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martes, 25 de agosto de 2026

Trump sopesa aumentar la presión para forzar la capitulación iraní.

¿Qué tan factible es la estrategia de Trump? ¿Está Irán en una situación tan desesperada como sugiere el secretario del Tesoro, Scott Bessent?

Alastair Crooke, Strategic Culture

El memorando de entendimiento de 60 días ha expirado. Sin embargo, el marco de condiciones previas iraníes para el inicio de cualquier negociación permanece en estado de coma.

En lugar del tan cacareado "acuerdo con Irán", la situación es prácticamente la opuesta a la que el presidente Trump pretendía crear al adoptar el marco del memorando de entendimiento (aunque no está claro si realmente pretendía llevar dicho marco hasta algún tipo de acuerdo real, o si simplemente se trataba de un instrumento que Trump buscaba utilizar como plataforma para ejercer una presión hegemónica estadounidense total sobre Irán con el fin de obligarlo a abrir el estrecho de Ormuz en los términos estadounidenses).

Pero no hay conversaciones. No hay negociaciones. El estrecho de Ormuz sigue siendo, como al principio, el centro del conflicto y, de hecho, está cerrado . Mientras tanto, la posibilidad de una escalada se ha vuelto mucho más cercana —podría decirse que casi inevitable—, ya ​​que Irán ha manifestado su intención de intensificar proactivamente sus ataques contra objetivos de infraestructura estadounidenses y del Golfo Pérsico a menos que Trump cumpla en las próximas 3 o 4 semanas con las conocidas condiciones iraníes.

Una de las primeras condiciones impuestas por Irán ya no es implícita, sino explícita: los iraníes han especificado que el territorio palestino debe estar cubierto por la condición de «alto el fuego para todos o para nadie». Por supuesto, Israel no lo hará. Están intensificando la violencia —una verdadera «apropiación de tierras» — contra los campamentos y aldeas de refugiados palestinos en Cisjordania.

lunes, 24 de agosto de 2026

Zelensky y sus fantasías de ataque


Nahia Sanzo, Slavyangrad

“Los aliados solían preocuparse por si América lo haría. Ahora, amigos y enemigos se preguntan si América puede”, escribió ayer el periodista de The Wall Street Journal Yaroslav Trofimov para presentar su artículo sobre el temor de los aliados de Estados Unidos a una situación en la que necesitaran que Washington interviniera en su apoyo ante una amenaza inminente. No se trata ya de si Donald Trump tendría la voluntad de cumplir con sus obligaciones con la OTAN o de respetar las clausulas de seguridad mutua en tratados bilaterales, sino de las dificultades que sufriría aunque deseara hacerlo. “La escasez mundial de interceptores de misiles balísticos —en particular, los Patriot— y la incapacidad de los fabricantes estadounidenses para aumentar drásticamente la producción se han convertido en el talón de Aquiles de todo el mundo libre y sus aliados”, escribe Trofimov en el artículo, firmemente anclado en la mentalidad de la Guerra Fría, cuando la lógica de la división entre buenos y malos, capitalistas y socialistas, libertad y comunismo era ya una simplificación infantil de la realidad política y geopolítica.

“Existe ahora el riesgo de que se produzca una crisis aguda en diferentes escenarios provocada por la escasez de interceptores y de sistemas de defensa antimisiles”, afirma el académico y exasesor de seguridad de varios primeros ministros británicos John Bew, que destaca, ante todo, la situación en el Golfo Pérsico. Con un alto el fuego técnicamente en vigor a pesar de que hayan expirado los 60 días en los que el Memorando de Entendimiento preveía para la negociación de un acuerdo final entre Irán y Estados Unidos, el riesgo de reanudación de las hostilidades activas perdura e incluso aumenta con las amenazas de guerra económica total que Estados Unidos planteó el jueves a Irán. “Vamos a tener las sanciones más duras de la historia, y les digo, esto va a funcionar. Funcionó en Venezuela una vez que impusimos el bloqueo. Está funcionando en Cuba en este momento, y va a funcionar en Irán, y vamos a colapsar este régimen”, afirmó el jueves en una aparición en Fox News el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent.

viernes, 21 de agosto de 2026

Porqué fracasará el bloqueo de Irán ordenado por Trump

Estados Unidos puede bloquear a Irán por mar, pero no puede bloquear su territorio geográfico. El país persa cuenta con diversos corredores para sus exportaciones

Pepe Escobar, Strategic Culture

Hasta hace poco, Irán ha estado ganando tiempo.

Ahora, Irán está acelerando la gestión del tiempo.

Incluso la paciencia estratégica tiene sus límites. Teherán mantuvo un buque de guerra en el estrecho de Ormuz durante cinco meses y medio. El imperio de la piratería no retrocedió. Al contrario: la reacción, sumándose al bloqueo de Trump, se centró en una manipulación despiadada y definitiva del mercado para mantener los precios del petróleo relativamente bajos, utilizando desde el agotamiento de las Reservas Estratégicas de Petróleo (REP) hasta el uso de herramientas de IA por parte de DARPA para manipular los mercados.

Se avecinan precios terribles que se pagarán íntegramente, a través de una depresión mundial, un mayor rechazo de los «valores» occidentales y planes fraudulentos en todo el Sur Global, y una inevitable ruptura entre dos sistemas mundiales.

Irán no puede continuar por el camino del lento estrangulamiento del estrecho de Ormuz, pues corre el riesgo de perder sus avances con el paso del tiempo. Irán está condenado a debilitarse, al igual que todos los demás, en una Gran Depresión Global. Sin duda, esa no es una solución a largo plazo para un Estado-civilización orgulloso, soberano y resiliente, con una determinación milenaria en lo que respecta a la autosuficiencia digna.

jueves, 20 de agosto de 2026

Obituario para la fallida guerra de Trump contra Irán

"No tiene otra opción. Perdió la guerra. Esta es una derrota devastadora para EEUU", dijo John Mearsheimer
Tom Switzer y John Mearsheimer

Brad Reed, La Haine

El politólogo John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, le lanzó una dura dosis de realidad a Trump sobre el estado de su guerra ilegal con Irán.

En una entrevista con el periodista australiano Tom Switzer, ante la pregunta de por qué Trump parecía dispuesto a aceptar un acuerdo en el que Irán puede exigir tarifas a los buques de transporte a cambio de la reapertura del estrecho de Ormuz, que ha estado casi completamente cerrado desde que EEUU e Israel comenzaron a bombardear Irán a finales de febrero, Mearsheimer respondió:
—Es muy sencillo… no tiene otra opción. Perdió la guerra. Esta es una derrota devastadora para EEUU. ¿Podría decirme qué debería hacer EEUU para recuperar influencia sobre Irán? La verdad es que creo que no puede decírmelo porque no tenemos solución.
A continuación, Mearsheimer explicó por qué las amenazas de Trump de intensificar su ataque contra Irán resultan completamente vacías.

“Primero, se ha quedado sin municiones. Segundo, nuestros aliados del Golfo le han dicho, sin rodeos, que eso es inaceptable porque los iraníes han dejado claro que, si intensificamos la situación, ellos también la intensificarán y destruirán instalaciones petroleras, plantas desalinizadoras, etcétera”, recordó.

sábado, 8 de agosto de 2026

El "nuevo macartismo" y la red de la ultraderecha transnacional

El triunfo de la extrema derecha y el avance reaccionario regional consolidan una red subordinada a Estados Unidos que amenaza la soberanía en América Latina

Yailé Balloqui Bonzón, Al Mayadeen

Ante el declive de su hegemonía unipolar, los centros de poder radicados en Estados Unidos y sus aliados reactivan el macartismo, ya no como una política de persecución interna, sino como una alianza transnacional de ultraderecha orientada a desestabilizar los proyectos soberanos y revertir la justicia social en el Sur Global.

Para entender esta estrategia, vale la pena recordar de dónde viene el término. El macartismo original nació en el Estados Unidos de los años cincuenta, cuando el senador Joseph McCarthy desató una paranoica caza de brujas anticomunista.

Bastaba una acusación sin pruebas, un rumor o un pensamiento disidente para que artistas, científicos y ciudadanos comunes terminaran en listas negras, señalados como "enemigos internos" y expulsados de la vida pública.

Era el triunfo del miedo sobre la razón. Una campaña de terror psicológico diseñada para purgar cualquier idea incómoda para el poder establecido.

Hoy, esa vieja receta se ha sacado del archivo histórico, pero con un alcance global y herramientas mucho más sofisticadas.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Trump contra la izquierda


Joakim Andersen, Meta Politik

Hasta ahora, la labor de la administración de Trump ha estado plagada de decepciones y éxitos. La guerra con Irán y las amenazas contra Groenlandia son quizás los ejemplos más claros de lo primero; las campañas para neutralizar los bastiones institucionales y demográficos de la izquierda, de lo segundo. Aunque ha quedado eclipsado por lo primero, el intento de Trump de controlar las universidades radicalizadas y la inmigración masiva ha sido algo bastante nuevo en la política occidental de la posguerra.

La doble cara de la administración de Trump puede explicarse, por un lado, geopolíticamente —los intereses del imperio estadounidense solo se superponen parcialmente a los de Europa— y, por otro, estructuralmente, a través de su relación con la revolución gerencial. Desde el punto de vista geopolítico, el imperio estadounidense y la Europa fragmentada forman parte del mismo Occidente, pero también existen líneas de conflicto (compárese, entre otras cosas, el dicho de que el objetivo de la OTAN es «mantener a Alemania a raya y a Rusia fuera»). Estas líneas de conflicto no disminuyen por el hecho de que Estados Unidos haya pasado de ser una república de raíces europeas a un imperio multiétnico. Como europeo, uno puede enfocarse aquí en el papel de liderazgo de EEUU en un Occidente en crisis y restar importancia a los evidentes conflictos de intereses (compárese el atlantismo o la relación entre Roma y Grecia). Pero también se puede optar por trabajar por una Europa independiente y fuerte, con o sin eurócratas y con relaciones más o menos amistosas con EEUU.

Un análisis de clase del fenómeno Trump explica otros aspectos tanto de la política exterior como de la interna. MAGA es una expresión de lo que Gramsci denominó «clases subalternas» y Samuel Francis, el «proletariado posburgués». Se trata de la «gente común», que incluye tanto a trabajadores, empresarios, jubilados por enfermedades y otros. Sus intereses son sistemáticamente pisoteados por las élites gerenciales, lo que da lugar a diversas formas de populismo (incluido el MAGA). Estos tienen varias debilidades en comparación con los estratos gerenciales que se han apoderado del Estado ampliado, entre ellas la dificultad de desarrollar una cosmovisión genuina sin ideólogos a tiempo completo y dentro de los límites del marco de opiniones que los estratos gerenciales han construido.

jueves, 30 de julio de 2026

La guerra está acabada

EEUU tendrá que capitular. ¿Por qué Irán consentiría en darle tiempo para reagruparse y rearmarse antes de lanzar otra ronda de ataques contra Irán cuando tiene a EEUU acorralado?

Alastair Crooke, Strategic Culture

El viernes por la noche, Trump ordenó al ejército estadounidense que no llevara a cabo nuevos ataques contra Irán, a pesar de haber aprobado previamente un «ataque masivo a las puertas del infierno» contra Irán.

EEUU ha solicitado un nuevo alto el fuego temporal con Irán y busca retomar el memorando de entendimiento, que se encuentra suspendido y colapsado, incluyendo a Yemen en las conversaciones. Trump pretende que el Gobierno de Yemen participe en las negociaciones.

Es evidente que Trump está furioso y teme que la guerra esté consumiendo su presidencia (y su legado). Irán rechazó categóricamente todas las negociaciones durante la última semana y confirmó que no las iniciará bajo ninguna circunstancia. En pocas palabras, ¿por qué Irán consentiría en darle tiempo a EEUU para reagruparse y rearmarse antes de lanzar otra ronda de ataques contra Irán cuando tiene a EEUU acorralado?

¿Volver al memorando de entendimiento cuya credibilidad Trump ha destrozado repetidamente? Poco probable.

Will Schryver señala que circulan rumores de que el Pentágono está presionando a Trump para que suspenda la guerra con Irán, ya que EEUU casi ha agotado sus reservas de interceptores de defensa aérea y misiles de ataque de largo alcance.

viernes, 24 de julio de 2026

La sombra del nuevo macartismo: El informe sobre la conspiración cubana y el giro autoritario en Estados Unidos

La administración Trump está sentando las bases para incluir en listas negras y criminalizar toda disidencia de izquierda, progresista, pacifista y antiimperialista

Chris Hedges, The Chris Hedges Report

El informe de 100 páginas del Departamento de Estado sobre "la campaña de subversión de Cuba contra Estados Unidos", junto con la afirmación de Donald Trump de que "se ha mentido descaradamente a los estadounidenses sobre la seguridad de nuestra infraestructura electoral", sienta las bases para una dictadura.

Las elecciones serán saboteadas en nombre de la "seguridad nacional". La disidencia de izquierda será criminalizada en nombre de la "lucha contra el terrorismo". La democracia será reprimida en nombre de la protección de la "libertad".

Trump, quien últimamente ha hecho costumbre advertir sobre un complot comunista para apoderarse de Estados Unidos, argumenta que una isla de 9,6 millones de personas —casi el 90 por ciento de las cuales vive en la pobreza extrema debido a los prolongados apagones resultantes de décadas de guerra económica estadounidense— representa una amenaza existencial.

Estas acusaciones no son racionales. Al igual que las acusaciones de manipulación electoral, son pretextos evidentes para atacar a instituciones e individuos percibidos como una amenaza al poder absoluto de Trump y el Partido Republicano. Si bien Cuba supuestamente "llevó a cabo una de las infiltraciones de inteligencia extranjera más duraderas y dañinas de la historia estadounidense", Rusia, China, Irán y Corea del Norte, así como grupos no estatales, "tienen la capacidad de comprometer la infraestructura electoral de Estados Unidos".

Guerra en Irán: Trump debe cambiar de rumbo ahora para evitar otro Vietnam

Mientras Teherán aumenta la apuesta en toda la región, Estados Unidos e Israel parecen atrapados en un círculo vicioso creado por ellos mismos

David Hearst, Middle East Eye

Como un accidente automovilístico en cámara lenta, los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán se están transformando en una tercera guerra del Golfo.

Desde que firmó un acuerdo de alto el fuego que reconoció claramente la soberanía de Irán sobre el Estrecho de Ormuz y obligó a Israel a detener las operaciones militares en el Líbano, el presidente estadounidense Donald Trump se ha deslizado y ha dado marcha atrás en ambos compromisos, reanudando una guerra a gran escala y cada vez más sangrienta.

Tanto Trump como el principal responsable de empujarlo a esta guerra, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fueron mal recibidos en su país por el acuerdo de alto el fuego: Trump porque realmente lo firmó, y Netanyahu porque fue excluido del proceso, en medio de una sensación de que el aliado y armero de Israel había impuesto una paz prematura.

Ninguno de los líderes pudo justificar un acuerdo que fue visto como una capitulación importante. Ambos se enfrentan a elecciones inminentes y consideran las tácticas de mano dura con Teherán como una cuestión de supervivencia política personal.

Ambos están atrapados en un bucle fatal que ellos mismos crearon. Tan pronto como se demostró que sus numerosas afirmaciones de haber “destrozado, aniquilado y aplastado” a Irán eran falsas, la única opción fue regresar y comenzar toda la operación de nuevo.

Esto ocurrió repetidamente en Gaza con Hamás y en el Líbano con Hezbolá. La única manera de contrarrestar la realidad obvia –que cada movimiento podía sobrevivir a repetidos asesinatos de sus líderes– era volver a la guerra.

lunes, 20 de julio de 2026

Trump es el producto de la arrogancia Yanqui

La imprudencia de Trump y la arrogancia imperialista arrastran al mundo al borde del abismo. Mientras la deuda de EEUU supera los 40 trillones de dólares asistimos a la caída del imperio sionista-británico-estadounidense que ha dominado el mundo los últimos 600 años. Claudio Mutti desentraña algunos puntos claves de ese país inventado hace 250 años

Claudio Mutti, Eurasia

Durante la crisis diplomática y militar con Teherán, el presidente Donald Trump amenazó con borrar a Irán de la faz de la tierra. Las amenazas se materializaron en varias declaraciones públicas: el 31 de marzo, Trump afirmó que Estados Unidos estaba «aniquilando» a la República Islámica; el 1 de abril escribió que Estados Unidos bombardearía a Irán «hasta reducirlo a polvo o devolverlo a la Edad de Piedra»; el 6 de abril lanzó un ultimátum declarando: «una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás» y precisó que en Irán no quedaría en pie ni un puente ni una central eléctrica. El 12 de abril, en una entrevista con Fox News, Trump declaró que no se arrepentía de tales afirmaciones, argumentando que sus palabras habían llevado a Teherán a negociar.

Descartar el comportamiento de Trump achacándolo a la desorientación, la frustración y la exasperación o diagnosticándole una enfermedad mental, sería trivial y simplista. Es más verosímil que el presidente estadounidense haya expresado sin reservas y sin inhibiciones esa arrogancia prepotente que caracteriza la relación de Estados Unidos con el mundo desde antes de su nacimiento como entidad independiente, ocurrido hace doscientos cincuenta años. De hecho, los puritanos que llegaron al continente americano se consideraban el nuevo «pueblo elegido» que huía del Egipto faraónico, es decir, de la Europa idólatra y depravada y, por lo tanto, estaban animados por un sentimiento fanático de superioridad moral. No es de extrañar, por lo tanto, que los colonizadores de América del Norte se consideraran en posesión de una legitimidad divina que los autorizaba a destruir y exterminar, según el paradigma del Antiguo Testamento, a las poblaciones que constituían un obstáculo para su conquista de la «tierra prometida». Los primeros en pagar las consecuencias de esta convicción «supremacista» fueron los pueblos de América del Norte, víctimas de un exterminio que comenzó entre la primera y la segunda década del siglo XVII y continuó hasta 1890, año en que fueron masacrados los lakota en Dakota del Sur.

miércoles, 15 de julio de 2026

Guerra de Irán 3.0

Una caída del mercado en Estados Unidos, exacerbada por una crisis energética, podría suponer un desastre para las aspiraciones de Trump en las elecciones de noviembre

Alastair Crooke, Strategic Culture

Cuando la Armada estadounidense, en coordinación con Qatar y Omán, intentó la semana pasada introducir un convoy de cuatro buques por el estrecho de Ormuz, a través de aguas omaníes, en lugar de utilizar la ruta oficialmente aprobada por Irán, Trump pudo haber imaginado (o le dijeron) que, con el multitudinario funeral del difunto líder supremo Ali Khamenei en marcha, Irán no reaccionaría ante el intento de la Armada estadounidense de abrir un corredor aéreo. Sin embargo, Trump malinterpretó la indirecta iraní: Ormuz es su «arma atómica». Irán no la abandonará.

Trump insiste —en clara contradicción con los términos establecidos en el párrafo cinco del Memorando de Entendimiento— en que Irán no tiene derecho a interferir con ningún barco que intente transitar por el Estrecho de Ormuz. No obstante, Irán actúa dentro de los términos del marco de desescalada acordado y ha advertido repetidamente que atacará a cualquier embarcación que eluda el mecanismo de control iraní.

Irán respondió directamente al desafío de Trump al control iraní del estrecho atacando dos buques con misiles y un tercero con un dron armado. Un cuarto petrolero de propiedad catarí, cargado con gas natural licuado, fue incendiado, lo que obligó a su tripulación a abandonar la embarcación.

jueves, 9 de julio de 2026

La cortina de humo del comunismo

El fantasma del comunismo recorre la política norteamericana y sirve para desviar la atención pública de otros preocupantes fenómenos que crecen en el seno de esta sociedad

José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

Las recientes victorias de los candidatos progresistas en Nueva York y otros estados de los Estados Unidos parecen haber puesto nerviosa a la administración Trump, sobre todo de cara a unas elecciones de medio término que pueden ser definitorias para la segunda parte de este mandato. Los republicanos llegan golpeados por los efectos económicos de la guerra de elección contra Irán, que ha llevado a un aumento sustancial del precio de los combustibles y, con ellos, del costo de la vida en general y, a pesar de las múltiples amenazas del presidente, el descenso ha sido limitado y con escaso impacto en los precios de los productos de consumo.

En este escenario, Trump y otros miembros de su administración agitan el fantasma del comunismo contra sus enemigos políticos. Este recurso es un viejo cliché de la política norteamericana, que por un lado sirve para descaracterizar a cualquier proyecto que defienda políticas de beneficio social, aun cuando sean limitadas, y por el otro sirve para justificar los avances autoritarios en contra de individuos, movimientos políticos o derechos ciudadanos.

Este fantasma que recorre la política norteamericana también sirve para desviar la atención pública de otros preocupantes fenómenos que crecen en el seno de esta sociedad. Es el caso, por ejemplo, del extremismo violento, el cual ha crecido exponencialmente en el país en la última década. Aunque el FBI y otras agencias no designan a estos grupos como “organizaciones terroristas”, lo cual, si hacen con bastante frecuencia con organizaciones extranjeras similares, si lo registran dentro de la ambigua categoría de “extremismo violento doméstico”.

sábado, 27 de junio de 2026

Trump teme catástrofe como la Gran Depresión de 1929

El magnate dijo en Evian que no quiere ser comparado con Herbert Hoover, presidente de EEUU cuando el crack bursatil que llevó a la Gran Depresión. Mientras Irán lo obliga a negociar bajo sus propias condiciones, es tachado de ‘perdedor’ y ‘traidor’ por los ultras de Israel y The Boss no puede amarrar a sus mastines talmúdicos
Desempleados hacen fila para recibir comida en Chicago, frente a un establecimiento financiado por Al Capone (1931)


Carlos Fazio, Rebelion

Tras la frágil entrada en vigor del memorando de entendimiento entre EEUU e Irán para poner fin a las hostilidades y tratar de alcanzar un acuerdo duradero en 60 días –saboteado inmediatamente por Israel–, el periodo de complejas conversaciones diplomáticas entre las delegaciones de Washington y Teherán entraron en una fase que, de resultar satisfactorias para la lucha existencial de la nación persa, ubicaría a sus autoridades en el umbral de una victoria estratégica contra el proyecto sionista-estadunidense y marcaría un punto de inflexión en la dominación imperial en Medio Oriente,

De cara a esas negociaciones tácticas, Irán sabe que la perfidia, la traición, la mentira, las amenazas y el engaño flagrante y manifiesto han sido características esenciales de la política de EEUU y su proxy, Israel, que opera como un apéndice del Pentágono y del lobby sionista AIPAC (Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos). De allí que más allá de las tensiones y disonancias de la coyuntura, la gran pregunta es si será posible que el criminal de guerra y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamín Netanyahu y su banda de psicópatas talmúdicos exterminadores de niños, terminen disciplinándose ante la voz de mando de Donald Trump, The Boss (El Jefe), según se autoproclamó el magnate en la cumbre del G7 de Evian, Francia.

A pesar del descomunal despliegue aeronaval del Pentágono en el golfo Pérsico, la táctica de guerra asimétrica de desgaste y la capacidad de Irán para cerrar el estrecho de Ormuz fue un duro golpe político, militar y psicológico para la administración Trump, y arroja sombras sobre la hegemonía de Estados Unidos.

lunes, 22 de junio de 2026

Los términos de la capitulación de Estados Unidos ante Irán presagian una nueva era para la región

La aceptación por parte de Washington de las amplias demandas iraníes tras la crisis de Ormuz marca una derrota estratégica histórica para Estados Unidos y un cambio importante en el equilibrio de poder regional a favor de Teherán

Samuel Geddes, Al Mayadeen

Después de una semana en la que parecía que Estados Unidos, "Israel" e Irán inevitablemente estaban volviendo a caer en una guerra abierta, el presidente Trump finalmente decidió reducir sus pérdidas y arrebatar la derrota de las fauces de la catástrofe. Los términos de su sumisión a Irán, acertadamente firmados en el Palacio de Versalles, entran en el registro histórico como uno de los artículos de rendición más humillantes jamás aceptados, sobre todo por un supuesto hegemón global.

Al margen de la cumbre del G7 en Suiza, nada menos que el propio Trump admitió que su decisión de acceder a casi todas las demandas de Irán tenía como objetivo prevenir una inminente depresión económica desencadenada por el bloqueo de Ormuz. Aún más chocante es el conjunto de concesiones sistémicas otorgadas por Washington: el fin del bloqueo naval estadounidense, la suspensión inmediata de las sanciones estadounidenses contra Teherán, la entrega de los activos soberanos de Irán congelados en todo el mundo, el amordazamiento de “Israel” por continuar con su alboroto pirománico de los últimos tres años: todo esto fue dado por Washington a cambio de la reapertura del Estrecho de Ormuz (abierto antes de la guerra) y la voluntad de Irán de negociar el estatus de su programa nuclear más adelante.

viernes, 19 de junio de 2026

Irán trastoca el Oriente Próximo


Claudio Katz, Rebelión

La guerra de Irán remodeló el escenario geopolítico de Oriente Próximo y la impactante derrota sufrida por Estados Unidos genera serios replanteos en la elite imperial. Algunos miembros de ese círculo aceptan el fracaso y proponen gestionarlo, otros exigen subir la apuesta bélica y la mayoría vacila sin definir el curso a seguir. Todos intuyen la cercanía de un punto de inflexión en el dominio regional de la primera ponencia, pero ese viraje aún depende del resultado del conflicto y del armisticio en marcha.

Nadie sabe qué duración y consistencia tendrá el acuerdo de alto fuego que se aprestan a firmar Estados Unidos e Irán. Son incontables los antecedentes de compromisos que violaron los gobiernos norteamericanos. Los términos que se conocen del convenio indican un categórico triunfo de Irán. Todos los analistas de la prensa internacional coinciden en destacar, que las condiciones exigidas por Teherán han prevalecido.

Trump no logró ninguno de los objetivos de su incursión bélica. No hubo cambio de régimen, desarme, ni limitación al uso de misiles. El magnate presenta como una gran victoria que Irán «nunca tendrá un arma nuclear», pero es una jactancia ridícula porque el gobierno de los Ayatollahs siempre rechazó la fabricación de esa bomba. Le asignó a esa restricción una dimensión religiosa (fatua) y estimó que ese instrumento no era útil para la defensa del país.

El compromiso a suscribir contempla las mismas limitaciones al enriquecimiento de uranio, que Teherán acepta desde hace décadas. En medio de su fracasada guerra, el Pentágono intentó asaltar y robar los depósitos de uranio, en el operativo más fallido de toda la contienda.

El acuerdo permitiría en lo inmediato normalizar la navegación en el Golfo y disipar la amenaza de crisis económica por aumento del precio de petróleo, que tanto preocupa a Trump. Pero a cambio de ese gesto, el magnate debió comenzar a levantar las sanciones comerciales y financieras. También reconoce de hecho el reforzado control que Irán ha instaurado sobre el estrecho de Ormuz. En el escenario previo a la guerra no ostentaba un manejo tan significativo. En los últimos meses comenzó a cobrar importantes peajes y está en discusión qué forma asumirá esa percepción en el futuro.

viernes, 12 de junio de 2026

Trump en arenas movedizas


Enrico Tomaselli; Giubbe Rosse

Vueltas y vueltas, y la pelota siempre regresa al regazo de Trump. El conflicto -por muy precipitada y lamentablemente lo haya desatado en Asia occidental- es, como era previsible, una patata caliente muy difícil de manejar, y por más desesperadamente que intente encontrar una salida, al final el quid de toda la cuestión siempre resurge, y nadie puede resolverlo excepto el presidente de los Estados Unidos. Excepto que es la situación clásica en la que todos pierden. Porque, despojado de todas las incrustaciones históricas y políticas de una de las regiones más complejas del planeta, el quid de la cuestión es ésta: la relación entre Estados Unidos e Israel. Y si los intereses de los dos países divergen, o se separan o uno de ellos impone su voluntad al otro. Ésta es precisamente la elección que Trump tiene ante sí. Pero no es capaz, excepto de manera limitada (sólo en algunas cosas, sólo hasta cierto punto, sólo por un poco de tiempo) de imponer su voluntad a Israel. Pero ni siquiera puede separarse de él: de hecho, los vínculos militares son cada vez más estrechos y, por lo tanto, cada vez más difíciles de romper.

Tal como están las cosas, está claro que Washington está utilizando Tel Aviv para intentar intimidar a Teherán y, en cualquier caso, mantenerlo bajo tensión. Todas las pantomimas entre Trump y Netanyahu son ridículas, los dos se coordinan en todo. Además, Estados Unidos está tratando claramente de dividir las cuestiones entre sí (Palestina, Líbano, Yemen, Irán...), no sólo para negar la causa raíz de todos los conflictos -es decir, la presencia de Israel- sino también para desmantelar el bloqueo enemigo pieza por pieza. Un juego al que, sin embargo, Irán no se presta y, de hecho, gestiona la escalada, siempre y sobre todo a nivel político. Hay algo que hay que aclarar a los aficionados del estadio. Irán juega un partido estratégico que, por tanto, mira los resultados a medio y largo plazo y no actúa para dar satisfacción a los hooligans de la Curva Sur. Entonces, ella está lista para que la guerra se reanude, pero eso no significa que la quiera. Si puede, la evita.

lunes, 8 de junio de 2026

Confirmado: Donald Trump cree que Irán tiene la bomba


Larry C. Johnson, Sonar 21

No, no he tenido acceso a la inteligencia de señales de la NSA, pero he confirmado que la llamada telefónica de la semana pasada entre el presidente iraní Pezeshkian y el primer ministro pakistaní Shariff se realizó a través de una línea no segura.

Me han informado de manera fidedigna que esto fue hecho deliberadamente por los iraníes y los pakistaníes; es decir, contaban con que los estadounidenses y los israelíes estuvieran escuchando. La parte clave de la conversación entre Pezeshkian y Shariff fue la siguiente:
El presidente Masoud Pezeshkian comunicó un ultimátum estratégico formalmente estructurado en tres pasos si continuaban los ataques estadounidenses:
  1. Retirada inmediata de las negociaciones de paz nuclear en curso
  2. Abandono total del marco de un futuro Tratado Nuclear
  3. Detonación de un dispositivo nuclear en territorio iraní, ejecutada no como arma de guerra, sino como una demostración innegable de la capacidad soberana y el control absoluto sobre la escalada del conflicto
Cuando Marco Rubio fue llamado aproximadamente una hora después por el ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, y recibió el mismo mensaje, la Casa Blanca supo que la información era legítima. Si bien la comunidad de inteligencia estadounidense probablemente no puede confirmar que Irán posea un arma nuclear operativa, los pakistaníes creen que los iraníes sí.

La conversación interceptada entre Pezeshkian y Shariff, seguida de la charla de Rubio con Ishaq Dar, convenció a Trump y a sus asesores de que Irán no estaba lanzando una amenaza vacía.

domingo, 31 de mayo de 2026

Capitalismo de gángsters y corrupción en los Estados Unidos de Trump


Henry Giroux, Counter Punch

La tradición no es el culto a las cenizas. Es la preservación del fuego.

–Gustav Mahler
La corrupción como espectáculo autoritario

La corrupción nunca ha estado lejos del centro de la política estadounidense. Algunos de los escándalos más notorios se extienden desde el favoritismo de Warren G. Harding a la Abusos de poder expuestos durante el escándalo Watergate bajo el gobierno de Richard Nixon. Sin embargo, muchos historiadores argumentan que lo que distingue a Donald Trump de presidencias corruptas anteriores es que la corrupción ya no opera a puertas cerradas, protegida por los rituales liberales de legitimidad institucional y los eufemismos del decoro político. Bajo el gobierno de Trump, la corrupción se representa abiertamente como un espectáculo, se celebra como un signo de fuerza, riqueza, venganza y lealtad personal.

El régimen de corrupción en constante expansión de Trump ya no es simplemente una mala conducta financiera oculta, sino una exhibición pública de avaricia sociopática diseñada para normalizar la codicia, la anarquía, el poder sin restricciones y el colapso de la responsabilidad cívica. Refleja una política de nihilismo moral en la que el fascismo ya no aparece como una amenaza lejana pero como el futuro ya está tomando forma.

Como insignia de honor, Trump abraza la corrupción no simplemente como un modo de gobierno, sino como un espectáculo diseñado para legitimar la codicia, la crueldad y el poder desenfrenado. Funciona como qué Dominic Wetzel ha llamado a la “pornificación del sueño americano” una cultura en la que el exceso, la anarquía y la depredación se celebran como signos de éxito y fortaleza. En los Estados Unidos de Trump, la corrupción metastatiza en un teatro de crueldad y violencia, saturando la vida política con los valores del miedo, el espectáculo y la descartabilidad. Alimenta una arquitectura más amplia de dominación arraigada en jerarquías tóxicas de raza, clase, misoginia y nacionalismo cristiano blanco, al tiempo que convierte la anarquía y la agresión desenfrenada en formas de entretenimiento político.

lunes, 25 de mayo de 2026

Ha comenzado el siglo de humillación de Estados Unidos


Greg Johnson, Counter-Currents

El “Siglo de la Humillación” de China comenzó en 1839 con la Primera Guerra del Opio. La dinastía Qing estaba en decadencia, y las potencias extranjeras comenzaron a apoderarse de territorios y extorsionar concesiones comerciales mediante guerras y expediciones militares. Fue un siglo prolongado que no terminó realmente hasta 1949 con el establecimiento de la República Popular China.

Pero incluso entonces, quedaban asuntos pendientes: Macao, Hong Kong y Taiwán. Macao y Hong Kong ya han sido devueltos a China. Pero Taiwán sigue sin ser redimido. De hecho, Taiwán existe para impedir la victoria de la República Popular. Hasta el día de hoy, Taiwán afirma ser la verdadera China, reivindicando su soberanía sobre el resto del país bajo la protección de Estados Unidos.

Es evidente que este es un tema delicado para Pekín. Mientras no se resuelva la cuestión de Taiwán, el ascenso de la República Popular no habrá puesto fin al Siglo de la Humillación.

Nos dicen que debemos arriesgarnos a una guerra por Taiwán porque fabricamos chips para inteligencia artificial. Estamos en una "carrera por la IA". Igual que estamos en una carrera por los "minerales de tierras raras".

Soy escéptico ante estos argumentos. Si estuviéramos en una carrera existencial con China por la IA, simplemente trasladaríamos las fábricas fuera del alcance de China, como Stalin trasladó industrias enteras tras los Urales. Pero entonces recuerdo: la historia está repleta de líderes que se enfrentan a amenazas existenciales y no hacen nada.

Cuando oigo que “nosotros” necesitamos adquirir territorios o arriesgarnos a una guerra por recursos y tecnologías, me pregunto con cinismo quiénes son esos “nosotros”. Nosotros, el pueblo, siempre terminamos pagando las consecuencias. Cada vez que se invoca la “geopolítica”, es señal de que vamos a pagar dos veces: primero con sangre, luego con dinero.

¿Por qué pagar con sangre? ¿Es simplemente porque los oligarcas con conexiones políticas no quieren competir por contratos, así que sobornan a los políticos para que se los concedan?

jueves, 14 de mayo de 2026

El encuentro entre Trump y Xi saca a la luz la debilidad estadounidense

Trump viaja a Pekín con la esperanza de apagar los incendios que él mismo ha provocado. Xi Jinping se sienta a la mesa de negociación con las mejores cartas

Marc Vandepitte, De Wereld Morgen

Del 13 al 15 de mayo Donald Trump realiza una visita de Estado al presidente Xi Jinping en Pekín. La intención original era hablar sobre el conflicto comercial entre ambos países, pero ahora la agenda está dominada por la guerra en Asia Occidental, llamada eurocéntricamente Oriente Medio. Hay mucho en juego, pero es muy dudoso que esta cumbre vaya a producir resultados tangibles.

Guerra Fría

Las cosas no van realmente bien entre las dos grandes potencias. Tras la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de la Unión Soviética, EEUU se presentó como el líder indiscutible de la política mundial. En 1992, un año después de la caída de la Unión Soviética, el Pentágono escribió: “Nuestro primer objetivo es impedir que aparezca un nuevo rival en el escenario mundial. Debemos disuadir a los competidores potenciales incluso de aspirar a un papel mayor a nivel regional o mundial”.

Treinta años después China se ha convertido en el principal “competidor potencial” que debe ser contenido. El Congreso de EEUU declaró en el marco de las discusiones presupuestarias para 2019 que “la competencia estratégica con China a largo plazo es una prioridad principal para Estados Unidos”. Se trata de una estrategia integral que se lleva a cabo en distintos frentes.

Washington intenta frenar el ascenso tecnológico de China impidiendo la exportación de chips avanzados y otras tecnologías de alto valor. La economía china se ve obstaculizada con aranceles comerciales y controles de inversión. Además, EEUU intenta aislar económicamente a China de países vecinos como Japón, Corea del Sur, Vietnam e India cerrando acuerdos comerciales con ellos y formando así un bloque conjunto.

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