La moderada (por no decir casi inexistente) reacción ante la muerte de Petras revela el avanzado estrechamiento del espacio intelectual en nuestra época
K M Seethi, The Wire
La muerte de James Petras, el sociólogo estadounidense cuyos escritos influyeron en generaciones de pensadores críticos de todos los continentes, pasó por el mundo casi como un susurro. Un erudito que dedicó su vida a denunciar la violencia del poder, las desigualdades del capitalismo global y las ilusiones del imperio abandonó este mundo sin apenas ruido, más allá de los pequeños círculos de lectores y compañeros. En una época en la que la eminencia intelectual se mide a menudo por la luminosidad, el silencio que rodea su fallecimiento dice mucho sobre el lugar que se reserva a las voces disidentes en la vida pública contemporánea.
Petras murió en Seattle el 17 de enero de 2026, el día de su 89 cumpleaños. Su fallecimiento se produjo pocos días antes de la muerte de Michael Parenti, otra voz radical destacada del pensamiento político estadounidense. Sin embargo, mientras que el nombre de Parenti (que no era tan radical) circuló ampliamente, la desaparición de Petras pasó casi desapercibida en los círculos académicos y mediáticos occidentales.
Nacido en 1937 en el seno de una familia de inmigrantes de clase trabajadora en Massachusetts, Petras llevó a su labor académica una profunda sensibilidad hacia las luchas laborales y la injusticia social. Tras estudiar en la Universidad de Boston y en la Universidad de California, Berkeley, pasó la mayor parte de su carrera en la Universidad de Binghamton, Nueva York, donde impartió clases de sociología y fue mentor de estudiantes que más tarde se convirtieron en académicos, activistas e intelectuales públicos.














