Si el primer ministro israelí decide aceptar un alto el fuego, perderá el apoyo de su coalición y se desencadenará una nueva ronda de elecciones, situación en la que se enfrenta a la posibilidad de perder.
Robert Inlakesh, Al Mayadeen
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no permitirá un alto el fuego en Gaza porque supondría admitir su derrota. Sin embargo, si no se le obliga a llegar a un acuerdo, la guerra con Líbano es inevitable.
El secretario general de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasrallah, usó la analogía del boxeo para describir las acciones de la Resistencia en su primer discurso tras el estallido de la guerra el 7 de octubre, afirmando que el golpe de nocaut aún no había sido dado y que estaban en una fase de acumulación de puntos de la batalla.Si nos atenemos a la analogía del boxeo, Netanyahu está a punto de entrar en el duodécimo y último asalto del combate, perdiendo claramente por puntos y agotado físicamente. Se está desmoronando poco a poco y se tambalea por todo el cuadrilátero, con sólo dos opciones: arrodillarse [acordar un alto el fuego] o lanzar un último golpe con la esperanza de noquear al oponente [atacar Líbano].
El único problema de lanzar un golpe contundente es que Netanyahu podría quedar noqueado en seco, y por eso está dudando tanto.
Como todos los analistas políticos serios han dicho desde el principio, Estados Unidos podría haber puesto fin a esta guerra hace mucho tiempo y es el único con poder para presionar a los israelíes para que lo hagan.












