A pesar de toda la fanfarronería ucraniana en la cumbre de la OTAN, muchos miembros europeos de la OTAN, uno tras otro, están declarando que han llegado al límite de sus capacidades para proporcionar asistencia militar.
Dmitri Kovalevich, Al Mayadeen
La atención política en Ucrania durante el mes de julio se centró principalmente en la cumbre de la OTAN, que tuvo lugar en Ankara, Turquía, los días 7 y 8 de julio. El régimen gobernante de Ucrania y los capitalistas adinerados esperaban que la reunión les proporcionara aún más dinero y armas.
En vísperas de la cumbre, el régimen de Kiev intentó impresionar al presidente estadounidense Donald Trump con una demostración de ataques militares contra refinerías de petróleo, centrales eléctricas y camiones cisterna en Rusia. El objetivo era reafirmar que Kiev aún conservaba cierta influencia, argumentando que la presión para poner fin a la guerra debía dirigirse no contra ellos, sino contra el gobierno de Moscú.
Los líderes europeos presionaron a Zelensky para que adoptara esa postura durante la reunión de líderes del G7 en Francia a mediados de junio. Todos ellos luchan por mantener el apoyo interno a su impopular guerra indirecta en Ucrania, según informó el New York Post el 7 de julio. El informe cita a varias figuras del régimen ucraniano que instan a Trump y a los líderes europeos a considerar a Ucrania como un activo estratégico en lugar de una carga.
La escalada bélica de Trump y Zelensky en busca de la "paz"
Ucrania no es miembro de la OTAN. Es más, varios líderes occidentales, incluido Donald Trump, han reconocido que Ucrania no cumple con los requisitos de la OTAN para ser miembro. Pero eso no impide que el líder del régimen, Volodímir Zelenski, actúe según el dilema descrito en un antiguo proverbio ruso: «Lo echas por la puerta y vuelve a entrar por la ventana».
Zelensky no fue invitado a la reunión de líderes de la OTAN, pero sí fue invitado a la cena oficial y participó en una foto de grupo.














