Un Yemen totalmente liberado bajo el mando de Ansar Allah representaría una importante amenaza estratégica para "Israel", al combinar capacidad militar, control cerca de Bab al-Mandab, apoyo a Palestina e independencia del orden regional liderado por Estados Unidos
Robert Inlakesh, Al Mayadeen
La liberación de Yemen por un movimiento firmemente propalestino representa una pesadilla para el proyecto sionista en la región, pues garantiza que la causa de Jerusalén ocupada se mantenga viva y que surja una nueva potencia que la defienda. Para los israelíes, lo que presencian es como el nacimiento de un nuevo Irán en el mundo árabe.
Durante mucho tiempo, el gobierno yemení liderado por Ansar Allah fue subestimado y tratado como poco más que una molestia, de la que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos se encargaban de lidiar. En 2022, esta dinámica comenzó a cambiar, cuando las Fuerzas Armadas yemeníes demostraron capacidades avanzadas de misiles y drones que sacudieron objetivos vitales en Arabia Saudita, llegando incluso hasta los Emiratos Árabes Unidos.
El estancamiento de la ofensiva de Marib en 2021 también pudo haber engañado a la alianza estadounidense-israelí en la región, que claramente no tomó en serio a las fuerzas armadas del gobierno liderado por Ansar Allah en Saná. Sin embargo, Riad sí las tomó en serio a principios de 2022, al igual que Abu Dabi, lo que explica su decisión de aceptar un alto el fuego temporal mediado por las Naciones Unidas.
Desde entonces, el gobierno de Yemen se ha convertido en el único del mundo en ordenar directamente a sus fuerzas armadas que abran fuego contra la entidad sionista para apoyar al pueblo de Gaza. Desde el inicio del genocidio, las Fuerzas Armadas yemeníes comenzaron a disparar misiles contra los israelíes, antes de imponerles un bloqueo en el Mar Rojo.













