Muchas de las "hazañas" israelíes fueron convenientemente ocultadas y amparadas por los países que fungían como “defensores de los derechos humanos”
Carlos Aznárez, Al Mayadeen
Es asombroso, y mucho más que eso, que los crímenes y actos de tortura que la entidad sionista israelí comete a diario, no sean condenados con toda contundencia a escala mundial, y que, por el contrario, se terminen naturalizando aberraciones de todo tipo contra el pueblo palestino.
"Israel", falso nombre para denominar la imposición de un ejército de ocupación colonial sobre un territorio que siempre se llamó Palestina, rellenó "su" territorio desde principio del siglo XX con un tipo de población mayoritariamente de origen anglosajón, que desde el principio no dejó nada por hacer en plan de hostilizar, perseguir y asesinar a la población preexistente. Todo ello, claro está, con el aval explícito de la comunidad internacional reunida en ese ámbito descolorido denominado "Naciones Unidas".
Con el correr de los años, desde 1948 en adelante, los sionistas israelíes nunca dejaron de acosar criminalmente a sus vecinos, no faltaron masacres como Deir Yassin, en 1948 o la de Sabra y Shatila, en 1982, expulsiones de miles de pobladores, destrucción de sus viviendas y finalmente la edificación de cientos de asentamientos, construidos sobre los escombros de otras tantas viviendas palestinas.



















