El final es claro: Estados Unidos perderá toda la masa continental euroasiática. Ucrania, bajo estos inmensos imperativos geopolíticos, no es más que un peón sin soberanía en el (Gran) Juego.
Pepe Escobar, Strategic Culture
¿Realmente cambió el presidente Putin las reglas del juego al proponer la reanudación de las negociaciones sobre la guerra proxy en Ucrania en Estambul, más de tres años después de que la OTAN las frustrara?
Es complicado. Y depende de qué “juego” estemos hablando.
Lo que la maniobra rusa logró al instante fue sembrar el caos total entre los tres chiflados belicistas europeos (Starmer, el canciller de BlackRock y Le Petit Roi) del Cocaine Express.La irrelevante Europa ni siquiera estaba presente en Estambul, salvo a través de una exhaustiva sesión informativa previa de la delegación ucraniana, de bajo nivel y mal vestida. A ello se sumó la ruidosa amenaza en los márgenes de la reunión, en la que se abogaba por “más sanciones” para “presionar a Rusia”.
En marzo de 2022, en Estambul, Kiev podría haber detenido la guerra. Todos los que estábamos en Estambul en ese momento podíamos prever que Kiev acabaría viéndose obligada a volver a la mesa de negociaciones.
Así que, en esencia, volvemos a las mismas negociaciones, con el mismo negociador ruso de alto nivel, el competente historiador Vladimir Medinsky, al frente de una delegación compuesta por profesionales, pero con Ucrania enfrentándose ahora a más de un millón de muertos, privada de al menos cuatro regiones, y más en camino, lo que queda de su riqueza mineral controlado de facto por Estados Unidos y un horrible agujero negro que pasa por ser una «economía». Estamos hablando de un territorio en estado 404.














