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viernes, 14 de agosto de 2026

El costo de la guerra

La imagen de una Ucrania repleta de liberales patriotas deseosos de acabar con Rusia es otra ficción. En realidad, la mayoría de ucranianos desean negociaciones para poner fin a la guerra de inmediato

Lily Lynch, New Left Review

El discurso de Volodymyr Zelenskyy en el Foro de la Industria de Defensa de la OTAN en Ankara a principios de julio fue un himno a la guerra con drones. El dictador ucraniano proclamó que los drones habían anunciado «cambios revolucionarios en la naturaleza misma de la guerra», tan significativos como la ametralladora en la I Guerra Mundial o el tanque moderno en la Segunda. La tecnología «innovadora» de los drones había permitido a Ucrania aumentar drásticamente el número de bajas rusas, interceptar los UAV Shahed rusos y alcanzar objetivos tan lejanos como Siberia.

Los ataques recientes lograron oscurecer los cielos de Moscú y atacar refinerías de petróleo a 2700 km de distancia, en Omsk. El país se había transformado en una «superpotencia de drones», en palabras del Atlantic Council. Antes de 2022, solo existían siete fabricantes nacionales de drones; hoy hay más de 500. Y ahora, con el levantamiento de las restricciones a las exportaciones de drones, Ucrania pronto los venderá al mundo.

El principal responsable de situar los drones en el centro del esfuerzo bélico de Ucrania ha sido el telegénico Mykhailo Fedorov, de 35 años y ahora exministro de Defensa. Este prodigio tecnológico, tan aclamado, ha ganado seguidores tanto entre los liberales patriotas en su país como entre los atlantistas en Occidente. Ha contribuido a promover a Ucrania como una especie de «nación emergente»: una potencia industrial de defensa de alta tecnología forjada en la guerra.

Con apenas treinta años, fue nombrado ministro de Transformación Digital, donde fue responsable de la iniciativa «el Estado en un teléfono inteligente», que trasladó los servicios gubernamentales a una aplicación financiada por USAID llamada Diiya. Aunque admirado por las ONG liberales, Fedorov, respaldado por Palantir, también ha aprendido a hablar el idioma de MAGA; en enero, anunció el objetivo de su ministerio de matar a 50.000 rusos al mes, explicando que esto «haría que el coste de la guerra para Rusia fuera insostenible, forzando así la paz mediante la fuerza».

miércoles, 12 de agosto de 2026

La izquierda tiene un problema: el pueblo


Roberto Pecchioli, Ereticamente

Se pueden decir muchas cosas contra los comunistas de antaño —los de antes de la caída del Muro de Berlín—, pero ciertamente no se puede decir que carecieran de una fuerte conexión con el pueblo. En las “Feste dell’Unità” (Fiestas de la Unidad), la gente hablaba en dialecto, disfrutaba de platos tradicionales, escuchaba música popular e incluso los juegos con premios eran tradicionales. En el símbolo del Partido Comunista Italiano (PCI), diseñado por el pintor Renato Guttuso, aparecía el tricolor italiano, aunque parcialmente oculto detrás de la bandera roja con la estrella, la hoz y el martillo. Su identificación con el pueblo, con sus principios y necesidades, y las acciones concretas de la densa red de asociaciones que los comunistas fueron capaces de crear mediante el generoso trabajo voluntario de sus militantes, estuvieron entre las razones de su éxito. Eran, a su manera, misioneros de una idea —terrible, horrible, pero una esperanza sostenida durante generaciones—. Sus herederos —a quienes ni siquiera sabemos cómo denominar: progresistas, izquierda, “coalición amplia”— tienen un problema evidente con el pueblo, demostrando que las categorías de derecha e izquierda —mantenidas vivas por los intereses convergentes de las dos mitades del sistema— ya no describen a la sociedad contemporánea. Arriba y abajo, el pueblo y la élite (o más bien, las oligarquías más las clases de apoyo semieducadas), el centro y la periferia: estas categorías captan con mucha mayor precisión el conflicto actual.

domingo, 9 de agosto de 2026

Nadie pidió la IA

Se nos dice que los mercados reflejan las preferencias de los consumidores. Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial fue impulsado por las decisiones de inversión del gran capital concentrado, más que por cualquier demanda de los consumidores
Grace Blakeley, Jacobin

Las grandes empresas tecnológicas han gastado $1 billón de dólares en inversión de capital desde el inicio del auge de la inteligencia artificial. Prácticamente toda esa inversión se ha destinado a construir centros de datos, comprar los chips que los hacen funcionar y construir los sistemas energéticos que los alimentan y los enfrían.

Ese $1 billón podría haberse utilizado para cualquier cosa. Podría haberse invertido en energías renovables. Podría haberse utilizado para desarrollar nuevos medicamentos que salvan vidas. Se podría haber utilizado para construir viviendas, infraestructura pública o cualquier otra cosa que los seres humanos necesiten para sobrevivir y prosperar.

En cambio, se ha canalizado hacia la construcción de centros de datos que consumen mucha energía y absorben grandes cantidades de agua, los cuales alimentan grandes modelos de lenguaje (LLM) basados en el robo del trabajo creativo de millones de personas, que producen constantemente respuestas incorrectas y, en el proceso, vuelven locos a muchos usuarios. Es difícil pensar en un peor uso de los recursos compartidos de la sociedad.

Ahora bien, se podría argumentar que vivimos en sociedades de libre mercado, por lo que la inversión se realiza de acuerdo con las leyes del mercado. Todo ese dinero y esa inversión se dirigen hacia la IA simplemente porque es el uso más rentable de los recursos. Y cuando la sociedad maximiza las ganancias, maximiza la eficiencia, lo que garantiza que, en conjunto, todos salgan mejor parados a largo plazo.

viernes, 7 de agosto de 2026

La hegemonía como método de trabajo político

La hegemonía, entendida como método de trabajo político, permite recuperar la dimensión estratégica de Gramsci y ponerla en diálogo con los movimientos radicales contemporáneos.
El personal editorial de L'Ordine nuovo en Turín, mayo de 1922, días antes de la partida de Antonio Gramsci a Moscú

Peter D. Thomas, Jacobin

Introducción

Desde su etapa de aprendizaje como periodista militante en el movimiento obrero de Turín durante y después de la Primera Guerra Mundial, Antonio Gramsci había abrazado una visión de la política emancipatoria como construcción de un “Nuevo orden” [Ordine nuovo] —título de su experimento inicial más significativo en materia de organización cultural y política revolucionaria1 La estrategia política y la transformación social siguieron ocupando un lugar central en las interpretaciones elaboradas durante la recepción inicial, tras la guerra, de Cuadernos de la cárcel, publicados póstumamente. Ello no se limitó a lo que se ha descrito acertadamente como la “Operación Gramsci” de Togliatti y el PCI, destinada a construir un partido de masas en la nueva República Italiana, sino que también accionó de forma más amplia en el recuerdo de Gramsci como activista antifascista y marxista revolucionario, además de haber servido de inspiración para una pléyade de renovaciones de la izquierda radical a escala internacional2.

Sin embargo, en los amplios debates que han marcado la difusión cada vez más global del pensamiento de Gramsci desde la década de los setenta del pasado siglo, se ha ido imponiendo la idea de que la contribución clave de Gramsci a la búsqueda de un nuevo orden social debe buscarse en un registro teórico más mediado; a saber, en el desarrollo de una nueva comprensión de la naturaleza del poder político, social y cultural moderno, sintetizada en la noción de hegemonía3. De hecho, para muchos intérpretes, la mayor virtud de la teorización de Gramsci sobre la hegemonía ha sido su aparente capacidad para ofrecer algo así como una depurada “metateoría” de la modernidad política, comparable en su alcance y profundidad con los paradigmas teóricos ya clásicos elaborados por figuras como Hobbes, Rousseau o Weber. Para algunos lectores, la teoría de Gramsci supera a estas por su singular capacidad para comprender las características claves de los tipos de sociedades que surgieron de las ruinas del siglo XX, tanto en los centros metropolitanos como en sus supuestas periferias poscoloniales.

A partir de esa interpretación se han elaborado relatos históricos y depuradas teorías en gran escala, como las propuestas de diversas formas por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Stuart Hall, Giovanni Arrighi, Ranajit Guha y Partha Chatterjee, entre muchos otros4. Sin duda, en ese sentido, cabe leer a Gramsci como a un “teórico” ya que las diferentes interpretaciones de pasajes concretos y de las famosas notas de Cuadernos de la cárcel son la base para la elaboración de teorías generales y concepciones de la hegemonía que pueden llegar a ser muy diferentes entre sí. Entendida en el sentido en que lo hacen los teóricos antes mencionados —como una teoría general capaz de aplicarse en diferentes ámbitos geográficos y en diversas disciplinas académicas—, la noción de hegemonía seguirá proporcionando a importantes corrientes políticas y teóricas de izquierda contemporáneas herramientas poderosas para analizar los mecanismos que hacen posible afianzar, justificar y, potencialmente, derrocar órdenes políticos en sentido general.

domingo, 26 de julio de 2026

La IA es un producto de la humanidad, quien debería controlarla

Las grandes tecnológicas han saqueado la producción creativa de la humanidad para crear inteligencia artificial. No solo merecemos una parte de las ganancias de la IA: merecemos el control sobre ella

Cecilia Rikap, Jacobin

Elon Musk es oficialmente el hombre más rico de la Tierra. La fuente de su riqueza no es su propia astucia. Tampoco puede explicarse plenamente por la arquitectura financiera del capitalismo, los resquicios fiscales y el valor creado por los trabajadores empleados en sus distintos emprendimientos.

Las empresas de los multimillonarios tecnológicos le están robando a la humanidad su capacidad distintiva de crear. Desde datos de redes sociales hasta producciones académicas, piezas literarias, obras de arte, películas, música, podcasts, código de software, nuestros historiales médicos, lo que sea: los modelos de IA generativa se entrenan con productos creativos de todo el mundo. Una vez que están operativos, los datos obtenidos de las indicaciones (prompts) de los usuarios se utilizan para afinarlos, mejorando las capacidades predictivas de la IA. La IA es, sin lugar a dudas, un producto de la humanidad.

El llamado de Bernie Sanders a aplicar un impuesto único del 50 por ciento sobre empresas de IA como OpenAI, Anthropic y xAI —a pagarse en acciones— es, visto desde esta perspectiva, como una medida compensatoria razonable.

Más que datos estadounidenses: un saqueo global

Existen razones aún más convincentes para justificar una propiedad compartida. Los modelos de IA son co-creados por muchos y luego monetizados por unos pocos. La concepción misma de los modelos de IA y de las tecnologías subyacentes depende de una red global de científicos e ingenieros radicados en universidades, organismos públicos de investigación y miles de empresas al menos parcialmente financiadas con dinero de los contribuyentes. Estos actores obtienen muy poco beneficio, si es que obtienen alguno, y prácticamente no tienen voz respecto de qué modelos se desarrollan ni de la forma en que esto se hace.

viernes, 24 de julio de 2026

La sombra del nuevo macartismo: El informe sobre la conspiración cubana y el giro autoritario en Estados Unidos

La administración Trump está sentando las bases para incluir en listas negras y criminalizar toda disidencia de izquierda, progresista, pacifista y antiimperialista

Chris Hedges, The Chris Hedges Report

El informe de 100 páginas del Departamento de Estado sobre "la campaña de subversión de Cuba contra Estados Unidos", junto con la afirmación de Donald Trump de que "se ha mentido descaradamente a los estadounidenses sobre la seguridad de nuestra infraestructura electoral", sienta las bases para una dictadura.

Las elecciones serán saboteadas en nombre de la "seguridad nacional". La disidencia de izquierda será criminalizada en nombre de la "lucha contra el terrorismo". La democracia será reprimida en nombre de la protección de la "libertad".

Trump, quien últimamente ha hecho costumbre advertir sobre un complot comunista para apoderarse de Estados Unidos, argumenta que una isla de 9,6 millones de personas —casi el 90 por ciento de las cuales vive en la pobreza extrema debido a los prolongados apagones resultantes de décadas de guerra económica estadounidense— representa una amenaza existencial.

Estas acusaciones no son racionales. Al igual que las acusaciones de manipulación electoral, son pretextos evidentes para atacar a instituciones e individuos percibidos como una amenaza al poder absoluto de Trump y el Partido Republicano. Si bien Cuba supuestamente "llevó a cabo una de las infiltraciones de inteligencia extranjera más duraderas y dañinas de la historia estadounidense", Rusia, China, Irán y Corea del Norte, así como grupos no estatales, "tienen la capacidad de comprometer la infraestructura electoral de Estados Unidos".

Irán amplía su campaña de represalias contra Estados Unidos


Teheran Times

Irán ha ampliado significativamente su campaña militar de represalia contra las fuerzas estadounidenses en Asia Occidental, anunciando una serie de ataques con misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Bahréin, Jordania y Kuwait, mientras que altos mandos militares añadieron que el país se ha recuperado de la ofensiva inicial estadounidense lanzada el 28 de febrero y ha reconstruido sus capacidades operativas.

Las últimas operaciones, llevadas a cabo en el marco de la Operación Nasr-2, constituyen una de las oleadas de ataques más extensas de Irán desde el inicio del conflicto y ponen de manifiesto "una transición de la defensa estratégica a las operaciones ofensivas sostenidas".

Entre los objetivos más importantes anunciados por Teherán se encontraba la infraestructura en la nube de Amazon Web Services (AWS) en Bahréin, que las Fuerzas Armadas iraníes describieron como el "ojo digital" del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM).

Según un comunicado militar oficial, el ataque tuvo como objetivo la región de nube me-south-1 de Amazon, lanzada en Bahréin en 2019 como el primer centro de datos de la compañía en Asia Occidental. Funcionarios iraníes alegaron que la instalación funciona como un importante centro de procesamiento de información e inteligencia que apoya las operaciones militares estadounidenses en todo el Golfo Pérsico.

lunes, 13 de julio de 2026

El populismo de derecha no terminó con el neoliberalismo

El rasgo definitorio del neoliberalismo siempre fue el blindaje del capital frente al control democrático. La ruptura del trumpismo con el libre comercio cambió la retórica, pero el orden económico subyacente permanece intacto.

Matías Vernengo, Jacobin

El neoliberalismo suele pasar desapercibido a plena vista. Sus defensores rara vez se identifican como tales; el historiador Philip Mirowski lo describió astutamente como el movimiento que no se atreve a decir su propio nombre. Sus partidarios suelen sugerir que nunca existió, salvo como un término peyorativo inventado por las izquierdas. Recientemente, el economista Branko Milanovic ha ido más allá al argumentar que el neoliberalismo está muerto, bajo la premisa de que la era de la globalización —cimentada en el cosmopolitismo y la competencia internacional— ha dado paso a un mundo marcadamente proteccionista y nacionalista.

Sin embargo, el error de este diagnóstico radica en identificar al neoliberalismo con la globalización o el libre comercio. Estos últimos fueron meros instrumentos de política económica, no su rasgo definitorio. Su verdadera matriz conceptual ha sido siempre la subordinación de la política democrática a la racionalidad del mercado y el blindaje institucional del capital frente a las demandas populares. Visto bajo esta luz, el auge del populismo de derecha no marca el fin del neoliberalismo, sino una de sus mutaciones más recientes.

Es cierto, como señala Milanovic, que el viejo discurso del libre comercio y la integración cosmopolita ya no describe el comportamiento de las grandes potencias. Estados Unidos y Europa apelan hoy a aranceles, subsidios, sanciones, políticas industriales y controles geopolíticos con una franqueza que habría parecido inverosímil hace apenas unas décadas. La reacción política contra la desindustrialización, la desigualdad y las crisis financieras es real. Pero de esto no se deduce que el neoliberalismo haya expirado. Debemos ser cautelosos con el alcance de este viraje: la verdad histórica es que Occidente —y muy especialmente Estados Unidos— jamás abandonó la política industrial. En la práctica, la intervención estatal en sectores estratégicos ha sido una constante macroeconómica, por más que se la haya negado sistemáticamente en el plano de la retórica.

sábado, 11 de julio de 2026

Los Identitarios. Investigación en los márgenes de la política


Nicolas Lebourg, Les Temps Presents

El calificativo «identitario» ha tenido un destino extraño, pasando en veinte años de la marginalidad absoluta a adquirir múltiples significados en el centro del espacio público. A pesar de que, desde 1945, la extrema derecha radical ha demostrado una energía taxonómica constante, inventando sin cesar nuevos calificativos en una búsqueda de respetabilidad, esta es una de sus innovaciones más exitosas.

Sin embargo, una breve historia del concepto demuestra hasta qué punto el término era periférico en la vida política francesa. Después de 1968, fue puesto en primer plano primero por nacionalistas-revolucionarios alemanes que redescubrieron a Otto Strasser y es cierto que cuando este dirigente del Partido Nacionalsocialista fundó una escisión socialista en 1930, evocó «el derecho al desarrollo de la identidad de los pueblos». En este contexto, se trata de reintroducir concepciones raciales a través de una terminología más moderada. Un movimiento francés afín, la Organización Lucha del Pueblo, retomó el tema; en un documento interno, pedía a sus militantes que no hablaran de desigualdad entre las razas, sino que se refirieran a la preservación de la «identidad» y la cultura de Europa [1]. Aquí nos adentramos en una genealogía de grupúsculos, con usos diez años después por parte del Movimiento Nacionalista-Revolucionario, así como de la corriente racista de la Nueva Derecha (Guillaume Faye, Pierre Vial) y las publicaciones que articulan ambas corrientes.

La temática defendía entonces un punto de vista etnodiferencialista que ensalzaba la conservación de las identidades étnicas y culturales de las minorías inmigrantes. Se integraba en la transnacionalización del radicalismo de derecha, como lo demuestra el coloquio sobre «El derecho a la identidad» celebrado en Suiza en 1985, donde los nacionalistas-revolucionarios y los neoderechistas franceses se reunieron con sus homólogos alemanes, ingleses, belgas, suizos e italianos. Si, en palabras de Marion Jacquet Vaillant, los Identitarios son herederos «imperfectos» de la Nueva Derecha, esto también se debe a ese modo de asimilación de ideas y prácticas, no a través de una herencia directa, sino mediante los puntos de conexión y las articulaciones entre las corrientes anteriores.

jueves, 9 de julio de 2026

La cortina de humo del comunismo

El fantasma del comunismo recorre la política norteamericana y sirve para desviar la atención pública de otros preocupantes fenómenos que crecen en el seno de esta sociedad

José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

Las recientes victorias de los candidatos progresistas en Nueva York y otros estados de los Estados Unidos parecen haber puesto nerviosa a la administración Trump, sobre todo de cara a unas elecciones de medio término que pueden ser definitorias para la segunda parte de este mandato. Los republicanos llegan golpeados por los efectos económicos de la guerra de elección contra Irán, que ha llevado a un aumento sustancial del precio de los combustibles y, con ellos, del costo de la vida en general y, a pesar de las múltiples amenazas del presidente, el descenso ha sido limitado y con escaso impacto en los precios de los productos de consumo.

En este escenario, Trump y otros miembros de su administración agitan el fantasma del comunismo contra sus enemigos políticos. Este recurso es un viejo cliché de la política norteamericana, que por un lado sirve para descaracterizar a cualquier proyecto que defienda políticas de beneficio social, aun cuando sean limitadas, y por el otro sirve para justificar los avances autoritarios en contra de individuos, movimientos políticos o derechos ciudadanos.

Este fantasma que recorre la política norteamericana también sirve para desviar la atención pública de otros preocupantes fenómenos que crecen en el seno de esta sociedad. Es el caso, por ejemplo, del extremismo violento, el cual ha crecido exponencialmente en el país en la última década. Aunque el FBI y otras agencias no designan a estos grupos como “organizaciones terroristas”, lo cual, si hacen con bastante frecuencia con organizaciones extranjeras similares, si lo registran dentro de la ambigua categoría de “extremismo violento doméstico”.

lunes, 15 de junio de 2026

La era del capitalismo político

El capitalismo está mutando. El sistema en el que vivimos hoy ya no extrae la riqueza en función del poder de mercado, sino que lo hace a partir del control del poder político.

Dylan Riley, Jacobin

Según el minucioso reportaje de David Kirkpatrick en The New Yorker, Donald Trump y su familia han amasado 4 mil millones de dólares desde el inicio de su presidencia mediante una vertiginosa variedad de artimañas, la mayoría de las cuales parecen estar diseñadas para inflar el valor de sus activos (sus inversiones en criptomonedas, sus clubes de golf y hoteles, etc.).

Además, los investigadores alegan que Trump ha utilizado su cargo para manipular el mercado de valores con el fin de enriquecerse, que se ha apropiado de enormes cantidades de dinero asignado por el Congreso y que parece decidido a convertir al Servicio de Impuestos Internos en un instrumento para su propio beneficio.

Todos estos supuestos métodos de extracción de riqueza dependen directamente de la posición política de Trump y ejemplifican una intensificación del fenómeno ampliamente documentado de la inflación de los precios de los activos impulsada políticamente, que ha sido tan marcada en las últimas dos décadas.

jueves, 11 de junio de 2026

La geopolítica de la soberanía sensorial


Evgeny Vertlib, Geopolitika

Dado que la sociedad contemporánea, harta de la guerra informativa, ha desarrollado una fuerte inmunidad frente a la propaganda clásica y los discursos políticos, el estancamiento conceptual de la geopolítica clásica se supera desplazando el dominio estratégico hacia un plano fundamentalmente diferente y más profundo: el ámbito de la percepción primaria. Surge un fenómeno que puede caracterizarse como la geopolítica de la soberanía sensorial.

En su base yace la lucha no por qué ideas llenar la conciencia del ser humano, sino por el control de la capa tecnológica que conforma la propia realidad física a su alrededor. Quien controla los sensores, los algoritmos de inteligencia espacial y las interfaces de realidad aumentada obtiene el derecho sin precedentes de determinar lo que naciones enteras ven, oyen y palpan.

Esta nueva realidad obliga a replantearse las teorías politológicas establecidas. Si antes los científicos hablaban de la «infosfera», hoy el pensamiento occidental opera cada vez más con los términos «control perceptivo». La Rand Corporation, en un informe reciente titulado «The Digital Battlefield of 2026: Sensing and Shaping Reality» («El campo de batalla digital de 2026: percibir y dar forma a la realidad»), señala que «los conflictos futuros no los ganará quien cree la mejor narrativa, sino aquel cuyo ecosistema tecnológico se convierta en el filtro principal entre el ojo humano y el mundo físico».

miércoles, 27 de mayo de 2026

La rebelión boliviana puede abrir el camino

El gobierno de Rodrigo Paz llegó al poder con votos populares y los traicionó de inmediato. El ajuste, el alineamiento con Trump y el desmantelamiento del Estado plurinacional desataron una huelga política de masas que pone en jaque su gobernabilidad.

Vladimir Mendoza Manjón, Jacobin

Rodrigo Paz asumió el poder ejecutivo a fines de 2025, después de ganar en segunda vuelta con el 54% de los votos a Tuto Quiroga, el candidato de los poderes económicos y los grandes medios. La hazaña electoral fue posible gracias a que Paz y su candidato a vicepresidente recibieron el respaldo de los sectores populares que antes recaía «en bloque» sobre el otrora poderoso Movimiento Al Socialismo (MAS). Paz proviene de una tradición donde amasar poder es para lo único que sirve la política, así que su instinto lo forzó a asumir poses centristas. Pensó cada frase de campaña para diferenciarse de las narrativas de ultraderecha y se esmeró en conectar con los sentidos comunes de las clases populares. Usó esta excepcional oportunidad para llegar al Palacio quemado y fue usado por las masas obreras y campesinas para cerrarle el paso a la ultraderecha.

Rodrigo Paz y la agenda Trump

La intervención militar y el secuestro del presidente de Venezuela, la agresión sostenida sobre Cuba, las intervenciones indisimuladas en el proceso electoral de Honduras y los salvatajes monetarios al gobierno adicto de Argentina posicionan al gobierno norteamericano como un factor determinante en la presente coyuntura latinoamericana.

La intervención de Casa Blanca sobre la política boliviana tiene evidencias públicas desde mediados de 2025, cuando se organizaron reuniones ampliadas entre organismos financieros internacionales, empresarios privados, operadores políticos de la ultraderecha y todos los candidatos del centro hacia la derecha, incluyendo a Rodrigo Paz, para acordar la nueva agenda gubernamental.

Ni bien asumió el gobierno, Paz conformó un gabinete con el personal neoliberal de los partidos tradicionales, anuló con normativa inconstitucional a su vicepresidente (sospechoso de tener alguna sensibilidad hacia los sectores populares), se distanció de los presidentes progresistas de la región y se incorporó, junto a Milei y Bukele, al club de gobiernos dispuestos a viabilizar en el continente la Estrategia de seguridad nacional de Donald Trump.

miércoles, 22 de abril de 2026

En el Washington Post: Si no firmas, te mataremos


Pino Cabras, Sinistra in Rete

En el Washington Post del ’8 de abril aparece un editorial firmado por Marc A. Thiessen, titulado “Irán cree que tiene influencia. Así es como Trump puede demostrar que está equivocado”, es decir: “Irán cree que tiene influencia negociadora. Así es como Trump puede demostrar que está equivocado”.

El artículo aparece en uno de los periódicos más representativos del establishment estadounidense y Thiessen no es un comentarista cualquiera. En esa época escribió los discursos de Donald Rumsfeld — el súper halcón del Pentágono durante los años de la guerra de Irak — y luego los de George W. Bush en las curvas más calientes de la “guerra contra el terrorismo”. Es uno de los técnicos de la retórica que ayudó a construir durante un cuarto de siglo esa temporada de intervenciones militares presentadas como necesidades estratégicas y luego reveladas como catástrofes de amplio alcance (pero no para los fabricantes de armas).

El pasaje central del artículo merece ser citado íntegramente:
«En cuarto lugar, llevar a cabo una última andanada de ataques selectivos contra los dirigentes, eliminando a los funcionarios iraníes que se habían salvado a los efectos de las negociaciones. Hay que hacer comprender a los líderes iraníes que sus vidas dependen literalmente de alcanzar un acuerdo negociado que le guste a Trump. Si se niegan a hacerlo, serán asesinados.»
Pequeña charla. Thiessen propone, en un lenguaje sencillo y gerencial, que Estados Unidos utilice la amenaza de muerte como una herramienta ordinaria para la negociación diplomática. Lo escribe en un periódico, con su nombre y apellido, y el periódico lo publica.

viernes, 3 de abril de 2026

Neoliberalismo totalitario.
¿Qué hacer?

El peor error es subestimar la capacidad del neoliberalismo para penetrar las almas. Pero también es un error sobreestimar su fuerza. El neoliberalismo ha dado lugar hoy a un régimen de guerra permanente. Una versión autoritaria y de seguridad: evidentemente controvertida y discutible

Laura Bazzicalupo, Sinistra in Rete

¿Qué significa liberalismo totalitario? ¡Parece una paradoja! Y pretendemos disolverla: porque en el liberalismo la vocación totalitaria está implícita y en el neoliberalismo se construye conscientemente desde el principio.

¿Por qué hablamos de totalitarismo?

Decimos que una política es totalitaria cuando penetra más allá de la institución política en toda la vida social. Cuando lo suma en una sola forma de vida, excluyendo cualquiera límite y cualquiera alternativa. El liberalismo es una criatura esquiva y ambigua.

Aprovecha un logro básico de la cultura política moderna: la libertad. Pero la curva hacia una interpretación desigual e individualista: en marcado contraste con la lógica democrática de igualdad y solidaridad, el “egaliberté”. Yo añadiría que si bien la democracia es explícitamente política (ya que la igualdad debe serlo construido políticamente), se supone que la libertad de la narrativa liberal es natural y oculta lo que siempre ha sido su objetivo político. Como todas las ideologías, apoya un proyecto político y lo oculta, despolitizándolo.

Su proyecto político preciso y constante es liberar a la economía (capitalista) de cualquier contrapeso: intervención soberana, reivindicaciones obreras, intereses organizados, restricciones democráticas, luchas sindicales o personas que quieran otro tipo de vida. Eliminar los obstáculos a las operaciones de capital y liberarlas de conflictos. Y liberarse del conflicto es precisamente totalitarismo.

Añadamos inmediatamente que los demás objetivos de la doctrina son subordinados: por ejemplo, el libre comercio se deja de lado en circunstancias en que se vuelve desfavorable. El Estado mínimo: es mínimo en las políticas de bienestar, pero fuerte, muy fuerte, en la imposición de la lógica del mercado y del orden social.

La hora de una izquierda científica y materialista

En tiempos de amenaza del auge fascista, una izquierda que solo se limite a resistir está destinada a ser derrotada innumerables veces. Es imperativo volver a pensar las condiciones de posibilidad de una economía que pueda generar prosperidad, belleza y sentido para las grandes mayorías

Martín Arboleda, Jacobin

El gobierno de José Antonio Kast en Chile lleva un poco menos de dos semanas en el poder y ya ha puesto en marcha un paquete de medidas que afecta a la clase trabajadora, al tiempo que beneficia directamente a los grupos oligárquicos del país. Denominado «Plan de Reconstrucción Nacional», este paquete de medidas incluye, por un lado, recortes tributarios a los grandes capitales y las grandes fortunas, aumento de salarios para asesores del gobierno, eliminación del IVA para la compra de viviendas y eliminación de decretos de protección ambiental. Por el otro, establece la eliminación del mecanismo de estabilización de precios de los combustibles (MEPCO), medida que generará dramáticos aumentos en el precio de la gasolina, afectando gravemente a la clase trabajadora del país y propiciando un entorno inflacionario con consecuencias posiblemente desastrosas.

En términos comunicacionales, el nuevo gobierno de Chile ha seguido al pie de la letra el libreto de otros gobiernos reaccionarios del mundo, aplicando la táctica de «inundar la zona». Planteada originalmente por el estratega estadounidense Steve Bannon, esta táctica consiste en desplegar una arremetida de medidas de manera simultánea, generando desconcierto y limitando la capacidad de respuesta de la oposición. Si bien es fundamental disputar medidas que conllevan retrocesos importantes, una estrategia que sea solamente reactiva puede ser profundamente contraproducente.

jueves, 19 de marzo de 2026

Habermas: el filósofo del «consenso democrático» que legitimó la guerra y a las élites económicas

La muerte de Jürgen Habermas ha provocado una avalancha de elogios en la prensa burguesa o no, que lo presenta como uno de los grandes filósofos democráticos de nuestro tiempo

Cristóbal García Vera, La Haine

¿“Deliberación racional entre iguales” bajo el dominio del gran capital?

La muerte del filósofo y sociólogo Jürgen Habermas (1928-2026), el pasado sábado 14 de marzo, ha desatado una oleada de homenajes que lo reivindican como una de las mayores figuras intelectuales de la Europa contemporánea y un “referente ético fundamental”. Durante décadas, en efecto, Habermas fue el intelectual público más influyente de Alemania y uno de los pensadores más citados del mundo occidental. Intervino en discusiones sobre la memoria del nazismo, la identidad alemana, la reunificación del país y el proyecto político europeo. Con el tiempo su figura adquirió el perfil del gran intelectual público de un país con una de las tradiciones filosóficas más importantes de Europa.

Su nombre quedó asociado a una idea que ha tenido enorme éxito en la filosofía política reciente: que las sociedades modernas pueden legitimarse mediante el “diálogo racional” entre “ciudadanos libres e iguales”.

La tesis es conocida. Cuando los ciudadanos pueden discutir en condiciones de igualdad, intercambiar argumentos y deliberar públicamente sin coerción sobre los asuntos comunes, las decisiones colectivas pueden considerarse legítimas. En última instancia, la democracia sería – para Habermas – este proceso de «discusión racional».

Ese planteamiento ha tenido un enorme impacto en universidades, instituciones europeas y buena parte de la teoría política contemporánea. Pero precisamente por el alcance de ese impacto conviene preguntarse algo que los obituarios rara vez plantean: qué papel desempeñó realmente ese tipo de pensamiento en las sociedades donde surgió. Porque una teoría social puede volverse influyente no solo por su fuerza intelectual o su rigurosidad, sino también por su capacidad para encajar con las necesidades ideológicas del sistema en el que se desarrolla. Y, en el caso de Habermas, esa relación resulta difícil de ignorar.

domingo, 25 de enero de 2026

La década perdida de la izquierda europea

Hace diez años, partidos insurgentes en el sur de Europa fueron elegidos con la promesa de transformar el capitalismo. Su fracaso ofrece lecciones que la izquierda contemporánea no puede darse el lujo de ignorar.
Syriza y Podemos, dos proyectos fallidos de la izquierda europea


Vladimir Bortun, Jacobin

A medida que los nuevos proyectos de izquierda cobran impulso —desde el reciente triunfo de Mamdani hasta la aparición de un nuevo partido de izquierda en Gran Bretaña—, vale la pena volver a examinar el «momento de la izquierda» que vivió Europa en la década de 2010. Hace una década, las expectativas eran altas. Aunque el gobierno de SYRIZA acababa de capitular ante la Troika, las esperanzas seguían depositadas en otros partidos de izquierda del sur de Europa (Podemos, el Bloque de Izquierda), un Partido Laborista rejuvenecido en el Reino Unido y el nuevo partido de Mélenchon en Francia. Sin embargo, diez años después, el neoliberalismo sigue firmemente implantado, cada vez más autoritario y abiertamente belicista. Peor aún, la extrema derecha se ha consolidado como el principal rival del centro político, a pesar de que su supuesta ruptura con la ortodoxia neoliberal es en gran medida ilusoria. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Durante gran parte del periodo posterior a la Guerra Fría, la izquierda radical europea ha sido marginal. El colapso del bloque del Este socavó no solo el socialismo de Estado como modelo, sino la propia idea de una alternativa sistémica al capitalismo. Las décadas de 1990 y 2000 se caracterizaron por el triunfo de la hegemonía neoliberal y la erosión de la conciencia de clase. Durante ese período, la izquierda radical obtuvo una media de apenas el 6,6 % en las elecciones nacionales.

Sin embargo, el giro neoliberal de la socialdemocracia creó un vacío político. A partir de finales de la década de 1990, surgieron nuevas formaciones de izquierda: Die Linke en Alemania, el Parti de Gauche en Francia, SYRIZA en Grecia, Bloco de Esquerda en Portugal y, más tarde, Podemos en España. Estos partidos se posicionaron como alternativas tanto a la socialdemocracia neoliberalizada como a los partidos comunistas osificados, incapaces de conectar con las nuevas capas activistas formadas por el movimiento antiglobalización.

viernes, 16 de enero de 2026

La doctrina Donroe en acción

La interferencia en los asuntos de otros países no salvó a Estados Unidos de la guerra civil

Leonid Savin, Fondsk

En enero de 2025, el periódico New York Post publicó un artículo con el provocativo título «La doctrina Donroe. La visión de Trump para el hemisferio», en el que se analizaban las declaraciones audaces y grandilocuentes del recién elegido presidente, que accedía por segunda vez a la Casa Blanca. En ese momento, predijo que Canadá se convertiría en un nuevo estado de los Estados Unidos, que Groenlandia también pasaría a formar parte de América, que el Golfo de México pasaría a llamarse Golfo de América y que el Canal de Panamá pasaría a ser propiedad de Washington. El término no se difundió ampliamente en ese momento, y solo en diciembre del año pasado, tras los ataques militares contra lanchas motoras en el Golfo del Caribe, se dio a conocer en los medios de comunicación estadounidenses. Finalmente, el propio Trump lo mencionó inmediatamente después del ataque militar contra Venezuela.

Esta mezcla de la doctrina Monroe, que ya tiene más de doscientos años, y la nueva llamada corolaria de Trump (anteriormente, a la doctrina Monroe se le había añadido la corolaria de Roosevelt) ahora es utilizada activamente por analistas políticos de todo el mundo. Si Panamá aceptó rápidamente todas las concesiones posibles de Estados Unidos y no fue necesaria una intervención militar en este país centroamericano (de manera similar, la República Dominicana y Trinidad y Tobago anunciaron su disposición a apoyar la nueva estrategia de Estados Unidos), las recientes amenazas de anexionar Groenlandia, así como de lanzar ataques contra el territorio de México y organizar un golpe de Estado en Cuba, demuestran que la visión específica de Trump sobre la política mundial sigue vigente.

sábado, 3 de enero de 2026

La alcaldía de Zohran puede hacer avanzar la causa del socialismo

Más allá de sus promesas de campaña más visibles en materia de asequibilidad, el alcalde Zohran Mamdani y el movimiento que lo respalda tienen la oportunidad de ampliar la participación popular en la política y de impulsar reformas que democraticen la vida económica.

Nick French, Jacobin

En estos días se está volviendo realidad lo que hace menos de un año parecía un sueño imposible para muchos en la izquierda: el socialista democrático Zohran Mamdani asumió como alcalde de la ciudad de Nueva York.

No va a ser una tarea sencilla. Son numerosos los desafíos políticos y fiscales que el alcalde enfrentará para poner en marcha su agenda de asequibilidad. Para aumentar impuestos y financiar programas prometidos, como el cuidado infantil universal y el transporte público gratuito, Zohran necesitará el apoyo de la Legislatura estatal en Albany y también de la gobernadora Kathy Hochul, que ya se manifestó en contra de los aumentos impositivos (aunque en los últimos tiempos moderó su postura). Tendrá que lidiar con las restricciones presupuestarias heredadas de la gestión saliente de Eric Adams. Enfrentará una oposición feroz tanto del establishment político como de la élite económica de Nueva York. Y, pese a su aparente éxito para manejar a Donald Trump, es posible e incluso probable que el presidente retome su hostilidad previa e intente socavar a Mamdani mediante recortes de fondos federales o acciones policiales represivas.

Superar estos obstáculos para gobernar de manera eficaz y aprobar su agenda, o al menos partes sustanciales de ella, será una tarea titánica. Y que Zohran cumpla con sus promesas de campaña es extremadamente importante para construir apoyo popular para políticas económicas progresistas y para el movimiento socialista. Trabajar para concretar esa agenda debería ser, por lo tanto, una prioridad tanto de la administración Mamdani como de la izquierda en su conjunto.

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