Henry Giroux, Counter Punch
No puede haber capitalismo sin racismo.Elon Musk no es tanto una aberración como el grotesco subproducto de un orden capitalista que convierte la desigualdad en virtud, la explotación en espectáculo y confunde sus mayores fracasos con sus mayores éxitos. El frenesí mediático en torno a la posibilidad de que Musk se convierta en el primer trillonario del mundo no es una celebración del progreso humano ni de la iniciativa individual. Es un síntoma de una crisis social y política más profunda, que expone el poder del privilegio de clase, las fuerzas corruptoras del capitalismo despiadado y una cultura cada vez más incapaz de distinguir la riqueza del valor o la explotación del florecimiento humano.
–Malcolm X
Musk es sintomático de la decadencia de un sistema capitalista que genera desigualdades abrumadoras, concentrando la riqueza y el poder en manos de una pequeña élite cuyas fortunas dependen no solo de los mercados, sino también de los subsidios públicos, el trabajo colectivo, las instituciones sociales y los recursos compartidos, todo ello sustentado por una cultura autoritaria animada por la supremacía blanca, el ultranacionalismo y las pasiones movilizadoras de la política fascista, especialmente en la era de Trump. Como argumenta Dan Dinell, Musk se ha convertido en un «avatar del caos, la crueldad y la muerte». Esta descripción es difícil de refutar. ¿De qué otra manera podemos entender su papel como principal ejecutor de Trump?














