Las elecciones brasileñas de octubre serán una disputa decisiva para el futuro político de América Latina. Frente al avance de la extrema derecha y la alianza entre bolsonarismo y trumpismo, una victoria de Lula tendría consecuencias que exceden ampliamente las fronteras de Brasil
David Cavalcante, Jacobin
La batalla electoral por el poder en Brasil será el principal enfrentamiento político de América Latina y el Caribe en 2026, y su desenlace puede alterar la correlación de fuerzas en la región durante años. El próximo 4 de octubre tendrán lugar las elecciones generales y la primera vuelta de la elección presidencial más importante del subcontinente.
También se renovarán los 513 escaños de la Cámara de Diputados, elegidos mediante un sistema proporcional en cada estado, y dos tercios del Senado Federal, con dos senadores por estado y por el Distrito Federal. Además, se elegirán los gobernadores de los 26 estados y del Distrito Federal, así como los diputados de las respectivas asambleas legislativas.
Más de 158 millones de electores están habilitados para votar, según el Tribunal Superior Electoral. Las urnas se distribuyen en 2.637 zonas y 496.856 secciones electorales, tanto en Brasil como en el exterior. Se trata de una gigantesca elección simultánea que, gracias al sistema electrónico de votación y escrutinio, permite conocer los resultados pocas horas después del cierre de las urnas, previsto para las 17:00.
No existe un «conteo rápido» basado en muestras, como ocurre en otros países de la región, ni se utilizan tarjetas perforadas o papeletas como en Estados Unidos. La elección de presidente y vicepresidente es directa, y el escrutinio, que en el pasado podía prolongarse durante días, se completa actualmente en pocas horas. El sistema brasileño se cuenta así entre los más ágiles y seguros del mundo.














