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domingo, 23 de agosto de 2026

Las raíces del capitalismo pasan por la esclavitud

Detrás de la pulida narrativa del progreso occidental se esconde otra historia: la energía del vapor, la banca moderna y el capitalismo industrial no nacieron de la innovación pacífica, sino que se pagaron con la sangre de personas esclavizadas
Naudine Pierre (Haiti), Esto, sé que es verdad. 2023


Vijay Prashad, TriContinental

Hay cierto consuelo en las historias que los imperios cuentan sobre sí mismos. En ellas, el capitalismo aparece como el florecimiento natural del ingenio europeo: producto de la razón, el descubrimiento científico, la innovación tecnológica y la frugalidad de personas laboriosas. El colonialismo y la esclavitud, cuando aparecen, son tratados como episodios lamentables en medio de una trayectoria triunfal hacia la modernidad.

Nuestro más reciente estudio, Las raíces del capitalismo: la esclavitud y el comercio del azúcar (agosto de 2026), de Prabir Purkayastha, nos pide abandonar esta conveniente mitología. El estudio inaugura nuestra nueva serie de "Estudios sobre Materialismo Histórico", que examinará la construcción del mundo moderno situando en el centro de este proceso la dialéctica entre el imperialismo y las luchas de liberación nacional. Gran parte del estudio fue escrito durante los 225 días que Prabir estuvo encarcelado en la cárcel central de Rohini, en Delhi, India, entre octubre de 2023 y mayo de 2024. Fue arrestado ilegalmente por el gobierno indio como parte de una campaña más amplia contra la libertad de prensa y las voces progresistas. Durante su encierro, los pedazos de papel que iban y venían con las visitas se convirtieron en los primeros esbozos de esta historia del azúcar, la esclavitud y el capitalismo. Hay algo que encaja en esto: un estudio sobre los sistemas de confinamiento y explotación, escrito en condiciones de confinamiento por una mente que se negó a ser confinada.

miércoles, 19 de agosto de 2026

La guerra ultranacionalista de Ucrania contra la historia

Un nuevo estudio advierte que el creciente sistema de leyes de memoria histórica de Ucrania ha convertido las narrativas históricas en una herramienta de aplicación de la ley por parte del Estado, profundizando las restricciones al discurso público e intensificando los esfuerzos por moldear la identidad nacional en medio del conflicto con Rusia

Kit Klarenberg, Al Mayadeen

En las últimas dos décadas, los ultranacionalistas ucranianos de línea dura han librado una guerra cada vez más intensa contra la historia, tanto en el país como en el extranjero, con consecuencias dramáticas que han transformado el mundo. Dentro del propio país, un aparato legal sumamente represivo impone cada vez con mayor frecuencia narrativas peligrosamente sesgadas del pasado reciente y lejano de Kiev, con penas penales excesivas incluso para quienes infringen la ley involuntariamente. Esta batalla, descaradamente politizada, se ha intensificado enormemente desde el estallido del conflicto indirecto en Ucrania. A pesar de la oposición generalizada, la agresiva ofensiva ultranacionalista de Kiev contra la historia no hace más que aumentar.

Estas son las graves conclusiones de un extraordinario artículo del académico ucraniano Georgiy Kasianov, titulado «Disciplinar y castigar»: Un giro punitivo en la política de la memoria en Ucrania, 2006-2025 . Como señala el autor, la instrumentalización del derecho al servicio de la política de la memoria es común en Europa Central y Oriental. Al menos nueve países de la región cuentan con legislación que prohíbe la exhibición pública de símbolos comunistas y nazis, lo que sustenta los esfuerzos ultranacionalistas locales —apoyados con entusiasmo por la UE— para equiparar perversamente ambas ideologías, presentándolas como totalitarismos comparables.

Además, en muchos casos —especialmente en los países bálticos— estas leyes forman parte de ecosistemas culturales y jurídicos más amplios que glorifican a los colaboradores nazis y a los perpetradores del Holocausto como héroes de la libertad, al tiempo que limitan estrictamente el discurso sobre la Segunda Guerra Mundial para ocultar la culpabilidad local por crímenes atroces. Así, escribe Kasianov, el «modelo punitivo de política de la memoria» de Ucrania se inscribe en «un patrón poscomunista más amplio de narrativas históricas impuestas por el Estado». Sin embargo, «por su severidad, selectividad e instrumentalización ideológica y burocrática», la guerra de Kiev contra la historia «representa un caso particularmente radical y revelador».

viernes, 14 de agosto de 2026

Fidel, 100 años de un revolucionario y un hombre bueno.

El escritor chileno Luis Casado recuerda los 100 años del nacimiento de Fidel Castro relatando el encuentro del líder latinoamericano con el líder de las Panteras Negras, Malcolm X, en un Hotel de Harlem, Nueva York

Luis Casado

Afuera se agolpa un gentío de periodistas, policías, simpatizantes, hermanos de la comunidad y también de simples curiosos del barrio que quieren presenciar el acontecimiento. Adentro, en un cuarto apenas alumbrado y lleno de humo de tabaco, dos personajes intercambian sus ideas como pueden, en dos lenguas distintas, con historias disímiles pero con enemigos similares y luchas paralelas.

«Mientras el Tío Sam esté contra ti, sabrás que eres un hombre bueno», le dice de forma irónica Malcolm X a Fidel Castro.

Ninguno de los personajes necesita de mayores presentaciones. Es la noche del 19 de septiembre de 1960. El lugar: un hotel humilde en el barrio del Harlem, al norte de Manhattan. Se trata de un barrio obrero, popular, muy al margen de las luces de la Quinta Avenida. Allí conviven «los negros y los latinos». En el Harlem tendrá lugar un torbellino de sucesos que pondrán a «la Historia» junto a las pequeñas historias, con un escenario de cuartos pequeños, bombillas tenues y cortinas de flores desteñidas.

Fidel se encontraba en ese entonces en Nueva York para participar por primera vez de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Revolución Cubana tenía un año y pocos meses de haber derrocado a la dictadura de Fulgencio Batista y de haber iniciado un proceso de transformaciones nunca antes visto en aquella isla caribeña. Por esos mismos días la Revolución anunciaba la intervención de la banca estadounidense y el traspaso del Canal 6 a manos del Estado. El gobierno norteamericano, mientras tanto, declaraba una guerra abierta contra las nuevas autoridades en La Habana y lideraba una feroz campaña de desinformación contra Cuba y su proceso de cambio.

martes, 11 de agosto de 2026

Los comerciantes, la fe y el resurgimiento de la esclavitud en la cristiandad occidental

El regreso de la trata transatlántica de esclavos a la cristiandad occidental se entrelaza con el comercio portugués, las nuevas redes cristianas y las definiciones cambiantes de identidad que complican las narrativas modernas de victimización y perpetración.

Bruna Frascolla, Strategic Culture

Los estereotipos tienen cierta base en la realidad; y como las realidades de los judíos varían mucho, también lo hacen sus estereotipos. Un estereotipo positivo es el del alma sensible que sufre persecución o prejuicios. Esta imagen tiene sus raíces en la Europa de los siglos XVIII al XX—, un período marcado por la secularización de los judíos y su rechazo parcial por parte de la sociedad cristiana. Primo Levi encarna este estereotipo positivo. Si bien su perfil biográfico por sí solo es suficiente para transmitirlo (fue el poeta idealista enviado a Auschwitz para luchar contra el fascismo), la lectura de sus escritos autobiográficos refuerza aún más la imagen de un hombre de letras sensible. Y nada ilustra esto mejor que el contraste con el judío griego Mordo Nahum.

Este personaje aparece en The Truce, la secuela menos conocida del clásico If This Is a Man. En esa famosa obra, Primo Levi relata su encarcelamiento y su vida en Auschwitz—, que incluía un mercado de valores donde el pan servía como moneda, una idea que seguramente no todos los grupos étnicos tendrían. Dijo que la jerga española prevalecía en Auschwitz debido a que los judíos griegos de Tesalónica hablaban español —siendo descendientes de judíos expulsados de España— y habían llegado al campo nazi antes que otros. Había tantos judíos en Tesalónica que no podían ser escondidos, y los nazis capturaron a muchos de ellos.

En la tregua Primo Levi cuenta la historia de su viaje a casa desde Polonia bajo tutela soviética. Los rusos son retratados como la antítesis de los alemanes: cálidos, alegres y caóticos. Aunque los alemanes habían construido una máquina letal para transportarlo desde Italia a Polonia, el viaje de regreso bajo el mando de los rusos tomaría casi un año de recorrer Europa del Este, en medio de enredos burocráticos con la ONU. Mientras todavía estaba en Polonia, conoció a Mordo Nahum, un judío de Tesalónica que, por alguna razón, lo eligió como aliado en la lucha por la supervivencia. Primo Levi estaba emocionado; confesó “habiendo considerado principalmente su gran mochila y su condición de ciudadano de Tesalónica— que, como todos en Auschwitz sabían, era sinónimo de refinadas habilidades mercantiles y la capacidad de manejar cualquier situación. El gusto mutuo y la estima,lo cual fue unilateral, vino después.” Primo trabajaba para Mordo llevando su mochila, buscando precios, hablando alemán e incluso latín (con un sacerdote).

sábado, 11 de julio de 2026

De Gaza al Cuerno de África y Suez, la geopolítica del infanticidio - Egipto, la octava plaga


Fulvio Grimaldi, l'antidiplomatico

Los infanticidios como estrategia de expansión colonial

Si observamos la región que va desde el norte de África hasta la frontera afgana, que los británicos llamaron Cercano Oriente y nosotros el Medio, es difícil separarse de puntos focales como la agresión israelí-estadounidense (más israelí que estadounidense) contra Irán y los frentes relacionados del Líbano, Palestina, Yemen (los hutíes), Irak (las Unidades de Movilización Popular), Somalia (donde cada dos por tres Trump bombardea la resistencia islámica al régimen títere de Estados Unidos). Y aunque sea éticamente muy duro, no se detengan en lo mucho que está haciendo el Estado terrorista que no es elegible, con un título establecido de autodefensa, en Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano, ocasionalmente Yemen

Hemos luchado, conscientes de horrores históricos que considerábamos insuperables e insuperables, para apartar la mirada de hasta qué punto las recientes investigaciones de la ONU, la de Save the Children, la periodística holandesa, han examinado y documentado con todo detalle la estrategia empleada por los dirigentes israelíes para destruir la continuidad biológica y la existencia futura del pueblo palestino: la matanza planeada de los niños de Gaza. A finales de junio, 21.000 muertos, 45.000 heridos y mutilados. Evidencias, documentos clínicos, autopsias, informes, fotografías, diagnósticos: la demostración de lo inconcebible: un ejército de francotiradores entrenados y comandados para atacar a niños en la cabeza o en órganos vitales.

Una práctica que se ha extendido a Cisjordania en las últimas semanas. La organización israelí de derechos humanos B'Tselem denuncia esto en un informe, precisando que entre octubre de 2023 y junio de 2026 fueron asesinados más niños que en todo el período desde 1967.

Son los militares de lo que se le dice al mundo como “el ejército más moral del mundo”.

No debería haberme sorprendido. En Gaza, la guerra de 2009 titulada “Spindle Lead”, filmé a niños mostrándome fotos de sus amigos y hermanos muertos, disparados en medio de sus frentes o corazones.

Pero también capturé imágenes de vehículos blindados israelíes sosteniendo a un niño atado al capó mientras se acercaban a áreas u casas desde donde podrían ocurrir reacciones de resistencia. Que golpearía al niño. Herodes, el único predecesor en tal práctica, palidece. Sólo hizo matar a sus primogénitos.

Pero los niños no sólo son asesinados en Palestina o en el Líbano. En Sudán hay 150.000 víctimas no denunciadas del conflicto civil. El porcentaje de niños y mujeres es el de Gaza, alrededor del 60%. Otros niños se arrastran de tienda en tienda, si les parece bien, huyendo de los combates junto con 9 millones de desplazados internos. Según la ONU, 33,7 millones de sudaneses corren el riesgo de sobrevivir debido a la falta de medios de vida básicos. ¿Cuántos de ellos son niños? Egipto acoge a un millón de ellos y vive una crisis económica y social muy grave. Todo debe atribuirse al “dictador Al Sisi”.

lunes, 6 de julio de 2026

Estados Unidos: 250 años después

Lamentable desenlace de aquella guerra de liberación nacional contra el despotismo inglés que dos siglos y medio después culmina su itinerario histórico como un imperio en descomposición

Atilio Boron, La Haine

Este 4 de julio se cumplieron 250 años de la declaración de la independencia de las trece colonias inglesas establecidas en Norteamérica. La fecha marca el nacimiento de lo que según Seymour Martin Lipset fue la "primera nueva nación", una de cuyas características fue la de haber sido creada sin tener que lidiar con el lastre autoritario y elitista de un pasado monárquico y feudal. Según este autor tal circunstancia hizo que los EEUU exaltaran la igualdad y el logro individual y rechazaran la interferencia estatal en la vida social, propia de las monarquías europeas. Este sería el núcleo de lo que se conoce como "el credo [norte]americano", a veces también llamado "el sueño [norte]americano" ('American Dream') y supuestamente plasmado por los Padres Fundadores en la Constitución de los EEUU.

Sin embargo, una atenta mirada a la evolución de la sociedad estadounidense revela que su temprana formación como sociedad burguesa no la eximió de albergar en su seno las contradicciones y conflictos propios del capitalismo y, entre ellos, un fenomenal proceso, acelerado en este último medio siglo, de creciente desigualdad y concentración de la riqueza. En 2024 el coeficiente de Gini de EEUU registraba un valor de 41,8 (100 es muy desigual, 0 es muy igualitario), muy cercano al de un país como Camerún (42,2) y lejos del que presentan las viejas y elitistas monarquías europeas: 23,4 en Bélgica, 33,5 en el Reino Unido, 30,4 en Francia.

En otras palabras, el "sueño [norte]americano", si existió en las fases iniciales de la conformación de EEUU, se convirtió en la pesadilla de clasismo, exclusión, prejuicio y discriminación que hoy padece ese país, con decenas de millones de ciudadanos sin techo, sin salud, sin educación y sin seguridad social.

sábado, 4 de julio de 2026

La «independencia» de EEUU celebra 250 años de chovinismo y genocidio

El mito de la libertad estadounidense, repetido por historiadores nacionalistas, políticos y medios de comunicación corporativos, borra la esclavitud, el despojo y la supremacía blanca sobre los que se construyó la república.

Joseph Massad, Middle East Eye

El chovinismo estadounidense sigue siendo la ideología dominante en EEUU, tanto en la derecha como en la izquierda y en el centro. El 250º aniversario de la independencia, que el país celebrará el 4 de julio de 2026, es una ocasión más para expresar el ultranacionalismo estadounidense y reescribir la sórdida historia de opresión y genocidio del país como una historia de «libertad».

Trump, héroe de los supremacistas blancos y los conservadores, ha declarado que «con una sola hoja de pergamino y 56 firmas, EEUU inició el mayor viaje político de la historia de la humanidad».

Obama, lo mejor que les ha pasado jamás a los liberales blancos estadounidenses, se muestra totalmente de acuerdo: «Dado que faltan pocas semanas para el 250º aniversario de EEUU, vale la pena recordar lo radical que era realmente toda la idea del autogobierno allá por 1776».

Añade que la Declaración de Independencia afirmaba «que todos somos creados iguales, dotados por nuestro Creador de ciertos derechos inalienables».

A continuación, Obama lanza una leve reprimenda por lo que parece ser un descuido por parte de los colonos blancos propietarios de esclavos que declararon la independencia:
Al constituir nuestra unión, los fundadores se quedaron muy lejos de cumplir la promesa de la Declaración, dejando intacta la esclavitud y permitiendo que los estados restringieran el derecho al voto a los hombres blancos que poseían propiedades; pero al redactar una Constitución y una Carta de Derechos, sí tuvieron la visión de futuro y la genialidad necesarias para dotarnos de un marco que permite a cada generación hacer nuestra unión más perfecta... Y a lo largo de más de dos siglos... «Nosotros, el pueblo» pasó a incluir no sólo a algunos de nosotros, sino a todos nosotros.

Si un sudafricano blanco afirmara que la creación en 1910 de la Unión Sudafricana --una colonia de pobladores basada en la supremacía blanca-- fue el primer paso para que, un siglo más tarde, Sudáfrica fuera inclusiva con las personas no blancas, dicha persona se enfrentaría, con toda razón, al ridículo y a la condena.

sábado, 23 de mayo de 2026

El tiempo, la temporalidad y la historia

El surgimiento de la cosmovisión y la ciencia eurocéntricas también está vinculado a una concepción particular del tiempo

Leonid Savin, Geopolitika

El surgimiento de la cosmovisión y la ciencia eurocéntricas también está vinculado a una concepción particular del tiempo. El tiempo se refiere al sistema de calendario, a las técnicas de sincronización, a las percepciones del pasado, el presente y el futuro, y a los enfoques de la historia. Es un hecho universalmente evidente que el sistema temporal y el tiempo de calendario que ahora predominan son aquellos que surgieron junto con el imperialismo europeo y se han difundido a través del colonialismo y el comercio global. 1

Los antropólogos llevan mucho tiempo interesados en cómo los conceptos del tiempo están vinculados al ejercicio del poder y a la estructuración de las actividades políticas y sociales.2 Desde el punto de vista del pluriverso, el tiempo no puede percibirse como algo abstracto, como una medida única que proporciona meramente una disposición cronológica de los acontecimientos. En cambio, existe una estrecha relación entre las ideas culturales del tiempo y las preferencias políticas. Los ejemplos históricos demuestran que el concepto de la medición del tiempo está directamente vinculado al poder. Los calendarios, por ejemplo, se introdujeron históricamente en entidades políticas como China, la Antigua Roma, el Imperio maya, etc. Incluso en Europa, las definiciones del tiempo se asociaron con las instituciones de gobierno (monarquías) hasta el siglo XVII.3 Los sistemas jurídicos actuales de las democracias occidentales también están directamente vinculados al tiempo, un aspecto que examinaremos en profundidad en un capítulo posterior sobre los sistemas jurídicos.

sábado, 7 de marzo de 2026

Recuperar el Futuro. Utopía, Historia y Posibilidad


Diego Fusaro, Posmodernia

«El problema de nuestro tiempo es que el futuro ya no es lo que era”
(Paul Valéry, Miradas al mundo actual)
De veinte años a esta parte, un clima marcadamente antiutópico domina todo el horizonte. Se podría compendiar en el tránsito demasiado frívolo que se ha verificado, a nivel simbólico, desde el paradigma de la caverna platónica —la metáfora explosiva que durante siglos ha condensado el sentido del posible éxodo hacia un otro lugar diferente y mejor— a la imagen, hoy hegemónica, de la weberiana jaula de hierro de cuyos barrotes inoxidables no es factible escapar; la única maniobra posible consiste en adaptarse cadavéricamente al orden del mundo, a la realidad presentada como inenmendable.

El poder ha cambiado de rostro. El mundo actual, capilarmente invadido por la forma mercancía, no pretende ser perfecto: simplemente niega la existencia de alternativas, convenciendo a las mentes no de sus propias cualidades, sino de su propio carácter fatal, intrascendible y destinal. Además, el hodierno reino animal del espíritu profesa abiertamente su mismo carácter imperfecto y, al mismo tiempo, niega de raíz la posibilidad de buscar formas alternativas de habitar el espacio social que no sean las del horizonte único de la forma mercancía y las de la cosificación que esta produce a escala planetaria. En anteriores trabajos he propuesto calificar este dogma, en el que se cristaliza el sentido de impotencia frustrante que hoy tiene prisioneras nuestras mentes, como la ideología de la «inenmendable imperfección».

La estrategia del dispositivo de la inenmendable imperfección consiste, ante todo, en la desertificación del imaginario, o sea en la neutralización de la carga utópica capaz de alimentar la acción redentora. Cuando los prisioneros ya no están animados por la pulsión de escapar y aceptan sumisamente su propio cautiverio, la represión puede aflojar su control sobre los cuerpos, porque ahora su control sobre las almas es total. La ideología de la inenmendable imperfección se sustenta sobre los dos movimientos complementarios de la absolutización de la realidad dada (de ahí el resurgir de realismos viejos y nuevos) y de la demonización de todo pathos antiadaptativo, siguiendo el teorema que funde en un abrazo fatídico la energía utópica y la violencia.

viernes, 30 de enero de 2026

El silencio del devenir: ¿metafísica después de la ontología?


Santiago Mondéjar, Geopolitika

El cambio conceptual que aquí se propone tiene consecuencias decisivas para la forma en que se entiende la temporalidad misma. El tiempo ya no puede concebirse como un marco externo en el que se desarrollan los procesos ni como un contenedor neutral que simplemente alberga acontecimientos ya constituidos en sí mismos. Más bien, el tiempo debe entenderse como la expresión misma de la dinámica real, inseparable de los procesos que articula. Decir que los fenómenos ocurren «en el tiempo» ya es imponer un esquema representacional que malinterpreta la naturaleza del devenir. No hay procesos situados dentro del tiempo como un medio preexistente; en cambio, hay una temporalización de lo real en sí mismo. La temporalidad no es el telón de fondo del cambio, sino su modo inmanente de articulación, una posición que encuentra su primera articulación filosófica en las críticas al tiempo sustancialista que se extienden desde las aporías de Aristóteles sobre la kinesis hasta la metafísica contemporánea del proceso (Aristóteles, 1998; Rescher, 1996).

Esta reorientación se basa en una intuición ya articulada con fuerza en las críticas a la espacialización del tiempo, según las cuales la tendencia metafísica dominante ha sido tratar la duración como si fuera una extensión homogénea, divisible en unidades discretas análogas a los puntos en el espacio. Tal concepción solo hace inteligible el cambio inmovilizándolo, sustituyendo la continuidad por la sucesión y reduciendo el devenir a una serie de estados estáticos. En contra de esta visión, la temporalidad debe entenderse como cualitativa, intensiva e internamente diferenciada, una durée irreducible a la representación cuantitativa (Bergson, 1907/1998). No está compuesta por instantes, sino por tensiones, ritmos y modulaciones que no pueden captarse adecuadamente mediante metáforas espaciales sin distorsión.

lunes, 26 de enero de 2026

El largo ascenso del capitalismo global

El capitalismo es un sistema económico global. Cualquier crónica sobre su ascenso, por tanto, debería examinar el mundo entero. En su nuevo libro Capitalism: A Global History, el historiador Sven Beckert hace precisamente eso.

Nelson Lichtenstein, Jacobin

El artículo que sigue es una reseña de Capitalism: A Global History, de Sven Beckert (Penguin Press, 2025)
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El extenso libro de Sven Beckert es sumamente ambicioso, una historia perspicaz y bien ilustrada del historiador de Harvard, pionero en la creación de nuevas narrativas que exploran cómo el capitalismo en constante cambio ha sido un fenómeno arraigado social y culturalmente. Con más de mil páginas, el volumen de Beckert ofrece una síntesis y, en ocasiones, una reformulación de casi todo lo que hemos aprendido sobre la historia del capitalismo, y no solo en las sociedades más estudiadas que bordean el Atlántico Norte.

Se trata de una historia global, sostiene Beckert, porque el capitalismo «siempre fue una economía mundial». Escribiendo dentro del esquema de sistemas mundiales asociado con Fernand Braudel e Immanuel Wallerstein, investiga las conexiones, los paralelismos y las transformaciones que tienen lugar dentro de una historia económica y social que se remonta a casi mil años.

El historiador Marc Bloch escribió una vez que observar cuidadosamente el mundo era tan importante para comprender la historia como el tiempo dedicado a los archivos. Beckert está de acuerdo. Su libro es el resultado no solo de una inmensa investigación bibliográfica, sino también de visitas a fábricas, plantaciones, almacenes, ferrocarriles, muelles, mansiones, mezquitas, iglesias y casas de comerciantes que se extienden desde Phnom Penh hasta Senegal, desde Samarcanda hasta Ámsterdam y desde Turín hasta Barbados. Puedo dar fe de la importancia de esos viajes: hace veinte años, cuando visité el delta del río Perla en China, que entonces se estaba convirtiendo en el taller del mundo, no solo obtuve información crucial sobre cómo Walmart abastecía su cadena de suministro, sino que también llegué a comprender de forma más intuitiva cómo debía de ser la floreciente y divisada Detroit casi un siglo antes.

«No existe un capitalismo francés o un capitalismo estadounidense», escribe Beckert, «sino solo capitalismo en Francia o en Estados Unidos». Y también hay capitalismo en Arabia, India, China, África e incluso entre los aztecas. En su relato sobre los mercaderes y comerciantes de la primera mitad del segundo milenio, Beckert deja a Europa en un segundo plano y ofrece, en su lugar, un relato rico y —excepto para los especialistas— desconocido sobre cómo florecieron en Adén, Cambay, Mombasa, Guangzhou, El Cairo y Samarcanda las instituciones vitales para el comercio y los mercados tales como el crédito, la contabilidad, las sociedades limitadas, los seguros y la banca. Todas ellas son «islas de capital», una metáfora recurrente en el libro de Beckert.

sábado, 24 de enero de 2026

El poder intermediario y la forja angloamericana del dominio financiero


Santiago Mondéjar, Geopolitika

Este artículo presenta un análisis estructural a largo plazo de la transformación del poder occidental desde la Edad Moderna hasta su configuración angloamericana contemporánea. El desplazamiento del paradigma imperial español y el sucesivo auge de la hegemonía holandesa, inglesa y, finalmente, estadounidense solo se pueden comprender parcialmente si no se integra el papel históricamente demostrado que desempeñaron las redes judío-conversas y sefardíes en las finanzas, la inteligencia, la propaganda y el comercio transnacional.

Partiendo exclusivamente de procesos históricos documentados —y rechazando explícitamente cualquier interpretación identitaria o conspirativa—, el argumento reconstruye cómo estas redes, inicialmente expulsadas o marginadas por los proyectos ibéricos de unificación religiosa, fueron incorporadas selectivamente a los órdenes protestantes y mercantiles más flexibles del norte de Europa.

El resultado fue la cristalización de una modalidad de poder distinta, caracterizada por la gobernanza indirecta, la primacía informativa, la intermediación financiera y la negación ideológica. El análisis concluye situando esta formación histórica dentro de los antagonismos geopolíticos contemporáneos, argumentando que la lógica intermediaria que una vez permitió el dominio angloamericano ha generado ahora condiciones de fragilidad sistémica, parálisis estratégica y agotamiento político que se manifiestan especialmente en Gran Bretaña.

La ruptura de la cristiandad occidental a principios de la Edad Moderna no constituyó solo un cisma teológico, sino una reorganización integral de la autoridad política, la coordinación económica y el control epistémico. La separación de Inglaterra de Roma, la revuelta holandesa contra la soberanía española y la Guerra Civil Inglesa se tratan convencionalmente como episodios nacionales o confesionales discretos.

martes, 20 de enero de 2026

La tradición marxista ante la agresión imperial

Lejos de la neutralidad abstracta, la tradición marxista ha pensado históricamente cómo intervenir en conflictos asimétricos entre potencias dominantes y Estados periféricos. El caso venezolano vuelve a colocar ese dilema en el centro de la escena.

Valerio Arcary, Jacobin

En Brasil rige actualmente un régimen semifascista que cualquier revolucionario no puede sino considerar odioso. Supongamos, sin embargo, que mañana Inglaterra entrase en conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en ese conflicto? En este caso, personalmente estaría yo del lado del Brasil «fascista» contra la Inglaterra «democrática». ¿Por qué? Porque no se trataría de un conflicto entre democracia y fascismo. Si Inglaterra triunfara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría a Brasil con dobles cadenas. Por el contrario, si Brasil triunfara, la conciencia nacional y democrática del país cobraría un enorme impulso y llevaría al derrocamiento de la dictadura de Vargas. Al mismo tiempo, la derrota de Inglaterra asestaría un duro golpe al imperialismo británico y daría un impulso al movimiento revolucionario del proletariado inglés.

León Trotsky, «La lucha antimperialista es clave para la liberación», entrevista con Mateo Fossa (septiembre de 1938)
Apesar de su postura crítica hacia el gobierno de Joseph Stalin, en los años treinta León Trotsky defendió a la URSS ante la inminencia de una invasión del territorio soviético por la Alemania nazi. En su libro En defensa del marxismo, Trotsky reiteró su evaluación crítica de la degeneración burocrática del régimen político soviético que había presentado en La revolución traicionada, pero subrayó que el significado histórico de los logros económicos y sociales de la Revolución de Octubre —en particular la propiedad social de los medios de producción y la planificación económica, en oposición a la propiedad privada y a la regulación de la economía por el mercado— permanecían, en lo fundamental, intactos y justificaban la formación de un frente único con Moscú contra Hitler. Los miles de trotskistas encarcelados en el gulag de Vorkuta, en el círculo polar ártico, solicitaron que se los alistara como soldados en el Ejército Rojo y que se los enviara a los más encarnizados frentes de guerra. Sabían que no los aguardaba otro destino que la muerte, pero preferían morir defendiendo con las armas en la mano a la Unión Soviética. La táctica de defender a la URSS contra el nazifascismo, aun cuando uno se opusiera irreconciliablemente al estalinismo, pasó a denominarse defensismo, es decir, la prestación de apoyo militar, pero no político, sin dejar de abandonar oda ilusión con respecto al régimen estalinista.

lunes, 12 de enero de 2026

Anatomía del capitalismo tardío: Cinco perspectivas críticas


Santiago Mondéjar, Geopolitika

El horizonte intercivilizacional no se ajusta perfectamente al sistema internacional. Aunque las civilizaciones y sus culturas se originan en naciones concretas, trascienden las fronteras nacionales. Surgen como bienes comunes sin raíces, trazando cartografías fluidas a través de las fronteras políticas. Por definición, una civilización es una entidad cultural que no puede reducirse a las instituciones, jurisdicciones o límites territoriales del Estado. Una civilización se vuelve más inteligible cuando se concibe metafóricamente como un organismo vivo. Su desarrollo no está determinado únicamente por principios abstractos, sino por procesos concretos, continuos y con capas históricas. Su esencia reside en la coherencia orgánica más que en construcciones teóricas derivadas de convenciones arbitrarias.

En consecuencia, sus elementos fundamentales no pueden analizarse de forma aislada, sino que solo existen como momentos dentro de un todo integrado y relacional. Desde este punto de vista, el capitalismo debe entenderse no solo como un sistema económico, sino como una forma civilizacional por derecho propio. Se define por la primacía de la racionalización, la producción de subjetividades específicas y los imperativos implacables de la expansión y las finanzas. Lo que caracteriza a la época contemporánea no es una ruptura radical con el pasado del capitalismo, sino una profundización de su dinámica central. Se vuelve cada vez más abarcador, opaco y autorreferencial, absorbiendo esferas de la vida que antes solo estaban parcialmente sujetas a la lógica del mercado.

jueves, 8 de enero de 2026

Dos siglos de rusofobia y rechazo a la paz

Europa ha rechazado repetidamente la paz con Rusia en momentos en que se podría haber alcanzado un acuerdo negociado, y tales negativas han demostrado ser profundamente contraproducentes

Jeffrey D. Sachs, Sinistra in Rete

Desde el siglo XIX hasta el presente, las preocupaciones de seguridad de Rusia han sido tratadas no como intereses legítimos que deben negociarse dentro de un orden europeo más amplio, sino como transgresiones morales que deben contrarrestarse, contenerse o ignorarse.

Este patrón se ha mantenido inalterado incluso bajo regímenes rusos radicalmente diferentes –zarista, soviético y postsoviético–, lo que sugiere que el problema no radica principalmente en la ideología rusa, sino en la persistente negativa de Europa a reconocer a Rusia como un actor de seguridad legítimo e igualitario.

Mi tesis no es que Rusia haya sido completamente benigna o confiable. Más bien, es que Europa ha aplicado sistemáticamente un doble rasero en su interpretación de la seguridad.

Europa considera que su uso de la fuerza, la creación de alianzas y su influencia imperial o postimperial son normales y legítimos, mientras que interpreta el comportamiento similar de Rusia, especialmente cerca de sus fronteras, como inherentemente desestabilizador e ilegítimo.

Esta asimetría ha reducido el espacio diplomático, deslegitimado el compromiso y aumentado la probabilidad de una guerra. Asimismo, este círculo vicioso sigue siendo la característica definitoria de las relaciones euro-rusas en el siglo XXI.

Un error recurrente a lo largo de la historia ha sido la incapacidad, o la negativa, de Europa a distinguir entre la agresión rusa y su comportamiento en busca de seguridad. En diversas ocasiones, las acciones interpretadas en Europa como evidencia del expansionismo inherente de Rusia fueron, desde la perspectiva de Moscú, intentos de reducir la vulnerabilidad en un entorno percibido como cada vez más hostil.

viernes, 2 de enero de 2026

La nueva estrategia de Netanyahu para atraer a Trump a una guerra con Irán

Irán no se presenta a Trump como un país que va hacia ‘un avance nuclear’, según el viejo cliché. Esa es la ‘antigua narrativa’. La nueva es la avanzada y peligrosa industria de misiles hipersónicos

Alastair Crooke, Strategic Culture

En los últimos días, Trump ha abordado o confiscado tres petroleros cargados con petróleo venezolano o con destino a Venezuela (como el Bella1). La confiscación más flagrante, en términos de ilegalidad, ha sido la de un buque de propiedad china y bandera panameña que, según se informa, tenía destino en China y no figuraba en ninguna lista de sanciones.

En otra zona de conflicto, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) afirmó el viernes pasado que había atacado con drones aéreos un petrolero ruso de la denominada por Occidente ‘flota fantasma’, el Qendil, en aguas del mar Mediterráneo frente a las costas de Marruecos. También atacó una residencia presidencial rusa en Novgorod, al sur de San Petersburgo, con 90 drones, aunque todos fueron derribados.

El SBU no dio más detalles sobre el ataque, ni sobre cómo desplegó un dron en el Mediterráneo (a 2000 km de Ucrania), ni sobre el lugar desde el que fue lanzado. La fuente del SBU afirmó que el buque de carga estaba vacío en el momento del ataque.

El presidente Putin, en medio de su maratón anual de preguntas y respuestas, prometió que Rusia tomaría represalias. Y efectivamente, pocos días después destruyó bases de drones marítimos en Odessa.

Los “bloqueos», incautaciones y ataques son, sin duda alguna, actos de guerra (a pesar de que EEUU afirme, increíblemente, que es propietario de todo el petróleo producido por Venezuela, hasta que se satisfagan todas las reclamaciones legales históricas de EEUU contra Venezuela).

Este episodio del petrolero es otro paso más hacia la anarquía en la política exterior estadounidense.

martes, 30 de diciembre de 2025

La rusofobia europea y el rechazo de Europa a la paz

Un fracaso de dos siglos

Jeffrey D. Sachs, The Unz Review

Europa ha rechazado repetidamente la paz con Rusia cuando existía la posibilidad de una solución negociada, y esos rechazos han resultado profundamente contraproducentes. Desde el siglo XIX hasta la actualidad, las preocupaciones de seguridad de Rusia se han tratado no como intereses legítimos que debían negociarse dentro de un orden europeo más amplio, sino como transgresiones morales que debían resistirse, contenerse o ignorarse. Este patrón se ha mantenido en regímenes rusos radicalmente diferentes —zarista, soviético y postsoviético—, lo que sugiere que el problema no reside principalmente en la ideología rusa, sino en la persistente negativa de Europa a reconocer a Rusia como un actor de seguridad legítimo e igualitario.

Mi argumento no es que Rusia haya sido completamente benigna o confiable. Más bien, es que Europa ha aplicado sistemáticamente un doble rasero en la interpretación de la seguridad. Europa considera su propio uso de la fuerza, la construcción de alianzas y la influencia imperial o posimperial como normales y legítimos, mientras que interpreta un comportamiento ruso comparable —especialmente cerca de sus fronteras— como inherentemente desestabilizador e inválido. Esta asimetría ha reducido el espacio diplomático, deslegitimado el compromiso y aumentado la probabilidad de guerra. Asimismo, este ciclo contraproducente sigue siendo la característica definitoria de las relaciones entre Europa y Rusia en el siglo XXI.

Un fracaso recurrente a lo largo de esta historia ha sido la incapacidad —o negativa— de Europa para distinguir entre la agresión rusa y su comportamiento de búsqueda de seguridad. En múltiples períodos, las acciones interpretadas en Europa como evidencia del expansionismo inherente de Rusia fueron, desde la perspectiva de Moscú, intentos de reducir la vulnerabilidad en un entorno percibido como cada vez más hostil. Mientras tanto, Europa interpretó sistemáticamente su propia construcción de alianzas, despliegues militares y expansión institucional como benignas y defensivas, incluso cuando estas medidas redujeron directamente la profundidad estratégica rusa. Esta asimetría yace en el núcleo del dilema de seguridad que ha escalado repetidamente hasta convertirse en conflicto: la defensa de un bando se considera legítima, mientras que el temor del otro se desestima como paranoia o mala fe.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Ontología y escatología del orden mundial

La cosmovisión liberal que proclamaba "el fin de la historia" y prometía la utopía de la homogeneidad bajo un único orden mundial, tropezó con la realidad de los conflictos ideológicos y civilizatorios que fijan un nuevo límite estratégico: alcanzar la estabilidad gracias a la "multiplicidad floreciente"

Evgueni Vertlib, Katehon

En una época en la que el triunfo de la cosmovisión liberal parecía definitiva y se proclamaba el «fin de la historia» como un hecho irreversible, el mundo se encontró al borde de una nueva realidad post-atómica, en la que los conflictos ideológicos y civilizatorios no desaparecieron, sino que se transformaron en formas más complejas y ontológicamente irreconciliables. El orden global ya no puede basarse en la ilusión de la homogeneidad o en la estrategia de destruir al oponente, ya que las apuestas en juego han alcanzado un límite existencial: la victoria, definida como la maximización del daño, hoy en día conlleva inevitablemente a una catástrofe global. Así, el único final realista del enfrentamiento no es la capitulación de una de las partes, sino el reconocimiento ontológico y la fijación de un nuevo límite estratégico, en cuya lógica la capacidad de prevenir la guerra se convierte en el valor político supremo. Como resultado, el mundo no alcanzará la utopía de la homogeneidad, pero encontrará estabilidad gracias a la «multiplicidad floreciente» (K. Leontiev), pasando a un estado de tensión controlada y coexistencia estructural en todos los hemisferios.

Los años de Matusalén traen consigo un profundo enfrentamiento ontológico entre dos principios civilizatorios: el universalismo atlántico (Leviatán), que aspira a la unificación del mundo y a la eliminación de todas las formas de diferencia, y el principio telúrico (Katechon), que defiende el derecho de los pueblos a la soberanía, el arraigo y la multiplicidad de lo sagrado. La esencia de esta confrontación consiste en la lucha por la estructura misma del ser, por la esencia humana y la trayectoria del desarrollo histórico. El principio atlántico (Leviatán) se opone al telúrico (Katechon): lo móvil (marítimo, abstracción) frente a lo sedentario (tierra, orden). Históricamente, cada avance del universalismo, desde las reformas de Pedro I hasta las teorías revolucionarias de principios del siglo XX, ha ido acompañado de un intento de desmantelar los sistemas que mantienen las diferencias nacionales y culturales. El globalismo contemporáneo no rechazó este impulso, sino que lo reconfiguró en clave tecnocrática. El lugar de la quimera de la revolución permanente lo ocupó el modelo de integración del Nuevo Orden Mundial a través de la burocracia, la estandarización digital y la gestión unificada, donde la supervisión y la regulación sustituyen funcionalmente al radicalismo anterior. El contenido escatológico de la elección estratégica se manifiesta en un dilema: o bien el universalismo tecnocrático, donde el control se disfraza de unidad simbólica, o bien el restablecimiento de la multipolaridad telúrica, que afirma el derecho a la diferencia como principio fundamental del orden mundial.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Descartes, el «cogito» y la fractura de la modernidad


Daniele D’Innocenzio, Arianna Editrice

Descartes no cometió simplemente un error filosófico, como Antonio Damasio señaló acertadamente en «El error de Descartes», sino que inauguró una ruptura que condenó a la humanidad, la naturaleza y la vida misma al colapso. Al separar la mente del cuerpo y el sujeto del mundo, sentó las bases metafísicas para una civilización construida sobre la dominación, la extracción y la racionalidad desencarnada. El cogito cartesiano, concebido como garantía de certeza, se convirtió en cambio en la semilla de la alienación, desarraigando la moralidad de la teleología, la solidaridad de la comunidad y a los seres humanos de la Tierra viva. Lo que parecía un triunfo de la razón fue, en realidad, el acto que dio inicio a un lento suicidio de la civilización. No se trató de un simple error de lógica, sino de un terremoto. La sacudida cartesiana sigue propagándose hoy en día, en forma de grietas en el planeta, de crisis de sentido, de cuerpos ansiosos que ya no entienden dónde terminan y comienzan los demás.

En el momento en que «da a luz» el «cogito, ergo sum», Descartes rasga un velo que ya no se volverá a coser. La mente y el cuerpo ya no son un único entrelazamiento de carne, deseo y memoria: se convierten en dos sustancias. Una, inmaterial, brillante, sede del pensamiento claro y distinto; la otra, pesada, mecánica, fiable como un reloj e igualmente carente de interioridad. El cuerpo es ahora una «cosa» entre las cosas, un pedazo de naturaleza para perforar, pesar, vender. El bosque se convierte en reserva de madera, el petróleo en un fluido que bombear, las neuronas en circuitos que optimizar: el sujeto, armado de razón, se imagina fuera del mundo como un ingeniero sobre un puente de mando. Pero nadie le ha dicho que el puente flota sobre el océano que pretende dominar.

viernes, 21 de noviembre de 2025

La fórmula geoestratégica rusa de la Victoria


Evgueni Vertlib, Katehon

En el mundo actual se han perdido los puntos de referencia, se ha difuminado la memoria histórica y se ha socavado la relación entre el individuo y el Estado. El progreso ha degenerado en retroceso: las tecnologías someten a la personalidad a la lógica de las máquinas, convirtiendo al individuo en un instrumento, y la difusión de prácticas democráticas sin fundamento espiritual da lugar a un nuevo totalitarismo, precisamente aquello contra lo que advertía Dostoievski en La leyenda del Gran Inquisidor.

En la tectónica de los cataclismos, el pensamiento ruso propone una estrategia diferente: la creación de una síntesis del potencial espiritual, cultural y militar como base del Estado y del pueblo. La medida interna, la continuidad histórica y el núcleo moral se convierten en el centro de la organización de la sociedad, la personalidad y el poder. Solo la preservación del núcleo espiritual y cultural garantiza la auténtica integridad nacional, cuya pérdida amenazaría la existencia misma del Estado como civilización, su imperio inmanente del espíritu. «Y hacia la vida de los primeros salvajes volará el sueño de los descendientes…», profetizó acertadamente Velimir Jlébnikov.

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