Irán no se presenta a Trump como un país que va hacia ‘un avance nuclear’, según el viejo cliché. Esa es la ‘antigua narrativa’. La nueva es la avanzada y peligrosa industria de misiles hipersónicos
Alastair Crooke, Strategic Culture
En los últimos días, Trump ha abordado o confiscado tres petroleros cargados con petróleo venezolano o con destino a Venezuela (como el Bella1). La confiscación más flagrante, en términos de ilegalidad, ha sido la de un buque de propiedad china y bandera panameña que, según se informa, tenía destino en China y no figuraba en ninguna lista de sanciones.
En otra zona de conflicto, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) afirmó el viernes pasado que había atacado con drones aéreos un petrolero ruso de la denominada por Occidente ‘flota fantasma’, el Qendil, en aguas del mar Mediterráneo frente a las costas de Marruecos. También atacó una residencia presidencial rusa en Novgorod, al sur de San Petersburgo, con 90 drones, aunque todos fueron derribados.
El SBU no dio más detalles sobre el ataque, ni sobre cómo desplegó un dron en el Mediterráneo (a 2000 km de Ucrania), ni sobre el lugar desde el que fue lanzado. La fuente del SBU afirmó que el buque de carga estaba vacío en el momento del ataque.
El presidente Putin, en medio de su maratón anual de preguntas y respuestas, prometió que Rusia tomaría represalias. Y efectivamente, pocos días después destruyó bases de drones marítimos en Odessa.
Los “bloqueos», incautaciones y ataques son, sin duda alguna, actos de guerra (a pesar de que EEUU afirme, increíblemente, que es propietario de todo el petróleo producido por Venezuela, hasta que se satisfagan todas las reclamaciones legales históricas de EEUU contra Venezuela).
Este episodio del petrolero es otro paso más hacia la anarquía en la política exterior estadounidense.



















