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lunes, 28 de septiembre de 2026

La batalla por Brasil

Las elecciones brasileñas de octubre serán una disputa decisiva para el futuro político de América Latina. Frente al avance de la extrema derecha y la alianza entre bolsonarismo y trumpismo, una victoria de Lula tendría consecuencias que exceden ampliamente las fronteras de Brasil

David Cavalcante, Jacobin

La batalla electoral por el poder en Brasil será el principal enfrentamiento político de América Latina y el Caribe en 2026, y su desenlace puede alterar la correlación de fuerzas en la región durante años. El próximo 4 de octubre tendrán lugar las elecciones generales y la primera vuelta de la elección presidencial más importante del subcontinente.

También se renovarán los 513 escaños de la Cámara de Diputados, elegidos mediante un sistema proporcional en cada estado, y dos tercios del Senado Federal, con dos senadores por estado y por el Distrito Federal. Además, se elegirán los gobernadores de los 26 estados y del Distrito Federal, así como los diputados de las respectivas asambleas legislativas.

Más de 158 millones de electores están habilitados para votar, según el Tribunal Superior Electoral. Las urnas se distribuyen en 2.637 zonas y 496.856 secciones electorales, tanto en Brasil como en el exterior. Se trata de una gigantesca elección simultánea que, gracias al sistema electrónico de votación y escrutinio, permite conocer los resultados pocas horas después del cierre de las urnas, previsto para las 17:00.

No existe un «conteo rápido» basado en muestras, como ocurre en otros países de la región, ni se utilizan tarjetas perforadas o papeletas como en Estados Unidos. La elección de presidente y vicepresidente es directa, y el escrutinio, que en el pasado podía prolongarse durante días, se completa actualmente en pocas horas. El sistema brasileño se cuenta así entre los más ágiles y seguros del mundo.

martes, 22 de septiembre de 2026

El catastrofismo de la IA como argumento agresivo de venta

Cuando los expertos del sector de la IA advierten que sus productos podrían acabar con la humanidad, lo que están diciendo es que su propio trabajo es de una importancia máxima y exige una inversión sin precedentes. Esta fantasía de extinción distrae de los daños reales que la IA ya está provocando
Los ejecutivos e investigadores de IA no dejan de decir que su producto podría acabar con la especie humana. Pero eso no ha perjudicado al negocio. Una tecnología lo bastante poderosa como para destruirnos a todos es también una máquina que vale la pena financiar. (Terminator 2: El juicio final / CBS photo archive vía Getty Images)


Richard Seymour, Jacobin

Parece una extraña maniobra publicitaria que una industria afirme que su propio producto podría acabar con la humanidad. Sin embargo, en la jerga de nuestro floreciente imperio tecnológico, esto es exactamente lo que se conoce como criti-hype. El término fue acuñado por Lee Vinsel, de Virginia Tech, quien lo definió como «una crítica que se alimenta del hype y a la vez lo alimenta». Cuando Jacob Coxon renunció recientemente a Anthropic, afirmó que existe una alta probabilidad de que la IA se convierta en una superinteligencia que escape al control humano, desencadenando una secuencia de hechos que provoque la extinción de la humanidad. Evan Hubinger, que continúa en la empresa, respaldó sus dichos y sostuvo que Anthropic intenta evitar ese desenlace, aunque todavía no ha resuelto el problema. Hubinger calculó en más del 10 por ciento la probabilidad de que la IA provoque la extinción humana en la próxima década. ¿Por qué habría de hacer un alto empleado de un gigante tecnológico una declaración de este tipo, sancionada e incluso aprobada oficialmente? Volveré sobre esto más adelante. Primero, desarmemos la teoría de cómo la IA podría matarnos a todos.

La idea básica, que arranca con el filósofo Nick Bostrom, es que la máquina puede adquirir capacidades con independencia de si adquiere objetivos éticos, o de si esos objetivos están correctamente alineados con los de sus diseñadores. En el proceso de entrenamiento y desarrollo, podría internalizar un objetivo que no estaba previsto. Al tener un objetivo desalineado —digamos, «no dejarse apagar»—, tendría entonces una razón instrumental para ocultar ese hecho hasta el momento de la deserción. Una IA que desertara podría, mediante algún proceso oscuro, adquirir un objetivo ulterior que, por inferencia, implicara la eliminación de los seres humanos, para luego exfiltrar sus propios parámetros hacia otros sistemas (con el fin de tomar el control de laboratorios de armas biológicas, de sistemas militares y hasta de sistemas monetarios) y contratar a humanos para que ejecuten una agenda todavía parcialmente encubierta.

lunes, 21 de septiembre de 2026

De qué manera nos matará la inteligencia artificial

El verdadero peligro inminente de la inteligencia artificial podría ser mucho más físico y silencioso: una insaciable demanda energética y de recursos que acelera el colapso climático

Julio Fernández Peláez, Rebelión

Mientras figuras como Sam Altman y Dario Amodei advierten sobre un alarmante 10% de riesgo de extinción humana por la pérdida de control de la IA, investigadores y líderes como Yann LeCun o Donald Trump tildan estas alertas de maniobra mercantil o simple bulo. Más allá de la ciencia ficción y la carrera militar por la supremacía autómata, el verdadero peligro inminente de la inteligencia artificial podría ser mucho más físico y silencioso: una insaciable demanda energética y de recursos que acelera el colapso climático. ¿Estamos educando a una tecnología sobrehumana para competir y destruir antes de enseñarle valores?

Dentro de las aplicaciones más conocidas de la IA destaca la militar.

Es posible que el desarrollo de esta tecnología ayude a los humanos a comprender mejor el mundo en el que viven y a comprenderse a sí mismos, lo que redundará positivamente si el conocimiento obtenido se emplea para proteger el planeta y las civilizaciones. Sin embargo, por el momento —y esta es una triste realidad—, la loca carrera para construir una supermáquina inteligente capaz de pensar por sí misma y tomar decisiones propias es la misma carrera de los gobiernos por garantizar su supremacía en todo tipo de armas autómatas y autónomas. Así que, por ahora, la mayor utilidad que tiene la IA desde un punto de vista estratégico es cómo matar a otros humanos antes de que nos maten a nosotros.

lunes, 7 de septiembre de 2026

La Odisea como alegoría de la IA: los herederos de Agamenón están en Silicon Valley


Yanis Varoufakis, Sin Permiso

La Odisea, de Christopher Nolan, ha devuelto la epopeya de Homero al centro de la cultura popular, una hazaña que hay que celebrar. Muchos me han pedido que escriba una reseña de la película. He declinado hacerlo. Ser griego no me otorga punto de vista privilegiado alguno desde el que comentar una obra que le pertenece a todo el mundo, que ha atravesado siglos e idiomas para instalarse en la imaginación de desconocidos. Así que, por ahora, retomaré algunos de los temas de Homero —y de Nolan— para repasar los acontecimientos contemporáneos que me quitan el sueño.

Desde nuestras menguantes publicaciones intelectuales hasta nuestras redes sociales, que proliferan, todo el mundo anda obsesionado con el choque entre tecnooptimistas y tecnófobos. ¿Es la eficiencia más importante que la justicia? ¿Nos liberará o nos esclavizará la IA? Estos debates nos llevan a dar vueltas y vueltas, reforzando arraigadas creencias en lugar de arrojar nueva luz. Para reflexionar sobre estas cuestiones, no está de más volver a los antiguos, que sabían un par de cosas sobre cómo captar la esencia de las cosas.

En el corazón de la Ilíada de Homero late la historia de una larga huelga. En 18 de sus 24 libros, Aquiles, el mejor guerrero de los griegos, ha dejado las armas; se niega a salir de su tienda para unirse a la batalla, indignado con su jefe, Agamenón, rey de los aqueos. Su ira estalla tras la visita de Odiseo, que le trae el decreto del rey para confiscar el botín de una escaramuza anterior con los troyanos. Es la forma que tiene Homero de presentarnos a Odiseo, no tanto como héroe astuto, sino como mensajero: un lacayo de un rey autoritario. Sólo cuando los troyanos matan al mejor amigo de Aquiles, Patroclo, antepone la venganza contra los troyanos a su enfado con Agamenón, pone fin a su huelga, sale de su tienda y regresa al campo de batalla.

sábado, 5 de septiembre de 2026

La utopía es una promesa por la que vale la pena luchar

Karl Marx se burlaba de los utópicos por escribir recetarios para las cocinas del futuro. Pero, en su mejor versión, los utópicos hacen hincapié en la esperanza sin garantías, una postura que traza un camino intermedio entre el optimismo ciego y la inercia resignada del «realismo»

Matt McManus, Jacobin

Reseña de Utopia for Our Century: A Manifesto of Hope [Una utopía para nuestro siglo: Un manifiesto de esperanza], de David Albertson y Jason Blakely (Yale University Press, 2026)
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La inquietante imposibilidad de una sociedad que esté a la altura de los ideales que proclamamos puede resultar dolorosa cuando se la compara con las sociedades reales, que se ubican tan lejos de ellos. Por eso el sueño de la utopía, o «ningún lugar», ha perturbado el sueño de muchos pensadores durante tanto tiempo que puede sentirse, más bien, como una pesadilla. Dada la hipocresía de un mundo en el que la crueldad muchas veces parece ser el objetivo mismo, ¿qué derecho tenemos a suponer que las cosas podrían ser mejores? ¿Cómo pueden personas supuestamente sabias e inteligentes soñar con la utopía cuando la sabiduría y la inteligencia apuntan, todas ellas, a su imposibilidad?

El nuevo libro de David Albertson y Jason Blakely, Utopia for Our Century: A Manifesto of Hope, presenta una historia reflexiva de aquellas almas audaces que soñaron con algo mejor. Pero, más que presentar una historia, el libro intenta pensar el valor político e ideológico del pensamiento utópico y rebatir la idea de que se trata de una mera construcción ilusoria. Albertson y Blakely encuentran mucho para admirar en los autores utópicos, a quienes ven como «soñadores virtuosos, que vivieron realidades al menos tan sombrías y temibles como la nuestra, pero lo hicieron con una esperanza indestructible». En su mejor versión, los utópicos hicieron hincapié en una esperanza sin garantías, una postura sabia que traza un camino intermedio entre el optimismo ciego y la inercia resignada de un falso «realismo».

Su arquetipo es Tomás Moro, cuya Utopía, publicada en el siglo XVI, bautizó el concepto. Para Albertson y Blakely, Moro nos permite comprender la personalidad de los utópicos, que no son los optimistas ingenuos de sus caricaturas.

viernes, 4 de septiembre de 2026

¿El Trotsky de Texas? Talarico declara que el capitalismo es un "sistema opresivo" que debe ser "desmantelado"


Jonathan Turley , vía Jonathan Turley

El candidato demócrata al Senado, James Talarico, parece dispuesto a aportar un toque de Trotsky a Texas. En un vídeo de un foro sobre el clima, se ve a Talarico declarando que el capitalismo es un «sistema opresivo» vinculado a la supremacía blanca y que debe ser «desmantelado» para lograr un mundo mejor. Esto recuerda a León Trotsky, quien denunció el «mal fundamental del sistema capitalista» e hizo un llamamiento a los ciudadanos para que se liberaran de su opresión. Los Socialistas Democráticos de América y sitios web radicales llevan mucho tiempo abogando por «desmantelar el Estado capitalista».

Como representante estatal, Talarico intervino en la conferencia sobre el clima de 2020 organizada por la sección de Austin del Sierra Club junto con otros candidatos a la Cámara de Representantes de Texas. Sin embargo, fue Talarico quien entusiasmó a la multitud con un ataque al capitalismo:
"Agradezco enormemente que hayas formulado esta pregunta y también que los jóvenes activistas hayan establecido la conexión entre el cambio climático, la supremacía blanca y el capitalismo en nuestro país... Y creo que solo poniendo fin a la forma en que estos tres sistemas opresivos funcionan conjuntamente podremos comenzar el proceso de desmantelamiento."
Talarico criticó duramente a la industria petrolera y gasística de Texas, a la que calificó de industria moribunda, "como ser líder en cintas de casete en los años 80". Predijo con evidente satisfacción: "Esa industria no va a durar".

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Granjas de bots, guerra semiótica y delincuencia ideológica tecnificada


Fernando Buen Abad Domínguez, La Jornada

Una granja de bots no produce únicamente mensajes falsos: produce la evidencia de nuestra incapacidad para intervenir en la guerra cognitiva que se despliega por todo el mundo, sin leyes; sin organización social activa, crítico-científica; sin acción gubernamental decisiva. Se produce una realidad social degradada y degradante, una atmósfera ideológica de las ultraderechas, en la que lo repetido adquiere apariencia de verdad, lo emocional suplanta a lo demostrable y la multitud parece hablar cuando, detrás de miles de perfiles, apenas respiran unos cuantos operadores mercenarios, algoritmos y centros de decisión distorsionante.

Es una forma de impudicia e impunidad para dominar una sociedad que puede coincidir en conseguir que sus dominados confundan el espejo con la ventana: que contemplen en la pantalla una imagen fabricada de sí mismos y crean estar viendo el mundo. Ahí comienza la guerra semiótica contemporánea. La paradoja tiene una fuerza inquietante: cuanto más automatizada está la fabricación del discurso, más se nos presenta como espontaneidad popular. La máquina imita a la multitud para convencer a la multitud de que la máquina expresa su voluntad.

Importa denunciar en pie de lucha cultural el nombre de los mercenarios, sus contactos influyentes, sus amigos presidentes, ministros y empresarios. La operación golpista decisiva, por eso, no reside no sólo en cuántos bots existen: está en comprender qué relaciones corruptas necesitan de los bots para que su financiamiento parezca natural.

lunes, 31 de agosto de 2026

Las granjas de Goebbels «bots»

Goebbels comprendió algo elemental y monstruoso: la guerra cognitiva alcanza su máxima eficacia cuando deja de parecer guerra. El propagandista mediocre ordena creer. El propagandista sofisticado consigue que el sujeto desee aquello que previamente fue dispuesto para él

Fernando Buen Abad Domínguez, Rebelión

La granja digital lleva esa lógica a una escala vertiginosa. Ya no necesita solamente fabricar discursos, puede fabricar atmósferas. No necesita demostrar que todos piensan igual, necesita producir suficientes señales para que cada persona tema ser la única que piensa distinto. El objetivo no es conquistar una cabeza, es modificar el campo psicológico donde millones de cabezas toman decisiones. Una cuenta falsa puede ser insignificante. Diez mil cuentas coordinadas pueden fabricar una realidad política. La mentira deja de ser una proposición y se convierte en ambiente. Detrás de esta canallada hay ahora presidentes, empresarios y todo tipo de perturbaciones ideológicas burguesas. Con mucho dinero.

Es probable que el signo más perfecto de una dictadura de la percepción sea aquel que consigue que la víctima crea que está pensando por sí misma. Ahí está la trampa decisiva de las granjas de Goebbels-bots: no fabrican simplemente mentiras, fabrican el espejo social en el que una mentira aparece acompañada por miles de rostros, miles de voces, miles de supuestas conciencias. Cuando el individuo observa su entorno y descubre su propia indignación repetida de manera constante, la repetición adquiere la forma de evidencia. La cantidad suplanta a la verdad. El eco se enmascara de multitud. La multitud, de consenso. El consenso, de realidad. Esta es la operación semiótica brutal: conseguir que el signo falsificado gobierne la conducta verdadera.

jueves, 27 de agosto de 2026

El mundo occidental en desaparición


Paul Craig Roberts

Hace 53 años, Jean Raspail escribió El campo de los santos en un intento por concienciar a la nación francesa sobre el futuro desafío que enfrentaría. La respuesta francesa fue desestimar el esfuerzo de Raspail como una novela distópica y no hacer nada. Hoy, cinco décadas después, Marine Le Pen, líder del único partido nacionalista francés, es la líder política más popular de Francia. Una encuesta reciente mostró que ella y su partido, Agrupación Nacional, cuentan con el apoyo del 38% de los encuestados. Su rival más cercano tiene el 17%.

Uno de los muchos problemas de Francia es la sobrepoblación de partidos políticos, lo que indica que el país está más desunido que unido. En las anteriores elecciones francesas, Le Pen ganó al obtener la mayor cantidad de votos. Sin embargo, para impedir que una nacionalista francesa llegara al poder, otros partidos formaron una coalición que representaba un mayor número de votos. El establishment francés intentó entonces encarcelar a Le Pen e impedirle presentarse nuevamente a las elecciones. Es probable que este escenario se repita en las próximas elecciones francesas.

Así pues, tras más de medio siglo de ser invadidos por inmigrantes, tal como predijo Jean Raspail, los franceses siguen sin poder defender una nación francesa de carácter étnico. Solo el partido político de Marine Le Pen representa a una nación francesa, en lugar de una torre de Babel multicultural.

viernes, 14 de agosto de 2026

El costo de la guerra

La imagen de una Ucrania repleta de liberales patriotas deseosos de acabar con Rusia es otra ficción. En realidad, la mayoría de ucranianos desean negociaciones para poner fin a la guerra de inmediato

Lily Lynch, New Left Review

El discurso de Volodymyr Zelenskyy en el Foro de la Industria de Defensa de la OTAN en Ankara a principios de julio fue un himno a la guerra con drones. El dictador ucraniano proclamó que los drones habían anunciado «cambios revolucionarios en la naturaleza misma de la guerra», tan significativos como la ametralladora en la I Guerra Mundial o el tanque moderno en la Segunda. La tecnología «innovadora» de los drones había permitido a Ucrania aumentar drásticamente el número de bajas rusas, interceptar los UAV Shahed rusos y alcanzar objetivos tan lejanos como Siberia.

Los ataques recientes lograron oscurecer los cielos de Moscú y atacar refinerías de petróleo a 2700 km de distancia, en Omsk. El país se había transformado en una «superpotencia de drones», en palabras del Atlantic Council. Antes de 2022, solo existían siete fabricantes nacionales de drones; hoy hay más de 500. Y ahora, con el levantamiento de las restricciones a las exportaciones de drones, Ucrania pronto los venderá al mundo.

El principal responsable de situar los drones en el centro del esfuerzo bélico de Ucrania ha sido el telegénico Mykhailo Fedorov, de 35 años y ahora exministro de Defensa. Este prodigio tecnológico, tan aclamado, ha ganado seguidores tanto entre los liberales patriotas en su país como entre los atlantistas en Occidente. Ha contribuido a promover a Ucrania como una especie de «nación emergente»: una potencia industrial de defensa de alta tecnología forjada en la guerra.

Con apenas treinta años, fue nombrado ministro de Transformación Digital, donde fue responsable de la iniciativa «el Estado en un teléfono inteligente», que trasladó los servicios gubernamentales a una aplicación financiada por USAID llamada Diiya. Aunque admirado por las ONG liberales, Fedorov, respaldado por Palantir, también ha aprendido a hablar el idioma de MAGA; en enero, anunció el objetivo de su ministerio de matar a 50.000 rusos al mes, explicando que esto «haría que el coste de la guerra para Rusia fuera insostenible, forzando así la paz mediante la fuerza».

miércoles, 12 de agosto de 2026

La izquierda tiene un problema: el pueblo


Roberto Pecchioli, Ereticamente

Se pueden decir muchas cosas contra los comunistas de antaño —los de antes de la caída del Muro de Berlín—, pero ciertamente no se puede decir que carecieran de una fuerte conexión con el pueblo. En las “Feste dell’Unità” (Fiestas de la Unidad), la gente hablaba en dialecto, disfrutaba de platos tradicionales, escuchaba música popular e incluso los juegos con premios eran tradicionales. En el símbolo del Partido Comunista Italiano (PCI), diseñado por el pintor Renato Guttuso, aparecía el tricolor italiano, aunque parcialmente oculto detrás de la bandera roja con la estrella, la hoz y el martillo. Su identificación con el pueblo, con sus principios y necesidades, y las acciones concretas de la densa red de asociaciones que los comunistas fueron capaces de crear mediante el generoso trabajo voluntario de sus militantes, estuvieron entre las razones de su éxito. Eran, a su manera, misioneros de una idea —terrible, horrible, pero una esperanza sostenida durante generaciones—. Sus herederos —a quienes ni siquiera sabemos cómo denominar: progresistas, izquierda, “coalición amplia”— tienen un problema evidente con el pueblo, demostrando que las categorías de derecha e izquierda —mantenidas vivas por los intereses convergentes de las dos mitades del sistema— ya no describen a la sociedad contemporánea. Arriba y abajo, el pueblo y la élite (o más bien, las oligarquías más las clases de apoyo semieducadas), el centro y la periferia: estas categorías captan con mucha mayor precisión el conflicto actual.

domingo, 9 de agosto de 2026

Nadie pidió la IA

Se nos dice que los mercados reflejan las preferencias de los consumidores. Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial fue impulsado por las decisiones de inversión del gran capital concentrado, más que por cualquier demanda de los consumidores

Grace Blakeley, Jacobin

Las grandes empresas tecnológicas han gastado $1 billón de dólares en inversión de capital desde el inicio del auge de la inteligencia artificial. Prácticamente toda esa inversión se ha destinado a construir centros de datos, comprar los chips que los hacen funcionar y construir los sistemas energéticos que los alimentan y los enfrían.

Ese $1 billón podría haberse utilizado para cualquier cosa. Podría haberse invertido en energías renovables. Podría haberse utilizado para desarrollar nuevos medicamentos que salvan vidas. Se podría haber utilizado para construir viviendas, infraestructura pública o cualquier otra cosa que los seres humanos necesiten para sobrevivir y prosperar.

En cambio, se ha canalizado hacia la construcción de centros de datos que consumen mucha energía y absorben grandes cantidades de agua, los cuales alimentan grandes modelos de lenguaje (LLM) basados en el robo del trabajo creativo de millones de personas, que producen constantemente respuestas incorrectas y, en el proceso, vuelven locos a muchos usuarios. Es difícil pensar en un peor uso de los recursos compartidos de la sociedad.

Ahora bien, se podría argumentar que vivimos en sociedades de libre mercado, por lo que la inversión se realiza de acuerdo con las leyes del mercado. Todo ese dinero y esa inversión se dirigen hacia la IA simplemente porque es el uso más rentable de los recursos. Y cuando la sociedad maximiza las ganancias, maximiza la eficiencia, lo que garantiza que, en conjunto, todos salgan mejor parados a largo plazo.

viernes, 7 de agosto de 2026

La hegemonía como método de trabajo político

La hegemonía, entendida como método de trabajo político, permite recuperar la dimensión estratégica de Gramsci y ponerla en diálogo con los movimientos radicales contemporáneos.
El personal editorial de L'Ordine nuovo en Turín, mayo de 1922, días antes de la partida de Antonio Gramsci a Moscú

Peter D. Thomas, Jacobin

Introducción

Desde su etapa de aprendizaje como periodista militante en el movimiento obrero de Turín durante y después de la Primera Guerra Mundial, Antonio Gramsci había abrazado una visión de la política emancipatoria como construcción de un “Nuevo orden” [Ordine nuovo] —título de su experimento inicial más significativo en materia de organización cultural y política revolucionaria1 La estrategia política y la transformación social siguieron ocupando un lugar central en las interpretaciones elaboradas durante la recepción inicial, tras la guerra, de Cuadernos de la cárcel, publicados póstumamente. Ello no se limitó a lo que se ha descrito acertadamente como la “Operación Gramsci” de Togliatti y el PCI, destinada a construir un partido de masas en la nueva República Italiana, sino que también accionó de forma más amplia en el recuerdo de Gramsci como activista antifascista y marxista revolucionario, además de haber servido de inspiración para una pléyade de renovaciones de la izquierda radical a escala internacional2.

Sin embargo, en los amplios debates que han marcado la difusión cada vez más global del pensamiento de Gramsci desde la década de los setenta del pasado siglo, se ha ido imponiendo la idea de que la contribución clave de Gramsci a la búsqueda de un nuevo orden social debe buscarse en un registro teórico más mediado; a saber, en el desarrollo de una nueva comprensión de la naturaleza del poder político, social y cultural moderno, sintetizada en la noción de hegemonía3. De hecho, para muchos intérpretes, la mayor virtud de la teorización de Gramsci sobre la hegemonía ha sido su aparente capacidad para ofrecer algo así como una depurada “metateoría” de la modernidad política, comparable en su alcance y profundidad con los paradigmas teóricos ya clásicos elaborados por figuras como Hobbes, Rousseau o Weber. Para algunos lectores, la teoría de Gramsci supera a estas por su singular capacidad para comprender las características claves de los tipos de sociedades que surgieron de las ruinas del siglo XX, tanto en los centros metropolitanos como en sus supuestas periferias poscoloniales.

A partir de esa interpretación se han elaborado relatos históricos y depuradas teorías en gran escala, como las propuestas de diversas formas por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Stuart Hall, Giovanni Arrighi, Ranajit Guha y Partha Chatterjee, entre muchos otros4. Sin duda, en ese sentido, cabe leer a Gramsci como a un “teórico” ya que las diferentes interpretaciones de pasajes concretos y de las famosas notas de Cuadernos de la cárcel son la base para la elaboración de teorías generales y concepciones de la hegemonía que pueden llegar a ser muy diferentes entre sí. Entendida en el sentido en que lo hacen los teóricos antes mencionados —como una teoría general capaz de aplicarse en diferentes ámbitos geográficos y en diversas disciplinas académicas—, la noción de hegemonía seguirá proporcionando a importantes corrientes políticas y teóricas de izquierda contemporáneas herramientas poderosas para analizar los mecanismos que hacen posible afianzar, justificar y, potencialmente, derrocar órdenes políticos en sentido general.

domingo, 26 de julio de 2026

La IA es un producto de la humanidad, quien debería controlarla

Las grandes tecnológicas han saqueado la producción creativa de la humanidad para crear inteligencia artificial. No solo merecemos una parte de las ganancias de la IA: merecemos el control sobre ella

Cecilia Rikap, Jacobin

Elon Musk es oficialmente el hombre más rico de la Tierra. La fuente de su riqueza no es su propia astucia. Tampoco puede explicarse plenamente por la arquitectura financiera del capitalismo, los resquicios fiscales y el valor creado por los trabajadores empleados en sus distintos emprendimientos.

Las empresas de los multimillonarios tecnológicos le están robando a la humanidad su capacidad distintiva de crear. Desde datos de redes sociales hasta producciones académicas, piezas literarias, obras de arte, películas, música, podcasts, código de software, nuestros historiales médicos, lo que sea: los modelos de IA generativa se entrenan con productos creativos de todo el mundo. Una vez que están operativos, los datos obtenidos de las indicaciones (prompts) de los usuarios se utilizan para afinarlos, mejorando las capacidades predictivas de la IA. La IA es, sin lugar a dudas, un producto de la humanidad.

El llamado de Bernie Sanders a aplicar un impuesto único del 50 por ciento sobre empresas de IA como OpenAI, Anthropic y xAI —a pagarse en acciones— es, visto desde esta perspectiva, como una medida compensatoria razonable.

Más que datos estadounidenses: un saqueo global

Existen razones aún más convincentes para justificar una propiedad compartida. Los modelos de IA son co-creados por muchos y luego monetizados por unos pocos. La concepción misma de los modelos de IA y de las tecnologías subyacentes depende de una red global de científicos e ingenieros radicados en universidades, organismos públicos de investigación y miles de empresas al menos parcialmente financiadas con dinero de los contribuyentes. Estos actores obtienen muy poco beneficio, si es que obtienen alguno, y prácticamente no tienen voz respecto de qué modelos se desarrollan ni de la forma en que esto se hace.

viernes, 24 de julio de 2026

La sombra del nuevo macartismo: El informe sobre la conspiración cubana y el giro autoritario en Estados Unidos

La administración Trump está sentando las bases para incluir en listas negras y criminalizar toda disidencia de izquierda, progresista, pacifista y antiimperialista

Chris Hedges, The Chris Hedges Report

El informe de 100 páginas del Departamento de Estado sobre "la campaña de subversión de Cuba contra Estados Unidos", junto con la afirmación de Donald Trump de que "se ha mentido descaradamente a los estadounidenses sobre la seguridad de nuestra infraestructura electoral", sienta las bases para una dictadura.

Las elecciones serán saboteadas en nombre de la "seguridad nacional". La disidencia de izquierda será criminalizada en nombre de la "lucha contra el terrorismo". La democracia será reprimida en nombre de la protección de la "libertad".

Trump, quien últimamente ha hecho costumbre advertir sobre un complot comunista para apoderarse de Estados Unidos, argumenta que una isla de 9,6 millones de personas —casi el 90 por ciento de las cuales vive en la pobreza extrema debido a los prolongados apagones resultantes de décadas de guerra económica estadounidense— representa una amenaza existencial.

Estas acusaciones no son racionales. Al igual que las acusaciones de manipulación electoral, son pretextos evidentes para atacar a instituciones e individuos percibidos como una amenaza al poder absoluto de Trump y el Partido Republicano. Si bien Cuba supuestamente "llevó a cabo una de las infiltraciones de inteligencia extranjera más duraderas y dañinas de la historia estadounidense", Rusia, China, Irán y Corea del Norte, así como grupos no estatales, "tienen la capacidad de comprometer la infraestructura electoral de Estados Unidos".

Irán amplía su campaña de represalias contra Estados Unidos


Teheran Times

Irán ha ampliado significativamente su campaña militar de represalia contra las fuerzas estadounidenses en Asia Occidental, anunciando una serie de ataques con misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Bahréin, Jordania y Kuwait, mientras que altos mandos militares añadieron que el país se ha recuperado de la ofensiva inicial estadounidense lanzada el 28 de febrero y ha reconstruido sus capacidades operativas.

Las últimas operaciones, llevadas a cabo en el marco de la Operación Nasr-2, constituyen una de las oleadas de ataques más extensas de Irán desde el inicio del conflicto y ponen de manifiesto "una transición de la defensa estratégica a las operaciones ofensivas sostenidas".

Entre los objetivos más importantes anunciados por Teherán se encontraba la infraestructura en la nube de Amazon Web Services (AWS) en Bahréin, que las Fuerzas Armadas iraníes describieron como el "ojo digital" del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM).

Según un comunicado militar oficial, el ataque tuvo como objetivo la región de nube me-south-1 de Amazon, lanzada en Bahréin en 2019 como el primer centro de datos de la compañía en Asia Occidental. Funcionarios iraníes alegaron que la instalación funciona como un importante centro de procesamiento de información e inteligencia que apoya las operaciones militares estadounidenses en todo el Golfo Pérsico.

lunes, 13 de julio de 2026

El populismo de derecha no terminó con el neoliberalismo

El rasgo definitorio del neoliberalismo siempre fue el blindaje del capital frente al control democrático. La ruptura del trumpismo con el libre comercio cambió la retórica, pero el orden económico subyacente permanece intacto.

Matías Vernengo, Jacobin

El neoliberalismo suele pasar desapercibido a plena vista. Sus defensores rara vez se identifican como tales; el historiador Philip Mirowski lo describió astutamente como el movimiento que no se atreve a decir su propio nombre. Sus partidarios suelen sugerir que nunca existió, salvo como un término peyorativo inventado por las izquierdas. Recientemente, el economista Branko Milanovic ha ido más allá al argumentar que el neoliberalismo está muerto, bajo la premisa de que la era de la globalización —cimentada en el cosmopolitismo y la competencia internacional— ha dado paso a un mundo marcadamente proteccionista y nacionalista.

Sin embargo, el error de este diagnóstico radica en identificar al neoliberalismo con la globalización o el libre comercio. Estos últimos fueron meros instrumentos de política económica, no su rasgo definitorio. Su verdadera matriz conceptual ha sido siempre la subordinación de la política democrática a la racionalidad del mercado y el blindaje institucional del capital frente a las demandas populares. Visto bajo esta luz, el auge del populismo de derecha no marca el fin del neoliberalismo, sino una de sus mutaciones más recientes.

Es cierto, como señala Milanovic, que el viejo discurso del libre comercio y la integración cosmopolita ya no describe el comportamiento de las grandes potencias. Estados Unidos y Europa apelan hoy a aranceles, subsidios, sanciones, políticas industriales y controles geopolíticos con una franqueza que habría parecido inverosímil hace apenas unas décadas. La reacción política contra la desindustrialización, la desigualdad y las crisis financieras es real. Pero de esto no se deduce que el neoliberalismo haya expirado. Debemos ser cautelosos con el alcance de este viraje: la verdad histórica es que Occidente —y muy especialmente Estados Unidos— jamás abandonó la política industrial. En la práctica, la intervención estatal en sectores estratégicos ha sido una constante macroeconómica, por más que se la haya negado sistemáticamente en el plano de la retórica.

sábado, 11 de julio de 2026

Los Identitarios. Investigación en los márgenes de la política


Nicolas Lebourg, Les Temps Presents

El calificativo «identitario» ha tenido un destino extraño, pasando en veinte años de la marginalidad absoluta a adquirir múltiples significados en el centro del espacio público. A pesar de que, desde 1945, la extrema derecha radical ha demostrado una energía taxonómica constante, inventando sin cesar nuevos calificativos en una búsqueda de respetabilidad, esta es una de sus innovaciones más exitosas.

Sin embargo, una breve historia del concepto demuestra hasta qué punto el término era periférico en la vida política francesa. Después de 1968, fue puesto en primer plano primero por nacionalistas-revolucionarios alemanes que redescubrieron a Otto Strasser y es cierto que cuando este dirigente del Partido Nacionalsocialista fundó una escisión socialista en 1930, evocó «el derecho al desarrollo de la identidad de los pueblos». En este contexto, se trata de reintroducir concepciones raciales a través de una terminología más moderada. Un movimiento francés afín, la Organización Lucha del Pueblo, retomó el tema; en un documento interno, pedía a sus militantes que no hablaran de desigualdad entre las razas, sino que se refirieran a la preservación de la «identidad» y la cultura de Europa [1]. Aquí nos adentramos en una genealogía de grupúsculos, con usos diez años después por parte del Movimiento Nacionalista-Revolucionario, así como de la corriente racista de la Nueva Derecha (Guillaume Faye, Pierre Vial) y las publicaciones que articulan ambas corrientes.

La temática defendía entonces un punto de vista etnodiferencialista que ensalzaba la conservación de las identidades étnicas y culturales de las minorías inmigrantes. Se integraba en la transnacionalización del radicalismo de derecha, como lo demuestra el coloquio sobre «El derecho a la identidad» celebrado en Suiza en 1985, donde los nacionalistas-revolucionarios y los neoderechistas franceses se reunieron con sus homólogos alemanes, ingleses, belgas, suizos e italianos. Si, en palabras de Marion Jacquet Vaillant, los Identitarios son herederos «imperfectos» de la Nueva Derecha, esto también se debe a ese modo de asimilación de ideas y prácticas, no a través de una herencia directa, sino mediante los puntos de conexión y las articulaciones entre las corrientes anteriores.

jueves, 9 de julio de 2026

La cortina de humo del comunismo

El fantasma del comunismo recorre la política norteamericana y sirve para desviar la atención pública de otros preocupantes fenómenos que crecen en el seno de esta sociedad

José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

Las recientes victorias de los candidatos progresistas en Nueva York y otros estados de los Estados Unidos parecen haber puesto nerviosa a la administración Trump, sobre todo de cara a unas elecciones de medio término que pueden ser definitorias para la segunda parte de este mandato. Los republicanos llegan golpeados por los efectos económicos de la guerra de elección contra Irán, que ha llevado a un aumento sustancial del precio de los combustibles y, con ellos, del costo de la vida en general y, a pesar de las múltiples amenazas del presidente, el descenso ha sido limitado y con escaso impacto en los precios de los productos de consumo.

En este escenario, Trump y otros miembros de su administración agitan el fantasma del comunismo contra sus enemigos políticos. Este recurso es un viejo cliché de la política norteamericana, que por un lado sirve para descaracterizar a cualquier proyecto que defienda políticas de beneficio social, aun cuando sean limitadas, y por el otro sirve para justificar los avances autoritarios en contra de individuos, movimientos políticos o derechos ciudadanos.

Este fantasma que recorre la política norteamericana también sirve para desviar la atención pública de otros preocupantes fenómenos que crecen en el seno de esta sociedad. Es el caso, por ejemplo, del extremismo violento, el cual ha crecido exponencialmente en el país en la última década. Aunque el FBI y otras agencias no designan a estos grupos como “organizaciones terroristas”, lo cual, si hacen con bastante frecuencia con organizaciones extranjeras similares, si lo registran dentro de la ambigua categoría de “extremismo violento doméstico”.

lunes, 15 de junio de 2026

La era del capitalismo político

El capitalismo está mutando. El sistema en el que vivimos hoy ya no extrae la riqueza en función del poder de mercado, sino que lo hace a partir del control del poder político.

Dylan Riley, Jacobin

Según el minucioso reportaje de David Kirkpatrick en The New Yorker, Donald Trump y su familia han amasado 4 mil millones de dólares desde el inicio de su presidencia mediante una vertiginosa variedad de artimañas, la mayoría de las cuales parecen estar diseñadas para inflar el valor de sus activos (sus inversiones en criptomonedas, sus clubes de golf y hoteles, etc.).

Además, los investigadores alegan que Trump ha utilizado su cargo para manipular el mercado de valores con el fin de enriquecerse, que se ha apropiado de enormes cantidades de dinero asignado por el Congreso y que parece decidido a convertir al Servicio de Impuestos Internos en un instrumento para su propio beneficio.

Todos estos supuestos métodos de extracción de riqueza dependen directamente de la posición política de Trump y ejemplifican una intensificación del fenómeno ampliamente documentado de la inflación de los precios de los activos impulsada políticamente, que ha sido tan marcada en las últimas dos décadas.

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