domingo, 17 de noviembre de 2019

Chile, A un tris del túnel


Ascanio Cavallo, La Tercera

La apuesta fue y sigue siendo muy alta: el gobierno y la oposición parlamentaria centran sus esfuerzos en generar una nueva Constitución Política como el modo principal de detener la violencia. Pero ninguno de los dos ha demostrado la capacidad de lograrlo y en algún caso cabe presumir que hasta la han alentado, por omisión, ambigüedad o doble discurso.

El martes 12 ha de quedar consignado como el día más peligroso de la historia reciente de Chile. Hay quienes creen que fue así porque el gobierno estuvo a un tris de volver a dictar el estado de emergencia y que el hecho mismo de sacar a los militares habría reincendiado la calle y cortado el diálogo político iniciado el lunes. Esta versión, sin ser enteramente falsa, puede tener dos problemas: comienza por el efecto (lo que casi pasó) y tiene un fuerte componente especulativo (lo que habría pasado).

Parece más probable que el gobierno se haya visto en una situación algo más compleja antes de llegar a la decisión que no tomó. A eso de las 20 horas de ese martes, la violencia estaba asolando parte de Santiago y muchas ciudades de regiones. La policía se veía desbordada en numerosos lugares. De los muchos edificios e instituciones que fueron amenazados a lo largo del día -una campaña de terror digital-, algunos ya se encontraban asediados. Había una simultaneidad en ciertos ataques, bastante parecida a la del 18-O. Y un detalle inédito: intentos de copamiento de cuarteles policiales. Cuando eso ocurre, el escenario pasa a ser otro.

Del Chile volcánico a la nueva constitución


Mauro Basaure, El Mostrador

Chile se parece a un volcán, según Clotario Blest: aparentemente calmo, pero con explosiones recurrentes de protesta social violenta. Hoy es un volcán en plena erupción y que libera una energía de protesta que había sido resistida y reprimida por años —por siglos dicen aquellos que decapitan estatuas de colonizadores y “pacificadores”. Este modelo volcánico de sociedad no solo perpetua el carácter destructivo del conflicto social, sino que además desaprovecha su potencial constructivo y democratizante. Mirado desde un punto de vista histórico todo esto parece como una condena, no muy distinta al hecho de ser uno de los países más telúricos del mundo.

No es un misterio para nadie que en todas las sociedades hay conflictos. Las sociedades capitalistas, en particular, los producen con un alto potencial de erosión de la cohesión social. Lo interesante no es tanto eso, como sí el hecho de que no todas las sociedades tratan esos conflictos del mismo modo. ¿Dónde reside la diferencia? ¿cómo se ha relacionado la sociedad chilena con los conflictos que ella misma produce? ¿qué tiene que ver esto con el cambio constitucional?

¿Quiénes son los responsables del golpe en Bolivia?


Alfredo Serrano Mancilla*, La Jornada

Un golpe de Estado jamás está constituido por un hecho aislado. No existe un momento puntual que pueda ser definido como el generador definitivo de una ruptura democrática. Cualquier golpe es un proceso acumulativo en el que el marco es fundamental para crear las condiciones necesarias y suficientes que garanticen su efectividad. La erosión de legitimidad del objetivo a derrocar se hace por múltiples vías que abonan un campo en el que luego las acciones destituyentes procuran ser presentadas como democráticas.

Por el carácter multidimensional del proceso golpista, nunca podríamos afirmar que existe un único responsable. Siempre hay muchos actores que participan en esta tarea, desde quién asume la Presidencia después del golpe, hasta aquel que inicia una campaña de desgaste con una fake news.

En Bolivia el golpe de Estado contra la democracia, con el objetivo de deponer a Evo Morales como presidente, también contó con muchos partícipes, cada cual en su justa condición; unos como colaboradores y otros como cómplices; los hubo más pasivos o más activos; algunos planificaron desde el inicio y otros se fueron sumando a medida que se fueron desarrollando los acontecimientos.

Chile, ¿la tumba del neoliberalismo?

Después del golpe de Estado militar de Pinochet se ensayó en el país un experimento económico de corte neoliberal extremo que ha acabado por explotar en las calles


Ernesto Vale, La Vanguardia

Lo que está ocurriendo en Chile trajo a mi memoria un documental de Patricio Guzmán titulado ‘La batalla de Chile’, estrenado en el cine Arkadín de la Travessera de Gracia en la Barcelona de finales de los años 70 y que fui a ver con un amigo.

En todo caso, antes de seguir, debemos subrayar que el enfrentamiento de estos días no es exactamente igual que al que tuvo lugar hace cuarenta y tantos años atrás; aunque pueda parecerlo. Aquella era la época de la Guerra Fría, por lo tanto, los conflictos tenían otra dimensión ideológica y también geopolítica. Pero eso sería otro tema.

A mucha gente le sorprende lo de Chile. Y, en cierto modo, se puede entender, porque fueron muchos años hablando en los medios de su “milagro” económico, sin que mencionaran nunca la otra cara. Y la realidad casi siempre tiene dos o más caras.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Chile rechaza el acuerdo de la élite politica para poner fin a la crisis social

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestido de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
Así que, por sus frutos los conoceréis"

(Mt 7. 15-20)

Alex Ibarra, Le Monde Diplomatique

El acuerdo de la gran mayoría del Congreso fue rechazado por el pueblo insurgente. Las razones son muchas, pero el eje central es el mismo. Las decisiones de una clase política que tributa un fanatismo por el poder que le confiere privilegios y garantías de las cuales el ciudadano común se encuentra muy lejano. Estos son los miembros, en palabras de la Mistral, de la "clase herodiana" que siguen sin entender que las protestas en Chile están apartadas de las banderas de los partidos políticos y que asistimos a un cambio cultural profundo. El pueblo comprende que de ellos no se puede esperar demasiado, ya sabemos cuáles son sus frutos, así que que sólo falta que se cumpla su destino según lo que expresa la metáfora bíblica que conocemos.

Ha fracasado el llamado acuerdo por la Convención Constituyente que pretendía borrar la demanda por la Asamblea Constituyente propuesta por el movimiento que ha recuperado la soberanía popular oponiéndose al Gobierno de Sebastián Piñera y a todo el orden constitucional vigente. La tarde de este vienes fue muestra de las declaraciones mentirosas del Gobierno que a voz del presidente, ministros e intendentes, estarían de acuerdo con que el pueblo se exprese, pero que en los hechos sistematiza y recrudece la represión. La población de Lo Hermida fue duramente cercada y castigada con malos tratos, ante lo cual la población reaccionó generándose una cruenta batalla. Aún no hay cifras concretas de la gran cantidad de abusos cometidos por las Fuerzas Especiales.

El litio de Bolivia y la urgencia de un golpe


Vijay Prashad, Brasil de Fato

El presidente de Bolivia Evo Morales fue derrocado por un golpe militar el 10 de noviembre. Ahora está en México. Antes de ser obligado a dejar la presidencia estuvo dedicado a un amplio proyecto de llevar democracia económica y social a su largamente explotado país. Es importante recordar que Bolivia ha sufrido una serie de golpes de Estado, a menudo encabezados por los militares y la oligarquía en nombre de las empresas mineras transnacionales. Inicialmente, eran empresas de estaño, pero el estaño ya no es el objetivo principal en Bolivia. El objetivo principal son sus enormes depósitos de litio, cruciales para los automóviles eléctricos.

Durante los últimos 13 años, Morales ha tratado de construir una relación diferente entre el país y sus recursos naturales. No quería que esos recursos beneficien a las transnacionales mineras, sino a su propia población. Parte de esa promesa se cumplió ya que ha disminuido el porcentaje de pobreza y la población boliviana ha mejorado sus indicadores sociales. La nacionalización los recursos combinada con el uso de sus ingresos para financiar el desarrollo social ha desempeñado un papel importante. La actitud del gobierno de Morales hacia las empresas transnacionales produjo una áspera respuesta por parte de ellas, muchas de las cuales llevaron a Bolivia ante los tribunales.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Bolivia en la tragedia de América Latina


Alejandro Nadal, La Jornada

El proceso de cambio social iniciado por la victoria de Evo Morales hace 14 años estuvo apuntalado por una victoria política de las clases explotadas en la sociedad boliviana. El triunfo electoral casi no cuenta con paralelismos en los procesos de lucha en la región. La vía a un socialismo al estilo Bolivia parecía quedar despejada.

Ese triunfo político coincidió con lo que se ha denominado el superciclo de los commodities. A partir de 1995, el índice de precios de las materias primas aumentó espectacularmente. Eso permitió a gobiernos, como los de Kirchner, Lula, Correa y Evo Morales, mantener ingresos fiscales suficientes para soportar los programas sociales que eran la médula de su estrategia económica y que ayudaron a la gente que había sido más abandonada durante la larga noche del neoliberalismo. Los programas brasileños, como el de Cero Hambre y Bolsa Familia, tuvieron su paralelismo en los distintos bonos que el gobierno entregaba puntualmente a Bolivia.

Esos programas sociales constituyeron un respiro para la gente que recibía los pagos. No sólo se trataba de una ayuda material para sobrellevar la pesada carga cotidiana que el castigo neoliberal había impuesto desde hacía años. También representaban un mensaje de aliento, en el sentido de sentir que alguien por fin se había acordado de las clases más golpeadas, lo que representó una inyección de optimismo y, yo diría, hasta de alegría política.

jueves, 14 de noviembre de 2019

El impensado y estruendoso estallido contra el homo-oeconomicus chilensis


Yemil Harcha Raffachello, Santiago de Chile

La primera pregunta que habría que hacerse frente al actual estallido social debiera ser – a mi juicio- determinar si lo que estamos experimentando hoy en Chile son los síntomas de una enfermedad social, una especie de sicopatía colectiva que hay que curar, o -por el contrario- se trata del despertar de un largo coma social, es decir, la cura de la enfermedad. Precisar, en suma, si estamos enfermando o estamos sanando.

Si consideramos la pérdida de los globos oculares de ciudadanos o el incendio de irrecuperables símbolos históricos patrimoniales, hay que concluir que estamos en presencia de una grave enfermedad. Pero, si observamos la desaparición de la farándula televisiva y su reemplazo por una interesante discusión política, parecería que –al revés- por fin estamos sanando y recuperando la voz de la racionalidad, enmudecida por décadas.

En ambas conclusiones, aunque contradictorias, curiosamente todo el mundo parece estar de acuerdo. Porque si hay un rasgo evidente en este estallido social es su heterogeneidad, su naturaleza incluso contradictoria. Porque todos respaldamos las reivindicaciones, pero todos rechazamos absolutamente la costosa destrucción humana y material ocasionada tanto por la policía como por los manifestantes violentos. Esta ambivalencia de la ciudadanía se refleja también en la vacilación de políticos y autoridades para enfrentar la situación. Por una parte acogiendo las reivindicaciones, pero por otra reprimiendo a los manifestantes. Tal ambivalencia se manifiesta aun más en la fuerza armada donde unos desertan de reprimir o confraternizan con los manifestantes, pero otros disparan a mansalva, criminalmente.

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