El rearme alemán, las tensiones en los países bálticos y un cambio en el equilibrio de poder en Moscú podrían extender la guerra en el viejo continente más allá de las fronteras ucranianas y conducir a una escalada nuclear
Roberto Iannuzzi, Intelligence for the People
En los últimos días, los medios de comunicación occidentales han llamado la atención sobre una declaración realizada por el presidente ruso Vladimir Putin durante las celebraciones por la victoria sobre el nazismo el 9 de mayo, según la cual el conflicto ucraniano estaba llegando a su fin.
La frase un tanto vaga —“Creo que el asunto está a punto de concluirse, pero es un asunto muy serio”— pronunciada tras unas declaraciones muy duras contra los intentos occidentales de sabotear cualquier negociación ruso-ucraniana, no debería llevar a conclusiones precipitadas.
Putin mencionó los orígenes del conflicto, la expansión de la OTAN a pesar de los acuerdos y reiteró cómo, desde el punto de vista ruso, los líderes occidentales han utilizado a Ucrania como ariete en su conflicto destinado a debilitar y desestabilizar a Rusia.
Recordó que los europeos sabotearon las negociaciones entre Moscú y Kiev en abril de 2022, y reveló que en aquella ocasión el presidente francés Emmanuel Macron lo había engañado para que retirara las tropas rusas de Kiev con el pretexto de que los ucranianos no podían firmar un acuerdo ni con una pistola apuntándoles a la cabeza.
En todo caso, las declaraciones del presidente ruso sugieren que, con razón o sin ella, actualmente considera que los países europeos representan una amenaza mayor que Estados Unidos.
Esta postura, lejos de pertenecer exclusivamente a Putin, está ganando terreno en los círculos políticos rusos.



















