El magnate dijo en Evian que no quiere ser comparado con Herbert Hoover, presidente de EEUU cuando el crack bursatil que llevó a la Gran Depresión. Mientras Irán lo obliga a negociar bajo sus propias condiciones, es tachado de ‘perdedor’ y ‘traidor’ por los ultras de Israel y The Boss no puede amarrar a sus mastines talmúdicos
Carlos Fazio, Rebelion
Tras la frágil entrada en vigor del memorando de entendimiento entre EEUU e Irán para poner fin a las hostilidades y tratar de alcanzar un acuerdo duradero en 60 días –saboteado inmediatamente por Israel–, el periodo de complejas conversaciones diplomáticas entre las delegaciones de Washington y Teherán entraron en una fase que, de resultar satisfactorias para la lucha existencial de la nación persa, ubicaría a sus autoridades en el umbral de una victoria estratégica contra el proyecto sionista-estadunidense y marcaría un punto de inflexión en la dominación imperial en Medio Oriente,
De cara a esas negociaciones tácticas, Irán sabe que la perfidia, la traición, la mentira, las amenazas y el engaño flagrante y manifiesto han sido características esenciales de la política de EEUU y su proxy, Israel, que opera como un apéndice del Pentágono y del lobby sionista AIPAC (Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos). De allí que más allá de las tensiones y disonancias de la coyuntura, la gran pregunta es si será posible que el criminal de guerra y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamín Netanyahu y su banda de psicópatas talmúdicos exterminadores de niños, terminen disciplinándose ante la voz de mando de Donald Trump, The Boss (El Jefe), según se autoproclamó el magnate en la cumbre del G7 de Evian, Francia.
A pesar del descomunal despliegue aeronaval del Pentágono en el golfo Pérsico, la táctica de guerra asimétrica de desgaste y la capacidad de Irán para cerrar el estrecho de Ormuz fue un duro golpe político, militar y psicológico para la administración Trump, y arroja sombras sobre la hegemonía de Estados Unidos.



















