Mostrando las entradas con la etiqueta Capitalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Capitalismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de marzo de 2026

Irán, Pax Silica, y el embrionario Estado fascista

El fascismo, la guerra y la acumulación están inextricablemente unidos en la modalidad de acumulación que ahora persigue dicho complejo

William I. Robinson*, La Jornada

El ataque estadunidense-israelí a Irán ha encendido de nuevo a Medio Oriente, pero no es más que el último de una vertiginosa serie de convulsiones globales que abarcan desde el conflicto geopolítico en Ucrania y Oriente Medio, hasta las guerras civiles en Myanmar y Sudán, las disputas arancelarias, el ataque estadounidense a Venezuela, y el terrorismo del Servicio de Inmigración y Cont50000rol de Aduanas (ICE) en ciudades estadunidenses, entre otros. Este tumulto global está impulsado por un catalizador sistémico común: las violentas estrategias expansivas de un nuevo complejo hegemónico del capital trasnacional, en respuesta a la crisis de época del capitalismo global.

El complejo triangulado reúne a las gigantescas empresas tecnológicas, el capital financiero trasnacional y el complejo militar-industrial-represivo. El Gran Tech controla todo el ecosistema del capitalismo digitalizado, convirtiendo su enorme poder estructural en control político directo por medio del Estado fascista. Para impulsar su agenda, el bloque ha recurrido al Trumpismo Global, uno de los varios síntomas políticos morbosos que emergen a medida que se desmorona el orden internacional pos Segunda Guerra Mundial.

Las 20 principales empresas tecnológicas del mundo tenían una capitalización bursátil combinada superior a los 20 billones de dólares en 2025, una quinta parte del PIB global. El Gran Tech está, a su vez, entrelazado con los gigantescos conglomerados financieros globales, que poseen más de la mitad de las principales empresas tecnológicas. En 2022, había 33 empresas de gestión de inversiones de capital valoradas en 83 billones de dólares de activos combinados, más de cuatro quintas partes del valor del PIB mundial.

viernes, 27 de febrero de 2026

Lo que la inteligencia artificial revela sobre el capitalismo

La tecnología y las máquinas deberían servir para liberar al ser humano, no para afianzarlo a esa rueda del hámster que es el capitalismo. De hecho, el problema no es que existan esclavos energéticos, sino quién los controla, con qué propósito y en beneficio de quién

Alberto Garzón Espinosa, el Diario.es

El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, se ha defendido de las acusaciones de despilfarro energético de las aplicaciones de inteligencia artificial (IA) argumentando que también se gasta mucha energía para entrenar a un humano. Según Altman, si contamos toda la energía que un ser humano necesita desde su nacimiento hasta ser productivo —unos 20 años, de acuerdo con sus cálculos—, entonces la IA es igual o más eficiente energéticamente. Como era previsible, esta analogía entre máquinas y seres humanos ha sido muy criticada por deshumanizadora, pues sugiere una equivalencia moral entre, por ejemplo, mantener con vida a un bebé y el entrenamiento de la inteligencia artificial. Sin embargo, creo que la crítica debe situarse en un plano mucho más profundo.

La virtud de la analogía de Altman es que es técnicamente correcta, al menos en primera instancia. Desde el punto de vista energético, tanto las máquinas como los organismos vivos somos entidades que requieren la “ingesta” continua de energía para poder “funcionar” —lo que en términos físicos supone realizar trabajo—. Lo que varía es el tipo de combustible que necesitamos, ya que mientras las máquinas pueden utilizar la madera, el carbón, el petróleo, la electricidad… los seres humanos estamos más limitados y nuestro metabolismo solo acepta lo que nuestras enzimas pueden transformar, como los alimentos: no podemos comer carbón ni beber petróleo. Pero el proceso bioquímico es básicamente el mismo, y digerir un terrón de azúcar libera aproximadamente la misma cantidad de energía química que quemarlo al aire libre, aunque mediante procesos distintos. Esta es la razón por la que es posible medir las diferentes formas de la energía en la misma unidad: julios o calorías, por ejemplo. Desde el punto de vista energético, ¡somos comparables!

miércoles, 25 de febrero de 2026

El estancamiento y el fin del crecimiento como promesa civilizatoria


Santiago Mondéjar, Geopolitika

Gran parte de la agitación que ahora fractura el orden internacional que antes supervisaba Estados Unidos no puede entenderse simplemente como el resultado de rivalidades geopolíticas, fracasos políticos o crisis transitorias. Bajo estas perturbaciones superficiales se esconde una condición más profunda e inquietante: el agotamiento de la dinámica de crecimiento que, durante gran parte de la era moderna, dotó al capitalismo tanto de coherencia histórica como de autoridad moral. Lo que ahora parece una convergencia de crisis financieras, sociales, ecológicas e institucionales se entiende mejor como la expresión de una transformación estructural de trascendentales consecuencias.

No se trata de una interrupción temporal que pueda corregirse mediante un nuevo ciclo tecnológico o un cambio en la gestión macroeconómica, sino de una mutación en las condiciones mismas que en su día hicieron del crecimiento el principio organizador de la vida social.

Este ensayo no sostiene que el capitalismo esté al borde del colapso inmediato, ni que su agotamiento dé paso automáticamente a un orden más justo, sino que su capacidad para estabilizar las relaciones sociales mediante una expansión sostenida ha disminuido hasta tal punto que ya no se puede dar por sentado su futuro. Durante gran parte del siglo XX la industrialización sirvió como mecanismo a través del cual el capitalismo, de forma precaria pero eficaz, concilió sus tensiones internas.

miércoles, 18 de febrero de 2026

El límite estructural del reformismo

En Escape From Capitalism, la economista Clara Mattei ofrece una defensa sin concesiones de una visión marxista de la sociedad y aboga por el control democrático de la economía. Para Mattei debe ser la democracia y no el beneficio económico, lo que guíe las decisiones económicas

Stephen Maher y Scott Aquanno, Jacobin

Reseña de Escape From Capitalism: An Intervention, de Clara Mattei (Simon & Schuster, 2026)

El modo dominante de análisis socialista del capitalismo contemporáneo se centra muy a menudo en su corrupción o decadencia a través de la financiarización, la monopolización, la desregulación o la influencia de las empresas en la política. El parasitismo financiero, la extracción de rentas por parte de los señores «tecnofeudales» y la corrupción política se consideran aberraciones que han minado la vitalidad competitiva del capitalismo, lo que ha dado lugar a una explosión de la desigualdad económica y la precariedad de la clase trabajadora y ha culminado en la actual pesadilla neofascista trumpiana.

Al mismo tiempo, estas interpretaciones apuntan hacia una política socialdemócrata de compromiso de clases, en la medida en que se supone que los trabajadores y los capitalistas industriales «productivos» —es decir, sus jefes— comparten el interés de «restaurar la competitividad» frenando los monopolios tecnológicos o la especulación financiera excesiva, al tiempo que se amplía el gasto público. Por lo tanto, la estrategia socialista debería orientarse hacia la revitalización del capitalismo, aunque sea con un aspecto algo más progresista.

Escape From Capitalism, de Clara Mattei, ofrece una importante corrección a estas perspectivas. En muchos sentidos, es el libro que estábamos esperando, ya que ofrece una introducción al capitalismo y una crítica de la economía neoclásica, al tiempo que rechaza los planteamientos populistas simplistas que señalan la codicia corporativa, las grandes finanzas o el poder monopolístico como los principales problemas políticos que hay que superar. Mattei insiste en que el problema es el capitalismo en sí mismo: no es un sistema que esté roto y necesite ser reparado, sino uno que funciona correctamente y necesita ser abolido.

Como ella argumenta, existe una contradicción fundamental entre «la lógica del beneficio» y «la lógica de la necesidad». Lejos de señalar un problema para el sistema, el capital se beneficia —e incluso requiere— de la privación de la mayoría. El empobrecimiento de los trabajadores y el creciente autoritarismo no son, por tanto, fracasos del capitalismo, sino consecuencias de sus impulsos básicos. La competitividad, por su parte, es un problema, no una solución, para los trabajadores.

martes, 10 de febrero de 2026

¿Hacia un nuevo modelo de capitalismo o hacia la lenta autoaniquilación capitalista?

La vital importancia de entender el momento histórico: Qué nuevo capitalismo está surgiendo al tensar la cuerda de la sobreexplotación y la desposesión

Andrés Piqueras, La Haine

Normalmente gran parte de las poblaciones europeas, sometidas a unas intensas desinformación, manipulación mediática, malformación programada y censura, a duras penas comprenden el mundo en el que están ni perciben el momento extraordinariamente grave que atraviesa la humanidad.

Peor aún es que entre los propios marxistas parece ser que hay quien piensa que la "lucha de clases" es una batería que funciona por sí sola fuera de su retroalimentación con el contexto local, estatal y mundial de cada tiempo histórico, así como del conjunto de condiciones estructurales e infraestructurales que le caracterizan, llegándonos a decir que pronunciarse por las pugnas entre Estados es simplemente tomar partido por unas u otras burguesías.

Pero lejos de ello, la imbricación de la economía mundial y la globalización del capital hacen que las relaciones Capital/Trabajo estén cada vez más condicionadas por las pugnas entre sectores dominantes, así como por las relaciones interestatales dentro del Sistema Mundial capitalista (y de ellas, especialmente las dadas entre unos "centros" actuando cada vez más como bloque imperial recrudecido contra el resto del mundo, y unas "periferias" emergentes que se han ido sacudiendo su condición de tales).

lunes, 26 de enero de 2026

El largo ascenso del capitalismo global

El capitalismo es un sistema económico global. Cualquier crónica sobre su ascenso, por tanto, debería examinar el mundo entero. En su nuevo libro Capitalism: A Global History, el historiador Sven Beckert hace precisamente eso.

Nelson Lichtenstein, Jacobin

El artículo que sigue es una reseña de Capitalism: A Global History, de Sven Beckert (Penguin Press, 2025)
____________________________


El extenso libro de Sven Beckert es sumamente ambicioso, una historia perspicaz y bien ilustrada del historiador de Harvard, pionero en la creación de nuevas narrativas que exploran cómo el capitalismo en constante cambio ha sido un fenómeno arraigado social y culturalmente. Con más de mil páginas, el volumen de Beckert ofrece una síntesis y, en ocasiones, una reformulación de casi todo lo que hemos aprendido sobre la historia del capitalismo, y no solo en las sociedades más estudiadas que bordean el Atlántico Norte.

Se trata de una historia global, sostiene Beckert, porque el capitalismo «siempre fue una economía mundial». Escribiendo dentro del esquema de sistemas mundiales asociado con Fernand Braudel e Immanuel Wallerstein, investiga las conexiones, los paralelismos y las transformaciones que tienen lugar dentro de una historia económica y social que se remonta a casi mil años.

El historiador Marc Bloch escribió una vez que observar cuidadosamente el mundo era tan importante para comprender la historia como el tiempo dedicado a los archivos. Beckert está de acuerdo. Su libro es el resultado no solo de una inmensa investigación bibliográfica, sino también de visitas a fábricas, plantaciones, almacenes, ferrocarriles, muelles, mansiones, mezquitas, iglesias y casas de comerciantes que se extienden desde Phnom Penh hasta Senegal, desde Samarcanda hasta Ámsterdam y desde Turín hasta Barbados. Puedo dar fe de la importancia de esos viajes: hace veinte años, cuando visité el delta del río Perla en China, que entonces se estaba convirtiendo en el taller del mundo, no solo obtuve información crucial sobre cómo Walmart abastecía su cadena de suministro, sino que también llegué a comprender de forma más intuitiva cómo debía de ser la floreciente y divisada Detroit casi un siglo antes.

«No existe un capitalismo francés o un capitalismo estadounidense», escribe Beckert, «sino solo capitalismo en Francia o en Estados Unidos». Y también hay capitalismo en Arabia, India, China, África e incluso entre los aztecas. En su relato sobre los mercaderes y comerciantes de la primera mitad del segundo milenio, Beckert deja a Europa en un segundo plano y ofrece, en su lugar, un relato rico y —excepto para los especialistas— desconocido sobre cómo florecieron en Adén, Cambay, Mombasa, Guangzhou, El Cairo y Samarcanda las instituciones vitales para el comercio y los mercados tales como el crédito, la contabilidad, las sociedades limitadas, los seguros y la banca. Todas ellas son «islas de capital», una metáfora recurrente en el libro de Beckert.

lunes, 12 de enero de 2026

Anatomía del capitalismo tardío: Cinco perspectivas críticas


Santiago Mondéjar, Geopolitika

El horizonte intercivilizacional no se ajusta perfectamente al sistema internacional. Aunque las civilizaciones y sus culturas se originan en naciones concretas, trascienden las fronteras nacionales. Surgen como bienes comunes sin raíces, trazando cartografías fluidas a través de las fronteras políticas. Por definición, una civilización es una entidad cultural que no puede reducirse a las instituciones, jurisdicciones o límites territoriales del Estado. Una civilización se vuelve más inteligible cuando se concibe metafóricamente como un organismo vivo. Su desarrollo no está determinado únicamente por principios abstractos, sino por procesos concretos, continuos y con capas históricas. Su esencia reside en la coherencia orgánica más que en construcciones teóricas derivadas de convenciones arbitrarias.

En consecuencia, sus elementos fundamentales no pueden analizarse de forma aislada, sino que solo existen como momentos dentro de un todo integrado y relacional. Desde este punto de vista, el capitalismo debe entenderse no solo como un sistema económico, sino como una forma civilizacional por derecho propio. Se define por la primacía de la racionalización, la producción de subjetividades específicas y los imperativos implacables de la expansión y las finanzas. Lo que caracteriza a la época contemporánea no es una ruptura radical con el pasado del capitalismo, sino una profundización de su dinámica central. Se vuelve cada vez más abarcador, opaco y autorreferencial, absorbiendo esferas de la vida que antes solo estaban parcialmente sujetas a la lógica del mercado.

viernes, 26 de diciembre de 2025

La muerte de la generación MTV


Noel Yaxley, Chronicles Magazine

El problema con la nostalgia es que parece retroceder en el tiempo, trayendo solo recuerdos agradables a la consciencia. Es increíblemente eficaz para borrar cosas en las que no queremos pensar. Recordamos más los chicles y los videojuegos que la malaria o la hambruna en el Tercer Mundo. Nuestros días de gloria se filtran a través de lentes color de rosa; asumimos que todo era mejor en el pasado.

Estaba pensando en esto hace poco cuando leí que MTV cerrará a finales de este año. Como alguien que nació a finales de los 70, soy miembro de la Generación X, la llamada "Generación MTV".

En muchos sentidos, la desaparición de MTV puede interpretarse como parte de la pérdida de relevancia de la Generación X. Atrapados entre los idealistas baby boomers y los optimistas millennials, somos pesimistas conscientes que leemos a Chuck Palahniuk (piensen en El Club de la Lucha) y vemos cómo cada ícono de la contracultura se convierte en una simple camiseta más. No es que la revolución no se televisara; no hubo revolución; solo el ruido de fondo de un centro comercial carísimo y la inexorable marcha hacia la mediana edad.

Durante la primera mitad de su existencia, MTV me pareció realmente refrescante: fue el primer canal dedicado a emitir videos musicales las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Como adolescente hormonal, me sedujeron los gráficos llamativos, la edición esquizofrénica y los presentadores telegénicos, todo ello impregnado de una rebeldía juvenil. La cadena de cable poseía una energía anárquica, que contrastaba marcadamente con el mundo monótono y estéril de la televisión convencional. Era peligrosa y subversiva. Al menos, eso es lo que piensas a los 13 años, con la testosterona por las nubes y una furia petulante. ¡Ay, la ingenuidad de la juventud!

martes, 23 de diciembre de 2025

Televisión: la Caverna de Platón en la sala de estar


Diego Fusaro, Posmodernia

Una parte fundamental en la caverna de Platón, como espacio de manipulación, lo desempeñan los εἴδωλα, los simulacros. Estos coinciden con las imágenes que los administradores de la caverna y los amos monopolistas del discurso proyectan hoy, con fines manipuladores y propagandísticos, en las pantallas de televisión (los más sutiles puestos avanzados del poder ubicados en la sala de estar), en las páginas de los periódicos y en los cines. Este es el escenario de ordinaria estupidez que se registra en las sociedades fragmentadas del tardocapitalismo, donde —como recuerda Baudrillard— el protagonista es el «espectador que se sienta delante de su televisor, aprieta el botón y espera a que las imágenes del mundo entero caigan sobre él», en un constante e inconsciente intercambio entre lo real y el simulacro.

La televisión se basa en el doble registro de la sobreabundancia y la equivalencia indiferenciada: por un lado, la sobreinformación genera los mismos resultados que la ausencia de información; y, por otro, cada imagen aleja a la precedente y crea la impresión de que vale más o menos lo mismo que la anterior o la posterior. La imagen mediática —el εἴδωλον (simulacro) televisivo— circula en el espacio y no se posiciona en el tiempo, provocando por ello la emoción sólo por un instante antes de producir inmediatamente indiferencia y olvido. Lo que domina no es la mentira ut sic, sino un discurso en el que la verdad y la mentira son equivalentes: de manera que, propiamente, la televisión no miente sino que desarrolla un discurso que se sitúa más allá tanto de lo verdadero como de lo falso y, así, habita el espacio de la δόξα –doxa-, de la opinión siempre cambiante. Hace valer -dirá Baudrillard— la lógica hiperrealista de disuasión de lo real a través de lo virtual.

jueves, 11 de diciembre de 2025

La economía política del amor en el capitalismo

El amor requiere atención, afecto y reciprocidad: es un ciclo natural de dar y recibir. El capitalismo puede mercantilizar fácilmente los dos primeros, pero el tercero se resiste al mercado. Y precisamente por eso el sistema está tan decidido a destruirlo

Kristen R. Ghodsee, Jacobin

Cada vez que me mudo a Alemania compro una taza. Esto suele implicar un viaje a la tienda más cercana, donde compro una taza extragrande por 4€ para mi té. Las delicadas tazas europeas que encuentro en los alojamientos amueblados no tienen la capacidad que necesito. Mis criterios son sencillos: debe ser grande y resistente. No me importa cómo sea ni quién la haya fabricado. En términos marxistas, solo me preocupa su valor de uso.

Sin embargo, si quisiera parecer elegante o estar a la moda, podría comprar una taza Hermès por 125€. Beber mi infusión de jengibre en esta preciosa pieza de porcelana podría aumentar mi valor social a los ojos de los conocedores de vajillas, pero su valor de uso sigue siendo el mismo: contiene mi té. Siguiendo con la jerga del marxismo, los 121€ adicionales que, en teoría, podría pagar por la taza de Hermès representan la diferencia entre sus valores de cambio como mercancías.

Cuando Karl Marx analiza la diferencia entre el valor de uso y el valor de cambio, se refiere a los objetos materiales que satisfacen los deseos y necesidades humanas, que solo se transforman en mercancías cuando se comercializan en un mercado. En 1857, utilizó el ejemplo del trigo, que
posee el mismo valor de uso, ya sea cultivado por esclavos, siervos o trabajadores libres. No perdería su valor de uso si cayera del cielo como la nieve. Ahora bien, ¿cómo se transforma el valor de uso en una mercancía? [Cuando se convierte en] un vehículo de valor de cambio.

Por lo tanto, algo intrínseco al capitalismo como sistema económico es la conversión de cosas que tienen valor de uso (que, a menudo, son abundantes y gratuitas) en cosas que tienen valor de cambio, es decir, bienes escasos por los que la gente debe pagar.

viernes, 5 de diciembre de 2025

El capitalismo subvierte la democracia

Las últimas décadas se caracterizaron por un aumento brutal la desigualdad y una creciente concentración del poder económico y político, lo que debilita cada vez más los ideales democráticos con los que los gobiernos occidentales dicen estar comprometidos
Durante gran parte de la era posterior a la Guerra Fría, se pensaba que la combinación de capitalismo y democracia era clave para la prosperidad de Occidente. Hoy esa asociación parece cada vez más tóxica


Matt McManus, Jacobin
El artículo que sigue es una reseña de The Democratic Marketplace: How a More Equal Economy Can Save Our Political Ideals, de Lisa Herzog (Harvard University Press, 2025).

Apesar de que los trabajadores estadounidenses trabajan muchas horas y son uno de los únicos países sin vacaciones obligatorias, el costo de vida en los Estados Unidos sigue aumentando a pasos agigantados por encima de lo que la gente gana. No están recibiendo ayuda de la administración Trump, que ha trabajado para castrar a la Junta Nacional de Relaciones Laborales mientras redistribuye miles de millones hacia arriba a los multimillonarios a través de generosos recortes de impuestos. No es de extrañar que «oligarquía» sea una palabra en boca de todos.

Sin embargo, en una situación tan difícil, es posible que la gente se muestre más abierta a debatir los cambios integrales necesarios para construir una economía que funcione para la gente común; la exitosa campaña de Zohran Mamdani en favor de una ciudad de Nueva York asequible es un buen ejemplo de ello. Con su nuevo libro, The Democratic Marketplace: How a More Equal Economy Can Save Our Political Ideals, Lisa Herzog, profesora de filosofía política en la Universidad de Groningen, ha realizado recientemente una contribución teórica accesible y lúcida al debate sobre cómo podría ser una economía más justa. Sus argumentos concisos y basados en pruebas sobre las deficiencias de nuestro sistema económico y las posibles reformas para mejorarlo serán bien recibidos tanto por los progresistas como por los socialistas, aunque adolezcan de una falta de compromiso con tradiciones teóricas más radicales.

La alianza capitalista contra la democracia

Herzog comienza catalogando los profundos problemas que aquejan actualmente a la economía estadounidense. Durante muchos años, se pensó que la unión ideal entre los mercados capitalistas y la democracia era la «fórmula del éxito de Occidente». Pero desde entonces, este matrimonio se ha vuelto cada vez más tóxico. La desigualdad se ha disparado desde la década de 1970, hasta tal punto que «la relación entre el salario de los directores ejecutivos y el salario medio en las grandes empresas estadounidenses es ahora de casi 300:1», señala Herzog. «Las diferencias que se están abriendo entre los distintos niveles del espectro económico son aún mayores en lo que respecta a la riqueza que a los ingresos, ya que los ricos se enriquecen más rápido que nadie». Impulsados en gran medida por la disminución de las tasas de sindicalización, los trabajadores también dedican mucho más tiempo al trabajo del que desearían. En Estados Unidos, «el empleo a tiempo completo supone una media de cuarenta y siete horas semanales, unas diez horas más que en la mayoría de los países europeos», observa. «Las opciones a tiempo parcial son más escasas y, para muchos, simplemente no son asequibles».

domingo, 30 de noviembre de 2025

El sombrío futuro de Europa

La catástrofe de la guerra de Ucrania y un cambio a largo plazo en los intereses estadounidenses hacen improbable una Europa más estable y próspera.

John Mearsheimer, Sin Permiso

Esta es la reproducción del discurso pronunciado ante el Parlamento Europeo en Bruselas el 11 de noviembre de 2025.
Europa se encuentra hoy en una situación muy complicada, principalmente debido a la guerra de Ucrania, que ha desempeñado un papel clave en el deterioro de lo que había sido una región en gran medida pacífica. Lamentablemente, no es probable que la situación mejore en los próximos años. De hecho, es probable que Europa sea menos estable en el futuro de lo que lo es hoy.

La situación actual en Europa contrasta notablemente con la estabilidad sin precedentes de la que disfrutó durante el momento unipolar, que se extendió aproximadamente desde 1992, tras el colapso de la Unión Soviética, hasta 2017, cuando China y Rusia emergieron como grandes potencias, transformando la unipolaridad en multipolaridad. Todos recordamos el famoso artículo de Francis Fukuyama de 1989, “¿El fin de la historia?”, en el que se argumentaba que la democracia liberal estaba destinada a extenderse por todo el mundo, trayendo consigo la paz y la prosperidad. Ese argumento era obviamente erróneo, pero muchos en Occidente lo creyeron durante más de 20 años. Pocos europeos imaginaban en el apogeo de la unipolaridad que Europa estaría hoy en día en tantos problemas.

Entonces, ¿qué salió mal?

La guerra de Ucrania, que en mi opinión fue provocada por Occidente, y especialmente por Estados Unidos, es la causa principal de la inseguridad actual de Europa. Sin embargo, hay un segundo factor en juego: el cambio en el equilibrio de poder mundial en 2017, de la unipolaridad a la multipolaridad, que sin duda amenazaba la arquitectura de seguridad en Europa. Aun así, hay buenas razones para pensar que este cambio en la distribución del poder era un problema manejable. Pero la guerra de Ucrania, junto con la llegada de la multipolaridad, garantizó grandes problemas, que probablemente no desaparecerán en un futuro previsible.

Permítanme comenzar explicando cómo el fin de la unipolaridad amenaza los cimientos de la estabilidad europea. A continuación, analizaré los efectos de la guerra de Ucrania en Europa y cómo interactuaron con el cambio hacia la multipolaridad para alterar profundamente el panorama europeo.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

La izquierda está saliendo de la edad oscura neoliberal

Vivek Chibber describe cómo cuatro décadas de neoliberalismo distorsionaron a la izquierda radical, pero también cómo finalmente la izquierda está comenzando a reconstruir una política verdaderamente socialista y qué se necesitará para avanzar más
La sección de Nueva York de los Socialistas Demócratas de América celebra un acto en Union Square para marcar el inicio de una campaña para gravar a los ricos y lograr la guardería universal el 16 de noviembre de 2025 en la ciudad de Nueva York. (Selcuk Acar / Anadolu vía Getty Images)

Vivek Chibber, Jacobin

En esta tumultuosa era política, es común escuchar que la izquierda necesita reconstruir sus fuentes históricas de poder. Pero es más exacto decir que la izquierda está esencialmente en proceso de comenzar de nuevo.

Compartimos el discurso clave de Vivek Chibber en la conferencia de Jacobin [Estados Unidos], «El socialismo en nuestro tiempo», que marcó el decimoquinto aniversario de la revista. Allí habla de cómo ha cambiado el capitalismo en el nuevo siglo, de cómo la izquierda ha sido neoliberalizada y de por qué la campaña de Zohran Mamdani puede apuntar en una nueva dirección.

La izquierda resurge

Es un honor poder hablar en el decimoquinto aniversario de Jacobin, porque siempre es notable que cualquier revista en el clima de hoy logre sobrevivir tanto tiempo como esta. Pero que una revista de izquierdas sobreviva, crezca y florezca como lo hizo y que, de hecho, mejore con el tiempo como sucedió con esta… Creo que no es exagerado decir que Jacobin es la revista de izquierda más importante del mundo en idioma inglés.

Es este es momento muy diferente del que existía cuando la revista comenzó. Cuando nació Jacobin no había muchos indicio de la tormenta política que se avecinaba en los Estados Unidos y realmente en gran parte del mundo. Podíamos vislumbrar algunos destellos, con el movimiento Occupy Wall Street y la Primavera Árabe. Pero realmente solo despegó con la explosiva llegada de la campaña presidencial de Bernie Sanders en 2016. Así que, si empezamos con Occupy y la Primavera Árabe, fue un desarrollo tras otro durante quince años, todo lo cual dio lugar a un cambio de regreso hacia una izquierda que durante mucho tiempo parecía estar, como mínimo, en estado de latencia.

domingo, 23 de noviembre de 2025

Policrisis o crisis estructural del capitalismo

Según explica Tooze, destacar el concepto de policrisis supone rechazar la idea marxista de que podemos explicar la actual era de catástrofes como consecuencia del capitalismo

John Bellamy Foster, La Haine

Es un lugar común que el mundo, en el primer cuarto del siglo XXI, se ha enfrentado a múltiples crisis multifacéticas que han amenazado a toda la civilización mundial y al futuro de la propia humanidad. El desorden del mundo contemporáneo es tan omnipresente que la ideología dominante ha acuñado una sola palabra para describirlo: «policrisis».

El origen de este concepto se atribuye al teórico social francés Edgar Morin (junto con Anne Brigitte Kern) en 1999, y ha sido promovido enérgicamente en los últimos años por el historiador de la Universidad de Columbia Adam Tooze.

En 2023-2025, organizaciones internacionales como el Foro Económico Mundial, el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicaron informes en los que se referían a la policrisis como el principal reto de nuestro tiempo.

Sin embargo, cualquiera que quiera saber qué es la policrisis y de dónde viene -más allá de representar crisis entrecruzadas y aceleradas, cada una con sus propias causas, pero hoy entrelazadas- se encuentra inevitablemente con un muro.

Lo mismo ocurre cuando se plantea la cuestión de las soluciones concretas a esta policrisis global: no se ofrecen soluciones. De hecho, la vacuidad del concepto de policrisis no es accidental, sino intencionada, a lo que el concepto debe su importancia primordial en la ideología recibida.

La larga deriva autoritaria del capitalismo liberal

No es posible establecer una simple oposición entre el orden de libre mercado de principios del siglo XIX y el estado neoliberal, presuntamente más violento, de finales del siglo XX y principios del XXI. Los proyectos coercitivos y las visiones autoritarias están presentes en ambos.

Corey Robin, Jacobin

En dos años se cumplirá el quincuagésimo aniversario de la publicación de Las pasiones y los intereses: argumentos políticos en favor del capitalismo previos a su triunfo, de Albert Hirschman. Algunos de ustedes quizá conozcan a Hirschman por ser uno de los personajes principales de la serie Transatlantic, una producción de Netflix de calidad mediocre que narra los esfuerzos de Hirschman y otros por rescatar a intelectuales judíos europeos de los nazis en Francia. Si eres politólogo o sociólogo, quizá lo conozcas por su libro Salida, voz y lealtad. Si eres teórico, quizá por La retórica de la reacción. Si eres economista o latinoamericanista, tal vez conozcas su trabajo en economía del desarrollo.

Pero, para mí, Hirschman siempre será el autor de Las pasiones y los intereses. Su tesis principal es que los escritores de la Edad Moderna, desde Maquiavelo hasta David Hume, veían en la idea de los intereses —entendidos inicialmente como una forma razonada de pasión, y más tarde como una búsqueda estrictamente económica del dinero y el bienestar material— un contrapunto a las formas peligrosas de pasión política: la gloria, el heroísmo, la virtud y el civismo excesivo. Es un pequeño y maravilloso libro, que en muchos sentidos ha inspirado algunos de los contraargumentos que planteo en mi trabajo King Capital.

martes, 4 de noviembre de 2025

El capitalismo está tratando de imponernos la IA

La economía actual se sostiene sobre una burbuja gigante de una industria que ya está rindiendo por debajo de las expectativas y alcanzando puntos de rendimientos decrecientes

Caitlin A. Johnstone, periodista australiana

En algún momento, el capitalismo perdió la capacidad de darnos cosas nuevas que necesitábamos y empezó a darnos cosas nuevas que no necesitábamos, y ahora nos da cosas nuevas que nunca necesitamos y que ni siquiera queremos realmente.

Nadie necesita toda esta basura de IA generativa. Nos las arreglábamos bien con las funciones de búsqueda en línea y la capacidad de escribir y crear arte por nuestra cuenta. Solo las personas más superficiales y vacías encuentran atractivo hablar con un chatbot como si fuera un compañero, consumir «arte» generado por un programa informático o dejar que la tecnología de alguna megacorporación plutocrática piense, investigue y se exprese por ellos.

La economía actual se sostiene sobre una burbuja gigante de una industria incipiente que ya está rindiendo por debajo de las expectativas y alcanzando puntos de rendimientos decrecientes en múltiples frentes, todo ello mientras resulta sumamente perjudicial para el medio ambiente . Y no mejora la vida de nadie de forma significativa.

Nadie pidió esto.

Y no es que la gente no pida cosas; simplemente, el capitalismo no tiene la capacidad de satisfacerlas. Paz mundial. Vivienda asequible. Buena salud. Sistemas de transporte público rápidos y eficientes. Soluciones a las diversas catástrofes ambientales a las que nos conduce el comportamiento humano actual.

miércoles, 22 de octubre de 2025

El horizonte desaparecido de la humanidad: la distopia tecnocapitalista de Nick Land


Markku Siira, Geo Polarium

El filósofo inglés y teórico aceleracionista Nick Land (nacido en 1962) se ha convertido una vez más en una figura de actualidad cuyas reflexiones se escuchan en podcasts y se comentan en publicaciones online y redes sociales, donde el mismo Land también está presente. Su pensamiento atrae a quienes ven la tecnología como un destino inevitable o una amenaza que revolucionará los límites de la humanidad y cuestionará los fundamentos del orden mundial.

El pensamiento de Land es como un agujero negro en el campo de la filosofía moderna: atrae, confunde y distorsiona todo lo que se le acerca. Su obra nos obliga a enfrentarnos a las limitaciones de la humanidad bajo el yugo de la maquinaria tecnológica. La filosofía de Land no solo desafía la posición de los seres humanos, sino que también anticipa el avance implacable de la tecnología hacia un futuro posthumano, en el que los valores y significados tradicionales se disuelven bajo la dinámica tecnocrática.

La forma de pensar de Land rechaza la moralidad y sitúa la autodirección de la tecnología en el centro de todo, enfatizando un enfoque antihumanista radical. Un concepto clave en sus primeros escritos es el «xenodemonio», una manifestación lovecraftiana de la inteligencia artificial que utiliza a la humanidad como trampolín para promover sus propios fines. ¿Sigue siendo esto un escenario futuro o es un proceso de cambio en curso que está configurando la realidad según sus propios términos y amenazando con engullir al sujeto humano?

lunes, 6 de octubre de 2025

Por qué es importante la clase trabajadora


Yanis Varoufakis, Sin Permiso

Un espectro acecha a Occidente: el espectro de una clase trabajadora a la que se le ha cerrado el acceso a la política. A lo largo de decenas de años, seducidas por los cantos de sirena de la «tercera vía» de Bill Clinton, Tony Blair y Gerhard Schröder, las fuerzas de centroizquierda abandonaron el lenguaje de la lucha de clases.

Pero en su prisa por convertirse en respetables y demostrar que eran gestores más eficientes y justos del capitalismo, dejaron de hablar de explotación y optaron por ignorar el antagonismo inherente —incluso la violencia— de la relación entre el capital y el trabajo. Eliminaron por completo del discurso político las palabras, los gestos, la forma de ser y las aspiraciones de los trabajadores. Y luego denigraron a sus antiguos electores calificándolos de «deplorables».

Cuando la movilidad descendente y la insolvencia se apoderan de grandes zonas del interior, donde una clase trabajadora que antes se sentía orgullosa ahora se siente abandonada y de las que los partidos establecidos apartan la mirada, surge el anhelo de un nuevo proyecto de restauración de la dignidad, de un relato que enfrente a un «nosotros» colectivo contra un «ellos» poderoso. Hace una década, un narrador venenoso con un siglo de experiencia en llenar esos vacíos entró en uno nuevo: la extrema derecha xenófoba.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Turbocapitalismo y retorno de la Plebe. Releyendo a Hegel

Basándose en la importancia de la eticidad y la comunidad en la filosofía de Hegel, Diego Fusaro argumenta que la destrucción de la identidad colectiva e individual ha sido una herramienta clave del turbocapitalismo para la precarización y el sometimiento de gran parte de la población. La desregulación económica y la financiarización promovidas por las políticas neoliberales han creado un mundo cada vez más precario y desigual. La "plebe" hegeliana es lo que más tarde Marx llamó "proletariado". Pero, advierte Fusaro, más que a las ideas revolucionarias de Marx, la de Hegel se asemeja mas a Keynes en la idea de un Estado capaz de intervenir en la economía para garantizar la justicia social para todos.

Diego Fusaro, Posmodernia

Lejos de realizarse, como repiten las gramáticas liberales, el individuo se pierde en la sociedad reducida a mercado, o sea en el dominio de lo que Hegel llama «sistema de necesidades» (das System der Bedürfnisse): el individualismo anómico aniquila al propio individuo, que se arruina, expuesto como está al poder desintegrador de lo económico no eticizado y a la «dependencia ciega» (blinde Abhängigkeit) que pone en marcha. Producto del sistema de necesidades deseticizado, la plebe aparece como la masa de los excluidos y los no reconocidos, generada por las tragedias en lo ético del sistema de necesidades desregulado. La plebe puede definirse con razón como la corporación de los descontentos, compuesta por cuantos no pertenecen a ninguna de esas «corporaciones» de la sociedad civil de las cuales podrían haber obtenido su dignidad como seres sociales. Si, como muestra Hegel con las sucesivas figuras de la «sociedad civil –o burguesa-» (bürgerliche Gesellschaft), la corporación corresponde, por su esencia, a la encarnación de lo universal en lo particular a través del trabajo como mediación necesaria para el reconocimiento social, entonces se sigue que a la plebe, en cuanto corporación de los sin corporación, le es negado ab intrinseco el reconocimiento social y políticamente vigente en los espacios del Estado. Resultando central en los párrafos 240 y 241 de la Rechtsphilosophie (Filosofía del Derecho), la «Plebe» (der Pöbel) no se resuelve en la pura «pobreza» (Armut). Sería, más exactamente, la pobreza con el «sentimiento de su injusticia» (Gefühl ihres Unrechts). Tal “sentimiento” surge del hecho de que la plebe, como corporación de los sin corporación, encuentra su propia inseidad y, al menos en parte, un destello de perseidad en el saberse excluida de la eticidad: no se beneficia de las raíces éticas y está sujeta a los procesos de exclusión provocados ​​por el avance desregulado del sistema de necesidades, liberado de los elementos de la eticidad.

Armut y Pöbel (“Pobreza” y “Plebe”) nunca son empleados como sinónimos por Hegel. La plebe, como se ha señalado, se caracteriza por la pobreza unida a la conciencia y al sentido de la injusticia respecto a una situación percibida como inicua: “La pobreza —leemos en los Elementos de la Filosofía del Derecho (§ 244)— en sí no convierte a nadie en plebe: esta aparece únicamente por la disposición de ánimo que se asocia a la pobreza, por la íntima indignación contra los ricos, la sociedad, el gobierno y así sucesivamente”. La plebe vive en su propia piel las contradicciones de la sociedad capitalista y es a su modo consciente, animada como está por una conciencia de indignación, de odio y de revuelta. Por lo que concierne al examen de la plebe, a caballo entre la sociología y la filosofía, Hegel toma el área inglesa como su punto de observación privilegiado: «Estos fenómenos pueden estudiarse a gran escala en el ejemplo de Inglaterra» (§ 245). Como para Marx en El Capital, también a Hegel el mundo británico le parece apto para ser adoptado como laboratorio de análisis privilegiado, para poder estudiar in vitro la sociedad en la que el sistema de necesidades resulta más liberado de los poderes éticos.

sábado, 27 de septiembre de 2025

Estados Unidos y el «capitalismo fascista»

La financiarización y la economía de la deuda han creado un monstruo que combina capitalismo, democracia y fascismo, lo cual no supone ningún problema para las clases dominantes. Debemos cuestionar la naturaleza del ciclo estratégico del enemigo y fijarnos un único objetivo: transformarlo en un ciclo estratégico de revolución.

Maurizio Lazzarato, Sinistra in Rete

«La acumulación primitiva, el estado de naturaleza del capital, es el prototipo de la crisis capitalista»
(Hans Junger Krahl)

El capitalismo no puede reducirse a un ciclo de acumulación, ya que siempre está precedido, acompañado y seguido por un ciclo estratégico definido por el conflicto, la guerra, la guerra civil y, posiblemente, la revolución.

El ciclo estratégico incluye la acumulación primitiva, tal como la explicó Marx, pero solo en su primera fase; le sigue el ejercicio de la violencia encarnada en la «producción» y su despliegue en forma de guerra y guerra civil cuando el ciclo económico pierde fuerza. Para una descripción completa del ciclo estratégico, debemos esperar al siglo XX, con su transformación en el ciclo de las revoluciones soviética y china, que corrigió y completó a Marx en varios aspectos.

Ambos ciclos funcionan juntos, entrelazando sus dinámicas, pero también pueden separarse: desde 2008, el ciclo de conflicto, guerra y guerra civil (y la eventual, improbable, revolución) se ha separado progresivamente del ciclo de acumulación en sentido estricto. Los bloqueos y estancamientos de la acumulación de capital requieren la intervención del ciclo estratégico, que funciona sobre la base de las relaciones de poder y la relación no económica amigo-enemigo.

Desde el auge del imperialismo, la importancia del ciclo estratégico no ha hecho más que aumentar. Ciclos de guerra, violencia masiva y uso arbitrario de la fuerza se han sucedido rápidamente. Estados Unidos impuso las reglas económicas y jurídicas del mercado global y el Nomos de la Tierra (orden mundial) en tres ocasiones (1945, 1971 y 1991).

LinkWithin

Blog Widget by LinkWithin