Una confesión reveladora de un destacado neoconservador estadounidense
Vladimir Projátilov, Fondsk
Robert Kagan, uno de los principales neoconservadores estadounidenses, escribió en la revista The Atlantic un artículo titulado «Iran Unleashed» (Irán desatado), en el que afirma que la coalición estadounidense-israelí, creada para la guerra contra Irán, no logró derrotar a Teherán y, más aún, ha fortalecido su posición regional, lo que ha llevado a que los países del Golfo Pérsico ahora deban buscar urgentemente nuevos modelos de seguridad.
«En el futuro, Irán será la fuerza dominante en la región y no Estados Unidos ni Israel», escribe Kagan, señalando que los países vecinos ya se están adaptando a los cambios radicales en el panorama regional.
Un punto clave en el argumento de Kagan es la incapacidad de la presión militar para obligar a Teherán a retroceder.
Señala la reanudación de las sanciones de EEUU en el marco de la política de «máxima presión», el ataque de 12 días de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares iraníes y la guerra que le siguió, iniciada en febrero, en la que murieron el líder del país y numerosos funcionarios de alto rango, y que luego se convirtió en ataques de varias semanas contra instalaciones militares iraníes.
A pesar de la magnitud de la campaña militar de Estados Unidos e Israel, Teherán no se rindió.
Kagan destaca un importante punto de inflexión en marzo, cuando Israel atacó el yacimiento de gas iraní de South Pars y Teherán lanzó un contraataque contra la planta de producción de gas natural licuado de Ras Laffan, en Catar.
Según el analista estadounidense, la importancia de esta respuesta no radicaba en que Irán pudiera vencer a Estados Unidos en una guerra aérea convencional, sino en que demostró su capacidad para infligir a las infraestructuras energéticas del Golfo Pérsico un daño suficiente como para provocar una crisis económica mundial.



















