La guerra en Ucrania se caracteriza por un profundo desequilibrio de recursos, armamento y potencial industrial. Se ha convertido en una picadora de carne tan feroz que incluso los propios ucranianos ya no creen en su liderazgo. El intento desesperado de alterar la situación con el asesinato del general Alexeyev es una medida arriesgada que desafía todo sentido común y equilibrio.
Lorenzo María Pacini, Strategic Culture
Hasta el final
Cualquiera que pensara que Volodymyr Zelensky y su camarilla criminal se mantendrían firmes frente a los intentos de reconciliación entre Rusia y los Estados Unidos de América estaba profundamente equivocado.
En Kiev ya no tienen esperanzas y saben exactamente qué hacer cuando todo está perdido: buscar lo imposible, descarrilar cualquier solución diplomática, destruir lo que queda y, si es posible, agravar la situación. No importa si esto significa ver a Ucrania incendiada o si significa sacrificar a más jóvenes arrancados de su futuro para morir en las trincheras de la guerra más triste del siglo: para Zelensky, la única solución es dañar a Rusia y no se detendrá.
En la mañana del 6 de febrero de 2026, el teniente general Vladimir Alexeyev, primer subdirector del GRU, recibió varios disparos en la espalda en su residencia. Después de una cirugía de emergencia, ahora se encuentra en estado crítico. El atacante huyó.
La intención es muy clara: el gobierno de Kiev no quiere la paz bajo ninguna circunstancia. Una vez más, con otra manifestación más, no quieren la paz. Prefieren ver morir a los soldados y sufrir al pueblo. Prefieren ser recordados como saboteadores de la única oportunidad de paz, más que como contribuyentes a esa paz. Los medios occidentales niegan y seguirán negando esta verdad, pero no cambia: el gobierno ucraniano no quiere la paz.














