lunes, 31 de marzo de 2025

Trump y su imposible retorno al pasado

Ante los amenazantes cambios desde inicios del frustrado “nuevo siglo americano” hay llamados a ejercer el poder desnudo, sin convencionalismo o apego a la legalidad internacional

Atilio Boron, La Haine

Imposible en algunas cosas, no en todas, por supuesto. El radical retorno al proteccionismo es no sólo posible sino necesario para un imperio enfrentado a un inocultable declive, denunciada no sólo por los analistas críticos del imperio sino certificada nada menos que por figuras estelares del establishment norteamericano como Zbigniew Brzezinski en un texto del 2012 y, posteriormente por varios documentos de la Corporación Rand.

Declive o decadencia, como se prefiera, que vino de la mano entre otros factores domésticos por el lento crecimiento de su economía, la pérdida de competitividad en los mercados globales y el gigantesco endeudamiento del gobierno federal. Si en 1980 la relación entre la deuda del Estado y el PIB era de 34.54% en la actualidad se ubica en un nivel astronómico: 122.55%. A esto hay que sumar el intratable déficit de la balanza comercial que no cesa de crecer y que en el año 2024 ascendió a 1.13 billones de dólares, lo que representa un 3.5% del PIB estadounidense. A esta constelación de factores domésticos de debilitamiento imperial es preciso añadir el deterioro de la legitimidad democrática y la enorme grieta que socava al sistema político y de la cual el trumpismo no es sino una de sus manifestaciones.

A este complejo cuadro hay que agregar los cambios epocales en el ambiente externo de los EEUU que han modificado irreversiblemente la morfología del sistema internacional. El fenomenal crecimiento económico de China y los significativos avances de otros países del Sur Global como Irán, India y varias naciones asiáticas constituyen escollos objetivos a las pretensiones de Washington, acostumbrado a imponer sus condiciones sin tropezar con demasiados obstáculos.

Contra el rearme europeo


Yanis Varoufakis, Project Syndicate

La inducción de Ucrania en la OTAN después de obligar a Rusia a volver a sus fronteras anteriores a 2014 ha sido el único objetivo estratégico que los líderes de la UE se han permitido contemplar desde la invasión de Rusia hace tres años. Por desgracia, mucho antes de la reelección del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, este objetivo se deslizó hacia el ámbito de la infacibilidad. Y era evidente hace tiempo.

En primer lugar, la economía de guerra del presidente ruso Vladimir Putin demostró ser un regalo del cielo para su régimen. En segundo lugar, incluso el predecesor de Trump, Joe Biden, no estaba dispuesto de verdad a presionar por la integración como miembro de Ucrania en la OTAN, llevando al país al huerto con vagas promesas. Y, en tercer lugar, hubo una fuerte oposición bipartidista en los Estados Unidos a la idea de que las tropas de la OTAN lucharan junto a los ucranianos.

Así que, en una muestra de impresionante hipocresía, los muchos discursos de "Putin es el nuevo Hitler" nunca produjeron como resultado un compromiso de luchar junto a los ucranianos hasta que el ejército de Putin fuera derrotado en el terreno. En cambio, un Occidente cobarde siguió enviando armas a los agotados ucranianos para que pudieran derrotar al "nuevo Hitler" en su nombre, pero por su cuenta.

Los mítines de Bernie Sanders y AOC podrían convertirse en un movimiento de masas


Eric Blanc. Sin Permiso

Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez [AOC] han ignorado el consejo de destacadas cabezas pensantes del Partido Demócrata de «darse la vuelta y hacerse el muerto». A Dios gracias. Sus masivos mítines contra la oligarquía han logrado cifras históricas, dando testimonio de un deseo popular generalizado de resistir a Elon Musk y Donald Trump.

Al llenar el vacío que han dejado Chuck Schumer y los de su cobarde ralea, Bernie y AOC se están convirtiendo en líderes no sólo de los activistas de izquierda, sino también de la base liberal dominante del Partido Demócrata. La pregunta difícil se cifra ahora en cómo aprovechar toda esta energía en un movimiento capaz de derrotar realmente a Musk, y luego a Trump.

El Equipo Bernie ya ha dado grandes pasos en esta dirección. No se trata sólo de que la gira «Luchar contra la oligarquía» («Fighting Oligarchy») haya dinamizado a los norteamericanos de pie y difundido un mensaje rotundo en contra de los multimillonarios y a favor de la democracia. Estos actos han tenido un enfoque estratégico concreto, tal como ha explicado en la Red uno de los asesores de Bernie: «Para los que lo pregunten, sí, estos mítines están vinculados a la acción. Todos se han celebrado en distritos indecisos controlados por el Partido Republicano o cerca de ellos, y estamos haciendo un seguimiento con acciones específicas para presionar a sus diputados para que voten NO a cualquier recorte de Medicaid o exención fiscal multimillonaria, o se enfrenten de lo contrario a las consecuencias electorales».

Todo esto resulta esencial. Pero Bernie y AOC podrían dar un paso adicional: pedirles a todos los asistentes al mitin que se conviertan en organizadores. El destino de nuestro país depende en parte de poder canalizar el entusiasmo de estos actos en una campaña masiva y creciente.

domingo, 30 de marzo de 2025

Bolsonaro, preso por golpe contra Lula


Emir Sader, La Jornada

Como se suponía, el Supremo Tribunal Federal ha decidido, por unanimidad, condenar a Bolsonaro y a otras siete personas –entre ellas, varios militares– a prisión por intento de golpe de Estado para impedir la toma de posesión de Lula.

Ese grupo es considerado el núcleo central de la “organización criminal”, cuyas decisiones y acciones fueron fundamentales para el impacto del intento de golpe.

El Supremo Tribunal Federal dictaminó que Bolsonaro lideró una estructura que se ha valido de mentiras sobre el sistema electoral para promover un golpe, que el grupo de Bolsonaro y siete personas más actuaron de forma coordinada, buscando alterar el Estado Democrático de Derecho.

Que, después de la derrota en las urnas, Bolsonaro ordenó que militares publicaran notas técnicas para movilizar a sus adeptos en los cuarteles. Hay amplias evidencias del compromiso de Bolsonaro con el proyecto de golpe.

Ahora, después del análisis de la acción penal, Bolsonaro y sus cómplices podrán ser encarcelados. Esto va a depender de la pena que dicte el Supremo Tribunal Federal, así como de los recursos a los cuales la defensa tiene derecho.

La economía de Trump y la economía de Estados Unidos

No se puede hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande destrozando el gobierno

James K. Galbraith, The Nation

¿Qué pensar de la confusión de noticias, la retórica revolucionaria, los mensajes de texto de recaudación de fondos llenos de pánico, los indicadores económicos, la caída del mercado de valores y, por supuesto, el discurso del presidente Trump en una sesión conjunta del Congreso el 4 de marzo de 2025? ¿Estamos al borde de un Armagedón socioeconómico? ¿O hay, como dijo una vez la gran Tallulah Bankhead, «menos de lo que parece»?

Dejando a un lado los temas llamados «guerras culturales» y «política exterior», podemos distinguir ocho fuerzas distintas en juego en la economía de Trump. Son (a) la destrucción selectiva de agencias reguladoras específicas, (b) las interrupciones aleatorias de la administración pública federal, (c) el reaganismo anticuado, (d) los aranceles, (e) la migración, (f) la energía, (g) el ejército y (h) el efecto general de una formulación de políticas precipitada e impredecible, también conocida como incertidumbre y caos.

Destrucción selectiva. Los primeros días de Trump han visto el fin declarado de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor y la Junta Nacional de Relaciones Laborales, golpes paralizantes a la Agencia de Protección Ambiental y el comienzo del desmantelamiento del Departamento de Educación, entre otros. Se trata de organismos reguladores y supervisores a los que se han dirigido específicamente adversarios de hace tiempo, ahora con poder. Su demolición (total o parcial) es un gesto político que debilitará a los trabajadores frente a las empresas, a los consumidores frente a los banqueros y a los ciudadanos frente a los contaminadores. Sin embargo, por sí solos, no tendrán grandes efectos económicos a corto plazo.

De la Europa ocupada a la Europa colonizada por EEUU

[Pasando por el auge y declive de la gran Alemania]
Andrés Piqueras, La Haine

La historia se repite, ahora el gobierno alemán afirma que el gasto en necesidades militares estimula la economía, al igual que la Alemania en la década de 1930.

En los años 70 del siglo XX se hicieron evidentes los límites de los mecanismos anticíclicos keynesianos. La pérdida de eficacia de éstos propició las condiciones para abrir el camino a iniciativas de represión de la demanda y regresión fiscal, combinadas con políticas recesivas y de control del déficit y de la inflación, así como de fomento de la financiación privada. Serían las que presidirían en adelante por doquier las estrategias de gobierno de un capitalismo que iniciaba su dimensión transnacional.

Empezaba así una nueva intervención masiva del Estado en favor de una acumulación capitalista que (de nuevo) no mostraba fuelle por sí misma. Pero ahora esa intervención se realizaba, con todo tipo de medidas, del lado de la oferta.

Para encastrar todo ello de forma más o menos coherente había que buscar un nuevo modo de regulación que conllevara una ruptura de los "pactos de clase" en las sociedades centrales, (especialmente en el punto de indexación de los salarios a la productividad y en el objetivo del "pleno empleo"), aunque tuviera que actualizar la doctrina político-económica fundacional del capitalismo.

De esta forma cobraría vida el neoliberalismo, que si bien fracasó a la hora de propiciar una acumulación sostenida, fue exitoso en la eliminación, integración-cooptación o reducción al mínimo-marginación de los sujetos antagónicos, inclinó drásticamente la distribución del plusvalor en favor del Capital, favoreciendo una enorme concentración de la riqueza, la cual pasaría en adelante a través de la financiarización de la economía.

Una y otra compensarían al capital, de alguna manera, de la falta de rentabilidad productiva. No hubo que esperar mucho, sin embargo, para evidenciar los resultados procíclicos que ello entrañaba, más allá de las devastadoras consecuencias sociales.

sábado, 29 de marzo de 2025

«Diplomacia» europea


Nahia Sanzo, Slavyangrad

“Si la bomba nuclear más potente cayera sobre Madrid todo el interior de la M-30 se vería calcinado por una bola de fuego”, escribe esta semana Sergio Fanjul en El País en referencia a la bomba zar rusa, la madre de todas las bombas, que por si el alarmismo causado no era suficiente añade que “la onda de choque se extendería mucho más allá, de Rivas a El Pardo, de Coslada a Boadilla”. Rusia izó sobre el Kremlin su bandera tricolor, retirando por última vez el estandarte rojo con la hoz y el martillo el 25 de diciembre de 1991. Sin embargo, en la nostalgia de tiempos más simples, en los que el malo malísimo caricaturizado para causar el mayor miedo posible era suficiente para mantener elevados los presupuestos militares, esta semana se han publicado en España dos artículos bajo el título “¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS?”. La principal herencia soviética en Occidente que, al contrario que los derechos sociales o la visión de la industria como eje del crecimiento económico, sigue vigente es su uso como argumento a la hora de justificar un rearme para el que hay que otorgar a Rusia unas capacidades que no tiene y unas intenciones que nunca ha mostrado.

Apenas unas semanas después de que afirmara que la relación con Moscú se normalizará paulatinamente una vez terminada la guerra, Mark Rutte declaraba ayer todo lo contrario: no habrá vuelta al statu quo anterior a 2022 incluso una vez concluida la paz. Quienes llaman a su población a preparar kits de supervivencia para sobrevivir las primeras 72 horas a un ataque bélico, ciberataque o un desastre natural posaron ayer sonrientes en París proclamando que están “construyendo una paz robusta para Ucrania y Europa”. Los países europeos y la dirección de la OTAN han virado finalmente y a regañadientes -después de que lo hiciera Estados Unidos e incluso Ucrania- al discurso de paz, aunque en un pacifismo sobrevenido que contrasta con sus propuestas. De la guerra eterna hasta que Kiev lograra una posición de fuerza para dictar los términos a Moscú se ha pasado a la idea de la paz armada y la continuación de una especie de guerra fría que justifique el rearme y mantenga la retórica bélica y las sanciones contra Rusia.

viernes, 28 de marzo de 2025

De Europa al Medio Oriente, las ruinas de la democracia

Las cuestiones nucleares constituyen el epicentro de las preocupaciones en Europa y en el Medio Oriente, ya que tanto Zelensky como Netanyahu disponen de esas posibilidades

Manlio Dinucci, Global Research

Antes de la guerra, Westinghouse había firmado un contrato para la construcción de 13 centrales nucleares civiles en Ucrania. Nadie sabe dónde ni con qué dinero Kiev había comprado grandes cantidades de uranio enriquecido y de plutonio, que podían ser utilizados con fines militares. Todo ese material estaba almacenado en la gran central nuclear de Zaporiyia y fue por eso que las fuerzas armadas rusas tomaron esa instalación desde el inicio de su operación militar especial en Ucrania. En el Medio Oriente, Israel es la única potencia que dispone de bombas atómicas, mientras que Irán puso fin a su programa nuclear militar en 1988 –Rusia y China así lo comprobaron en el marco de las negociaciones de Lausana.

«El presidente Trump y el presidente Putin hablaron por teléfono de la necesidad de paz y de un alto al fuego en la guerra de Ucrania. Los dos líderes estuvieron de acuerdo en que ese conflicto debe terminar con una paz duradera», anunció la Casa Blanca. El Kremlin comunicó que «el dirigente ruso subrayó la necesidad absoluta de eliminar de raíz las causas de la crisis y de tener en cuenta los intereses de seguridad de Rusia».

Pero la guerra continúa. La región rusa de Saratov fue blanco de los drones ucranianos –o sea, de los drones que Ucrania recibe de las potencias occidentales o que puede fabricar y utilizar gracias a las tecnologías y los sistemas de direccionamiento que sus aliados occidentales le proporcionas.

jueves, 27 de marzo de 2025

Trump 2.0: Operación salvar al capitalismo estadounidense

La actual política de Trump no se trata de la antigua rivalidad interimperialista que precipitó las guerras mundiales. Tampoco es una era de ausencia de dicha rivalidad. Más bien, se trata de un esfuerzo de la potencia hegemónica por subordinar a todos sus antiguos aliados imperialistas en beneficio de su propia clase capitalista, incluso si eso implica acostarse con antiguos enemigos.

C.P. Chandrasekhar, La Haine

Si el primer mes del segundo mandato de Donald Trump como presidente de EEUU es indicativo, parece que el capitalismo global, con EEUU como potencia hegemónica, se encuentra en un proceso de reestructuración de origen endógeno. Entre las numerosas señales tempranas de la administración Trump para modificar la política estadounidense, tanto interna como externamente, destacan cinco iniciativas en el ámbito económico.

En primer lugar, se está recurriendo a aranceles de importación más altos, por razones que van desde recuperar la producción estadounidense y acelerar el crecimiento de la producción y el empleo hasta utilizar los aranceles como arma para alcanzar objetivos de seguridad nacional.

La segunda es la descarada facilitación de la captura del Estado por parte de las grandes empresas. Una orden ejecutiva ha buscado subordinar a la Casa Blanca a las agencias gubernamentales de aplicación de la ley, anteriormente independientes, como la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) y la Comisión Federal de Comercio (FTC).

Su funcionamiento será supervisado y sus decisiones, examinadas. El impacto inmediato sería el desmantelamiento de los esfuerzos de la SEC para controlar el comercio de criptomonedas y los esfuerzos de la FTC, bajo la excomisionada Lina Khan, para frenar el monopolio y el poder de plataformas como Amazon y Meta.

Una teoría marxista para Elon Musk

Elon Musk está destrozando al gobierno de los Estados Unidos. Si leyera algo de teoría marxista del Estado, al menos entendería cómo funciona

David Calnitsky, Jacobin

Elon Musk y Donald Trump están intentando transformar la arquitectura del gobierno federal. Bajo su influencia, el Estado estadounidense no es simplemente un vehículo para una amplia gobernanza capitalista sino una herramienta para el enriquecimiento personal de las élites empresariales individuales.

Muchos de los recortes que hasta ahora le aplicó el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) al gasto público siguen siendo más performativos que transformadores, pero la intención es clara: destruir el aparato regulador, saquear los recursos públicos y erosionar una de las funciones básicas del Estado: proporcionar las condiciones para que el capitalismo se reproduzca. Un cambio verdaderamente transformador, como un recorte importante de Medicaid en el Congreso, marcaría un giro decisivo en esta trayectoria. Esto no es simplemente un ataque al estado administrativo; también es un intento de sustituir un sistema orientado al funcionamiento del capitalismo en su conjunto por otro que privilegia a capitalistas específicos.

Se pueden extraer lecciones de la teoría marxista, que, con su largo e inquebrantable historial de tener razón en este tipo de cuestiones, rara vez dejó pasar la oportunidad de enfatizar la diferencia entre el sistema capitalista en su conjunto y los agentes que actúan dentro de él.

El capitalismo, a pesar de su habitual salvajismo, requiere de un marco básico para funcionar: cierto grado de competencia, costosas inversiones públicas en educación y capital físico, la contención de externalidades, un sistema financiero semirregulado y el control de las prácticas comerciales más depredadoras. El Estado desempeñó tradicionalmente un papel crucial en el mantenimiento de estas condiciones, no por benevolencia sino por necesidad.

Las teorías marxistas del Estado reconocieron desde hace mucho tiempo que, para que el capitalismo se mantenga, el Estado debe actuar en nombre del capitalismo como sistema, y no simplemente a petición de los capitalistas individuales. Cuando el Estado abandona su función de supervisar la viabilidad a largo plazo del capitalismo y, en su lugar, atiende de forma limitada a empresas (o individuos) específicos, los resultados pueden ser ruinosos.

La teoría marxista del Estado, en su registro más opaco, denominó a esto como «autonomía relativa». Los marxistas tienen una cierta debilidad por lo que el teórico político griego Nicos Poulantzas llamó conceptos grandiosos y aterradores, pero la idea tiene su fuerza. Si un Estado no logra forjarse ni siquiera una modesta independencia de sus propios capitalistas de miras estrechas, descuida las condiciones mismas que el capitalismo necesita para perdurar.

miércoles, 26 de marzo de 2025

Silencio en el Mar Negro


Nahia Sanzo, Slavyangrad

Más preocupado por defender su integridad ante el escándalo causado por la noticia de que Mike Waltz, Asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, había incluido, supuestamente por error, a un conocido periodista en un chat privado en el que el vicepresidente Vance, el secretario del Pentágono Hegseth y otros altos oficiales del Gobierno comentaban los inminentes bombardeos contra Yemen, el trumpismo ha dejado en segundo plano los tres días de diplomacia intensa que ha realizado en Arabia Saudí con reuniones separadas con las delegaciones ucraniana y rusa. El lunes, tras todo un día de encuentros con los enviados de Ucrania, fue el turno de la Federación Rusa, que ayer insistía en que no se difundirían los detalles del encuentro, que Dmitry Peskov calificó de “reuniones técnicas”. La ausencia de personas como Sergey Lavrov dirigiendo las negociaciones eran un indicio de que lo que se preparaban eran pasos concretos en el cumplimiento de algunas de las medidas que se han puesto sobre la mesa a lo largo de los últimos días y semanas y no aspectos políticos que fueran a dejar grandes titulares. Ayer, el ministro de Defensa de Ucrania utilizaba también el término “consultas bilaterales técnicas” para los tres días de reunión. Tras la primera toma de contacto el domingo y la maratoniana reunión de diez horas entre Rusia y Estados Unidos, la delegación ucraniana, a la que se había pedido que permaneciera en Arabia Saudí, fue llamada a consultas nuevamente ayer para cerrar los limitados avances que se han producido.

“Hemos concluido nuestra reunión con el equipo americano. El debate fue productivo y centrado: abordamos puntos clave, incluida la energía. El objetivo del presidente Volodymyr Zelensky es garantizar una paz justa y duradera para nuestro país y nuestro pueblo, y, por extensión, para toda Europa. Estamos trabajando para hacer realidad ese objetivo”, había escrito tras la finalización de la reunión del domingo entre Ucrania y Estados Unidos Rustem Umerov. La presencia de una delegación de perfil más alto que la rusa y la estadounidense muestra la debilidad de Ucrania, que hace meses que ha dejado claro que su negociación principal no será con Rusia, con quien no desea dialogar, sino con sus aliados, cuya fortaleza es la única herramienta con la que Kiev puede aspirar a conseguir parte de sus cada vez menos realistas objetivos. Pese a las constantes referencias a la necesidad de un alto el fuego, a la insistencia en la seguridad europea y las demandas de obligar a Rusia a aceptar un alto el fuego que Ucrania acató bajo presión, la idea de la paz justa y duradera, eufemismo que implica el cumplimiento de los puntos de la Fórmula de Paz de Zelensky, que exige la rendición rusa, la recuperación de la integridad territorial según sus fronteras de 1991 sigue siendo el deseo irrealizable de Kiev.

La OTAN europea enloquece y se suma a la guerra contra Rusia


Umberto Mazzei, Rebelión

Hace unos días tuvo lugar una cumbre europea de la OTAN para tratar un tema teórico, visto que solo Ucrania acordó con Estados Unidos una tregua en el frente ucraniano. Rusia dijo que solo podía lograrse con algunos matices. Pero entre los rusófobos de la OTAN la opinión de Rusia no importa mucho, porque para ellos solo cuenta lo que quiere Zelensky.

El lunes 24 tuvo lugar un encuentro entre Estados Unidos y Rusia con presencia de la parte ucraniana para negociar una paz. El pasado sábado Trump confirmó que el ejército que invadió Kursk estaba rodeado y debía deponer las armas y pidió en público a Putin que tuviera clemencia con las tropas que quedaron dentro del bolsón. Putin respondió que la clemencia rusa se refería solo a las tropas ucranianas, esa precisión no augura nada bueno para las numerosas tropas regulares de la OTAN que participaron con uniforme ucraniano en esa invasión de la provincia rusa de Kursk.

La inesperada solicitud de Trump hace presumir que entre las tropas aisladas en el bolsón que se formó mientras escapaban de vuelta al territorio ucraniano debe de haber muchos mercenarios originarios del ejército estadounidense que fueron enviados a participar en esa invasión del territorio ruso en un intento de capturar la central nuclear de Kursk y se decidió en la época del presidente Joe Biden.

martes, 25 de marzo de 2025

¿Israel mató a Kennedy?

Muchas pistas y vías de investigación apuntan precisamente a una conspiración orquestada por Israel y sus brazos en EEUU, incluyendo la CIA y la mafia

Rafael Machado, La Haine

Esta semana se conmemoró el asesinato del Presidente de EEUU John FitzGerald Kennedy en 1963, cuando recibió dos disparos, supuestamente de Lee Harvey Oswald, quien murió dos días después, asesinado por el propietario de un club nocturno, Jacob Rubenstein o Jack Ruby (quien a su vez murió de una extraña embolia pulmonar en prisión poco más de tres años después).

Desde entonces, los hechos se han visto envueltos en innumerables teorías conspirativas, las más populares alegando un asesinato a instancias de la URSS, una operación de la mafia o una acción de la CIA.

Ahora, con la liberación de documentos de Trump, uno de los archivos descarta que Oswald haya sido un agente secreto ruso de la KGB con órdenes desde Moscú para matar a Kennedy. Otro documento rechaza la implicación de Fidel Castro en el magnicidio, señalando que, aunque Castro podría haber intensificado su apoyo a fuerzas subversivas en América Latina, era improbable que arriesgara su gobierno iniciando un conflicto con EEUU.

La acusación de «comunistas a instancias de la URSS» está fuera de lugar porque, de hecho, Kennedy intentó entonces llevar a cabo una política exterior equilibrada hacia los soviéticos. Andréi Gromyko, ministro de Asuntos Exteriores de la URSS en aquel momento, le recuerda de forma bastante favorable en sus diarios. Es cierto que desplegó armas nucleares en Turquía e intentó invadir Cuba, hechos que desembocaron en la Crisis de los Misiles; pero al mismo tiempo se opuso al envío de tropas a Vietnam.

La crisis del orden de posguerra nos dio el neoliberalismo

El auge del neoliberalismo no se debió simplemente a que los políticos centristas y de derecha decidieran darle rienda suelta a las fuerzas del mercado. Reflejó una verdadera crisis del orden económico de la posguerra, y la ausencia de un movimiento obrero poderoso que impulsara una alternativa de izquierda.

Colin Gordon, Jacobin

Bajo cualquier forma de medición, la desigualdad económica se disparó en el último medio siglo. Desde 1970, la proporción de la renta nacional que se lleva la mitad inferior de los asalariados cayó del 21,3 % a solo el 13,6 %, mientras que la que se lleva el 1 % superior casi se duplicó, pasando del 11,6 % al 19,1 %. Aunque los programas sociales redujeron la pobreza sustancialmente durante ese periodo, los criterios de elegibilidad mezquinos y la discreción a nivel estatal han erosionado los medios de vida de las familias con bajos ingresos. La brecha racial de riqueza, sostenida por generaciones de explotación y exclusión en el sector inmobiliario privado y los programas públicos, es ahora tan amplia como lo era en la década de 1960.

Una historia común viste estas tendencias con ropajes partidistas: los demócratas lucharon por extender o apuntalar el New Deal; los republicanos, por fervor ideológico o por servil deferencia a los intereses privados, intentaron derribarlo todo con la misma determinación. Hay un atisbo de verdad en esta ordenada narrativa, pero solo un atisbo. De hecho, el regreso de la desigualdad a niveles no vistos desde la Edad Dorada fue un proyecto frecuentemente bipartidista: los demócratas llevaron la delantera (controlando tanto la Cámara de Representantes como el Senado, o la presidencia y una o ambas cámaras) durante treinta de los últimos cincuenta y cuatro años. Sus huellas, en diversos grados, están en todas y cada una de las políticas que aumentaron la desigualdad durante este período.

Esa hoja de antecedentes penales es el hilo conductor de Left Behind (Abandonados), el provocador examen de la historiadora Lily Geismer sobre la presidencia de Bill Clinton, sus raíces políticas e intelectuales y su impacto duradero. Left Behind comienza trazando la ya familiar historia del Consejo de Liderazgo Democrático (DLC, por sus siglas en inglés), fundado en 1985, y su determinación de liberar al partido de sus «intereses especiales» (sindicatos, minorías raciales, movimiento feminista, etc.) y dividir la improbable diferencia entre la Gran Sociedad y las políticas económicas de la época de Reagan (Reaganomía). Como argumenta Geismer, las invocaciones clintonianas de una «tercera vía» o «un puente hacia el siglo XXI» apenas podían ocultar la verdadera intención y el resultado: abandonar a los sectores de la mitad inferior de la distribución de ingresos en favor de soluciones de mercado que harían sonrojar a Friedrich Hayek.

lunes, 24 de marzo de 2025

¿Qué está pasando en el mundo?

El mundo está experimentando una transformación irreversible, y las predicciones del economista ruso Sergey Glazyev, formuladas hace más de una década, se están cumpliendo ante nuestros ojos. La Pax Americana se desmorona, mientras el centro de gravedad económica se desplaza hacia Asia. En este contexto, ¿cómo afectan estos cambios a Rusia y al orden global?

Sergey Glazyev, Mente Alternativa

La Pax Americana se está desmoronando ante nuestros ojos, un tercio de siglo después del colapso de la URSS. La transición hacia un nuevo orden económico mundial se ha completado. El centro de la economía global se ha desplazado hacia el este y el sur de Asia, donde se ha formado, como se esperaba, un núcleo bipolar de un sistema económico mundial integral con dos polos: la China comunista y la India democrática.

La transición hacia un nuevo orden tecnológico, que comenzó con la crisis financiera mundial de 2008, también ha concluido. Durante la década y media del Gran Estancamiento que siguió, los países líderes crearon instalaciones de producción básicas para este nuevo orden. Su crecimiento acelerado está impulsando una nueva y larga ola de crecimiento económico.

Todo esto ocurre en plena concordancia con la teoría del desarrollo económico a largo plazo como proceso de cambio de las estructuras tecnológicas y económicas mundiales. Desafortunadamente, las recomendaciones basadas en esta teoría no se implementaron en Rusia, lo que resultó en años de estanflación y en ser arrastrado al epicentro de una guerra híbrida global. Esto, naturalmente, fortaleció a China, que se convirtió en el líder mundial en el sector manufacturero. Los intentos de la administración estadounidense de frenar su ascenso están condenados al fracaso, ya que el sistema de gestión del desarrollo económico creado en China es un orden de magnitud más eficaz.

Como se esperaba, Estados Unidos no logró ganar la guerra híbrida global que desató para mantener su liderazgo mundial. Se guiaron por la estrategia de cinco pasos de Brzezinski, que no es realista en las condiciones modernas (nazificar Ucrania contra Rusia, separar la Unión Europea de Rusia, provocar un golpe de estado en Rusia, destruir Irán y aislar a China). Como resultado de diez años de intentos de implementar esta estrategia, solo debilitaron a Europa y fortalecieron a China. Sin embargo, lograron, como en las dos primeras guerras mundiales, descargar sus costos en el mundo ruso.

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