El sueño de la burguesía es «dar vida» al trabajo muerto, o mejor aún, «matar» el trabajo vivo, para contrarrestar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia… Pero este es un sueño inalcanzable
Guillaume Suing, La Haine
Con el auge del transhumanismo, ¿se consideraría a los seres biónicos sujetos políticos con derechos y capacidad de decisión a la par de los trabajadores 100% humanos?
¿Podría todo el mundo tener acceso a mejoras tecnológicas, cuya calidad variaría según la clase social? ¿ Cuál será el papel de los sindicatos dentro de 20 años? ¿Desaparecerán con la automatización masiva y la IA? Si no, ¿cuál sería el impacto de su desaparición en este contexto?
Siempre me veo tentado a ver, en las preguntas sobre nuestro futuro lejano, los síntomas de una crisis que en realidad está muy presente. La drástica reducción de las clases trabajadoras en sentido estricto en los países imperialistas, a medida que externalizan su producción industrial por un lado y el desarrollo tecnológico avanza a pasos agigantados por otro, da la impresión de que algún día desaparecerán por completo, refutando así la esencia de la teoría marxista.
La evolución o ampliación del concepto de trabajador en los países capitalistas constituye, paralelamente, un tema en sí mismo que requiere un trabajo considerable, el cual, deliberadamente, dejaré de lado. Sin embargo, es dentro del marco de este trabajo necesario donde reconozco la relevancia de la pregunta aquí planteada.
En cuanto a la forma, puedo intentar al menos dos anacronismos desafortunados que considero esclarecedores.
La destrucción masiva de la competencia en los albores de la era imperialista, hace más de un siglo, dio lugar a especulaciones similares sobre la inminente desaparición de la clase burguesa, que dejaría solo un monopolio todopoderoso (la teoría del ultraimperialismo de Kautsky, por ejemplo). Lenin tenía razón en aquel momento al contrarrestar este tipo de especulaciones, que, como sabemos hoy, han sido desmentidas por la experiencia.














