La maquinaria bélica estadounidense está socavando sus propios cimientos, dejando al descubierto una crisis estructural que no se puede resolver solo con dinero
The Cradle
La guerra de EEUU e Israel contra Irán ha puesto al descubierto una crisis estructural en el corazón de la maquinaria bélica de Washington, una crisis que pone en duda su capacidad para sostener un conflicto prolongado, por no hablar de reponer lo que gasta.
Solo en las primeras semanas, se agotaron a un ritmo vertiginoso enormes reservas de misiles, aviones y municiones de precisión --desde los Tomahawk y los ATACMS hasta los interceptores Patriot, THAAD y Arrow--.
El desgaste en el campo de batalla se está traduciendo rápidamente en un ajuste de cuentas industrial, poniendo de manifiesto los límites de la capacidad de EEUU e Israel para reproducir armamento de alta tecnología al ritmo que exige la guerra moderna.
Potencia de fuego sin resistencia
Según un informe publicado por el Royal United Services Institute (RUSI) el 24 de marzo, en los primeros 16 días de la guerra se utilizaron 11 294 municiones, con un coste directo de 26 000 millones de dólares. Las reparaciones podrían elevar esa cifra por encima de los 50 000 millones de dólares. Pero el coste financiero solo cuenta una parte de la historia.
Solo en las primeras 96 horas, las fuerzas de la coalición lanzaron 5197 municiones de 35 categorías diferentes, en lo que supuso una de las campañas aéreas más intensas de la guerra moderna. La magnitud del consumo desbordó rápidamente la capacidad de reposición industrial.



















