Mostrando las entradas con la etiqueta Guerra Irán-Israel-Estados Unidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Guerra Irán-Israel-Estados Unidos. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de abril de 2026

El error fatal de subestimar a Irán: el 'desprecio racial' llevó a Estados Unidos a un nuevo Vietnam

Una fotografía del presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en llamas durante una protesta contra la acción militar estadounidense-israelí en Irán, cerca de la embajada de EEUU en Manila, Filipinas, el 9 de abril de 2026 (AFP)


Joe Gill, Middle East Eye

Durante mucho tiempo se ha considerado ofensivo y antisemita establecer comparaciones entre la Alemania nazi e Israel, pero sobre la cuestión específica de Israel genocidio en Gaza y sus guerras de expansión, incluida la guerra contra Irán, la presa se ha roto.

Norman Finkelstein, el eminente erudito judío estadounidense e hijo de sobrevivientes del Holocausto, hizo la comparación directa entre la guerra de Hitler en el este y la guerra lanzado por Donald Trump y Benjamin Netanyahu sobre Irán el 28 de febrero en un reciente entrevista con Middle East Eye.

Durante mucho tiempo he pensado que la comparación es merecida, por varias razones, a partir de 2023, con el inicio de la guerra en Gaza.

Al igual que la Alemania de Hitler, los líderes de Israel cometieron el error fatal de no saber cuándo detenerse y de abrir varios frentes: siete en un momento dado. Cada victoria táctica, contra Hamás y luego contra Hezbolá, alentó nuevos ataques audaces. Tras librar una campaña genocida en Gaza, la expansión colonial en Cisjordania y los incesantes ataques contra el Líbano, Siria y Yemen, el primer ministro Netanyahu recurrió a Irán en 2025.

¿Por qué? Una ideología mesiánica de Supremacía judía es lo que impulsa al primer ministro y a los políticos colonos de quienes depende. La política del etnonacionalismo, la expansión territorial y el hipermilitarismo son similares, si no idénticas, a la ideología del eje fascista de la Segunda Guerra Mundial liderado por la Alemania nazi. Y esta ideología de supremacía étnica conduce a la extralimitación.

miércoles, 22 de abril de 2026

Por qué EEUU está perdiendo la guerra en Irán

Si se analizan los hechos, resulta inevitable sospechar que la guerra en Irán se convertirá en el mayor fiasco militar de EEUU y lo destronará como única potencia hegemónica mundial

Peter Hanseler, Observatorio Crisis

Introducción

Los israelíes siguen matando, tanto en Gaza como en Líbano, violando así una de las condiciones que Irán ha establecido para la paz. Trump ha anunciado un bloqueo naval, otro crimen de guerra, esta vez bajo el pretexto de «piratería».

Debemos suponer que esta breve tregua pronto terminará, y por lo tanto ya podemos empezar a contemplar la perspectiva de un desastre. El alto el fuego entre Israel y Líbano que se acaba de declarar también es una farsa, al igual que la apertura del estrecho de Ormuz, que se cerró de nuevo el sábado.

El título de este artículo lo he basado en Frank Capra, quien produjo la épica película de propaganda estadounidense «Por qué luchamos» entre 1942 y 1945.

EEUU ganó la II Guerra Mundial mediante una extensa propaganda y, en comparación, con una cantidad insignificante de derramamiento de sangre: los rusos (los verdaderos ganadores) pagaron el precio con sangre, mientras que EEUU forjó una imagen de sí mismo que se inculcó minuciosamente en esa parte del mundo que hoy llamamos Occidente. Los ingredientes de esta grandiosa imagen eran la invencibilidad militar, la riqueza, la decencia y la garantía de la libertad y la democracia.

Así, los estadounidenses ganaron la II Guerra Mundial principalmente mediante la propaganda y lograron mantener viva esta imagen hasta hace poco, aunque incluso un vistazo superficial a los hechos desde 1945 revela una realidad completamente distinta. Hoy, resulta evidente para la opinión pública mundial que todos los ingredientes que conformaron la base de la dominación mundial ya no tienen fundamento en la realidad.

martes, 21 de abril de 2026

Los costos y daños del imperio


Mario Pietri, l'Anti Diplomatico

La guerra, en realidad, ya no es algo que pueda llegar a los presupuestos de los hogares y las empresas: ya ha entrado en ella, porque ya son visibles el aumento de los costes energéticos, el aumento de las primas de riesgo, las tensiones por el transporte de mercancías, las dificultades logísticas iniciales y el impacto en los precios finales; la cuestión, en todo caso, es que los daños ya en curso podrían cambiar rápidamente de escala y naturaleza porque si el actual estancamiento en Ormuz, con tránsitos casi paralizados, puertos iraníes efectivamente bloqueados, amenazas de extensión al Mar Rojo y al Golfo, y una región entera suspendida entre una disuasión fallida y un posible fuego general, continuara incluso durante otros quince días, entonces ya no seríamos testigos de un simple empeoramiento de las tensiones ya en marcha, sino de una aceleración violenta de la crisis capaz de transformar aumentos de precios todavía relativamente manejables en un shock inflacionario, retrasos que pueden contenerse en interrupciones del suministro, tensiones del mercado en crisis crediticia, dificultades industriales en desaceleración productiva y malestar generalizado en un desgaste social mucho más grave, porque cuando la energía, el transporte, el crédito y la confianza se deterioran simultáneamente, el sistema no cae gradualmente en recesión: comienza a perder el control. Las perturbaciones en Ormuz ya se extienden mucho más allá de la región e impactan la energía, el transporte marítimo y las cadenas de suministro globales.

Y éste, vale la pena decirlo claramente, sigue siendo el escenario menos destructivo, el que presupone que el sistema seguirá aguantando de alguna manera, incluso bajo presión; porque en el momento en que se añade incluso una única variable de escalada real, la extensión de las operaciones a los puertos del Golfo, un cierre efectivo y ya no meramente amenazado de Ormuz, un bloqueo coordinado del Mar Rojo con la participación activa de los actores regionales, entonces el panorama cambiaría de naturaleza y velocidad, dejando de ser una crisis energética grave pero manejable para transformarse en un evento sistémico global, es decir, una ruptura capaz de interrumpir los suministros, provocando que el petróleo y el gas se disparen, comprimiendo simultáneamente el crecimiento de las principales economías, desestabilizar los mercados financieros y ejercer tal presión sobre las sociedades que las dificultades económicas se convierten en inestabilidad política.

domingo, 19 de abril de 2026

El punto final de Ormuz y la Gran Guerra Energética

Donald Trump encuentra su punto final en Ormuz para desatar la Gran Guerra Energética

Giuseppe Masala, l'Anti Diplomatico

Como habían predicho muchos observadores, la cumbre entre Irán y Estados Unidos negociada por Pakistán en Islamabad fracasó en menos de 24 horas. Según algunos, incluso fue una estrategia útil para ambas partes tomarse el tiempo y reorganizarse. Es difícil encontrar pruebas al respecto, pero una cosa es segura: cuando se anunció el fracaso, Trump a su vez anunció el inicio de una nueva fase del conflicto que es absolutamente legítimo definir como extremadamente peligrosa. Además, la necesidad de un cambio de marcha era evidente dado que los bombardeos no condujeron a resultados concretos ni en relación con el deseo de desarticular el régimen de los ayatolás ni en relación con el deseo de destruir su maquinaria de guerra.

Más allá de los grandilocuentes anuncios de Trump, el Estado iraní siguió funcionando a pesar de innumerables asesinatos selectivos destinados a decapitar a su clase dominante, y su maquinaria de guerra continuó lanzando misiles hasta el último segundo antes del alto el fuego. Todo esto a pesar de que los generales del Pentágono estaban ocupados con conferencias de prensa en las que explicaban que el Invincible Stars and Stripes había destruido por completo la (decrépita) armada y la (vieja) fuerza aérea iraní. Sin explicar, sin embargo, que la fuerza de Irán ciertamente no reside en estas especialidades sino en sus imponentes fuerzas de misiles y sus ciudades de misiles construidas en las montañas y que han demostrado ser inexpugnables ante cualquier bombardeo.

Por el contrario, el daño causado a las fuerzas armadas estadounidenses en Oriente Medio y a Israel es evidente a pesar de la formidable censura. Todas las bases estadounidenses en la zona han sido bombardeadas con docenas de misiles y muchas han quedado inutilizables durante años. Las flotas de ataque estadounidenses también se han mantenido a cientos de millas de la costa iraní gracias a la presencia de una gran cantidad de misiles antibuque de largo alcance de fabricación china. Me temo que nunca tendremos confirmación oficial de los numerosos rumores que circulan sobre los daños causados a los barcos estadounidenses tanto por misiles como por drones iraníes, pero en cualquier caso, los almirantes estadounidenses entendieron que era mejor mantenerse alejados de la costa persa.

sábado, 18 de abril de 2026

La guerra en Oriente Medio: interpretaciones religiosas, metafísicas e intelectuales


Leonid Savin, Oriental Review

La agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán ha levantado el velo de la dimensión metafísica del conflicto: en él han surgido claramente los contornos de las creencias religiosas, más precisamente, el choque de doctrinas e ideas metafísicas. Y aunque cada parte señala que tiene la razón, tanto en la retórica política como apelando a la historia, los hechos y las acciones indican claramente que Irán está en el bando del bien. Entonces, Israel y Estados Unidos se convierten automáticamente en las fuerzas del mal, aunque es poco probable que estén de acuerdo con esta interpretación.

A nivel político, los representantes de todas las tradiciones abrahámicas —el judaísmo, el cristianismo y el islam— se han visto arrastrados al conflicto, y el control de facto de Israel sobre los santuarios de estas religiones —el Muro de las Lamentaciones, el Templo del Señor en Jerusalén, así como la mezquita de Al-Aqsa— confiere al conflicto una especificidad especial. Este año, por primera vez, se prohibió a los musulmanes entrar en la mezquita de Al-Aqsa durante la celebración del mes sagrado del Ramadán, aunque sí se celebró el tradicional servicio de culto cristiano en el templo de Jerusalén, donde tiene lugar la ceremonia del Fuego Sagrado en la víspera de Pascua.

Sin embargo, el mundo cristiano (si es que se puede llamar cristianos a las diversas denominaciones protestantes) resultó, de hecho, dividido. Los cristianos ortodoxos están del lado de Irán. Anteriormente, en 2024, en su felicitación al recién elegido presidente de Irán, el patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa Rusa afirmó que «nuestros pueblos están unidos por el deseo de preservar sus tradiciones históricas, espirituales y culturales, y por el compromiso con principios morales perdurables». También se expresó con gran calidez sobre el nuevo líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, elegido tras el asesinato de su padre en el conflicto actual:
«¡Querido hermano! ¡Te felicito cordialmente por tu elección por parte del Consejo de Expertos iraní para el cargo de líder supremo del país! Este momento histórico ha estado marcado por una dura prueba personal relacionada con la muerte de tu estimado padre y tus seres queridos. Asumes la responsabilidad del Estado y de sus ciudadanos en un momento dramático en el que Irán se enfrenta a numerosos retos existenciales».

viernes, 17 de abril de 2026

Trump y Netanyahu: Dos locos que juegan a ser Dios

Cuando líderes desquiciados invocan la catástrofe divina como arma política, no solo sus enemigos son víctimas. A menos que se les detenga, todos seremos víctimas de estos dos psicópatas

Jeffrey D. Sachs, Common Dreams

Este es el mensaje de Pascua de Donald Trump para el mundo:
El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! ¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá. Presidente DONALD J. TRUMP
Donald Trump y su cómplice en crímenes de guerra, Benjamin Netanyahu, libran conjuntamente una guerra de agresión asesina contra Irán, una nación de 90 millones de habitantes. Ambos están dominados por tres patologías interrelacionadas. La primera es la personalidad: ambos son narcisistas malignos. La segunda es la arrogancia del poder: hombres que poseen la capacidad de ordenar la aniquilación nuclear y, en consecuencia, no sienten ningún límite. La tercera, y la más peligrosa de todas, es el delirio religioso: dos hombres que creen, y que quienes los rodean les repiten a diario, que son mesías que realizan la obra de Dios. Cada patología exacerba a las demás, de modo que juntas ponen al mundo en un peligro sin precedentes.

El resultado es una glorificación de la violencia sin precedentes desde la época de los líderes nazis. La cuestión es si los pocos adultos responsables del mundo —líderes nacionales comprometidos con el derecho internacional y dispuestos a manifestarlo— podrán contenerlos. No será fácil, pero deben intentarlo.

Comencemos con el trastorno psicológico subyacente. El narcisismo maligno es un término clínico, no un insulto. El psicólogo social Erich Fromm acuñó la frase en 1964 para describir a Adolf Hitler, como una fusión de grandiosidad patológica, psicopatía, paranoia y personalidad antisocial en una sola estructura de carácter. El narcisista maligno no es simplemente vanidoso. Es estructuralmente incapaz de empatía genuina, constitucionalmente inmune a la culpa y movido por la convicción paranoica de que los enemigos lo rodean y deben ser destruidos. Ya en 2017, el psicólogo John Garnter y muchos otros profesionales advertían sobre el narcisismo maligno de Trump.

Cuando el poder no conoce límites, el único control interno que queda es la conciencia. Y el psicópata no tiene conciencia.

jueves, 16 de abril de 2026

Una apuesta de manual para el fracaso

¿Trump convirtió una negociación de paz en una ejecución política

Alejandro Marcó del Pont, el Tábano economista

En medio de un almuerzo de Pascua en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump se salió del guion para abordar las especulaciones sobre el papel de su vicepresidente, JD Vance, en la consecución de un acuerdo para poner fin a la guerra en Irán. “Si no sucede, le echaré la culpa a JD Vance”, bromeó Trump. “Si sucede —añadió, como quien reparte cartas en una partida de póquer donde siempre tiene el as bajo la manga—, me atribuiré todo el mérito”. Esa declaración, envuelta en el celofán de un chiste de sobremesa, reflejaba a la perfección la naturaleza de una vicepresidencia que nunca ha sido un trampolín, sino una trampa. Vance no está ahí para heredar el trono; está ahí para ocupar el sitio del peón que el rey sacrifica cuando el jaque se acerca.

La misión diplomática que el vicepresidente encabezó en Islamabad era, en esencia, un campo minado sembrado con la previsión de un gran estratega, que no es Trump. Para avanzar hacia un acuerdo permanente que ponga fin a seis semanas de una guerra que ha asolado Oriente Próximo y convulsionado la economía mundial, Vance tendría que satisfacer a partes con intereses tan contrapuestos como la Casa Blanca, el Pentágono, el lobby proisraelí y un régimen iraní que ha sobrevivido a todo, incluida la propaganda de su propia aniquilación. Pero lo más fascinante —y aquí radica la genialidad siniestra del guion— es que el fracaso no es un accidente. Es la característica principal del diseño. La misión de Vance en Pakistán no fue un fracaso diplomático; fue una pieza calculada dentro de una estrategia mayor cuyo tablero no está en Oriente Próximo, sino en las primarias republicanas de 2028.

Si la maniobra y la finalidad de las metas de guerra de Trump no estaban nada claras —y no lo estaban—, los objetivos de una paz acordada lo son muchísimo menos. Y esa opacidad no es un defecto, sino un rasgo. Porque el conflicto con Irán sirve a múltiples propósitos internos y externos que se retroalimentan como serpientes devorándose la cola.

China bloquea el bloqueo estadounidense a Irán

El mensaje de Putin a la Casa Blanca: si EEUU se atreve a atacar barcos iraníes, estará atacando al socio estratégico de la principal potencia nuclear del mundo
Estrecho de Ormuz

Pepe Escobar, Sputnik

El planeta entero se hace la misma pregunta: ¿Se atreverá el CENTCOM a ir a la guerra contra China? Esto no es una hipótesis descabellada.

Según datos de MarineTraffic, el petrolero Rich Starry, de propiedad china, que navega bajo bandera de Malawi, vinculado a Shanghai Xianrun y que partió de Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos con aproximadamente 250,000 barriles de metanol, cruzó el Estrecho de Ormuz este martes, mostrando el mensaje: «Propietario y tripulación china».

Así, el Rich Starry fue el primer petrolero en transitar y salir del Estrecho de Ormuz con destino a China desde que el «bloqueo-para-desbloquear-el-Estrecho» de Trump está en vigor.

De una manera inusualmente directa, lo que Pekín está señalando es que una administración Trump desesperada no podrá jugar a los «Piratas del Caribe» —remasterizado como «Piratas de Ormuz»— contra China.

El CENTCOM mencionó que el bloqueo es contra barcos que entran o salen de puertos iraníes. El Rich Starry venía de Sharjah, por lo que técnicamente no era un objetivo. La verdadera prueba del bloqueo será cuando un petrolero chino, por ejemplo, salga de Bandar Abbas.

El «peaje» de la Guardia Revolucionaria

Mientras tanto, el puesto de control de la Guardia Revolucionaria (IRGC) ignora los planes del CENTCOM. Se está ajustando prácticamente en tiempo real, evolucionando hacia un detallado sistema de verificación de 5 niveles que se aplica a cada barco proveniente de cualquier puerto. Todos los buques que han podido cruzar últimamente —de China, India, Pakistán y otras naciones amigas— han utilizado los mismos carriles marítimos estrechos en aguas territoriales iraníes, bordeando las islas de Qeshm y Larak.

miércoles, 15 de abril de 2026

El engaño del Imperio: por qué Teherán ya no teme a Estados Unidos

Tras el fracaso de las conversaciones de Islamabad, la guerra de fricciones entre Estados Unidos e Irán revela los límites industriales, económicos y estratégicos de la superpotencia estadounidense. La narrativa de dominación hoy sólo se sostiene en las pantallas de televisión, mientras que en la realidad pinta un panorama profundamente diferente del Medio Oriente

Mario Sommella, Sinistra in Rete

Hay un momento preciso, en cada decadencia imperial, en el que la propaganda deja de ser una herramienta y se convierte en el único recurso restante. Ese momento, para la administración Trump, parece haber llegado al corazón del Golfo Pérsico. Veintiún horas de negociaciones en Islamabad, un ultimátum rechazado, una delegación estadounidense regresando a casa con las manos vacías: una fotografía de un partido diplomático perdido incluso antes de que se jugara. Sin embargo, a medida que Teherán fortalece sus posiciones a lo largo del Estrecho de Ormuz y reconfigura los equilibrios regionales en su beneficio, Washington continúa retratando una guerra ganada que no existe sobre el terreno.

Dos memorias, sin confianza

Para entender por qué las conversaciones paquistaníes estaban condenadas al fracaso, debemos remontarnos más allá de los acontecimientos actuales, más allá de la retórica de los programas de entrevistas. No hay ninguna fractura reciente entre Estados Unidos e Irán: hay una herida que dura setenta años y que se reabre constantemente. Los estadounidenses recuerdan 1979, el asalto a la embajada en Teherán, los cuatrocientos cuarenta y cuatro días de rehenes que marcaron el final de la presidencia de Carter. Los iraníes recuerdan la Operación Áyax de 1953, el derrocamiento del primer ministro Mohammad Mossadeq, culpable de nacionalizar el petróleo, y el posterior regreso del Sha a la tutela angloamericana. Dos traumas, dos narrativas, dos desconfianzas estructurales que ninguna negociación de veintiuna horas puede hacer mella.

La diplomacia no se sentó a la mesa en Islamabad: dos pueblos que llevaban décadas de asuntos pendientes. Además, cuando la delegación norteamericana no está encabezada por un negociador profesional, sino por JD Vance —vicepresidente transformado en heraldo de ultimátums e interlocutor completamente inadecuado para la complejidad del expediente—, el resultado está escrito desde el principio. Los iraníes vinieron a negociar, los estadounidenses a dictar. Dos lógicas incompatibles, en una habitación que se vació rápidamente.

La determinación de Irán de romper el panóptico de la contención occidental de 360°

Irán está intentando desmantelar un paradigma de 70 años forzando a Estados Unidos a aceptar la «liberación» de la República Islámica del panóptico de la represión estadounidense e israelí

Alastair Crooke, Strategic Culture

El cese temporal de las hostilidades en Asia Occidental pende de un hilo. Originalmente, se preveía un cese de las acciones militares en «todos los frentes», incluido el Líbano, siendo esta una de las diez condiciones previas de Irán para negociar un alto el fuego permanente. Trump afirmó que el marco de diez puntos de Irán proporcionaba una «base viable» para iniciar negociaciones directas con Irán.

Para Irán, estos puntos se consideraban condiciones previas, más que puntos de partida a partir de los cuales se desarrollarían las negociaciones.

Según CBS, a Trump se le comunicó que las condiciones de Irán, que aceptó el jueves, se aplicarían a toda la región de Oriente Medio, y él estuvo de acuerdo en que incluirían al Líbano. Los mediadores informaron que el alto el fuego incluiría al Líbano, y el anuncio del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, lo incluyó. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, también confirmó que el Líbano estaba incluido.

Sin embargo, la postura de Trump dio un giro radical tras una llamada telefónica de Netanyahu. Según el corresponsal israelí Ronan Bergman, que escribe en Yediot Ahoronot, Netanyahu, de forma repentina y tardía, hizo estallar la situación: en Israel, ambos niveles —militar y político— recibieron instrucciones de demostrar que no existía un alto el fuego para Hezbolá mediante un ataque masivo contra barrios residenciales densamente poblados en el Líbano, que dejó más de 1000 muertos y heridos, en su mayoría civiles.

martes, 14 de abril de 2026

Entre la guerra y el colapso industrial: la crisis de desgaste en EEUU e Israel

La maquinaria bélica estadounidense está socavando sus propios cimientos, dejando al descubierto una crisis estructural que no se puede resolver solo con dinero

The Cradle

La guerra de EEUU e Israel contra Irán ha puesto al descubierto una crisis estructural en el corazón de la maquinaria bélica de Washington, una crisis que pone en duda su capacidad para sostener un conflicto prolongado, por no hablar de reponer lo que gasta.

Solo en las primeras semanas, se agotaron a un ritmo vertiginoso enormes reservas de misiles, aviones y municiones de precisión --desde los Tomahawk y los ATACMS hasta los interceptores Patriot, THAAD y Arrow--.

El desgaste en el campo de batalla se está traduciendo rápidamente en un ajuste de cuentas industrial, poniendo de manifiesto los límites de la capacidad de EEUU e Israel para reproducir armamento de alta tecnología al ritmo que exige la guerra moderna.

Potencia de fuego sin resistencia

Según un informe publicado por el Royal United Services Institute (RUSI) el 24 de marzo, en los primeros 16 días de la guerra se utilizaron 11 294 municiones, con un coste directo de 26 000 millones de dólares. Las reparaciones podrían elevar esa cifra por encima de los 50 000 millones de dólares. Pero el coste financiero solo cuenta una parte de la historia.

Solo en las primeras 96 horas, las fuerzas de la coalición lanzaron 5197 municiones de 35 categorías diferentes, en lo que supuso una de las campañas aéreas más intensas de la guerra moderna. La magnitud del consumo desbordó rápidamente la capacidad de reposición industrial.

La guerra continúa


Carlos Fazio, La Jornada

Más allá del soez y furioso ruido mediático emitido desde la Casa Blanca, dirigido a manipular y/o confundir a las audiencias y ensuciar la cancha para difuminar la realidad sobre la guerra de agresión a Irán (la política como espectáculo), ante el acelerado declive de la hegemonía imperial Trump sigue una estrategia de preservación radical del mundo unipolar.

Tras su aparente comportamiento irracional se oculta una lógica perfectamente comprensible: se trata de una guerra total contra el mundo multipolar, con China como enemigo principal, Rusia como contradicción secundaria e Irán como adversario a vencer en la coyuntura. En su desesperada carrera contra el tiempo, Trump ha traicionado y/o dinamitado compromisos, líneas rojas, reglas, normas.

Sin embargo, en su agonía, la esencia del imperialismo estadounidense no ha cambiado nada. Trump sigue la misma política agresiva hegemónica de sus predecesores. Simplemente, ya no hay tiempo para las mentiras liberales y las envolturas democráticas, y el narcisista Trump ha renunciado al disfraz diplomático y al velo humanitario. Sus ultimátums, métodos y formas de ejecución a veces histéricas y de una agresividad despiadada, no difieren en nada de las acciones de sus antecesores. Sólo que las presenta de manera más brutal, salvaje, burda; no propia del ámbito diplomático y extremadamente peligrosas.

Rodeado de sádicos mafiosos como los sionistas Jared Kushner y Steve Witkoff; aventureros fanáticos como el delirante secretario de “Guerra”, Pete Hegseth, y extremistas y fundamentalistas cristianos que lo veneran como el nuevo mesías, para Trump no hay aliados, sino vasallos y “besa culos”. Si no, que le pregunten a Pamela Bondi, Kristi Noem, la decena de generales purgados y a los súbditos europeos de la OTAN y los petroemiratos del Golfo. Aunque al fin y al cabo, él es un instrumento. Sigue un plan detrás del cual se esconde un Estado aún más profundo que aquel contra el que prometió luchar. Lo pusieron para llevar a cabo una misión sucia y violenta en el último y desesperado intento por salvar una hegemonía que se desmorona.

lunes, 13 de abril de 2026

La logística bajo fuego y el fin de la inmunidad de la nube

El estrecho que partió al mundo en dos mitades: una de hormigón, otra de silicio

Alejandro Marcó del Pont, El tábano economista

Hubo un tiempo, no hace tanto, en que los estrategas militares y los analistas de riesgos se ganaban la vida diseñando escenarios de catástrofe con una probabilidad inferior al quince por ciento. La Reserva Federal de Dallas, por ejemplo, tenía sus propios modelos. Un bloqueo sostenido del Estrecho de Ormuz era una rareza estadística, una hipótesis para académicos aburridos y aseguradoras paranoicas. Llegó marzo de 2026 y la rareza se hizo carne, misil y dron. El mundo despertó a una evidencia que debería haber sido obvia desde los años ochenta. El principal pasillo energético del planeta es un cuello de botella ridículamente vulnerable y nadie, ni el Consejo de Cooperación del Golfo, ni la Quinta Flota, ni los megaproyectos de inteligencia artificial estaban realmente preparados para lo que significaba cerrarlo.

La primera semana del bloqueo ya había desmentido casi todas las certezas que los estados del Golfo habían comprado con 500.000 millones de dólares en gasto militar durante la última década. Porque resulta que Irán no leyó los manuales. La primera y más cara de las suposiciones erróneas de EE.UU. fue que la amenaza iraní vendría empaquetada en misiles balísticos, esos artefactos elegantes que justifican sistemas antimisiles de decenas de millones de dólares cada uno. Teherán optó por la humildad tecnológica, el setenta y cinco por ciento de sus ataques se ejecutaron con drones.

No hay nada más democrático que un dron kamikaze fabricado con piezas comerciales y una paciencia infinita. La segunda suposición —que Irán no podría sostener una campaña prolongada de lanzamientos— se desvaneció cuando los ataques se repitieron día tras día, semana tras semana, como un reloj suizo fabricado en la república islámica. La tercera suposición, esa joya de la arrogancia analítica, sostenía que el estrecho de Ormuz era una vulnerabilidad teórica, no operativa. La cuarta, tal vez la más ingenua de todas, era que Irán respetaría un código de guerra no escrito: dejar fuera a la infraestructura civil, sobre todo a aquella que sostiene la vida digital del enemigo. Esa suposición murió el primero de marzo, cuando los drones iraníes hicieron blanco en tres centros de datos de Amazon Web Services.

La diferencia entre las negociaciones de Irán con Estados Unidos y las de Líbano con “Israel”...

El martes en Washington se celebrarán negociaciones entre un equipo libanés e “Israel”, no entre Líbano e “Israel”

Ismail Ibrahim, Al Mayadeen

Tras quince meses de ataques israelíes que causaron la muerte de más de quinientos libaneses y destruyeron cientos de viviendas e instalaciones económicas, ni el gobierno libanés ni la Resistencia dispararon un solo tiro contra “Israel” respetando el acuerdo del alto al fuego que nunca "Israel" ha respetado.

El 28 de febrero, Estados Unidos e “Israel” lanzaron una guerra sin justificación legal ni ética contra Irán, asesinando a su líder, el Ayatollah Ali Khamenei, y a varios dirigentes militares y civiles, entre ellos Dr. Ali Larijani.

Estados Unidos e “Israel” mataron a 350 estudiantes y 50 profesores, y destruyeron gran parte de la infraestructura civil vital, incluyendo universidades, centros de investigación científica, fábricas farmacéuticas, escuelas y más.

Irán destruyó 11 bases estadounidenses instaladas en países árabes, incluyendo Arabia Saudita y los Estados del Golfo, y aseguró el control del estrecho de Ormuz. Esto provocó un aumento en los precios del petróleo y una caída en picada de las bolsas, sumiendo al mundo en una grave crisis energética.

Ningún Estado se unió a Irán en la guerra, a pesar de ser esta injusta e injustificada. Sin embargo, los movimientos de resistencia árabes en Líbano, Irak y Yemen se unieron a Irán.

“Israel” comenzó a exigir la evacuación de varias aldeas y regiones por parte del ejército libanés, el cual, sin oponerse ni negarse, accedió. De repente, Líbano oficial propuso negociaciones directas con “Israel”, y reclamó la retirada israelí de los territorios libaneses ocupados tras un alto al fuego que se intenta lograr, la liberación de los prisioneros libaneses y el regreso de las personas desplazadas a sus aldeas en el sur. “Israel” ignoró la solicitud oficial de Líbano y no respondió, ya que había exigido previamente el desarme de Hizbullah, una exigencia que el gobierno libanés no podía ni puede cumplir.

sábado, 11 de abril de 2026

Un nuevo Vietnam: Irán impone humillación militar a Estados Unidos

Independientemente del futuro del acuerdo actual, Irán ya ha ganado

Lucas Leiroz, Strategic Culture

El anuncio de un alto el fuego temporal entre Irán y la coalición formada por Estados Unidos e Israel marca un punto de inflexión decisivo en el conflicto más peligroso de la historia de Oriente Medio. Aunque el acuerdo es frágil y está rodeado de incertidumbre, un hecho ya está claro: independientemente de su duración, Teherán ha salido victorioso. Más que eso, el resultado representa la mayor humillación militar de Washington desde la guerra de Vietnam.

Después de semanas de intensos combates, el cese de las hostilidades no surgió de un equilibrio entre fuerzas equivalentes, sino más bien como resultado directo de la incapacidad estadounidense para sostener los costos estratégicos de la guerra. Las bases militares fueron atacadas, las pérdidas económicas aumentaron y el riesgo de una escalada regional incontrolable obligó a Estados Unidos a dar un paso atrás. Israel, a su vez, muy dependiente del apoyo logístico y militar estadounidense, se vio arrastrado a esta decisión contra su voluntad.

El elemento más revelador de este escenario es el contenido del acuerdo. Lejos de imponer concesiones a Teherán, el acuerdo consagra demandas iraníes fundamentales. Entre ellos, el reconocimiento del papel central de Irán en el control del Estrecho de Ormuz –, una de las rutas energéticas más estratégicas del planeta. Esto representa una transformación estructural en el equilibrio de poder regional: por primera vez en décadas, el flujo de una porción significativa del petróleo mundial depende ahora directamente de la supervisión iraní.

viernes, 10 de abril de 2026

Barbaria se rinde estratégicamente
La civilización gana. Por ahora


Pepe Escobar, Strategic Culture

Siempre se trató de civilización.

“Una civilización entera morirá esta noche y nunca más volverá.” La historia lo registrará con una mirada tan despiadada como el Sol. Un sorprendente imprimatur bárbaro, cortesía del presidente de los Estados Unidos, a través de una publicación en las redes sociales.

En pocas palabras, se trataba de una “civilización” de mala calidad que le dio al mundo el Big Mac, amenazando con aniquilar una antigua civilización que le dio al mundo el álgebra, influyó en el arte, la ciencia y la gobernanza de maneras sin precedentes; produjo estrellas desde Ciro el Grande hasta Avicena, desde Omar Khayyam hasta el poeta supremo Jalaladdin Rumi; desarrolló jardines, alfombras, maravillas arquitectónicas y sublimes marcos filosóficos y éticos en serie.

Fundamentalmente, no se oyó ni una sola palabra sobre este estallido de barbarie por parte de la dirigencia política de todo el Occidente "civilizado", ni siquiera fingiendo indignación, demostrando una vez más su absoluta e irreversible bancarrota moral y política.

Los iraníes respondieron a la barbarie con la misma moneda. Más de 14 millones de personas se registraron para formar muros humanos alrededor de sus centrales eléctricas en todo el país, protegiendo así sus medios de subsistencia y enfrentándose directamente al poderío militar del sindicato Epstein.

Irán fue un retroceso para Trump y el imperialismo

En Irán, Donald Trump le ha demostrado al mundo que incluso el inmenso poder de la principal potencia imperial del mundo tiene límites. Sus iniciales amenazas genocidas, al igual que su posterior capitulación, fueron consecuencia de esta realidad

Ben Burgis, Jacobin

A primera hora del martes por la mañana, Donald Trump lanzó una amenaza en su red social Truth Social que habría sonado increíblemente extrema si un guionista de cómics la hubiera puesto en el bocadillo de un científico loco o un supervillano disfrazado. «Esta noche morirá toda una civilización», escribió el presidente, «para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente sucederá».

Si se toma en serio, esto sonaba como una amenaza de usar armas nucleares. Como mínimo, Trump estaba subrayando su promesa anterior de destruir la infraestructura que sustenta la vida cotidiana de noventa millones de civiles iraníes mediante la destrucción sistemática de los puentes y las centrales eléctricas del país. Irán ha demostrado que conserva un suministro considerable de misiles y drones, así como la lealtad continua de fuerzas aliadas en toda la región, como Hezbolá en Irán y el gobierno hutí en Yemen.

Si alguna versión de la amenaza de Trump se hubiera llevado a cabo, Irán seguramente habría hecho todo lo que estuviera en su poder para infligir niveles comparables de daño a Israel y a las monarquías del Golfo (que albergan bases militares estadounidenses). Es difícil imaginar el caos económico global, por no hablar de las oleadas crecientes de muerte y sufrimiento, que habrían resultado de que se desarrollara un escenario como este.

Sin embargo, hasta el martes por la tarde, parecía que eso era exactamente lo que iba a suceder. Entonces Trump dio marcha atrás. Al hacerlo, demostró algo que será importante recordar la próxima vez que los halcones nos digan que una nueva guerra será una victoria fácil: incluso los gigantes militares y económicos mundiales tienen sus límites.

De la amenaza contra la civilización a la alegría colectiva


Nahia Sanzo, Slavyangrad

El año 2022 supuso un antes y un después en la concepción de las relaciones internacionales del bloque occidental, que quiso hacer creer a sus poblaciones que la guerra en Europa había surgido de la nada y prácticamente se daba a entender que, en un continente inocente y puro, lo ocurrido en Ucrania era una anomalía histórica además de un crimen nunca visto. En la hipérbole de los medios de comunicación y del establishment político, que sigue intentando financiar y promocionar un tribunal internacional creado ad hoc para juzgar únicamente los crímenes rusos, únicos de interés para una Unión Europea ahogada en su propia propaganda, podría parecer que Vladimir Putin había inventado el concepto de la guerra, ajeno hasta entonces al continente. Todo ello justificaba una movilización masiva de recursos, esa sí, absolutamente sin precedentes en una guerra proxy. La invasión rusa hizo posible lo que los países más cercanos a Estados Unidos y el propio Washington llevaban años buscando, una fractura continental que comenzó con las sanciones y que se ilustró a la perfección con las explosiones del Nord Stream en septiembre de ese primer año de guerra rusoucraniana.

Ese momento coincidió con la fase más crítica para la Federación Rusa que, tras haberse agotado en la ofensiva inicial, pésimamente planificada bajo una inteligencia a todas luces errónea, se enfrentaba a las derrotas más peligrosas. Meses antes, Rusia había optado por retirarse de Kiev alegando un gesto de buena voluntad para tratar de hacer efectivo el preacuerdo finalmente fallido alcanzado entre Vladimir Medinsky y David Arajamia en Estambul. Lo que en realidad era una derrota militar, ya que Rusia había quedado atrapada en las trincheras y no contaba con los medios ni los efectivos para sostener esa batalla, se presentó como un gesto diplomático que nadie creyó. Ucrania comenzó a recibir el armamento pesado ofensivo que llevaba tiempo exigiendo y logró rápidamente revertir unos avances rusos que habían llevado meses. Járkov fue la evidencia de que Rusia podía perder la guerra y Jersón, de donde las tropas se retiraron sin luchar, la constatación de que Moscú era consciente de ello.

jueves, 9 de abril de 2026

Las verdaderas condiciones de la negociación en la guerra de EEUU y de Israel contra Irán

Si crees que la guerra ha terminado, piénsalo de nuevo. Irán no ha acordado un alto el fuego. Ha accedido a no tomar represalias siempre y cuando Israel y EEUU cesen sus ataques

Larry C. Johnson, Sonar 21

Así que la pelota está en el tejado de Occidente. A pesar de la afirmación de la Casa Blanca de que el estrecho de Ormuz está abierto al tráfico marítimo, no lo está. Irán seguirá permitiendo la entrada y salida de barcos del golfo Pérsico caso por caso, previo pago de una tasa. Irán compartirá este dinero con Omán. Si Irán cobra un millón de dólares —pagaderos en yuanes chinos—, obtendrá unos 96.000 millones de dólares anuales. Con eso se podría reconstruir una o dos escuelas.

Por favor, lean atentamente el comunicado emitido por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán. Se trata de una explicación oficial y detallada de la postura de Irán:
El enemigo, en su guerra injusta, ilegal y criminal contra la nación iraní, ha sufrido una derrota innegable, histórica y aplastante. Gracias al sacrificio del líder mártir de la Revolución Islámica, el Gran Ayatolá Imam Khamenei, al liderazgo del Líder Supremo y Comandante en Jefe, el Ayatolá Seyyed Mojtaba Khamenei, al coraje de los combatientes en el frente y a la presencia histórica y heroica del pueblo iraní desde el comienzo de la guerra, Irán ha logrado una gran victoria y ha obligado a EEUU a aceptar su plan de 10 puntos.

En virtud de este plan, EEUU se ha comprometido en principio a garantizar la no agresión, reconocer el control que Irán mantiene sobre el estrecho de Ormuz, aceptar el enriquecimiento de uranio, levantar todas las sanciones primarias y secundarias, poner fin a todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y del OIEA, indemnizar a Irán por los daños, retirar las fuerzas de combate estadounidenses de la región y detener la guerra en todos los frentes, incluso contra la resistencia en el Líbano.

Nueva masacre israelí el primer día del "Alto el fuego"


A pocas hora del "alto el fuego" acordado entre EEUU e Irán, el ejército israelí lanzó su mayor ataque coordinado contra objetivos de Hezbolá en Líbano desde el inicio del conflicto, marcando un punto crítico en la escalada regional. En una operación relámpago de solo 10 minutos, más de 160 bombas fueron lanzadas por medio centenar de cazas israelíes contra centros de mando, infraestructuras militares y posiciones de la milicia chií en Beirut, el sur del país y el valle de la Becá. Según el Ministerio de Sanidad libanés, el ataque dejó al menos 254 muertos y más de 800 heridos, colapsando hospitales y dejando numerosas personas atrapadas bajo los escombros.

El ataque se produjo horas después del anuncio de un alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán, mediado por Pakistán. Sin embargo, tanto el presidente estadounidense Donald Trump como el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu dejaron claro que el acuerdo no incluye al Líbano. Mientras el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, afirmó que la tregua aplicaba “en todas partes, incluido Líbano”, Israel insistió en mantener su ofensiva contra Hezbolá como un frente separado. Esta contradicción generó desorientación en Líbano, donde autoridades civiles y militares intentaron posicionarse entre la esperanza de paz y la realidad del conflicto continuo.

LinkWithin

Blog Widget by LinkWithin