La isla choca contra el proyecto neocolonial y nacionalista de Washington, y posee un significativo caudal político, que contraviene directamente el enfoque de la actual administración de Estados Unidos
José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen
El discurso del secretario de Estado norteamericano en la Conferencia de Seguridad de Múnich resulta sumamente interesante para dar un vistazo en la "trastienda teórica" de aquellos que detentan el poder del gigantesco aparato político y militar en Estados Unidos hoy.
Ya varios analistas han señalado numerosas aristas de este discurso, coinciden la gran mayoría de ellos en que asistimos a un reemsamblaje imperialista cálidamente aplaudido por las élites europeas.
En medio de las tensiones a ambos lados del Atlántico, por Groenlandia y otros asuntos que han puesto a prueba incluso la articulación interna de la OTAN, Rubio llega con un discurso que parece diseñado para tender puentes, limar asperezas e invitar a los europeos a seguir siendo el vagón de cola del proyecto imperial norteamericano. Solo que ahora el nuevo maquinista impone otros rumbos, ritmos y prioridades. La petición para Europa es simple: serán beneficiarios del nuevo rumbo, pero deben ser una retaguardia obediente.
Rubio lo dijo claramente:
“Bajo la presidencia de Trump, los Estados Unidos de América volverán a asumir la tarea de renovación y restauración, impulsados por una visión de un futuro tan orgulloso, soberano y vital como el pasado de nuestra civilización. Y aunque estamos preparados, si es necesario, para hacerlo solos, nuestra preferencia y nuestra esperanza es hacerlo junto con ustedes, nuestros amigos aquí en Europa.”
