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jueves, 19 de julio de 2018

Gulliver en el país de la macroeconomía

Alejandro Nadal, La Jornada

Cuando Jonathan Swift escribió Los Viajes de Gulliver, una sátira sobre las vanidades que animan la política y las guerras entre las naciones, todavía no nacía la teoría económica. Pero ya existía una reflexión sobre los precios y la cantidad de moneda en circulación. El mismo Swift participó en una controversia sobre una reforma monetaria en Irlanda, oponiéndose a la introducción de monedas de cobre, argumentando que se degradaría el valor de cada unidad y las de mala calidad desplazarían a las de buena, que serían atesoradas.

En su cuento, Lemuel Gulliver llega al país de Lilliput y se sorprende con su población de hombres diminutos (15 centímetros de altura), pero no le resulta extraño que en el reino exista una economía, con moneda propia, un tesoro público, empréstitos y tasas de interés. Al mismo tiempo, las clases sociales, la división del trabajo y las diferencias de jerarquías y órganos de gobierno le revelan que no es posible agrupar el complejo entramado social en una sola entidad. La heterogeneidad de grupos sociales impedía la agregación de todos los pequeños individuos para pensar en uno solo capaz de representar a todo el reino. Gulliver se percató de que Lilliput era más que la suma de sus partes.

miércoles, 17 de enero de 2018

Teoría macroeconómica: la bisagra y la hegemonía neoclásica

Alejandro Nadal, La Jornada

En los años anteriores a la crisis financiera de 2008 parecía existir un consenso entre los economistas de las más prestigiadas universidades y oficinas de gobierno. Eran los años de la llamada Gran Moderación, frase acuñada por Alan Greenspan para denotar la época en que por fin las crisis habían sido vencidas.

El consenso giraba alrededor de un edificio teórico derivado del monetarismo y de una clase de modelos macroeconómicos que conforman la llamada Nueva Macroeconomía Clásica. Sus dogmas los conocemos de sobra: estabilidad y eficiencia de los mercados. El predominio de esta construcción de teoría macroeconómica clásica excluía la posibilidad de una nueva crisis. Era como si Keynes y sus lecciones sobre la inestabilidad intrínseca de cualquier economía capitalista nunca hubieran existido. Los economistas que mantenían posturas distintas pasaron al rincón de los heterodoxos y fueron sistemáticamente marginados.

Pero al detonar la crisis de 2008 los responsables de la política macroeconómica en Estados Unidos rápidamente adoptaron posturas basadas en los principios keynesianos y, en especial, en los relacionados con el empleo de la política fiscal para rescatar el sistema bancario y contrarrestar la caída en la demanda agregada. La aplicación de un fuerte estímulo fiscal para salvar a los bancos y reactivar la economía fue el curso de acción utilizado en Estados Unidos entre los años 2008 y 2010. En Europa, la política fiscal también jugó un papel importante para auxiliar a las instituciones financieras que se encontraron en dificultades después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers (septiembre 2008) y algo menos para apuntalar la demanda agregada en la economía real.

martes, 28 de febrero de 2017

El problema de la macroeconomía

Los modelos macroeconómicos actuales emplean hipótesis de identidad increíbles para llegar a conclusiones desconcertantes
Portada de la revista Time dedicada a Marx, febrero 1948

Paul Romer, CTXT

Desde hace más de tres décadas, la macroeconomía está yendo marcha atrás. Su actual tratamiento no es más creíble que el que existía en la década de los setenta, aunque nadie lo pone en duda porque es más opaco. Los teóricos de la macroeconomía rechazan hechos probados fingiendo una ignorancia obtusa sobre afirmaciones tan simples como "las políticas monetarias estrictas pueden provocar una recesión". Sus modelos atribuyen las fluctuaciones de los valores a fuerzas causales imaginarias sobre las que no influye la acción de ninguna persona.

Lee Smolin comienza Las dudas de la física en el siglo XXI señalando que su carrera abarcó el último cuarto de siglo en la historia de la física, periodo en el que este campo no realizó ningún progreso en cuanto a la resolución de sus problemas fundamentales. El problema de la macroeconomía es todavía peor, puesto que yo he sido testigo de más de tres décadas de regresión intelectual.

Los modelos macroeconómicos actuales emplean hipótesis increíbles para llegar a conclusiones desconcertantes. Los macroeconomistas se acomodaron a la idea de que las fluctuaciones de los agregados económicos estaban causadas por una conmoción imaginaria, en lugar de por acciones de las personas.

viernes, 27 de marzo de 2015

La macroeconomía en la encrucijada

Robert Skidelsky, Project Syndicate

Hasta hace algunos años, economistas de todas doctrinas afirmaban enérgicamente que nunca se repetiría la Gran Depresión. Hasta cierto punto tuvieron razón. Después del estallido de la crisis financiera de 2008, lo que sobrevino en cambio fue la Gran Recesión. Los gobiernos pudieron controlar los daños mediante inyecciones de enormes sumas de dinero a la economía mundial y recortando a niveles cercanos a cero las tasas de interés. Sin embargo, interrumpir la caída de 2008-2009, agotó sus recursos intelectuales y políticos.

Los asesores económicos aseguraron a sus jefes que la recuperación vendría rápidamente. Y sí hubo un poco de reactivación pero después se estancó en 2010. Mientras tanto, los gobiernos tenían enormes déficits –legado de la desaceleración económica– que se supone sería moderada por un crecimiento restablecido. En la eurozona, países como Grecia enfrentaron crisis de deuda soberana pues los rescates bancarios convirtieron la deuda privada en deuda pública.

viernes, 26 de noviembre de 2010

La retirada de la política macroeconómica

J. Bradford DeLong, Project Syndicate

Algo perturbador sobre estudiar historia económica es ver cómo las cosas que suceden en el presente cambian el pasado –o al menos lo que entendemos del pasado-. Durante décadas, siempre confiadamente les enseñé a mis alumnos sobre el ascenso de gobiernos que asumen la responsabilidad por el estado de la economía. Pero la reacción política a la Gran Recesión ha cambiado la manera en que deberíamos pensar sobre esta cuestión.

Los gobiernos antes de la Primera Guerra Mundial –y más, incluso, antes de la Segunda Guerra Mundial- no abrazaron la misión de minimizar el desempleo durante las crisis económicas. Hubo tres razones, todas las cuales se desvanecieron hacia el final de la Segunda Guerra Mundial.

viernes, 1 de octubre de 2010

La economía de los loros de McCulloch

Bradford DeLong, Project Syndicate

Se dice que el economista británico de principios del siglo XIX J.R. McCulloch dio origen al viejo chiste de que el único entrenamiento que necesita un loro para ser un economista político pasable es una frase: “oferta y demanda, oferta y demanda”. La semana pasada, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, dijo que la economía de McCulloch –la economía de la oferta y la demanda- de ninguna manera había sido desacreditada por la crisis financiera y que seguía siendo extraordinariamente útil.

Es difícil no coincidir con el sentimiento de Bernanke: la economía sería útil si los economistas fueran, en realidad, como los loros de McCulloch –vale decir, si de veras analizaran la oferta y la demanda-. Pero creo que una buena parte de la economía se vio desacreditada por la imposibilidad evidente de muchos economistas de ser tan inteligentes como los loros de McCulloch.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Greenspan, Friedman y Summers, los mayores responsables de la crisis

Alan Greenspan, Milton Friedman y Larry Summers han sido considerados los grandes responsables de la crisis financiera mundial, por la laxitud de sus políticas y el llamado a la preeminencia del mercado por sobre los reales intereses de la sociedad. Greenspan ocupó el primer lugar y Milton Friedman y Larry Summers el segundo y el tercero respectivaente, en una votación del sitio Real World Economics Review en la cual votaron más de 7.500 personas.

En la concesión del Premio "Dinamita", Edward Fullbrook, editor de la página Real World Economics Review, señaló que "Ellos han sido juzgados como los tres economistas más responsables de la crisis financiera mundial, los grandes responsables del actual descalabro de la economía mundial".

El premio fue creado por Real World Economics Review en respuesta a los intentos de los economistas de evadir la responsabilidad frente a la crisis calificándola de una manera impredecible, como un mero "Cisne Negro". En realidad, la percepción pública de que las teorías económicas y políticas ayudaron a provocar la crisis es la correcta.

Los ganadores fueron determinados por una encuesta en la que votaron más de 7.500 personas, la mayoría de los cuales son economistas. Cada votante pudo elegir un máximo de tres economistas. En total, 18.531 votos fueron emitidos.

La concepción neoclásica de la economía es señalada como la responsable por su enfoque ortodoxo y basado en laissez-faire. Además, por desplazar otras visiones de la economía que sencillamente fueron desterradas y suprimidas de las universidades y excluidas en las decisiones de política de los gobiernos.

Los economistas neoclásicos afirmaron falsamente que era imposible que ocurriera una crisis de esta magnitud al basarse en la idea de los equilibrios automáticos de Milton Friedman. Por ello no previeron la crisis financiera mundial y economistas como Gary Becker la negaron hasta fines de 2008. La esperanza, es que ahora comiencen a publicarse los trabajos de los economistas que mantienen los enfoques del desequilibrio y que pueden ayudar a predecir otras crisis.

lunes, 22 de febrero de 2010

Repensando la política macroeconómica

En relación a la actual crisis, ha habido un profundo debate en torno a las políticas macroeconómicas que se daban como perfectas y que han terminado desplomando a la economía global. En artículos como El Consenso de Washington en crisis o Fundamentalismo y realismo en economía, he planteado que gran parte de este fenómeno recesivo responde a situaciones que se arrastran durante décadas, y cuya falla está mucho más allá de la crisis subprime o la caída de Lehman Brothers. Esta falla interna obligó a los gobiernos de todo el mundo a reaccionar al unísono para evitar un descalabro aún mayor.

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