Las reminiscencias del discurso de Rubio con los de Hitler, un frustrado pintor nacido en Braunau am Inn en 1889, son demasiado evidentes: "el más fuerte vence, el débil debe perecer"
Jorge Elbaum, La Haine
El jefe del Departamento de Estado de EEUU, Marco Rubio, realizó la "Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político" en la que se intentó articular el regreso del macartismo doméstico con la política exterior de los EEUU. En el mismo cónclave se demonizó a los candidatos ligados al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, a los inmigrantes, a las organizaciones de derechos civiles antirracistas, a los colectivos antifascistas, al peligro cubano y a toda forma de expresión religiosa ligada al Islam.
El cónclave rememora al macartismo y a una nueva forma de Guerra Fría donde los enemigos actuales no conforman --como hace 80 años-- un bloque más o menos homogéneo sino una miríada de sujetos sin conexión alguna, ligados a fenómenos dispares: protestas contra cacerías humanas llevadas a cabo por ICE, movilizaciones electorales antitrumpistas, posicionamientos antifascistas y/o atentados ejecutados por lobos solitarios. Todas situaciones inconexas que Rubio agrupó arbitrariamente, en su cita de Washington, para instituir esta nueva peligrosidad fantasmagórica. Este Eje del Mal, a diferencia de los anteriores, no requiere partido, organización, programa, ni conducción alguna. Alcanza con ser nombrado desde Washington para adquirir existencia diabólica.
El contraterrorismo fue diseñado para enfrentar estructuras violentas (existentes o no), con financiamiento, logística y acciones concretas, pero el trumpismo pretende reorientarlo hacia identidades políticas para legitimar su persecución, censura y vigilancia. Ese desplazamiento exige la omisión de los verdaderos peligros domésticos que se han constatado en EEUU, ligados a los aceleracionistas, las milicias racistas y las redes violentas de ultraderecha.



