Todo el debate sobre el uso ucraniano de misiles occidentales de largo alcance gira en torno a la arriesgada búsqueda por parte de Estados Unidos y los países europeos de una imposible cuadratura del círculo.
Roberto Iannuzzi, Intelligence for the People
David Ignatius, escritor histórico del Washington Post, conocido por sus vínculos con el establishment estadounidense y con la CIA, es sin duda un buen criterio para investigar los patrones de pensamiento que la élite política estadounidense aplica al conflicto ucraniano.
Ignatius viajó a menudo a Ucrania para seguir de cerca la evolución de la guerra y observar su impacto en la sociedad del país.
Recientemente visitó centros de rehabilitación donde pudo observar de primera mano las terribles consecuencias (amputaciones, discapacidades permanentes) que las armas modernas infligen a los cuerpos de miles de jóvenes, a menudo enviados a luchar sin ninguna experiencia ni conciencia de lo que les espera.
Escribe que, escuchando las historias de estos muchachos, "uno se da cuenta de que Ucrania se está desangrando", que "su ejército está agotado", que el país "no tiene suficientes soldados para librar una oportuna guerra de desgaste indeterminado".
Frente a hallazgos similares, uno esperaría que abrir una mesa de negociaciones para poner fin al ahora inútil derramamiento de sangre y a la creciente destrucción del país sería la conclusión correcta.














