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martes, 17 de febrero de 2026

¿Quiénes gobiernan en occidente y pretenden regir el mundo?

Las élites políticas y empresariales de Occidente no dudan en corren a ocultar se decadente moral ante lo innegable, su participación en actos de trata de personas, abusos sexuales contra menores de edad y prostitución aparecidas en los documentos del Caso Epstein

Raúl Antonio Capote, Al Mayadeen

La publicación de los archivos del fallecido pederasta estadounidense Jeffrey Epstein, deberían haber causado un terremoto político en las élites de occidente, sin embargo, no ha sido así, los implicados se disculpan, algunos se “flagelan”, de palabra claro, otros corren a ocultar su vergüenza en algún rincón.

Eso sí, mostrar el cataclismo moral de esa clase resulta imparable, los culpables de los execrables delitos, son los mismos que apoyan al sionismo o sionistas declarados, lo que es revelador y explica muchas cosas.

¿Qué algunos se salvan porque no aparecen en los expedientes Epstein? Es verdad, no aparecen, creamos que en verdad son inocentes, de este delito.

Hagamos un poco de historia. Corría el año 2019, la campaña electoral vía a las elecciones 2020 cobraba fuerzas, cuando un escándalo estremeció al establishment estadounidense. Medios locales informaban que el FBI había arrestado al multimillonario Jeffrey Epstein, en el aeropuerto de Teterboro, Nueva Jersey.

Personalidades de la jet set del imperio, funcionarios públicos y altos cargos políticos, parecían estar involucrados –directa o indirectamente– en un delito de trata de personas, abusos sexuales contra menores de edad y prostitución.

martes, 25 de marzo de 2025

La crisis del orden de posguerra nos dio el neoliberalismo

El auge del neoliberalismo no se debió simplemente a que los políticos centristas y de derecha decidieran darle rienda suelta a las fuerzas del mercado. Reflejó una verdadera crisis del orden económico de la posguerra, y la ausencia de un movimiento obrero poderoso que impulsara una alternativa de izquierda.

Colin Gordon, Jacobin

Bajo cualquier forma de medición, la desigualdad económica se disparó en el último medio siglo. Desde 1970, la proporción de la renta nacional que se lleva la mitad inferior de los asalariados cayó del 21,3 % a solo el 13,6 %, mientras que la que se lleva el 1 % superior casi se duplicó, pasando del 11,6 % al 19,1 %. Aunque los programas sociales redujeron la pobreza sustancialmente durante ese periodo, los criterios de elegibilidad mezquinos y la discreción a nivel estatal han erosionado los medios de vida de las familias con bajos ingresos. La brecha racial de riqueza, sostenida por generaciones de explotación y exclusión en el sector inmobiliario privado y los programas públicos, es ahora tan amplia como lo era en la década de 1960.

Una historia común viste estas tendencias con ropajes partidistas: los demócratas lucharon por extender o apuntalar el New Deal; los republicanos, por fervor ideológico o por servil deferencia a los intereses privados, intentaron derribarlo todo con la misma determinación. Hay un atisbo de verdad en esta ordenada narrativa, pero solo un atisbo. De hecho, el regreso de la desigualdad a niveles no vistos desde la Edad Dorada fue un proyecto frecuentemente bipartidista: los demócratas llevaron la delantera (controlando tanto la Cámara de Representantes como el Senado, o la presidencia y una o ambas cámaras) durante treinta de los últimos cincuenta y cuatro años. Sus huellas, en diversos grados, están en todas y cada una de las políticas que aumentaron la desigualdad durante este período.

Esa hoja de antecedentes penales es el hilo conductor de Left Behind (Abandonados), el provocador examen de la historiadora Lily Geismer sobre la presidencia de Bill Clinton, sus raíces políticas e intelectuales y su impacto duradero. Left Behind comienza trazando la ya familiar historia del Consejo de Liderazgo Democrático (DLC, por sus siglas en inglés), fundado en 1985, y su determinación de liberar al partido de sus «intereses especiales» (sindicatos, minorías raciales, movimiento feminista, etc.) y dividir la improbable diferencia entre la Gran Sociedad y las políticas económicas de la época de Reagan (Reaganomía). Como argumenta Geismer, las invocaciones clintonianas de una «tercera vía» o «un puente hacia el siglo XXI» apenas podían ocultar la verdadera intención y el resultado: abandonar a los sectores de la mitad inferior de la distribución de ingresos en favor de soluciones de mercado que harían sonrojar a Friedrich Hayek.

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