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jueves, 19 de febrero de 2026

Comunidad, identidad y arraigo


Diego Fusaro, Socialismo y Multipolaridad

Aristóteles y la primacía de la comunidad sobre el individuo
Como hijos de la modernidad tendemos a considerar al individuo como una prioridad sobre la comunidad y el Estado, pero la perspectiva en el corazón de la Política de Aristóteles es completamente opuesta.
Hijos de la modernidad, estamos acostumbrados a pensar que el individuo es una prioridad sobre la comunidad y el Estado: primero está el individuo, luego, posiblemente, las agregaciones que surgen de la unión de varios individuos.

La perspectiva central de la Política de Aristóteles es completamente opuesta: partiendo de la familia como célula genética de la vida comunitaria, es evidente para Aristóteles que la comunidad es pròteron tè fùsei, "es lo primero por naturaleza" en comparación con el individuo, que es, por tanto, por su esencia, un animal sociable, político y comunitario. En palabras de Aristóteles, "es evidente, por tanto, que la comunidad existe por naturaleza y que es anterior a cada individuo" (Política, I, 2, 1253 a 25).

Contrariamente a la visión moderna que, en forma paradigmática con Hobbes, piensa en el individuo como una prioridad, Aristóteles sostiene que éste ya está insertado en el mundo en una comunidad: es la familia, la "comunidad" original (koinonia). En esta ética de la comunidad, el individuo se proyecta en la concreción de las conexiones intersubjetivas y comunitarias que lo hacen, con la Política de Aristóteles (I A, 2, 1253 a 3), un zoon politikòn, un animal "político", "sociable" y "comunitario". Exactamente lo contrario, por lo tanto, del homo homini lupus así bautizado por la antropología moderna hobbesiana.

La familia como fundamento de la comunidad es la prueba - en contra del moderno "Robinsonismo", desde Thomas Hobbes hasta Margaret Thatcher - de que el hombre es un animal comunitario, que sólo en la comunidad puede existir y que en ella llega al mundo.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Necesitamos el retorno del Padre y del Estado

Ante un mundo al borde del colapso económico y moral, y donde la erosión de las instituciones internacionales muestra el completo fracaso del llamado "neoliberalismo", Diego Fusaro señala la necesidad de un retorno a figuras de autoridad y al rol que debe cumplir el Estado en la sociedad para poner fin a la decadencia y el caos

Diego Fusaro, Posmodernia

Massimo Recalcati afirma que nuestra época es presa del «complejo de Telémaco«. En el tiempo del capitalismo edípico surgido del Sesentayocho, la humanidad, cuando no se hunde en el nihilismo de la resignación inducida por la muerte de Dios, está a la espera del retorno del padre evaporado en el ínterin.

El complejo de Telémaco invierte el de Edipo. Si el acto edípico por antonomasia es el placer incestuoso derivado del parricidio, el telemaqueo es la nostalgia por la figura paterna de la ley y de la medida, la única capaz de poner fin a la larga noche de los Pretendientes, en la que placer y transgresión se erigen en única ley. En el relato homérico, Telémaco pasa gran parte de sus días a orillas del mar, absorto en sus pensamientos y oteando el horizonte, esperando que las gloriosas flotas que zarparon regresen a Ítaca. «Y si se cumpliese en los mortales todo lo que desean, lo primero que yo quisiera sería que mi padre regresase a su patria», dice Telémaco en la Odisea. En ausencia de su padre Odiseo (Ulises en versión latinizada), símbolo de la ley, en Ítaca domina incontestable la anomia del goce ilimitado, encarnada por los Pretendientes.

El complejo de Telémaco, del que estamos presos en la hodierna noche posmoderna de los Pretendientes, consiste en este desgarrador sentimiento de una ausencia o, mejor, de una presencia que se da per absentiam. A ella se acompaña la esperanza de que el padre que ha partido vuelva y restablezca la ley de la justa medida, revocando la fase edípica de la noche de los Pretendientes. A diferencia de Edipo, Telémaco no percibe en el padre la fisonomía de un enemigo, sino la de un aliado con el que reinstaurar la ley de la comunidad disuelta por el goce cínico. Si es leído con transparencia, el complejo de Telémaco revela la presencia de una nostalgia que no cae en la apraxia resignada, sino que por el contrario se traduce en acción. El hijo de Odiseo no se limita a escrutar pasivamente el horizonte a la espera del retorno del padre, siguiendo el síndrome —en sí mismo aliado de la resignación— de quien espera inercialmente a Godot. Telémaco emprende operativamente la búsqueda activa del héroe que zarpó con destino a Ítaca, navegando hacia Pilos y hacia Esparta. El retorno del padre solamente puede verificarse si nos esforzamos a fin de que suceda, siguiendo el movimiento más típico de la herencia entendida como reconquista mediada por la acción, inmortalizada en los versos de Fausto: «Lo que has heredado de tus padres, reconquístalo si deseas poseerlo verdaderamente».

viernes, 30 de mayo de 2025

El vínculo inseparable del Capitalismo con la Guerra

…la única manera de acabar con la guerra es superar el modo de producción capitalista con un nuevo modo de producción que no se centre en la búsqueda del máximo beneficio, sino en la satisfacción de las necesidades individuales y sociales.

Domenico Moro, Laboratorio 21

La guerra se convierte en una actividad característica de la humanidad desde que esta se dividió en clases sociales. De hecho, desde siempre, las causas económicas están en la base de la guerra.

Pero solo con el capitalismo plenamente desarrollado se determinaron las guerras mundiales, vinculadas a la globalización del capital, y la creación de armas de destrucción masiva, debido al enorme gasto en investigación y nuevas tecnologías.

La guerra es sobre todo un elemento impulsor de la economía capitalista en sus momentos de crisis estructural y cuando se cuestiona la jerarquía de poder en la que se basa a nivel internacional. En momentos de crisis, el gasto militar y las enormes destrucciones debidas al uso de las armas modernas acuden puntualmente en ayuda de los beneficios.

No es casualidad que, en el momento actual, caracterizado por una crisis que afecta a las zonas tradicionalmente más desarrolladas del capitalismo, Estados Unidos, Europa occidental y Japón, se asista a un aumento del gasto militar.

En Estados Unidos, los recortes en los gastos de la administración federal, que ya han provocado el despido de miles de empleados públicos, deberían haberse extendido al gasto militar, que en cinco años se habría reducido en aproximadamente un tercio: de 968 000 millones de dólares en 2024 a 600 000 millones en 2030.

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