Fue el análisis erróneo de Occidente lo que lo ha atrapado en una escalada de acciones que ponen en riesgo la seguridad de Europa y la encaminan hacia una guerra con Rusia
Alastair Crooke, Strategic Culture
En los últimos días, las clases políticas europeas han subido el volumen al máximo con mensajes claramente concertados y compartidos: "Se avecina una guerra con Rusia; Rusia pretende atacar a la OTAN; debemos prepararnos; abastecernos de agua embotellada y alimentos enlatados, y estar listos para ofrecer a nuestros hijos al servicio militar obligatorio". "Muchos morirán; pero es su deber defender a su país".
¡Qué disparate! Para dejarlo claro, los líderes europeos, entre ellos el Alto Representante de la UE, Kallas, y el canciller alemán, Merz, se vistieron deliberadamente con ropa de camuflaje para demostrar su "preparación para la defensa" durante la Cumbre Ártica Europea del 14 de septiembre. (Pueden verse a estos políticos europeos con uniformes militares aquí).
Parecen absurdos. Sin embargo, eso no puede desviar la atención de la pregunta: ¿Qué es exactamente esta histeria que se apodera de los tecnócratas europeos?
A primera vista, el mensaje unificado de que Rusia está a punto de atacar Europa y que se avecina una guerra carece de sentido. Europa no cuenta con los hombres, las municiones, la financiación ni la capacidad industrial para librar una guerra contra lo que hoy se considera una de las principales potencias militares, además de ser el Estado con el mayor arsenal de armas nucleares.


















