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domingo, 19 de julio de 2026

El amargo final de la metafísica occidental: Heidegger sobre Nietzsche, primera parte


Collin Cleary, Counter-Currents

1. Nietzsche como pensador esencial

Friedrich Nietzsche es un pensador de extraordinaria importancia para la derecha. Su defensa de la jerarquía y la desigualdad natural, así como su análisis del izquierdismo como un fenómeno impulsado por el resentimiento, son extremadamente importantes para nosotros. Sin embargo, desde la perspectiva de la derecha, el pensamiento de Nietzsche también presenta problemas importantes. Tanto su historicismo como su relativismo (o «perspectivismo») son sumamente problemáticos. La afirmación de Nietzsche del «superhombre» implica un tipo peligroso de voluntarismo que parece ir de la mano de los peores excesos de la izquierda. La mera idea de que uno pueda «crear nuevos valores» huele a un subjetivismo pernicioso. Hay mucho en Nietzsche que puede inspirarnos, pero su pensamiento a menudo parece anunciar algunas de las peores tendencias modernas.

A la hora de evaluar el lugar de Nietzsche en la historia de la filosofía, no hay mejor guía que Martin Heidegger. En los escritos de Heidegger sobre Nietzsche, un gran filósofo se enfrenta a otro. Además, Heidegger es un pensador de la derecha y, por lo tanto, su confrontación con Nietzsche a menudo aborda directamente nuestras preocupaciones particulares. Las Conferencias sobre Nietzsche de Heidegger abarcan cuatro grandes volúmenes —un total de casi mil páginas en la traducción al inglés de David Farrell Krell—. 1 De Heidegger he aprendido más sobre Nietzsche que de cualquier otro comentarista. Existen innumerables estudios académicos sobre Nietzsche y algunos de ellos son bastante buenos. Pero pocos comentaristas de Nietzsche pueden presumir ser el filósofo más importante del siglo XX.

Este ensayo sobre Heidegger y Nietzsche, el primero de varios, representa la conclusión de una serie que vengo escribiendo desde 2020. Originalmente la titulé «La historia de la metafísica de Heidegger». Al cabo de un tiempo descarté ese título, ya que tenía la impresión de que a los lectores les desanimaba un artículo con un título como «La historia de la metafísica de Heidegger: Parte uno». Aunque todos los ensayos eran relativamente autónomos, algunos lectores pensaban que, si se habían perdido las diez primeras partes, la última entrega les resultaría incomprensible.

domingo, 23 de febrero de 2025

Se escribe Occidente, hoy se lee Uccidente (*)

(*) Juego de palabras con el término Occidente y el verbo italiano “uccidere”, que puede traducirse como “matar”, “asesinar”

Diego Fusaro, Posmodernia

Si se quisiera expresar con la potencia inmediata de la imagen la condición del actual Occidente a merced del nihilismo y, para decirlo à la Hegel, de la «furia del desaparecer» (Furie des Verschwindens), no habría otra obra más adecuada a la que remitirse que a La Parábola de los ciegos (1568) de Pieter Bruegel.

Como sabemos, el cuadro de Bruegel traduce en imágenes la parábola evangélica (Mt 15, 14) del ciego que guía a otro ciego: «son ciegos que guían a ciegos. ¡Y cuando un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un hoyo!”. La superación acéfala, irreflexiva y totalmente miope de los límites y de la justa medida, a la que se acompaña el falso mito del crecimiento infinito y de la destrucción de los entes en su integridad, alimenta, en el tiempo de la «noche del mundo”, una condición análoga a la plasmada por Bruegel, en la que la humanidad, siguiendo ciegamente a los falsos ídolos y a los falsos guías de la sociedad del fanatismo del mercado -ellos mismos ciegos-, se precipita en el abismo. La pérdida del marco de valores, el olvido del Ser, la desacralización del mundo, la furia de la voluntad de poder ilimitadamente empoderadora constituyen hoy la constelación heterogénea, pero no por ello menos unitaria en su significado, dentro de la cual se consuma la decadencia de Occidente, su ruinoso y ciego caminar hacia el despeñadero.

La interpretación de Occidente como «tierra del ocaso» se presenta, en efecto, como un auténtico τόπος (tópos –lugar-) literario ya arraigado en nuestra civilización desde hace algún tiempo. Al Oriente como la tierra de la aurora (ex oriente lux) se suele contraponer el Occidente como condición crepuscular. Aún más claro que nuestras lenguas, donde también se da la conexión con el «ocaso» (occasum), resulta el idioma alemán, que llama a Occidente Abendland, literalmente «tierra de la noche«.

El tema, ya claramente desarrollado por Nietzsche mediante la mise en forme de las categorías decadencia y nihilismo, sólo se convierte en un leitmotiv popular con la publicación -entre 1918 y 1922- de La decadencia de Occidente de Oswald Spengler, profundo estudio que, no sin un cierto dilettantismo, tiene el doble mérito de transformar la cuestión en un horizonte de sentido (si no compartido, ciertamente discutido en todas las latitudes) y de reflexionar sobre las causas y sobre las modalidades en que se manifiesta este declive de nuestra civilización. Al margen de los múltiples aspectos intrínsecamente problemáticos y no compartibles del análisis spengleriano (in primis su percepción de la democracia misma como síntoma de la decadencia y el análisis superficial, cuando no farragoso, de las condiciones socioeconómicas), no se puede negar el mérito de su obra.

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