La estrategia que explica el profundo temor compartido por todas las partes de que la derrota de Israel en Gaza pueda alterar fundamentalmente toda la dinámica de poder regional
Ramzy Baroud, Counter Punch
Durante décadas, la idea predominante fue que la «solución» a la ocupación israelí de Palestina residía en un proceso estrictamente negociado. «Sólo el diálogo puede lograr la paz» ha sido el mantra repetido sin descanso, no sólo en en Occidente, en los círculos políticos, las plataformas académicas, los foros mediáticos y similares.
En torno a esa idea floreció una industria colosal, que se expandió de forma espectacular en el período previo a la firma de los Acuerdos de Oslo entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Yasser Arafat y el régimen israelí, y durante los años posteriores.
La destrucción de la «paz»
El problema nunca estuvo en el principio fundamental del «diálogo», la «paz» o incluso los «compromisos dolorosos», una noción que se difundió incansablemente durante el «proceso de paz» entre 1993 y principios de la década de 2000.
En la realidad, el conflicto se ha visto determinado en gran medida por la forma en que se definieron y aplicaron estos términos, así como todo un entramado de terminología similar. La «paz» para Israel y EEUU requería un liderazgo palestino sumiso, dispuesto a negociar y actuar dentro de unos parámetros limitados, y totalmente al margen de los parámetros vinculantes del derecho internacional.














