En Escape From Capitalism, la economista Clara Mattei ofrece una defensa sin concesiones de una visión marxista de la sociedad y aboga por el control democrático de la economía. Para Mattei debe ser la democracia y no el beneficio económico, lo que guíe las decisiones económicas
Stephen Maher y Scott Aquanno, Jacobin
Reseña de Escape From Capitalism: An Intervention, de Clara Mattei (Simon & Schuster, 2026)
El modo dominante de análisis socialista del capitalismo contemporáneo se centra muy a menudo en su corrupción o decadencia a través de la financiarización, la monopolización, la desregulación o la influencia de las empresas en la política. El parasitismo financiero, la extracción de rentas por parte de los señores «tecnofeudales» y la corrupción política se consideran aberraciones que han minado la vitalidad competitiva del capitalismo, lo que ha dado lugar a una explosión de la desigualdad económica y la precariedad de la clase trabajadora y ha culminado en la actual pesadilla neofascista trumpiana.
Al mismo tiempo, estas interpretaciones apuntan hacia una política socialdemócrata de compromiso de clases, en la medida en que se supone que los trabajadores y los capitalistas industriales «productivos» —es decir, sus jefes— comparten el interés de «restaurar la competitividad» frenando los monopolios tecnológicos o la especulación financiera excesiva, al tiempo que se amplía el gasto público. Por lo tanto, la estrategia socialista debería orientarse hacia la revitalización del capitalismo, aunque sea con un aspecto algo más progresista.
Escape From Capitalism, de Clara Mattei, ofrece una importante corrección a estas perspectivas. En muchos sentidos, es el libro que estábamos esperando, ya que ofrece una introducción al capitalismo y una crítica de la economía neoclásica, al tiempo que rechaza los planteamientos populistas simplistas que señalan la codicia corporativa, las grandes finanzas o el poder monopolístico como los principales problemas políticos que hay que superar. Mattei insiste en que el problema es el capitalismo en sí mismo: no es un sistema que esté roto y necesite ser reparado, sino uno que funciona correctamente y necesita ser abolido.
Como ella argumenta, existe una contradicción fundamental entre «la lógica del beneficio» y «la lógica de la necesidad». Lejos de señalar un problema para el sistema, el capital se beneficia —e incluso requiere— de la privación de la mayoría. El empobrecimiento de los trabajadores y el creciente autoritarismo no son, por tanto, fracasos del capitalismo, sino consecuencias de sus impulsos básicos. La competitividad, por su parte, es un problema, no una solución, para los trabajadores.














