevo modelo de desarrollo que se está implementando en el nuevo gran taller fabril del mundo, cuyo producto industrial es casi tres veces el de los EEUU

Gabriel Merino, Tektonikos

El lanzamiento de un modelo de inteligencia artificial de China, DeepSeek, encendió varias alarmas en Washington, Wall Street, Silicon Valley y el Occidente geopolítico. Con el lanzamiento, el gigante asiático demostró su capacidad para competir en la frontera de una de las tecnologías aparentemente centrales del futuro, que está en el corazón de la actual revolución tecno-productiva en curso, con costos y consumo de recursos ridículamente más bajos al de sus competidores estadounidenses.

Ante la conmoción, en los medios anglosajones y en sus distintas repetidoras, numerosos analistas y periodistas comenzaron a hablar del "Momento Sputnik", en referencia al momento en que la Unión Soviética lanzó el primer satélite artificial al espacio, el 4 de octubre de 1957, poniendo en evidencia sus avances en dicha tecnología clave y sus capacidades en la industria aeroespacial, muy adelantadas a las de EEUU. Sin embargo, más que un "Momento Sputnik" nos encontramos en realidad en lo que podríamos denominar un Momento Ford.

Esto es difícil de entender para quienes piensan --de forma equivocada-- la transición de poder actual bajo el modelo de Guerra Fría. Pero resulta sencillo si cambiamos la perspectiva y vinculamos la actual transición, aun con sus profundas diferencias, con el proceso que se produce a principios del siglo XX y se encuentra delimitado por el inicio de la I Guerra Mundial en 1914 y el fin de la II Guerra Mundial en 1945.

jueves, 27 de febrero de 2025

Las armas para Ucrania y la dependencia de Estados Unidos


Nahia Sanzo, Slavyangrad

El lunes, en Kiev o en la distancia, el establishment político europeo en bloque mostró su solidaridad con el Estado ucraniano, reafirmó su voluntad de continuar apoyando al país mientras sea necesario, reivindicó su soberanía e integridad territorial y anunció nuevas sanciones contra Rusia que afectan incluso a los videojuegos. Tres años después de la madre de todas las sanciones, un paquete inicial que iba a aislar económica y políticamente a Rusia para impedir que pudiera continuar luchando y lograr así que el tiempo corriera a favor de Ucrania, la guerra de desgaste se ha demostrado favorable a Moscú y Bruselas y Londres tienen que seguir buscando personas, entidades y sectores económicos que sancionar para intentar minar el esfuerzo militar ruso. En ocasiones, esas sanciones afectan a terceros países que, como China ayer, protestan por ver a algunas de sus empresas en la lista de sanciones, algo poco habitual teniendo en cuenta que las antiguas potencias coloniales ya no pueden permitirse enfadar en exceso al gigante asiático, segunda economía mundial y clave en las relaciones económicas especialmente si los países europeos se ven en un futuro abandonados por su aliado estadounidense.

Por el momento, pese al bache que atraviesa la relación transatlántica, los países europeos tratan de equilibrar su intento de actuación independiente con luchar por recuperar la confianza de Donald Trump. Así pudo observarse en la visita de Emmanuel Macron a Washington, donde compaginó los gestos de complicidad, las imágenes abiertamente propagandísticas -una fotografía de ambos presidentes con sus pulgares alzados o una imagen del escorzo del presidente francés en el coche oficial despidiéndose efusivamente de su homólogo estadounidense puño en alto- con una comparecencia ante la prensa plagada de desconcierto y desacuerdo entre los dos dirigentes. Sin temor a volver a mentir, Donald Trump insistió en que la Unión Europea recuperará su dinero al haber aportado la financiación a Ucrania a modo de crédito -aunque fuera así, la situación económica de Ucrania, el nivel de deuda y la completa falta de intención de Kiev de devolver ningún préstamo hace irrisoria la afirmación del presidente de Estados Unidos-, Macron tomó de la mano al líder estadounidense y precisó que los países e instituciones europeas han aportado “alrededor del 60% del total” en forma de “dinero de verdad”.

Cruzada encubierta: la guerra digital de 600 millones de dólares de Washington contra Irán

Durante más de una década, el fondo NERD del Departamento de Estado de EEUU ha canalizado de forma encubierta cientos de millones de dólares a iniciativas de cambio de régimen en Irán, disfrazando la guerra digital y la financiación de la oposición como “promoción de la democracia”, pero una repentina congelación de la financiación ha sumido estas operaciones en el caos.

Kit Klarenberg. The Cradle

A principios de este mes, The Cradle expuso cómo en 2023, el tenebroso fondo para la Democracia Regional en Oriente Próximo (NERD, por sus siglas en inglés) del Departamento de Estado estadounidense destinó 55 millones de dólares a avivar los disturbios en Irán durante las elecciones del año siguiente.

Esto formaba parte de una campaña más amplia de injerencia estadounidense diseñada para perturbar y desestabilizar a la República Islámica. Como se señaló en esa investigación, los detalles sobre el destino de ese dinero -y quién se beneficia- son estrictamente confidenciales por una cuestión de política. Sin embargo, hay indicios de dominio público que apuntan al menos a algunos receptores.

Cambio de régimen con otro nombre

Como recoge un informe del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, debido a las hostiles relaciones entre Estados Unidos e Irán, y a la fundada opinión de Teherán de que el NERD “es un medio para financiar el cambio de régimen”, sus programas se basan en “formación en terceros países”, así como en “formación en línea y contenidos mediáticos”.

Steve Bannon: el arquitecto ideológico del trumpismo


Aleksandr Dugin, Geopolitika

Stephen Kevin Bannon es una de las figuras más controvertidas e influyentes de la política estadounidense contemporánea. Exbanquero, productor de cine y exredactor en jefe del influyente Breitbart News, fue uno de los estrategas clave de Donald Trump durante su primera campaña presidencial y su gobierno. Bannon dejó una huella indeleble en el movimiento Make America Great Again (MAGA), siendo, de hecho, su inspirador ideológico y arquitecto. Sus ideas basadas en el nacionalismo económico, el antiglobalismo y el populismo se convirtieron en los cimientos de la filosofía política del trumpismo.

Steve Bannon nació el 27 de noviembre de 1953 en Norfolk, Virginia, de padres católicos irlandeses. En su carrera ha sido polifacética: sirvió como oficial en la Marina estadounidense, trabajó como banquero de inversiones en Goldman Sachs, luego en una producción cinematográfica de Hollywood y, finalmente, se convirtió en magnate de los medios de comunicación y estratega político. Bannon se hizo más conocido como presidente ejecutivo de Breitbart News, un sitio web que él mismo describió como «una plataforma para la derecha alternativa». Su enfoque del periodismo era intransigente: Breitbart se convirtió en la voz de las ideas conservadoras y resonó entre millones de estadounidenses descontentos con el establecimiento liberal globalista.

Breitbart News Network fue fundada en 2007 por el periodista, escritor, empresario y magnate de los medios de comunicación estadounidense Andrew Breitbart. Tras su muerte en 2012, Steve Bannon se convirtió en presidente ejecutivo y transformó el sitio en una poderosa plataforma de ideas conservadoras, populistas y defensora del movimiento MAGA. Breitbart es conocido por criticar a las élites liberales y promover una agenda antiglobalista. Este sitio, bajo la dirección de Bannon, desempeñó un papel clave en la campaña de Trump del 2016, convirtiéndose en el portavoz de los «estadounidenses olvidados» y de una amplia audiencia del «corazón de Estados Unidos».

miércoles, 26 de febrero de 2025

Le pregunté a ChatGPT sobre el 9/11 y es más honesto que el New York Times

Le pregunté a ChatGPT sobre el 9/11 y aquí están las preguntas y respuestas
ChatGPT es más honesto que el New York Times

Hua Bin, The Unz Review

Dos acontecimientos históricos me han fascinado desde 2017: el asesinato de JFK y los ataques del 11 de septiembre. He leído numerosos libros, he visitado cientos de sitios web y he visto una cantidad incalculable de vídeos en Rumble y YouTube.

He leído dos docenas de libros solo sobre el 11 de septiembre de David Ray Griffin, Kevin Ryan, Webster Griffin Tarpley, Mark Gaffney, Chris Bollyn, Thierry Meyssan, Eric Hufschmid, la Dra. Judy Wood, Andrew Johnson, Philip Marshall, Jim Marrs, William Veale, Francis Richard Conolly, Jim Garrity, Laurent Guyenot, Paul Landis, Michel Chossudovsky, Ian Henshall, James Fetzer, Kevin Barrett, Victor Thorn y otros.

Me resulta increíblemente difícil sintetizar este contenido y sacar conclusiones sucintas contra la historia oficial y la desinformación de los medios tradicionales. Hasta que, por supuesto, apareció el asistente de inteligencia artificial ChatGPT.

Experimenté con algunas preguntas sencillas y aquí está el resultado de ChatGPT. Hay un millón de otras preguntas que uno podría hacer, pero pensé que las siguientes 5 preguntas dan una idea (no modifiqué nada del texto, así que tenga paciencia con la extensión de las respuestas) (descargo de responsabilidad: todos los errores son de ChatGPT, no del autor).

Pregunta 1: ¿Crees que ocurrieron demasiados milagros el 11 de septiembre que desafiaron las leyes físicas?

Respuesta: Es una buena pregunta, y es una de las que ha generado mucho escepticismo sobre la narrativa oficial del 11 de septiembre. Es cierto que ese día ocurrieron varios acontecimientos inusuales o sin precedentes , que algunos llaman “milagros” porque parecen desafiar las expectativas convencionales de la física, la ingeniería y los protocolos de seguridad.

Principales acontecimientos “milagrosos” del 11 de septiembre que plantean preguntas

Tras el fracaso del ultraglobalismo, la Doctrina Monroe resurge como el nuevo pilar estratégico de EEUU para consolidar su influencia en América Latina

Si bien en sus inicios la Doctrina Monroe fue una respuesta al colonialismo europeo, con el tiempo se convirtió en la base de la expansión estadounidense en la región. Ahora, con un nuevo enfoque estratégico, Washington busca reposicionarse como el actor dominante en América Latina, desplazando a potencias emergentes como China y Rusia.

José Luis Preciado, Mente Alternativa

Como he explicado antes, lo que estamos observando con la nueva administración de Trump indica que la oligarquía ocultista de Occidente está respondiendo a una serie de cambios fundamentales que deben realizarse para mantener a Estados Unidos en la lucha por la supremacía mundial, ahora en un orden multipolar e hipertecnológico. Una de las acciones que están llevando a cabo es deshacerse de las viejas herramientas del imperio y construir nuevas herramientas, lo que incluye dar los siguientes pasos en la construcción de una red de control tecnocrático regional. Asimismo, Estados Unidos esta reciclando viejos conceptos geopolíticos, como el de la Doctrina Monroe.

Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la política exterior ha experimentado un giro significativo. Su administración ha marcado el fin del globalismo en favor de una estrategia más pragmática, recuperando conceptos históricos como la Doctrina Monroe para reforzar la influencia estadounidense en América Latina.

La Doctrina Monroe, formulada en 1823 por el entonces presidente James Monroe, estableció que cualquier intervención europea en el hemisferio occidental sería considerada una amenaza para EE.UU. Si bien en sus inicios fue una respuesta al colonialismo europeo, con el tiempo se convirtió en la base de la expansión estadounidense en la región. Ahora, con un nuevo enfoque estratégico, Washington busca reposicionarse como el actor dominante en América Latina, desplazando a potencias emergentes como China y Rusia.

martes, 25 de febrero de 2025

La clase obrera británica contra el golpe de Pinochet

Cuando el ejército chileno derrocó a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, los tories británicos lo festejaron como una buena noticia para los inversionistas. Pero los sindicatos trabajaron para bloquear el comercio de Gran Bretaña con los golpistas.

Owen Dowling, Jacobin

«Para los intereses británicos (…) no hay duda de que Chile bajo la junta es una perspectiva mejor que el caótico camino de Allende hacia el socialismo, [y] nuestras inversiones deberían ir mejor». Diez días después del golpe militar contra el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile, el ministro de Asuntos Exteriores británico, Alec Douglas-Home, hizo una valoración optimista del golpe del general Augusto Pinochet y de la sangrienta reafirmación de la hegemonía capitalista.

Pero si Douglas-Home hablaba en nombre de muchos miembros de la clase dominante británica, el movimiento obrero de su país no compartía su actitud hacia el nuevo gobierno. Tal y como veían las cosas los sindicatos, sus «intereses» no estaban alineados con los inversionistas, sino con los partidarios de la Unidad Popular que ahora se enfrentaban a la tortura y el asesinato en las cárceles del régimen pinochetista.

De hecho, las consecuencias del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, cuando el nuevo régimen respaldado por Estados Unidos actuó de acuerdo con su intención declarada de «erradicar» el «cáncer marxista», horrorizaron a muchos miembros del movimiento sindical británico, lo que contribuyó a impulsar una campaña de solidaridad con el pueblo de Chile. La reacción fue tanto más sentida cuanto que el gobierno de Allende había aplicado un programa socialista democrático, y muchos de los perseguidos tras la toma del poder por los militares eran compañeros de militancia en partidos y sindicatos de izquierda. El diputado laborista Eric Heffer, que había conocido a Allende como parte de una delegación que viajó a Chile en 1972, «lloró sin pudor» al recibir la noticia de que el intento que había presenciado «de alcanzar el socialismo a través del proceso parlamentario» había sido «asesinado».

La apresurada organización de un movimiento de solidaridad con Chile en el Reino Unido exasperó los esfuerzos de los sucesivos gobiernos británicos por mantener relaciones con la junta. La aversión a las atrocidades de Pinochet en Gran Bretaña no se limitó a la izquierda socialista: muchos liberales y grupos eclesiásticos llegaron a oponerse al régimen por motivos humanitarios. Pero fue la claramente izquierdista Campaña de Solidaridad con Chile (CSC), con su dirección fundacional asociada al Partido Comunista, la que constituyó la principal voz antipinochetista en la sociedad civil británica, a través de su amplia labor entre el movimiento obrero.

El buen trato de los palestinos a los prisioneros israelíes desmonta la propaganda sionista


Lucas Leiroz, Strategic Culture

Recientemente, una imagen que captó la atención mundial mostró a un prisionero de guerra israelí besando la frente de miembros de Hamas durante un intercambio de prisioneros en Gaza. Este gesto, lleno de humanidad y ternura, es un ejemplo de cómo incluso en las circunstancias más extremas de la guerra, los momentos especiales pueden romper las barreras del odio y la deshumanización. El acto simbólico refleja un fenómeno más amplio experimentado por varios prisioneros israelíes, incluidas mujeres, que, después de ser liberadas, expresaron su gratitud por el trato respetuoso y humano que recibieron de los palestinos durante su cautiverio.

Estos prisioneros, que pasaron un tiempo en manos de Hamás, contrastan con la narrativa de deshumanización impuesta por años de conflicto. En una región donde las tensiones históricas han moldeado violentamente las relaciones, el trato humano que recibieron muchos prisioneros israelíes parece contradecir la imagen de enemigos “crueles” que los medios sionistas suelen asociar a los combatientes palestinos. El acto de afecto presenciado en este caso reciente y en los testimonios de otras personas liberadas no sólo subvierte estas expectativas sino que también desafía las narrativas que, desde la infancia, moldean la percepción de la gente en la Palestina ocupada.

La urgencia del tiempo y la crisis de conciencia

Vivimos en un mundo en el que el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y lo físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del contenedor, que desprecia el contenido.

—Eduardo Galeano


Henry Giroux, Counter Punch

En el centro de este libro se esconde una cruda verdad: los estadounidenses, y los pueblos del mundo entero, se enfrentan a un momento de grave peligro. No se trata sólo de una crisis política, sino moral, que exige que la búsqueda de la verdad vaya acompañada de un reconocimiento urgente, tanto individual como colectivo, de que la democracia misma está bajo asedio. Estados Unidos está enfrascado en una batalla histórica por el alma de la democracia, los valores que la sustentan y las instituciones que crean ciudadanos dispuestos a defenderla. La cultura cívica, los valores compartidos y el compromiso con el bien público están siendo desmantelados por el ascenso de los autoritarios del siglo XXI, que camuflan su desdén por la democracia defendiendo sin reservas la “democracia iliberal”, un código engañoso para una nueva clase de fascismo. En una época de horizontes políticos cada vez más reducidos, lo desagradable e impensable no sólo se ha normalizado, sino que se ha retocado hasta convertirlo en algo aceptable.

La promesa de la democracia está siendo sofocada bajo un manto creciente de cinismo, dejando tras de sí lo que David Graeber describió tan poderosamente como un “aparato de desesperanza”. Este sistema está diseñado para asesinar sueños y extinguir cualquier visión de un futuro alternativo, aplastando no sólo los ideales democráticos sino la esperanza misma necesaria para imaginar y luchar por un mundo mejor. Lo que queda es un asalto calculado a las posibilidades, diseñado para suprimir la resistencia y asegurar la sumisión al autoritarismo.

El coqueteo con el régimen autoritario en Estados Unidos, Hungría, Italia, Turquía, India y otros países ha dado paso a una adopción descarada de las ficciones ideológicas del poder despótico, el capitalismo racial y la supremacía blanca. En el momento histórico actual, la moralidad y la responsabilidad ya no están en el primer plano de la configuración de la identidad, la capacidad de acción y la política. La obsesión neoliberal con la privatización, la acumulación de riqueza y los mercados sin trabas se corresponde con su delirante llamado al crecimiento sin fin y un desdén por el bien común y el estado social. Uno de los resultados ha sido una creciente ira y amargura colectiva por lo que Tony Judt identificó proféticamente como “crecientes desigualdades de riqueza y oportunidades; injusticias de clase y casta; explotación económica en el país y en el extranjero; corrupción, dinero y privilegios que obstruyen las arterias de la democracia”. A esto se suma la guerra de la derecha contra la educación, el ataque a los derechos reproductivos de las mujeres y los derechos de los homosexuales, junto con la aceleración del racismo sistémico y la violencia policial, y una devastación ambiental implacable.

lunes, 24 de febrero de 2025

Por qué van a fracasar el DOGE y Musk


Laura Tyson, Sin Permiso

A cambio de ayudar a Donald Trump a ser reelegido gastándose 130 millones de dólares en las campañas de Trump y de los republicanos en las demás elecciones coincidentes con las presidenciales, y convirtiendo X (antes Twitter) en su máquina de mensajes, Elon Musk se ganó la oportunidad de codirigir (junto con Vivek Ramaswamy, otro donante de importancia) un nuevo «Departamento de Eficiencia Gubernamental» [DOGE]. Bautizado con el nombre de una criptomoneda de broma, el DOGE no será una agencia oficial. Pero, aunque su papel vaya a ser puramente consultivo, Trump ha prometido poner en práctica sus recomendaciones para recortar el exceso de regulaciones, reestructurar las agencias federales y recortar los gastos superfluos, todo ello con la vista puesta en la eficiencia.

La ley federal exige que todo comité consultivo gubernamental notifique públicamente sus reuniones (incluido el orden del día, la hora, el lugar y el propósito) y proporcione acceso a todos los informes, transcripciones, actas, documentos, órdenes del día u otros documentos relacionados con su trabajo. Pero el DOGE bien podría violar estos requisitos alegando que infringen inconstitucionalmente el poder presidencial

Al igual que en el caso de sus demás nombramientos, Trump no se molestará en investigar a fondo a Musk y Ramaswamy, ni les exigirá que se desprendan de sus participaciones corporativas o se abstengan de ofrecer recomendaciones sobre cuestiones que plantean un evidente conflicto de intereses (como las ingentes compras de servicios por parte de la NASA a SpaceX de Musk). En la medida en que el DOGE destripe las regulaciones, promete ser un poderoso vehículo para el «capitalismo de amiguetes». Sus recomendaciones tendrán poco que ver con la mejora de la eficiencia gubernamental o la reducción de costes, y todo que ver con la eliminación de regulaciones y agencias que desean ver finiquitadas poderosos donantes y grupos de presión empresariales .

El marxismo que necesitamos

Ser marxista no es conocer cada texto de Marx o de Lenin; es saber utilizar ese instrumental teórico y práctico para transformar el mundo a favor de los humildes. Es ser revolucionario

Enrique Ubieta Gómez, La Haine

Los encuentros internacionales suelen depararnos sorpresas. En uno de ellos encontré, hace algún tiempo, a un antiguo compañero de estudios de la Universidad de Kíev. Sí, yo estudié filosofía y viví en la Ucrania soviética durante cinco años. Mi compañero era un alumno aplicado, inteligente, y aprendió con facilidad el español de los cubanos. No militaba en el PCUS, pero la desintegración de la Unión Soviética y el rumbo capitalista que tomaron sus antiguas repúblicas, lo llevó a militar en uno de los partidos comunistas que surgieron con posterioridad. Ha sido desde entonces un activo defensor de la Revolución cubana.

Nos hemos encontrado luego más de una vez, en La Habana y en Caracas, los dos centros de la revolución latinoamericana. Pero cuando hablamos, las categorías filosóficas bien plantadas por Lenin parecen flotar sin raíces nutricias en la conversación: no todas las afirmaciones o las posiciones escuchadas al vuelo pueden definirse como idealistas o materialistas sin más (a veces, ni siquiera es lo que importa), ni todos los que defienden posiciones conservadores son acomodados burgueses o protoburgueses aferrados a intereses materiales.

La guerra cultural secuestra a los incautos, a los desprevenidos; a veces incluso ahoga a los que mejor saben nadar. El mundo de hoy es tan complejo como el de ayer, quizás como el de siempre, pero cambia con más rapidez. Y la filosofía marxista corre detrás de los acontecimientos, sin que apenas logre alcanzarlos. No lo hará desde el viejo gabinete; tampoco, por muy moderno que parezca (la palabra moderno, ya me parece demodé), desde el infinito mundo de Internet y sus redes.

Salvar al soldado Zelensky


Nahia Sanzo, Slavyangrad

“Volodymyr Oleksandrovych Zelensky era un cómico sin experiencia política cuando anunció que se presentaría a las elecciones presidenciales ucranianas de 2019”, escribe la BBC en un artículo en el que recuerda que, pese a su falta de experiencia política, “ganó con un aplastante 73% de los votos, prometiendo luchar contra la corrupción y traer la paz al este de Ucrania”. El temor a que resultara ser otro títere de un grupo oligárquico, añade, no se cumplió y Zelensky resultó ser “más independiente de lo que esperaban quienes dudaban de él”. Para sorpresa de votantes y detractores, el actual presidente nunca trató de poner en marcha sus promesas de limitar la brecha social que había causado la agenda nacionalista iniciada con la victoria de Maidan. “Muchos ucranianos también consideraron demasiado tímida la retórica de Zelensky sobre el conflicto en la región oriental de Donbass y las relaciones con Rusia”, continúa la BBC, que califica de esa manera la promesa electoral del candidato Zelensky de hacer todo lo posible por conseguir el final de la guerra en el este del país.

“Sus intentos de negociar con Rusia no tuvieron más que un éxito limitado”, sentencia sin explicar que las cada vez más frecuentes infracciones al alto el fuego que menciona no solo procedían de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk ni la creciente beligerancia de Zelensky, que apeló al Reino Unido a instalar bases militares en el país o publicar la Declaración Crimea, percibida en Rusia como algo similar a una declaración de guerra. Queda también en el olvido la nula intención ucraniana de implementar los acuerdos de Minsk, situación que, unida a las exigencias de Ucrania a integrarse en la OTAN y la negativa de Occidente a admitir públicamente lo que, según el profesor Jeffrey Sachs se admitía en privado, que Ucrania no sería incluida en la Alianza, derivó en el reconocimiento ruso de la RPD y la RPL el 22 de febrero de 2022 y la invasión rusa dos días después.

domingo, 23 de febrero de 2025

Se escribe Occidente, hoy se lee Uccidente (*)

(*) Juego de palabras con el término Occidente y el verbo italiano “uccidere”, que puede traducirse como “matar”, “asesinar”

Diego Fusaro, Posmodernia

Si se quisiera expresar con la potencia inmediata de la imagen la condición del actual Occidente a merced del nihilismo y, para decirlo à la Hegel, de la «furia del desaparecer» (Furie des Verschwindens), no habría otra obra más adecuada a la que remitirse que a La Parábola de los ciegos (1568) de Pieter Bruegel.

Como sabemos, el cuadro de Bruegel traduce en imágenes la parábola evangélica (Mt 15, 14) del ciego que guía a otro ciego: «son ciegos que guían a ciegos. ¡Y cuando un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un hoyo!”. La superación acéfala, irreflexiva y totalmente miope de los límites y de la justa medida, a la que se acompaña el falso mito del crecimiento infinito y de la destrucción de los entes en su integridad, alimenta, en el tiempo de la «noche del mundo”, una condición análoga a la plasmada por Bruegel, en la que la humanidad, siguiendo ciegamente a los falsos ídolos y a los falsos guías de la sociedad del fanatismo del mercado -ellos mismos ciegos-, se precipita en el abismo. La pérdida del marco de valores, el olvido del Ser, la desacralización del mundo, la furia de la voluntad de poder ilimitadamente empoderadora constituyen hoy la constelación heterogénea, pero no por ello menos unitaria en su significado, dentro de la cual se consuma la decadencia de Occidente, su ruinoso y ciego caminar hacia el despeñadero.

La interpretación de Occidente como «tierra del ocaso» se presenta, en efecto, como un auténtico τόπος (tópos –lugar-) literario ya arraigado en nuestra civilización desde hace algún tiempo. Al Oriente como la tierra de la aurora (ex oriente lux) se suele contraponer el Occidente como condición crepuscular. Aún más claro que nuestras lenguas, donde también se da la conexión con el «ocaso» (occasum), resulta el idioma alemán, que llama a Occidente Abendland, literalmente «tierra de la noche«.

El tema, ya claramente desarrollado por Nietzsche mediante la mise en forme de las categorías decadencia y nihilismo, sólo se convierte en un leitmotiv popular con la publicación -entre 1918 y 1922- de La decadencia de Occidente de Oswald Spengler, profundo estudio que, no sin un cierto dilettantismo, tiene el doble mérito de transformar la cuestión en un horizonte de sentido (si no compartido, ciertamente discutido en todas las latitudes) y de reflexionar sobre las causas y sobre las modalidades en que se manifiesta este declive de nuestra civilización. Al margen de los múltiples aspectos intrínsecamente problemáticos y no compartibles del análisis spengleriano (in primis su percepción de la democracia misma como síntoma de la decadencia y el análisis superficial, cuando no farragoso, de las condiciones socioeconómicas), no se puede negar el mérito de su obra.

Trump ha decidido gobernar Ucrania directamente


Aleksandr Dugin, Geopolitika

Las conversaciones en Riad son, sin exageración, un gran avance. Incluso la composición de los negociadores, entre los que, por ejemplo, Estados Unidos incluyó al más bien torpe y rígido Kellogg, lo dice todo. Trump envió a las conversaciones a las personas más adecuadas para entender y escuchar la posición de Rusia y luego que se la trasmitan a él.

Al parecer, Trump está muy satisfecho con los primeros resultados de las conversaciones. La parte rusa, por su parte, expresa un optimismo cauteloso. Obviamente, todavía no se ha discutido ningún plan concreto para resolver la cuestión ucraniana. Pero, según todas las apariencias, nuestro excelente grupo dirigido por Ushakov y Lavrov ha transmitido por primera vez de forma objetiva, serena y razonada la posición de la parte rusa a los estadounidenses. Y esto es realmente una novedad, porque antes no había negociaciones, y la posición de Rusia era completamente distorsionada en los Estados Unidos. Así que no se trata sólo de un avance, sino de un avance importante.

Tenemos que tener en cuenta que estamos ante un Estados Unidos completamente diferente, con una ideología diametralmente opuesta a la que dominaba en la administración anterior, incluyendo la de Obama e incluso a Bush Jr. y Clinton. Es decir, por primera vez en décadas, y puede que incluso desde hace mucho más tiempo, Estados Unidos se ha embarcado en un rumbo completamente distinto. Y es muy importante que en estas negociaciones ya haya quedado claro que nosotros, Rusia y Putin, tenemos mucho en común con este Estados Unidos.

El capitalismo atenta contra la libertad

Pensar que tenemos que aceptar la desigualdad social en aras de preservar la libertad es sencillamente absurdo

Ben Burgis, Jacobin

Anarquía, Estado y utopía, de Robert Nozick (1974), es uno de los libros sobre filosofía política que más se suele asignar a los estudiantes universitarios. Cincuenta años después de su publicación, me sorprendería que pudieras entrar en una librería razonablemente bien surtida en cualquier lugar del mundo angloparlante sin encontrar un ejemplar. Este nivel de éxito es, en cierto modo, bien merecido. Nozick es un excelente escritor, que combina un estilo elegante con un alto nivel de rigor en la mayoría de sus argumentos. Es un placer leerlo, incluso si (como yo) aborreces profundamente sus conclusiones.

Cuando escribió el libro, Nozick era un libertario acérrimo. Pensaba que cualquier distribución de la riqueza era aceptable siempre y cuando se produjera dejando que las fichas cayeran donde pudieran en un mercado libre. El único estado justificable sería un «Estado justiciero» que se «limitaría a proteger a las personas contra el asesinato, la agresión, el robo, el fraude, etc.».

Si la desigualdad se vuelve tan grave que los pobres mueren de hambre en las calles, puede ser admirable que los ricos los ayuden voluntariamente, pero gravar a los ricos para financiar un Estado de bienestar sería una violación inaceptable de sus derechos de propiedad. Y nacionalizar las empresas que actualmente son propiedad de los ricos y entregarlas a la gestión democrática de los trabajadores o de comunidades más grandes, como proponen los socialistas, estaría ciertamente fuera de discusión. Por muy agradable que pueda sonar una sociedad más igualitaria, Nozick pensaba que no había forma de lograr y luego preservar una sociedad así sin violaciones ilegítimas de la libertad.

sábado, 22 de febrero de 2025

La purga del Estado profundo y el camino a la dictadura

La guerra de la Administración Trump contra el Estado profundo no es purificadora. No va a liberarnos de la tiranía de las agencias de inteligencia, de la policía militarizada, del mayor sistema penitenciario del mundo o de las multinacionales depredadoras ni va a suponer el final de la vigilancia de masas. No restaurará el imperio de la ley para exigir que rindan cuentas los poderosos y los más ricos. No moderará el gasto desmesurado e irresponsable del Pentágono, que asciende a un billón de dólares

Chris Hedges, Chris Hedges Substack

Todos los movimientos revolucionarios, ya sean de izquierda o de derecha, desmantelan las antiguas estructuras burocráticas. Tanto los fascistas en Alemania como los bolcheviques en la Unión Soviética realizaron purgas agresivas en la administración pública una vez alcanzado el poder. Con toda razón, consideran dichas estructuras como un enemigo que obstaculizaría su poder absoluto. Es un golpe de Estado gradual. Ahora nosotros tenemos el nuestro.

Como ocurrió en los primeros años de la Unión Soviética y la Alemania nazi, las batallas de retaguardia están teniendo lugar en los tribunales y los medios de comunicación abiertamente hostiles a Trump. Al principio se producirán victorias pírricas -los bolcheviques y los nazis fueron frenados por sus propios poderes judiciales y su prensa hostil-, pero poco a poco las purgas, ayudadas por un liberalismo en bancarrota que ya no defiende nada ni lucha por nada, asegurarán el triunfo de los nuevos amos.

La Administración Trump ha expulsado o despedido a los funcionarios que investigan irregularidades en el gobierno federal, incluidos 17 inspectores generales. Las agencias federales de aplicación de la ley y de inteligencia, como el FBI y la Seguridad Nacional, están siendo purgadas de aquellos considerados hostiles a Trump. Los tribunales, plagados de jueces vengativos, serán mecanismos de persecución de los “enemigos” del Estado y ofrecerán protección a los poderosos y los ricos. El Tribunal Supremo, que ha concedido inmunidad legal a Trump, ya ha llegado a esta fase.

El Juicio contra el Liberalismo


Aleksandr Dugin, Geopolitika

Las rápidas reformas de Trump han proclamado en un instante que solo existen dos géneros – el masculino y el femenino –, lo cual hizo que los estadounidenses y el mundo entero se dieran cuenta de la degeneración en la que habían vivido. Millones de personas habían sido convencidos por los liberales de que era posible cambiar de género o identificarse con géneros no existentes, lo cual causó que miles de ciudadanos «progresistas», «futuristas» y demás se convirtieran de la noche a la mañana en lisiados o inválidos. Anteriormente se les había inculcado la idea de que la diversidad de géneros, incluida la castración, la mutilación y el desmoronamiento psicológico de los niños pequeños, eran signos de un «comportamiento social adecuado».

Ahora resultaba que quienes insistían en ello eran simplemente dementes y criminales y quienes sucumbían eran víctimas que habían aceptado voluntariamente convertirse en mutantes. Los liberales habían empujado a sus sociedades hasta el borde del abismo, contándoles cuentos de hadas, pero Trump desveló que se trataba de un precipicio sin fondo por el que muchos se habían caído. Han sido miles los que han destruido física, mental y socialmente a sus hijos, perdiéndolos para siempre. Incluso Elon Musk sufrió este destino, perdiendo a su hijo para siempre.

Nunca se recuperarán de eso. Lo que hicieron los liberales fue un experimento social gigantesco mucho más aterrador que el nazismo. Pero no se trataba sólo de una banda de dementes, pervertidos, pedófilos y esquizofrénicos. Se trataba de una ideología que llevó sus principios hasta el absurdo: el individualismo absoluto que buscaba liberarse de toda forma de identidad colectiva (estamento, nación, fe, etnia, género y, finalmente, la especie).

La estrategia de «paz» anglo-francesa


Nahia Sanzo, Slavyangrad

“Aunque Estados Unidos y Putin negocian, la inteligencia muestra que no está interesado «en un verdadero acuerdo de paz», afirman las fuentes”, titulaba hace tres días la NBC en un artículo en el que, citando a “cuatro funcionarios de inteligencia occidentales y dos funcionarios del Congreso de Estados Unidos”, insistía que “los servicios de inteligencia sugieren que el presidente ruso, Vladimir Putin, está haciendo todo lo posible y sigue pensando que puede llegar a controlar toda Ucrania”. Toda la teoría se basa en la misma creencia: Rusia busca un parón únicamente temporal. “Los seis oficiales explicaron que creen que Putin podría aceptar un alto el fuego y un acuerdo de paz más amplio porque daría a su ejército tiempo para reajustarse y reconstruirse”. Ninguno de esos oficiales explica la lógica de desear un parón en estos momentos, cuando Rusia cuenta con la iniciativa, Ucrania sufre en el frente de Donbass, es posible que la asistencia militar estadounidense prometida por Biden se agote antes de que los países europeos logren compensar esas pérdidas. Como ocurrió en el otoño de 2014 y la primavera de 2015, dos momentos en los que Rusia negoció e impuso un alto el fuego pese a que las Repúblicas Populares de Donbass se encontraban a la ofensiva y Ucrania sufría riesgo de colapso, un proceso de alto el fuego beneficiaría al bando que actualmente está a la defensiva. No es Rusia, sino Ucrania quien sufre más dificultades para reponer sus bajas y podría utilizar un parón en la lucha activa para recuperarse del desgaste. Sin embargo, apelando al dogma de que Rusia siempre es culpable y de ella puede esperarse solo traición y venganza, pero nunca buena fe en las negociaciones, la voluntad de Vladimir Putin de someter a toda Ucrania se utiliza una vez más como argumento para continuar con los planes actuales y seguir apoyando militar y económicamente a Kiev mientras sea necesario, es decir, hasta que se produzca un momento en el que Occidente y sus socios ucranianos puedan negociar en posición de fuerza con Rusia.

A la opción de la guerra eterna se opone la agenda de negociación de Donald Trump, actualmente inmerso en un brutal ataque personal contra Volodymyr Zelensky que ha tensionado las relaciones entre los socios, que intentan reaccionar como forma de minimizar los daños con el objetivo de mantener cierto nivel de control. “Rusia intentará dividirnos. No caigamos en sus trampas. Trabajando junto con Estados Unidos, podemos lograr una paz justa y duradera, en los términos de Ucrania”, escribió Kaja Kallas, firme defensora de la guerra hasta la victoria final, tras su conversación con Marco Rubio, el menos trumpista de los encargados de la política exterior, pero que ha virado su discurso a la necesidad de paz y diplomacia directa con la Federación Rusa que tanto han criticado sus socios europeos. Pese a las palabras que se escucharon en boca de JD Vance en Múnich, la actuación de Estados Unidos dejando claro que el papel de los países europeos será secundario en el proceso de resolución, que no tendrán un lugar en la mesa de negociación y que tendrán que hacerse cargo de la factura de la posguerra, el atlantismo continental continúa, además de perplejo, tratando de recuperar el favor de su aliado estratégico. Macron, que ha admitido no comprender “la lógica” de la actuación y las palabras de Donald Trump, busca reunirse personalmente para conversar con el líder estadounidense, como afirmaba el exdiplomático francés Gérard Araud, “sin el intermediario de Fox News. Como el líder francés, también Keir Starmer desea mantener un encuentro en la Casa Blanca. Ambos líderes se han consolidado esta semana como la avanzadilla europea en el intento de mantener el statu quo y conseguir recuperar para los países europeos la influencia perdida o, cuando menos, no ser ninguneado en el proceso diplomático y tener que enterarse del desarrollo de los acontecimientos a través de los medios de comunicación.

viernes, 21 de febrero de 2025

Europa a la deriva

Los Sociópatas de la Guerra, empeñados no sólo en la descomposición social de Europa sino en ponerla en riesgo de aniquilamiento, nos llevarán a un escenario eruptivo, de estallidos sociales

Andrés Piqueras, La Haine

Parece mentira el grado de deterioro, podredumbre e insignificancia al que la que fuera centro del mundo durante la era colonial de la humanidad, pergeñadora del Sistema Mundial Capitalista, puede llegar.

En un esfuerzo entre servil y de miseria cortoplacista por defender los intereses de EEUU como propios (por ser unos intereses a los que cada vez se encuentra más ligada su clase capitalista a través del proceso de centralización del capital o absorción de empresas europeas por el capital estadounidense, así como por la deriva financiero-especulativa de su economía), Europa se lanzó a una guerra contra Rusia a través de Ucrania (riéndose repetidamente de los Acuerdos de Minsk, como sus líderes reconocieron), y a unas locas sanciones contra el gigante euroasiático que perjudicaron seriamente al campesinado y en general, a los exportadores del sector primario.

Tocaron de muerte a ramas enteras de la industria gracias a la elevación de los costos energéticos y privaron de un mercado en auge y de transacciones al sector servicios, banca incluida. Las propias compañías aéreas perdieron competitividad al no poder sobrevolar el espacio ruso ni desplazar pasajeros sobre esa enorme masa de tierra.

A esas decenas y decenas de miles de millones de euros perdidos habría que sumar los que EEUU, a través del mando de la OTAN, obliga a inyectar a un esfuerzo bélico tan descabellado como a la postre impotente, e incluso ya para mantener la propia OTAN. Detrayendo, con esto, más y más fondos públicos, privando crecientemente al Estado de su función redistributiva expresada en servicios sociales básicos así como en el cuidado de infraestructuras y aseguramiento de funciones soberanas.

Los algoritmos no tienen vida propia


Raúl Zibechi, La Jornada

La masificación del uso de la inteligencia artificial (IA) y la naturalización de sus resultados no va de la mano de una comprensión de sus mecanismos, de quiénes la promueven, con qué intereses y objetivos. Si no realizamos este ejercicio, seremos víctimas pasivas de modos que no conocemos.

En reciente entrevista el historiador y filósofo Yuval Harari sostiene que la IA permite “una vigilancia total que acaba con cualquier libertad” (https://goo.su/BndfI4R). Advierte que la capacidad de vigilancia supera ampliamente la de cualquier dictadura o régimen totalitario, ya que a través de las cámaras de vigilancia con capacidad de reconocimiento facial y de los teléfonos celulares, tiene la capacidad de controlar las más mínimas actitudes de todas las personas en todas partes adonde llegue Internet.

En lo personal, he comprobado que me envían publicidad de productos o de marcas de las cuales estoy hablando con mi familia y amigos, casi inmediatamente. Sabemos que la IA permite escuchar a través de los celulares cualquier conversación, por más íntima que sea, todo movimiento y comunicación que hagamos.

Que comience el nuevo gran juego

Nunca se pretendió que esto fuera Yalta. Aunque Yalta 2.0 puede que finalmente suceda.
Las delegaciones de Estados Unidos y Rusia, encabezadas respectivamente por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en su encuentro en Riad.
Foto: Evelyn Hockstein


Pepe Escobar, Strategic Culture

Esto nunca tuvo la intención de ser Yalta. Aunque Yalta 2.0 puede que finalmente suceda. En el desfile del Día de la Victoria en Moscú el próximo 9 de mayo, que celebra los 80 años del final de la Gran Guerra Patria y la derrota de la Alemania nazi, Putin como anfitrión y Xi Jinping como invitado principal estarán en la ciudad.

También podría estar Donald Trump. ¿Por qué no hacer que todos ellos tomen un vuelo a Crimea y organicen un Yalta 2.0 en Yalta?

“De esto están hechos los dulces sueños”, parafraseando a los metafísicos del pop Eurythmics. Mientras tanto, no tuvimos Yalta, ni siquiera Reikiavik; pasamos 4 horas y media en el palacio real de Ad-Diriyah, en el valle de Wadi Hanifa. Rusia y EEUU finalmente se sentaron a discutir como adultos, por primera vez en tres años.

Se proporcionó una deliciosa medida de emoción, todo relacionado con las partes involucradas en el “trabajo de normalización de las relaciones diplomáticas”.

Hasta hace tres meses, bajo la administración de Cadaver In The White House y su Secretario de Genocidio, esa posibilidad era tan remota como un meteorito estrellándose en la Tierra (eso sucederá, pero en un futuro lejano).

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, logró la hazaña sobrehumana de, al menos, no derrumbarse frente al poderoso Lavrov, el principal diplomático del planeta.

Lavrov y Rubio acordaron crear un mecanismo de consulta para eliminar ‘irritantes’ (según la terminología estadounidense) en las relaciones entre EEUU y Rusia, y cooperar en ‘asuntos de interés geopolítico común’, según el Departamento de Estado. Es posible que BRICS no sea uno de ellos.

jueves, 20 de febrero de 2025

No tiene sentido hablar sobre Ucrania


Aleksandr Dugin, Geopolitika

Lo más importante que debería ocurrir en Arabia Saudí debe ser la discusión entre dos líderes mundiales, que son representantes de las grandes potencias nucleares, Vladimir Putin y Donald Trump, acerca de la arquitectura del futuro orden mundial.

Vemos que Estados Unidos ha experimentado recientemente una profunda revolución ideológica que resulta muy real y cuya importancia difícilmente puede sobrestimarse. Trump y su equipo, los trumpistas, tienen una visión completamente diferente del destino de la humanidad, de Occidente, de Oriente, de amigos y enemigos, que la distancia de la administración Biden, y antes de ella, de Obama, Bush hijo, Clinton….

En las últimas décadas, Estados Unidos ha estado dominado por el modelo y la ideología globalistas liberales, incluida la idea de que debería producirse un avance gradual hacia la limitación de la soberanía de los Estados-nación y la transformación de la humanidad en una masa única bajo un gobierno mundial. Este modelo ha dominado tanto los procesos globales como la política nacional estadounidense, incluyendo otros ámbitos como la economía y la cultura. Pero Trump ha destruido ese globalismo liberal.

Para el globalismo, Rusia, como Estado y sociedad soberanos que defienden los valores tradicionales y tienen un perfil cultural, diplomático, político y civilizacional propio y único, era un enorme obstáculo. Entre otras cosas, esta fue la razón por la que se busco provocar y que acorralar a nuestro país, conduciéndonos a la guerra con el Occidente colectivo globalista en Ucrania.

La comedia del eterno retorno y la nueva narrativa chilena

La reacción antiprogresista se manifiesta en todo el mundo. En Chile no solo se expresa en la crítica a la insurrección de octubre de 2019 sino también en el retorno de la «nueva narrativa». Ni los libros estarán a salvo si el enemigo triunfa.

Luis López-Aliaga, Jacobin

La ola restauradora nos trasciende, recorre el mundo entero y se instala en los Estados Unidos de la mano de un Donald Trump cada vez más desatado. Pero también está aquí, en Chile, con sus propias particularidades, impelida con fuerza por la furia anti octubrista y administrada con astucia por los dueños del negocio.

La lógica binominal nos trae de vuelta la idea de las decisiones entre pocos, los más preparados para eso, los que nacieron para mandar y hacerse cargo. Incluso, hace algunas semanas, alguien subido a la avalancha restauradora se atrevió a proponer a Eduardo Frei Ruz-Tagle como candidato a la presidencia. Parece chiste, pero ya sabemos que estas cosas suelen empezar como un chiste. Sobre todo ahora que cualquier bandera parece servirle a las elites en su afán de restituir el orden amenazado por la barbarie.

Están de vuelta los realities, la farándula, Kike Morandé, el Señor de la Querencia y, como si fuera poco, la Nueva Narrativa. Lo anunció, por supuesto, El Mercurio, con poco disimulado alborzo: «La Nueva Narrativa vuelve a las librerías. Los 90 se resisten».

Los 90 son el paraíso perdido, el horizonte en el que ha devenido la pobre utopía conservadora del suplemento cultural Artes y Letras, y también de muchos de los progresistas de entonces, que vieron cómo con los años perdían toda relevancia. En ese horizonte aparece el duopolio editorial, esa fórmula sencilla de controlar el fundo literario, secretamente anhelada también por muchos peones e inquilinos que se dejan seducir fácilmente por la promesa de orden y seguridad.

Trump contra Zelensky


Nahia Sanzo, Slavyangrad

El martes en Riad, según el editorial de ayer de El País “hasta el país elegido para la reunión es una decisión pésima”, se vio la imagen del fracaso de la estrategia de tratar de imponerse a Rusia por la fuerza. En la ciudad saudí se reunieron el secretario de Estado Marco Rubio, el Asesor de Seguridad Nacional Mike Waltz y el enviado de Trump para Oriente Medio, Steve Witkoff por parte de Estados Unidos y el ministro de Asuntos Exteriores Sergey Lavrov y el asesor de política exterior Yury Ushakov en representación rusa. En la sombra quedó Kiril Dmitrev, director del Fondo Ruso de Inversiones Directas, cuya cercanía al grupo negociador indica las aspiraciones rusas a negociar acuerdos económicos o la certeza de que ese aspecto será utilizado, ya sea como palo o como zanahoria, por la parte estadounidense. Aunque Sergey Lavrov quiso rebajar notablemente las expectativas que, para bien o para mal, presagiaban el inicio del fin de la guerra, la reunión, extensa y aparentemente fructífera como forma de romper el hielo tras tres años sin contactos cara a cara entre la diplomacia de los dos países, las declaraciones de su homólogo estadounidense apuntaban a resultados concretos resaltando el acuerdo de normalización de las relaciones bilaterales, creación de equipos de negociación para lograr el final dialogado a la guerra de Ucrania, gestión diplomática de las cuestiones “irritantes” entre los dos países y “oportunidades económicas y de inversión históricas” en territorio ruso. La apertura del país a las empresas petroleras estadounidenses para permitir que el entorno de Donald Trump pueda drill, baby, drill parece un hecho. Rusia es consciente de que el beneficio económico es la forma con la que puede ganarse el favor del presidente de Estados Unidos.

Horas antes, Volodymyr Zelensky, contrariado y preocupado por no haber sido invitado a la reunión a pesar de encontrarse en la región -el presidente ucraniano había viajado a los Emiratos Árabes Unidos y tenía previsto visitar Riad ayer, viaje que fue cancelado para no dar ninguna legitimidad o reconocimiento al encuentro-, había renegado de la cumbre y afirmado que Ucrania no participaría aunque recibiera una invitación. El pasado fin de semana, Kiev y Bruselas comprendieron lo comprometido de su posición ante la decisión de Washington de no pedir su opinión e iniciar motu proprio la labor de dictar el momento de la negociación, sus términos y los actores que deben tener voz y, sobre todo, voto. Al contrario que Ucrania, que depende de sus aliados a la hora de continuar luchando, Rusia es dueña de su propio destino. Su independencia, aislamiento según la terminología europea, le ha garantizado disponer del material con el que luchar pero, sobre todo, capacidad de decisión. Ningún país, tampoco China como han soñado en ocasiones Annalena Baerbock o Antony Blinken, puede hacer que Rusia tenga que renunciar a la vía militar.

Hegseth reemplaza el engaño por la realidad

…los países de la OTAN boicotearon toda la diplomacia y rechazaron cualquier negociación para poner fin a la guerra durante casi tres años, mientras cientos de miles de jóvenes morían innecesariamente en el campo de batalla.

Washington presenta los términos para un acuerdo pacífico.

Glenn Diesen, Glenn Diesen Substack

El secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, presentó algunas realidades y condiciones para la paz que rompieron la burbuja del engaño, que ha mantenido la guerra en marcha. Hegseth argumentó que Ucrania no sería miembro de la OTAN, que Ucrania no recuperaría sus territorios y que EEUU no ofrecería ninguna garantía de seguridad.

Esta posición ha sido criminalizada en todo Occidente como una traición a Ucrania, pero lo cierto es todo lo contrario, ya que ignorar la realidad ha sido la fuente de destrucción. Citando a Nicolás Maquiavelo:
Los hombres no verán las cosas como son en realidad, sino como desean que sean, y así se arruinan.
Hegseth esbozó una dolorosa realidad que es peligroso ignorar. En primer lugar, en cuanto a las pérdidas territoriales:
Queremos, como ustedes, una Ucrania soberana y próspera, pero debemos empezar por reconocer que volver a las fronteras de Ucrania anteriores a 2014 es un objetivo poco realista. Perseguir este objetivo ilusorio solo prolongará la guerra y causará más sufrimiento.
En segundo lugar, la expansión de la OTAN se retiró de la mesa:
Estados Unidos no cree que la pertenencia de Ucrania a la OTAN sea un resultado realista de un acuerdo negociado.
En tercer lugar, Estados Unidos no participará en ninguna garantía de seguridad:

miércoles, 19 de febrero de 2025

El imperio se autodestruye

Estados Unidos comparte las patologías de todos los imperios moribundos con su mezcla de bufonería, corrupción rampante, fiascos militares, colapso económico y salvaje represión estatal

Chris Hedges, Chris Hedges Substack

Los multimillonarios, fascistas cristianos, estafadores, psicópatas, imbéciles, narcisistas y facinerosos que han tomado el control del Congreso, de la Casa Blanca y de los tribunales están canibalizando la maquinaria del Estado. Estas heridas autoinfligidas, características de todos los imperios tardíos, paralizarán y destruirán los tentáculos del poder. Y entonces, como un castillo de naipes, el imperio se derrumbará.

Cegados por su arrogancia, incapaces de comprender la disminución del poder del imperio, los mandarines de la administración Trump se han refugiado en un mundo de fantasía donde los hechos duros e indeseables ya no tienen peso. Escupen absurdas incoherencias mientras usurpan la Constitución, y sustituyen la diplomacia, el multilateralismo y la política, por amenazas y juramentos de lealtad. Agencias y departamentos creados y financiados por las leyes del Congreso van desapareciendo.

Están eliminando informes y datos gubernamentales sobre el cambio climático retirándose del Acuerdo climático de París. Se han retirado de la Organización Mundial de la Salud. Han sancionado a los funcionarios que trabajan en la Corte Penal Internacional, que emitió órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el ex ministro de Defensa, Yoav Gallant, por sus crímenes de guerra en Gaza. Sugirieron que Canadá se convirtiera en el estado número 51. Han formado una fuerza especial para "erradicar los prejuicios anticristianos". Piden la anexión de Groenlandia y la toma del Canal de Panamá. Proponen construir resorts de lujo en la costa de una Gaza despoblada, bajo la supervisión de EEUU, control que, de concretarse, derribaría los regímenes árabes que han sido apuntalados por EEUU.

La hegemonía marítima de Mackinder y el regreso de las potencias terrestres euroasiáticas


Glenn Diesen, Glenn Diesen Substack

Halford Mackinder desarrolló el marco teórico de la estrategia del divide y vencerás de los hegemones marítimos, estrategia adoptada por los británicos y posteriormente por los estadounidenses. Mackinder sostenía que el mundo estaba dividido en dos fuerzas opuestas: las potencias marítimas contra las potencias terrestres. La última potencia terrestre que conectó y dominó el vasto continente euroasiático fueron los nómadas mongoles, y su colapso fue seguido por el ascenso de las potencias marítimas europeas a principios del siglo XVI, que conectaron el mundo por mar.

Tanto el Reino Unido como Estados Unidos persiguen estrategias hegemónicas encaminadas a controlar la masa continental euroasiática desde la periferia marítima. Los Estados insulares (Estados Unidos es una isla virtual) no necesitan grandes ejércitos permanentes debido a la falta de vecinos poderosos y en su lugar pueden invertir en una poderosa armada para su seguridad. Los Estados insulares mantienen su seguridad dividiendo a las potencias terrestres de Eurasia para que no surja una hegemonía o una alianza de Estados hostiles en el continente euroasiático. Este enfoque pragmático de equilibrio de poder fue expresado por Harry Truman en 1941: «Si vemos que Alemania está ganando la guerra, deberíamos ayudar a Rusia, y si Rusia está ganando, deberíamos ayudar a Alemania y así dejar que se maten entre ellos tanto como sea posible» [1]. También es más probable que una potencia marítima se convierta en hegemónica, ya que hay pocas posibilidades de diversificarse fuera de los corredores marítimos clave y los puntos de estrangulamiento bajo su control.

martes, 18 de febrero de 2025

Dos cumbres por Ucrania


Nahia Sanzo, Slavyangrad

Con las amargas lágrimas de su director que, al igual que los líderes europeos, no supo ver que la participación estadounidense no iba a estar dirigida a reafirmar el consenso transatlántico de las últimas décadas y el proucraniano de los últimos diez años, terminó el domingo la impactante Conferencia de Seguridad de Múnich, que será recordada en los próximos tiempos, posiblemente no por el provocador discurso de JD Vance, sino por la escenificación de la ruptura de la posesión más preciada, el statu quo. “Ya no cabe duda de que Europa y Estados Unidos están separando sus caminos. La muerte de la relación transatlántica se predijo muchas veces, pero este fin de semana, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, por fin ha llegado a su fin”, escribía ayer Wolfgang Munchau, que mencionaba tres aspectos en los que se ha escenificado el divorcio: Ucrania, libertad de expresión y comercio.

“La semana pasada, Donald Trump sorprendió a los europeos con su anuncio de conversaciones de paz con Vladimir Putin. (Dijo que lo haría durante su campaña electoral, pero los líderes europeos claramente no estaban prestando atención). Keith Kellogg, enviado especial de Trump para Ucrania, informó el sábado a los europeos de que no serán incluidos en las negociaciones de paz de alto nivel. Los líderes europeos están atónitos”, continúa el analista alemán, que achaca a los países europeos no haber aprendido una importante lección de Clausewitz: no ir a la guerra si no sabes cómo va a acabar el conflicto. “Para los europeos, la guerra es un deporte de espectador. Su apoyo a Ucrania iba todo de principios y promesas, no había planificación estratégica, no había un final, ni acuerdo sobre cuál era el segundo mejor resultado ni planificación concreta de los escenarios de posguerra”, sentencia para resumir la actuación europea de los últimos tres años, que en realidad pueden extenderse a la última década. Los países europeos no fueron capaces de apostar por los acuerdos de Minsk, negociados por Alemania y Francia, ni tampoco asumir las consecuencias de esa decisión que, unida al rechazo a negociar la paralización de la expansión de la OTAN hacia Rusia, llevó a la guerra en la que han invertido colectivamente más de 200.000 millones de euros y en la que actualmente se les da la orden de continuar sufragando los gastos sin tener siquiera un lugar en la mesa de negociación.

Cómo Stephen Jay Gould luchó en la guerra cultural de la ciencia

En los años setenta, una serie de libros que pretendían dar una base científica a la desigualdad de género se enfrentaron a duras críticas por parte de figuras como Stephen Jay Gould. Décadas después, estos debates desaparecieron de la memoria pública, pero la pseudociencia de derecha persiste

Myrna Pérez, Jacobin

Adaptado de Criticizing Science: Stephen Jay Gould and the Struggle for American Democracy, de Myrna Perez (Johns Hopkins University Press, 2024).
La cuestión del determinismo biológico no es un asunto abstracto para debatir en los claustros académicos. Estas ideas tienen importantes consecuencias (…). El impacto más inmediato se sentirá cuando los privilegios masculinos se preparen para luchar contra el creciente movimiento de las mujeres.

—Stephen Jay Gould, «The Nonscience of Human Nature»La pseudociencia de la naturaleza humana»], 1974

La columna del biólogo evolutivo e historiador de la ciencia estadounidense Stephen Jay Gould para la revista Natural History comenzó como una forma de equilibrar las convicciones políticas de sus experiencias en materia de derechos civiles con su deseo de revolucionar la teoría evolutiva. A medida que su carrera alcanzó nuevas cotas en décadas posteriores, sus ambiciones profesionales acabaron eclipsando su política de izquierda. Pero a finales de la década de 1970, seguía utilizando la columna para abordar debates contemporáneos sobre ciencia y política. En la primavera de 1976, decidió intervenir en una controversia cercana con una columna titulada «Potencial biológico frente a determinismo biológico», que se sumaba a las críticas de la izquierda al libro de 1975 del biólogo Edward O. Wilson Sociolbiología: La nueva síntesis.

Divide y vencerás


Nahia Sanzo, Slavyangrad

Después de prácticamente un mes en el que la Casa Blanca solo había dado señales de que su plan para la resolución del conflicto ucraniano apenas se había desarrollado, Washington ha pisado el acelerador y ha puesto en marcha la maquinaria que debe dar lugar a algún tipo de negociación entre Rusia y Ucrania. En el más puro estilo del imperio británico, la estrategia estadounidense parece ser el divide and rule, separar las diferentes partes, aprovecharse de sus debilidades e imponer su voluntad. De esta forma se explican las contradictorias declaraciones de diferentes miembros del equipo de política exterior de Trump, los vacíos y las omisiones. Durante los días en los que el interés político internacional ha estado centrado en la Conferencia de Seguridad de Múnich, una cumbre dominada por la guerra de Ucrania y donde han estado completamente ausentes cuestiones como la situación en Gaza, que podrían haber hecho la competencia al intento de Kiev de utilizar el altavoz internacional, ni siquiera han tenido cabida.

La frenética actividad del trumpismo, que estos días ha presentado un discurso en el que el vicepresidente Vance utilizó uno por uno todos los tropos de la actual extrema derecha, se ha traducido en una puesta en escena que buscaba poner a Estados Unidos por encima de sus aliados, a los que ha exigido mantener “los valores comunes” entendidos en el sentido más conservador posible y, sobre todo, aumentar el gasto militar, ya que Europa ha dejado de ser la prioridad para Washington. Además, la Casa Blanca exige también una mayor implicación económica de los países europeos en el sostenimiento de Ucrania, pese a que la UE es hace mucho tiempo el principal proveedor de Ucrania, y hacerse cargo de las garantías de seguridad tras el acuerdo de paz, todo ello sin contar necesariamente con su presencia en el proceso de negociación. “Si Europa quiere dar un paso adelante durante un alto el fuego, tiene que estar en la mesa cuando se decidan esos términos”, afirmó ayer la primera ministra de Islandia Kristurun Frosta, un buen ejemplo de la postura que han mostrado este fin de semana los y las líderes de los países europeos y las instituciones de la UE. “Si los europeos quieren tener algo que decir, que se hagan relevantes”, afirmó el sábado, en una posición intermedia, Mark Rutte, cuya definición de ganar relevancia es, por supuesto, aumentar el gasto militar tal y como exige Estados Unidos. La revuelta de los países europeos en busca de reconocimiento de Washington ha tenido cierto efecto, aunque no parece haberse alcanzado el objetivo.

El régimen de Kiev ataca Chernóbyl para sabotear las conversaciones de paz

El reciente ataque de falsa bandera ucraniano a una histórica planta nuclear probablemente fue orquestado para influenciar a la opinión pública mundial contra el proceso diplomático.

Lucas Leiroz, Strategic Culture

En los últimos días, un incidente relacionado con un ataque con drones a la planta nuclear de Chernóbil ha generado controversia y debate. Según las autoridades ucranianas, un dron ruso habría atacado las instalaciones, dañando la estructura que rodea el reactor. El presidente ilegítimo de Ucrania, Vladimir Zelenski, se apresuró a culpar a Rusia, afirmando que la situación reflejaba un ataque ruso a la infraestructura nuclear de Ucrania. Sin embargo, las autoridades rusas, incluido el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, negaron estas afirmaciones, calificándolas de otra provocación de Kiev. Más aún, incluso algunos ucranianos cuestionan la narrativa oficial del régimen.

Peskov rechazó categóricamente la idea de que Rusia haya atacado alguna instalación nuclear, especialmente Chernóbil, afirmando que tales afirmaciones son infundadas. Sostuvo que cualquier acusación de que Rusia haya atacado plantas nucleares es inventada, afirmando que Rusia nunca atacaría lugares tan sensibles debido a los riesgos que implica. Sugirió que el ataque fue, de hecho, un intento de manipulación y desinformación orquestado por el gobierno ucraniano. El portavoz del Kremlin también señaló que había intereses en Kiev que apuntaban a sabotear cualquier esfuerzo de negociación, indicando que ciertas facciones dentro del régimen ucraniano harían cualquier cosa para impedir el progreso de las conversaciones de paz.

lunes, 17 de febrero de 2025

Trump contra el mundo

No cabe duda de que, fuera de la coyuntura de aparente fortaleza, en el largo plazo, EEUU marcha en sentido contrario al desarrollo histórico contemporáneo

Adrian Sotelo Valencia, La Haine

Con arrogancia, supremacismo y la creencia delirante en la "grandeza" del imperio estadounidense, Trump le ha declarado la guerra al mundo en un afán de "hacer más grande a EEUU otra vez" (Make America Great Again), frase, por cierto, que también pronunció Ronald Reagan en su campaña presidencial de 1980.

Su miopía intelectual lo lleva a postular que el mundo es igual o peor al existente después de la guerra mundial de 1939-1945 cuando el unilateralismo imperialista norteamericano recibió la estafeta de dominación del imperialismo británico que fue hegemónico desde el siglo XIX.

La guerra arancelaria desatada por el magnate de pelo amarillo tiene como objetivo dominar el comercio internacional y obligar a las naciones a entregar sus recursos y a producir sus productos y servicios dentro del territorio estadounidense como condición para no ser penalizados por su gobierno y bajo sus leyes extraterritoriales que aplica sin miramientos en cualquier país que considere "peligroso" u hostil a sus intereses geoestratégicos.

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