Irán y la sobreextensión del imperio: De Edward Gibbon y Paul Kennedy a la crítica marxista de la expansión estadounidense
The Standard, La Haine
¿Puede una potencia llegar a convertirse en víctima de su propio poder? La respuesta a esta pregunta tiene una larga historia. Edward Gibbon ya la planteó al estudiar la decadencia de Roma. En Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, al analizar la política de Augusto, explica por qué el emperador renunció a nuevas conquistas. Las guerras lejanas eran cada vez más difíciles, sus resultados más inciertos y los territorios conquistados más costosos y menos rentables. Gibbon no hablaba todavía de «sobreextensión imperial», era un historiador del Siglo XVIII pero dejó formulado el problema: la expansión puede llegar a un punto en el que conservar lo conquistado resulte más costoso que los beneficios que proporciona.
En el siglo XIX, Marx analizó esa cuestión relacionándola con el funcionamiento del capitalismo. La expansión ya no aparecía únicamente como una decisión política o militar. El capitalismo necesita reproducirse y ampliar constantemente sus espacios de acumulación. La competencia empuja a los capitales hacia nuevos mercados, búsqueda de materias primas y oportunidades de inversión. A comienzos del siglo XX, Lenin desarrollaría esta idea en El imperialismo, fase superior del capitalismo, relacionando la concentración del capital, el predominio del capital financiero y la competencia entre grandes potencias. Rosa Luxemburg profundizó en La acumulación del capital en esa necesidad de encontrar nuevos espacios para la acumulación, mientras Bujarin, en El imperialismo y la economía mundial, mostró cómo la competencia económica termina articulandose con los Estados, convirtiendo el poder político y militar en instrumentos de la rivalidad entre capitales y potencias.
El problema había adquirido así una nueva dimensión. La expansión no era solamente una cuestión territorial. Formaba parte de la propia dinámica económica y de la competencia internacional. En el siglo XX, la estrategia militar incorporaría el concepto de strategical overstretch (sobre extensión estratégica), utilizado por B. H. Liddell Hart. Paul Kennedy daría al concepto una formulación histórica más amplia en The Rise and Fall of the Great Powers (Auge y caída de las grandes potencias, 1987), al estudiar la relación entre poder económico y poder militar. Una gran potencia puede acumular tantos compromisos estratégicos que los recursos necesarios para mantenerlos terminan superando su capacidad económica. La cuestión ya no es solamente cuánto puede conquistar una potencia, sino cuánto le cuesta conservar lo que pretende controlar.



















