Si Washington prioriza a "Israel" por encima de la economía global, ¿estará el mundo preparado para afrontar las consecuencias de una nueva Gran Depresión, o intervendrán las potencias emergentes (China, Rusia, India) para salvar lo que se pueda salvar?
Ahmad Al-Durzi, Al Mayadeen
A pesar de la firma del acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán, con sus catorce puntos, y el inicio de la primera ronda de negociaciones en Ginebra, la segunda, de carácter indirecto, celebrada en Qatar, sorprendió por la flexibilidad que los estadounidenses mostraron hacia Irán.
Esta flexibilidad se produjo después de que Washington se esforzara por socavar y desmantelar el acuerdo, especialmente en lo relativo al estrecho de Ormuz, debido a su conocimiento de los riesgos que esto suponía para el sistema del petrodólar, del cual los estados del Golfo constituyen la piedra angular. Washington también buscó separar las vías iraní y libanesa en respuesta a la presión israelí dentro de la administración estadounidense, con el objetivo de evitar cambios estratégicos en la región de Asia Occidental que pudieran debilitar su papel.
Esto subraya el papel crucial de Asia Occidental como centro neurálgico del mundo en la configuración de la trayectoria del nuevo orden internacional, cuyo nacimiento aún no se ha declarado oficialmente. La fase final del plan para derrocar a los siete países, revelado por el general estadounidense retirado Wesley Clark en 2001 —un plan que pretendía derrocar a Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán—, se ha derrumbado. Esta caída se atribuye a las capacidades asimétricas de Irán y a su arraigada tradición, histórica y cultural, en la gestión de la guerra librada en su contra.














