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martes, 20 de enero de 2026

La tradición marxista ante la agresión imperial

Lejos de la neutralidad abstracta, la tradición marxista ha pensado históricamente cómo intervenir en conflictos asimétricos entre potencias dominantes y Estados periféricos. El caso venezolano vuelve a colocar ese dilema en el centro de la escena.

Valerio Arcary, Jacobin

En Brasil rige actualmente un régimen semifascista que cualquier revolucionario no puede sino considerar odioso. Supongamos, sin embargo, que mañana Inglaterra entrase en conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en ese conflicto? En este caso, personalmente estaría yo del lado del Brasil «fascista» contra la Inglaterra «democrática». ¿Por qué? Porque no se trataría de un conflicto entre democracia y fascismo. Si Inglaterra triunfara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría a Brasil con dobles cadenas. Por el contrario, si Brasil triunfara, la conciencia nacional y democrática del país cobraría un enorme impulso y llevaría al derrocamiento de la dictadura de Vargas. Al mismo tiempo, la derrota de Inglaterra asestaría un duro golpe al imperialismo británico y daría un impulso al movimiento revolucionario del proletariado inglés.

León Trotsky, «La lucha antimperialista es clave para la liberación», entrevista con Mateo Fossa (septiembre de 1938)
Apesar de su postura crítica hacia el gobierno de Joseph Stalin, en los años treinta León Trotsky defendió a la URSS ante la inminencia de una invasión del territorio soviético por la Alemania nazi. En su libro En defensa del marxismo, Trotsky reiteró su evaluación crítica de la degeneración burocrática del régimen político soviético que había presentado en La revolución traicionada, pero subrayó que el significado histórico de los logros económicos y sociales de la Revolución de Octubre —en particular la propiedad social de los medios de producción y la planificación económica, en oposición a la propiedad privada y a la regulación de la economía por el mercado— permanecían, en lo fundamental, intactos y justificaban la formación de un frente único con Moscú contra Hitler. Los miles de trotskistas encarcelados en el gulag de Vorkuta, en el círculo polar ártico, solicitaron que se los alistara como soldados en el Ejército Rojo y que se los enviara a los más encarnizados frentes de guerra. Sabían que no los aguardaba otro destino que la muerte, pero preferían morir defendiendo con las armas en la mano a la Unión Soviética. La táctica de defender a la URSS contra el nazifascismo, aun cuando uno se opusiera irreconciliablemente al estalinismo, pasó a denominarse defensismo, es decir, la prestación de apoyo militar, pero no político, sin dejar de abandonar oda ilusión con respecto al régimen estalinista.

El error de cálculo de Trump y sus asesores

En la medida que pasan los días, nos vamos encontrando con situaciones que ponen en evidencia el error de cálculo que cometió la administración de Donald Trump, en su reciente agresión en contra de Venezuela y en contra de su pueblo.

José Gregorio Biomorgi, Al Mayadeen, desde Venezuela

El país que vio nacer a figuras como Bolívar, Miranda, Juana La Avanzadora, Sucre, Luisa Cáceres, Zamora, Chávez, entre muchos otros héroes y heroínas de nuestra historia, se caracteriza por ser una nación rebelde, que ha rechazado siempre la tutela de potencias extranjeras.

El pueblo de Bolívar también es noble, pacífico, amigable, y abrió los brazos a todos aquellos hermanos que recibimos en nuestras tierras, los cuales muchos de ellos vinieron de países que atravesaron situaciones complejas en algún momento de su historia reciente. Esta ha sido nuestra actitud en más de 200 años de historia republicana.

Los venezolanos somos gente de paz. Amamos la paz. Promovemos la paz. Y defendemos la paz por sobre todas las cosas.

En días reciente, el pueblo de Venezuela fue víctima de una agresión sin precedentes en su historia. Una embestida desproporcionada, vil, cobarde, sin razón alguna, donde murieron más de un centenar de personas, generando terror y desconcierto en la ciudadanía. Este horrendo crimen bien puede considerarse un crimen de guerra y de lesa humanidad.

En un sistema de justicia imparcial y equilibrado en el mundo, este acto tendría consecuencias legales muy serias. Pero ya sabemos el sistema en el que vivimos, cuyas reglas de convivencia y respeto ciudadano se han roto completamente e impera la ley del más fuerte. Los salvajes más fuertes jugando a ser Dios. Pero esto sería tema para otro artículo.

domingo, 18 de enero de 2026

La balanza entre el Imperio y el mundo emergente se juega en Irán

Las perspectivas van desde un vuelco de la balanza a favor del Imperio occidental hasta que se estrelle en Irán (y en Venezuela –además de en Ucrania-) y su desintegración se acelere.

Andrés Piqueras, Rebelión

Sobre dólares, petróleo y guerra

Dos son los pilares que le quedan a Estados Unidos de dominación descarnada (ya no hegemónica o cada vez menos legitimada a pesar de seguir controlando todo el aparataje mediático mundial): el dólar y el Ejército. Me detendré aquí brevemente en lo que significa el dólar.

El dominio planetario de los EEUU no se podría entender sin la imposición del dólar como “moneda global”. Disponer de esa moneda en la que se realizan las transacciones internacionales les ha permitido utilizar el dólar como arma económica, de guerra, de sanciones y de control del resto del mundo. Asimismo, emitir dólares sin respaldo con los que inundar de inversiones el planeta.

Para poder transarlos el hegemón creó el sistema de compensación de pagos SWIFT, adjudicándose, también unilateralmente, el monopolio de la alcabala financiera mundial. Por el mismo motivo, podía endeudarse sin contraprestación (una crónica y ascendente deuda no reclamada que fue montando por encima del PIB nominal hasta límites más allá de cualquier sensatez económica).

Gracias a todo ello, EEUU se puede permitir llevar a cabo una guerra económica contra todos los países que considere díscolos respecto de sus mandatos, arrogándose la potestad o el privilegio de imponerles lo que llama “sanciones” (que también obliga al resto del mundo a seguir, ejerciendo a su vez “sanciones” contra quienes no las secunden –lo que quiere decir que sus “leyes” se aplican en todo el planeta-).

Cuando Trump resucita la Doctrina Monroe

Lo que ha ocurrido en Venezuela es una clara manifestación de unilateralismo y política de poder que exige nuestra atención colectiva y nuestra condena inequívoca.

Zhang Weiwei, Geopolitika

El profesor Zhang Weiwei ha sido invitado a hablar en la Mesa Redonda de Emergencia organizada por el movimiento LaRouche. La siguiente transcripción se deriva de sus comentarios en el diálogo, celebrado el lunes 12 de enero a las 10:00 a. m. (hora del este):
Hoy asistimos a esta mesa redonda de emergencia para condenar en los términos más enérgicos posibles el acto atroz perpetrado por la administración Trump contra Venezuela: el arresto arbitrario del presidente Maduro. Este acto descarado constituye una violación flagrante del derecho internacional, una grave violación de la soberanía nacional y la integridad territorial de Venezuela, y un peligroso precedente que erosiona los cimientos mismos del orden internacional de posguerra basado en la Carta de las Naciones Unidas.

Estados Unidos tiene un largo y vergonzoso historial de intervenciones militares unilaterales: desde Irak hasta Libia y Panamá, la lista es interminable, y cada una de estas imprudentes aventuras no ha traído más que caos, sufrimiento humano e inestabilidad prolongada a los países y pueblos de estos países.

martes, 13 de enero de 2026

Venezuela, territorio de la guerra neocortical

La guerra neocortical tiene en Venezuela su laboratorio. Los servicios de inteligencia, las agencias de contrainformación, los tanques de pensamiento occidentales están en ebullición

Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada

Las noticias crean opinión. Tras los combates y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, las fuerzas asaltantes estadounidenses, según datos, abaten un total de 80 persones, entre ellas 32 miembros de las fuerzas armadas cubanas. La información puesta en circulación por la Casa Blanca y sus agencias de prensa recrea una épica en la cual no hay bajas entre los expedicionarios. El éxito de la operación pone el acento en la eficacia y traición de los círculos más cercanos al presidente. Sin olvidar el papel de la CIA e infiltrados.

Asimismo, se cuestiona la lealtad de las fuerzas armadas bolivarianas a las cuales se imputa no haber presentado oposición. A continuación, Trump lanza su decisión de aceptar como interlocutora válida a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, sobre quien ya pesa la duda de su lealtad a la revolución bolivariana. Así, le otorga el "plácet" para ser nombrada presidenta encargada. Su secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Guerra, Pete Hegseth, dicen controlar el gobierno venezolano, su petróleo, la dirección de sus inversiones y en un acto inesperado, Trump, desautoriza a la ultraderechista premio Nóbel venezolana María Corina Machado como interlocutora de la operación.

lunes, 12 de enero de 2026

El Corolario Trump de la Doctrina Monroe

La agresión contra Venezuela inaugura una etapa de control directo sobre América Latina, donde el petróleo reemplaza a la diplomacia y la fuerza suplanta a la hegemonía.

Claudio Katz, Jacobin

Con el secuestro de Nicolás Maduro, Donald Trump incorporó dos novedades a la brutalidad imperial estadounidense: explicitó sin ambages su propósito de apropiarse del petróleo venezolano y formalizó su pretensión de instaurar un dominio colonial directo.

El argumento es tan burdo como revelador. Trump sostiene que el petróleo venezolano «pertenece» a Estados Unidos por inversiones realizadas en el pasado. Si ese criterio tuviera alguna validez, Texas, California y Arizona deberían ser restituidos de inmediato a México. Pero el magnate no razona: actúa como un matón. Su política de apropiación comenzó con sanciones, bloqueos y la confiscación de Citgo, la filial externa de PDVSA, y ahora avanza hacia el despojo total.

El objetivo inmediato es frenar la creciente exportación de crudo venezolano a China. Para eso, Trump exige la disolución de la empresa estatal PDVSA y su reparto entre las grandes petroleras estadounidenses. Acelera esa captura porque en Venezuela se concentran las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. El proyecto incluye incluso la instalación de una base militar destinada a custodiar esta nueva colonia energética.

Los pretextos del saqueo

El ocupante de la Casa Blanca anunció que gobernará directamente en Caracas, bajo un esquema semejante al que imagina para Gaza. Aspira a dirigir ambos protectorados sobre la base exclusiva de la coerción. Esa dominación fue anticipada mediante actos de piratería, despliegue naval y operaciones confesadas de la CIA.

domingo, 11 de enero de 2026

Los sueños de Trump podrían derrumbarse en un pozo venezolano

El panorama petrolero en Venezuela es mucho más complejo de lo que sospecha la banda de Trump 2.0, y empeorará si Marco Rubio corta el flujo de petróleo de Caracas a Shanghái

Pepe Escobar, Strategic Culture

Comencemos con los nuevos edictos de Neo-Calígula sobre la satrapía imperial que dice que ahora le pertenece; no son exactamente edictos sino amenazas directas dirigidas a la presidenta interina Delcy Rodríguez:
  1. Tomar medidas enérgicas contra los «flujos de tráfico de drogas». Bueno, en realidad esto debería dirigirse a los contrabandistas colombianos y mexicanos que están confabulados con los grandes compradores estadounidenses.
  2. Expulsar a los iraníes, cubanos y otros «agentes hostiles a Washington», antes de que se permita a Caracas aumentar la producción de petróleo. No va a suceder.
  3. Detener las ventas de petróleo a los «adversarios de Estados Unidos». No va a suceder.
Por lo tanto, es casi seguro que el nuevo Calígula vuelva a bombardear Venezuela.

El nuevo Calígula, en otra ofensiva de palabrería, también aclaró que quiere reformar parcialmente el negocio petrolero en Venezuela mediante subsidios. «Podría tomar menos de 18 meses»; luego se transformó en «podemos hacerlo en menos tiempo, pero costará mucho dinero»; y finalmente se transformó en «habrá que gastar una enorme cantidad de dinero y las compañías petroleras lo gastarán».

Trump y su mundo de fantasía

Pretender que Venezuela deje de venderle petróleo a China es un absurdo de imposible cumplimiento, como lo es alejar de la región a "potencias extra-hemisféricas" como China, Rusia, Irán

Atilio Boron, La Haine

El brutal ataque de la madrugada del 3 de enero que resultó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores quedará registrado en la historia futura como el punto de inflexión que echó la última palada de tierra al tan publicitado "orden mundial basado en reglas". Fue un derrumbe progresivo, que lenta pero persistentemente iba dejando caer pedazos de aquella construcción concebida para contener los conflictos y contradicciones de un sistema internacional cada vez más complejo y, a la vez, interconectado.

La impotencia del sistema de las Naciones Unidas para detener el genocidio e infanticidio del régimen racista israelí en Gaza es un ejemplo clamoroso de este fracaso. También lo es el secuestro del ex vicepresidente del Ecuador, Jorge Glas, asilado en la embajada de México en Quito y atrapado por las fuerzas armadas locales violando abiertamente la Convención de Viena sobre las Relaciones e Inmunidades Diplomáticas. El cómplice silencio de muchos líderes de Occidente ante la barbarie desatada en Caracas es otro de los signos de la descomposición de un "orden" incapaz de regular el flujo incesante y cada vez más complejo que anima al sistema internacional.

Para adquirir una visión de la magnitud de esta transformación sistémica recordemos la situación imperante en los años de la Guerra Fría. En ese momento el sistema internacional era bipolar y enfrentaba Occidente, supuesto hábitat de la "libertad", la "democracia" y los "DDHH", con la Unión Soviética y sus aliados, demoníacas personificaciones de todo lo malo que podía caber en este mundo.

Era una estructura relativamente simple, que enfrentaba a dos grandes concentraciones de poder donde los actores excluyentes eran los Estados y, además, cada uno de estos polos funcionaba en un ecosistema económico y político propio. Entre la Unión Soviética y EEUU no había relaciones económicas o financieras. El diálogo giraba exclusivamente sobre asuntos de carácter militar y se limitaba a la elaboración de tratados para contener la carrera armamentista.

viernes, 9 de enero de 2026

Guerra económica: bloqueos, ataques y coerción


Nahia Sanzo, Slavyangrad

A punto de alcanzar la veintena de paquetes de sanciones desde el 24 de febrero de 2022, la insistencia en las malas condiciones de la economía rusa, siempre al borde de la recesión -ocultando los países europeos que también lo están- o del colapso, sigue siendo una parte fundamental del discurso occidental. Para la UE, esa herramienta económica, la esperanza de que, si la guerra se alarga lo suficiente, Rusia no podrá seguir luchando es uno de los argumentos para seguir exigiendo a Estados Unidos unas condiciones de paz para Ucrania que no se corresponden en absoluto con la realidad. En el caso de Washington, que ha realizado este año un intento de aproximación diplomática y económica a Rusia, el argumento es el péndulo que se mueve al eco del humor de Donald Trump. En ocasiones, la Federación Rusa es un aliado demasiado grande en términos económicos y militares, mientras que, en otras, Rusia es un país que sufre gracias a las sanciones impuestas por Estados Unidos.

Al contrario que los neocon que trabajaron durante años para conseguir su guerra en Irak, Donald Trump no ha tenido ningún problema en admitir que Washington quiere quedarse con el petróleo de Venezuela. Una de las primeras órdenes de Marco Rubio, que aspira ahora a jugar un rol similar al de un virrey colonial, ha sido precisamente prohibir que Venezuela venda su petróleo a oponentes de Estados Unidos. Pese a la descarbonización y aumento del peso de las energías renovables en el mercado energético, el petróleo sigue siendo una materia prima clave de la economía actual y el control de sus flujos da a quien disponga de él una ventaja cualitativa sobre sus competidores. El deseo estadounidense de ejercer ese control en el mercado global no se limita a Venezuela o Irán, sino que se extiende a Rusia.

Análisis geopolítico del ataque contra Venezuela

Los sucesos recientes dejan al menos dos lecciones claras: la agresión contra Venezuela aún no ha terminado y las acciones de Estados Unidos responden a una agenda mucho mayor que solamente hacerse con el control de petróleo y los recursos naturales venezolanos

José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

Lo ocurrido en Venezuela este 3 de enero, nos ha conmocionado a todas y todos los amigos de la Revolución Bolivariana. No solo porque desde 1989 no ocurría algo de esta magnitud en nuestra región, sino también porque la forma en que se desarrollaron los hechos durante esa fatídica madrugada de inicios de 2026, abre numerosas interrogantes que solo el tiempo aclarará en su total dimensión y significado.

Aunque resulta tentador para un analista y militante intentar desenredar el hilo de Ariadna de los hechos y acciones internos que concluyeron con el secuestro del legítimo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa, y que costaron muchas y valiosas vidas, considero que lo más útil en este momento es intentar entender el rumbo y las implicaciones que se abren para la región y el mundo con el accionar de los Estados Unidos.

Sembrar dudas e incertidumbres en un país que intenta recomponerse ante una agresión contribuye a fracturar la unidad de las fuerzas revolucionarias internas, que es lo más importante hoy para preservar la continuidad del proyecto y sus conquistas. Además de que, con la información disponible y las campañas de guerra sicológica y comunicacional en curso, es fácil caer en prejuicios o falsas concepciones sobre el liderazgo del proyecto en este momento actual o en torno a figuras puntuales.

Los sucesos recientes dejan al menos dos lecciones claras: la agresión contra Venezuela aún no ha terminado y las acciones de Estados Unidos responden a una agenda mucho mayor que solamente hacerse con el control de petróleo y los recursos naturales venezolanos.

Barbaria ataca de nuevo

Aun así, el nuevo Calígula no se detendrá, imitando su verborrea. El Imperio del Caos bajo la Doctrina Donroe se basa en el dominio estratégico, a toda costa, sobre los corredores energéticos y comerciales.

Pepe Escobar, Strategic Culture
No culpen a César, culpen al pueblo de Roma, que lo ha aclamado y adorado con tanto entusiasmo, que se ha regocijado por la pérdida de su libertad, que ha bailado a su paso y le ha dedicado procesiones triunfales. Culpen al pueblo que lo aclama cuando habla en el Foro de la ‘nueva y maravillosa sociedad’ que ahora será Roma, interpretada como ‘más dinero, más comodidad, más seguridad, más vida a expensas de los trabajadores’.

Marco Tulio Cicerón

Los locos años veinte comenzaron con un asesinato: el general Soleimani, Bagdad, 3 de enero de 2020. Ordenado por Trump 1.0.

La segunda parte de los locos años veinte comienza con un bombardeo/secuestro. Mini-Shock’n Awe en Caracas, incursión de la Fuerza Delta. 3 de enero de 2026. Ordenado por Trump 2.0.

El furioso Donald Trump dijo que gobernará Venezuela.

Este neocalígulo de pacotilla, autoproclamado emperador de Barbaria, al final puede que no gobierne nada, empezando por su propia boca.

La operación de Venezuela se desarrolló siguiendo el clásico manual imperial. Sanciones asesinas durante años que bloquearon el comercio y el movimiento de capitales, provocando una hiperinflación y una crisis humanitaria fuera de control. El objetivo: causar tanto sufrimiento a los venezolanos que un golpe militar fuera inevitable.

El secuestro del presidente de Venezuela en su dormitorio en plena noche se desarrolló siguiendo el clásico manual de la CIA. Consiguieron sobornar al jefe de la seguridad de Maduro y a su círculo más cercano, pero no (cursiva mía) al ejército venezolano.

jueves, 8 de enero de 2026

La guerra de Trump contra América Latina debe detenerse

El ataque a Venezuela señala una nueva fase del poder estadounidense en América Latina, definida por la coerción, la intimidación y la intervención sin límites.

Branko Marcetic, Jacobin

Toda esperanza de que Donald Trump fuera un presidente «antibélico» se evaporó casi tan pronto como ganó la elección de 2024, cuando llenó su administración de una camarilla de belicistas. Después de un año en el que Trump respaldó la guerra de Israel contra Irán, se dedicó a volar embarcaciones en aguas internacionales y, ahora, atacó a Venezuela y secuestró a su líder, esa esperanza salió despedida por un acantilado y se estrelló contra las rocas del fondo.

No hace falta decir que la operación de cambio de régimen que lleva adelante Trump en Venezuela es brutal, peligrosa y descaradamente ilegal, aunque obviamente es todo eso y más. Es ilegal en múltiples niveles: una violación clara del derecho internacional, por supuesto, pero también el último ejemplo de Trump limpiándose los zapatos, con total desparpajo, en la Constitución de Estados Unidos. Pese a lo que afirma el vicepresidente J. D. Vance, no existe ningún resquicio legal que invalide mágicamente la Cláusula de Poderes de Guerra de ese texto en el caso de que el Departamento de Justicia impute a un líder extranjero.

Esas acusaciones por narcotráfico, dicho sea de paso, no tienen nada que ver con lo que Trump acaba de hacer, aunque sin duda vamos a oír hablar de ellas sin parar en las próximas semanas. Como señalaron largamente diversos analistas, Venezuela casi no tiene relación con el flujo de cocaína hacia Estados Unidos. Y Trump se esforzó de manera casi cómica por socavar su propio argumento, al indultar hace apenas unas semanas a un expresidente latinoamericano condenado por narcotráfico y al divagar públicamente sobre cuánto le gustaría meter mano en las reservas petroleras de Caracas. Ahora prácticamente se relame ante el festín que, según él, van a darse «nuestras muy grandes empresas petroleras estadounidenses» cuando se «involucren muy fuertemente» en la industria petrolera venezolana.

miércoles, 7 de enero de 2026

Crisis global y Venezuela


William I. Robinson, LaJornada

El ataque y la toma de control de Venezuela por parte de Estados Unidos han conmocionado al mundo. Mientras asimilamos estos acontecimientos, detengámonos un momento y analicemos su contexto histórico mundial más amplio. El sistema capitalista mundial se encuentra en transición de una época histórica a otra, cuyo desenlace está lejos de estar predeterminado. Las diferentes dimensiones de esta crisis de época –económica, social, política y ecológica– se están conjugando en una mezcla explosiva.

En el plano económico, el capitalismo global se enfrenta a una crisis de sobreacumulación, estancamiento crónico y una tasa de ganancia decreciente. La clase capitalista trasnacional (CCT) ha acumulado enormes cantidades de capital excedente que genera una intensa presión para la expansión. Respaldada por los estados capitalistas, la CCT ha lanzado una nueva ronda de expansión depredadora que implica la apropiación extractivista de recursos, guerras, desplazamientos y represión. Esta campaña para apoderarse de los recursos está alimentando un conflicto tras otro, desde Ucrania hasta Palestina, Sudán y el Congo, entre otros, y ahora se centra en Venezuela.

martes, 6 de enero de 2026

La ferocidad imperial y las consecuencias de la agresión contra Venezuela

La transición de la hegemonía blanda a la violencia manifiesta, revela una crisis estructural de un orden que, ya es incapaz de disciplinar a sus periferias

Tannous Shalhoub, Al Mayadeen

La agresión de Estados Unidos contra Venezuela no constituye un episodio aislado ni una reacción espontánea en el devenir de la política internacional, sino la culminación de una lógica imperial integral que se reproduce con renovada intensidad cada vez que el sistema capitalista global ingresa en una nueva fase de crisis.

Lo acontecido en Caracas no es, sino la expresión más flagrante del retorno del imperialismo a sus herramientas más descarnadas: la fuerza militar directa y la imposición de realidades mediante la coacción.

Desde hace años, Venezuela está sometida a un asedio económico asfixiante, a sanciones metódicas, así como a guerras psicológicas y mediáticas bajo el pretexto de la “democracia” y los “derechos humanos”.

Cuando estos instrumentos fracasaron en someter al Estado y desmantelar su estructura, el imperialismo estadounidense recurrió a lo que Lenin definió como la barbarie: una etapa inherente y natural en la evolución del imperialismo, no una desviación patológica respecto a su esencia.

De hecho, la transición de la hegemonía blanda a la violencia manifiesta, revela una crisis estructural de un orden que, ya incapaz de disciplinar a sus periferias mediante
  • los mecanismos del mercado,
  • las instituciones internacionales,
  • el bloqueo económico o la subversión interna,
  • apela directamente a los aviones, los misiles
  • y los golpes de Estado.

Trump ya lo intentó —y fracasó— anteriormente en Venezuela

Nada en las descaradas acciones ilegales de Donald Trump contra el presidente venezolano Nicolás Maduro sugiere que la clase dirigente estadounidense haya aprendido alguna lección de la extralimitación imperialista y el fracaso de Estados Unidos en Afganistán, Irak o la propia Venezuela.

Carlos Ramírez-Rosa, Jacobin

Ya hemos vivido esto antes, cuando la administración Trump intentó forzar una transición política en Venezuela.

En 2019 y 2020, la administración Trump intentó provocar ese cambio mediante presiones, espectáculos y declaraciones públicas sobre su inevitabilidad. Se decía que las deserciones militares eran inminentes. Se afirmaba que miembros del régimen estaban dispuestos a cambiar de bando. Juan Guaidó fue presentado como el legítimo presidente en espera. Y luego… no pasó nada. Las fuerzas armadas se mantuvieron firmes. Las instituciones se mantuvieron en su sitio. La transición prometida nunca se materializó.

Seis años después, la segunda administración Trump está desempolvando el mismo manual.

Una vez más, Donald Trump está anunciando resultados antes de que existan las condiciones materiales y políticas para hacerlos realidad. Afirma que la vicepresidenta de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, está «dispuesta a trabajar con nosotros». A las pocas horas, ella repudió públicamente a Trump. Trump dice que las empresas petroleras estadounidenses están dispuestas a invertir miles de millones de dólares en Venezuela. Politico entrevistó a los propios ejecutivos ese mismo día, quienes dijeron, de forma educada pero clara, que eso no era cierto. Trump proyecta inevitabilidad; las personas que realmente tendrían que llevarlo a cabo le contradicen en tiempo real.

Esto no es un problema de Venezuela. Es el patrón de gobierno de Trump, y una característica recurrente de la extralimitación imperialista de Estados Unidos.

El saqueo de EEUU y los planes de Trump

Venezuela es un buen premio para Washington, pero puede que sea solo el primer paso.

Leonid Savin, Geopolitika

Tras la operación sin precedentes de EEUU contra Venezuela y su presidente, han salido a la luz nuevos datos. Algunos de ellos han sido publicados en los medios estadounidenses, mientras que otros han sido revelados por el presidente de EEUU en una rueda de prensa y en las redes sociales.

Así, se sabe que dentro del Gobierno de Venezuela había un infiltrado de la CIA que trabajaba en colaboración con agentes enviados allí anteriormente. Si a esto le sumamos el trabajo de inteligencia geoespacial de EEUU, así como un centro único de procesamiento de datos al que están conectados los servicios especiales y las agencias de EEUU (el desarrollo del software corrió a cargo de la empresa de capital riesgo Palantir, vinculada a la CIA), esto permitió no solo recopilar y procesar información sobre los movimientos del mandante, sino también crear un simulador del lugar de residencia de Nicolás Maduro y ensayar en la práctica su captura.

Aunque la Fuerza Aérea de los Estados Unidos lanzó ataques contra radares y complejos de defensa antiaérea para garantizar la seguridad de la llegada del grupo de asalto en helicópteros, no está claro por qué no se utilizaron otros tipos de armas y por qué no se protegió adecuadamente el perímetro de la residencia presidencial. Cabe señalar que, con la luna llena, los helicópteros militares, que emiten un fuerte ruido, son un buen objetivo.

El secuestro de Maduro: un episodio fragmentado de la Tercera Guerra Mundial


Domenico Moro, Sinistra in Rete

El acto de guerra estadounidense contra Venezuela, que resultó en el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, es de naturaleza imperialista y representa un episodio de lo que el papa Francisco llamó "una tercera guerra mundial librada a pedazos". El secuestro y el bombardeo aéreo que lo acompañó, que causaron decenas de muertes entre civiles y militares venezolanos, son ilegales y, al violar la soberanía de Venezuela, violan el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas (Artículo 2).

Trump justificó la acción militar alegando que Maduro era el jefe de un cártel de la droga y un narcoterrorista. Así, valiéndose de una ley estadounidense aprobada tras el ataque a las Torres Gemelas, logró eludir la autorización del Congreso estadounidense. Sin embargo, lo cierto es que la ONU ha declarado que Venezuela no produce ni vende drogas, que no operan cárteles de la droga en el país y que el tráfico de drogas hacia Estados Unidos utiliza la ruta del Pacífico, no el Caribe, donde se encuentra Venezuela. Trump fue acompañado por Giorgia Meloni y su gobierno, quienes calificaron la acción militar de "legítima", demostrando una vez más su supina alianza con Estados Unidos. Evidentemente, para Meloni, en este caso no hay "agresor y atacado", a diferencia de Ucrania.

Las causas reales de la agresión contra Venezuela son otras.

lunes, 5 de enero de 2026

Estados Unidos ataca a Venezuela y secuestra a su Presidente


Vijay Prashad - Taroa Zúñiga Silva, Counter Punch

Poco después de las 2 am, hora de Venezuela, del 3 de enero de 2026, y violando el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, los Estados Unidos iniciaron un ataque contra varios lugares del país, entre ellos Caracas, la capital. Sus habitantes se despertaron con fuertes ruidos y destellos, así como con grandes helicópteros en el cielo. Comenzaron a aparecer vídeos en las redes sociales, pero sin mucho contexto. La confusión y los rumores inundaron las redes sociales.

En una hora, se calmó el cielo. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció que sus fuerzas habían llevado a cabo ataques contra Venezuela y habían capturado al presidente Nicolás Maduro Moro y a su esposa Cilia Flores. Poco después, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó que se desconocía el paradero de Maduro y Flores. La fiscal general de los Estados Unidos, Pamela Bondi, confirmó que Maduro y Flores se encontraban en los Estados Unidos y habían sido acusados de «complot narcoterrorista».

No está claro el resultado de este ataque contra Venezuela. El gobierno sigue controlando la situación, a pesar de que se ha secuestrado al presidente y de que el pueblo venezolano se encuentra conmocionado, pero desafiante; no está claro si los Estados Unidos volverán a atacar o si el gobierno norteamericano tiene un plan político claro para después de este ataque.

EEUU captura a Maduro, pero nada está garantizado sobre el futuro de Venezuela

El mundo se está rediseñando en esferas de influencia, y sólo el poderío militar y la voluntad de utilizarlo parecen ser barreras efectivas contra las intervenciones extranjeras.

Rafael Machado, Strategic Culture

Tras un operativo que comenzó a las 2:00 a. m., hora de Caracas, fuerzas especiales estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y los sacaron del país. La operación duró solo 30 minutos e involucró a poco más de un puñado de helicópteros, operando a poca distancia del suelo.

El gobierno estadounidense y sus partidarios reaccionaron con euforia ante la “gran hazaña” de la operación. Donald Trump declaró que solo Estados Unidos podía lograr algo así.

Sin embargo, hasta el momento, el evento se asemeja más a un espectáculo pirotécnico propagandístico que a una gran hazaña militar. Y esto se debe a que la extracción parece haberse llevado a cabo, según todos los indicios, sin oposición alguna por parte del Estado venezolano.

Durante meses, desde que se intensificaron las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, se ha especulado sobre la existencia de negociaciones secretas entre Maduro y Trump. De hecho, periódicos como el New York Times informaron que Maduro le había ofrecido "todo" a Trump, pero que este había rechazado las diversas ofertas.

domingo, 4 de enero de 2026

¡Vergüenza para Estados Unidos, gloria eterna para Venezuela!


Alberto Bradanini [1], l'Anti Diplomatico

El verdadero estado rebelde del planeta, los Estados Unidos de América, está atacando a un país soberano que no ha hecho nada contra la “llamada democracia” más grande del planeta, actualmente dirigida por un sociópata que necesita atención psiquiátrica, pero en realidad controlada remotamente por grandes corporaciones privadas que controlan, en secuencia, el estado profundo (CIA, FBI, NSA y las otras hermanas del mismo tipo), los productores de muerte (armas y virus), los generales del “amor extraño” listos para destruir el mundo por sed de poder y los políticos a sueldo del mejor postor.

Al atacar a Venezuela, el belicismo estadounidense confirma que es la más peligrosa concentración de poder financiero, militar y tecnológico del planeta Tierra hoy en día, dispuesta incluso a poner en peligro la supervivencia de la raza humana, carente de humanidad y de respeto a los derechos ajenos.

Como todos los cobardes, sin embargo, Estados Unidos no se atreve a atacar a grandes potencias como Rusia o China, sino a países pobres e indefensos, que sin embargo no se pliegan a los caprichos imperiales, que defienden su soberanía, si acaso cometiendo errores como todos, pero buscando la manera de generar la poca prosperidad y bienestar para sus ciudadanos que sus condiciones políticas y económicas permiten.

El periodista John Pilger [2] nos recuerda que en los últimos 70 años Estados Unidos ha derrocado o intentado derrocar a más de cincuenta gobiernos, en su mayoría democracias, interfiriendo en las elecciones democráticas de más de treinta países y bombardeando poblaciones de treinta naciones, la mayoría de ellas pobres e indefensas.

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