El imperialismo resulta impotente para erradicar la idea de revolución cuando esta se ha convertido en conciencia colectiva y en praxis histórica indeleble
Tannous Shalhoub, Al Mayadeen
No es posible abordar la política estadounidense hacia Cuba al margen del análisis del imperialismo en tanto fase superior del desarrollo del capitalismo, en el cual el Estado nacional deja de ser un mero actor político para convertirse en un instrumento orgánico al servicio de la reproducción de la hegemonía de clase a escala planetaria.
El bloqueo impuesto a Cuba desde hace más de seis décadas constituye una práctica paradigmática de la lógica imperialista, destinada a castigar cualquier intento de ruptura con las relaciones de dependencia inscritas en el sistema capitalista global.
La Revolución Cubana representó un momento de quiebre radical con el patrón de acumulación dependiente, pues no se limitó a transformar el poder político, sino que afectó la propia estructura económica mediante la expropiación de las grandes propiedades, la disociación relativa del mercado estadounidense y la reorientación de la plusvalía hacia la satisfacción de necesidades sociales internas.
Desde entonces, Cuba se erigió como una "anomalía" dentro de la racionalidad imperialista, no por su envergadura territorial o su potencia militar, sino por su densa significación en términos de clase y soberanía.














