Los analistas no logran comprender que la guerra en Ucrania es simplemente el catalizador de una transformación mucho más profunda, el fin irreversible de cinco siglos de dominación occidental
Pepe Escobar, La Haine
Este es un momento histórico que podría definir el destino de la humanidad. Lo que acaba de suceder no es simplemente una negociación entre Trump y Zelenski, ni siquiera una partida de ajedrez entre Washington y Moscú. Es el acto final de un orden mundial que agoniza.
¿Puede Trump cumplir su promesa de terminar esta guerra o se está dirigiendo hacia la trampa geopolítica más elaborada de la era moderna? El gran tablero, La herencia envenenada de Mackinder.
Para entender la complejidad abismal de lo que está sucediendo, debemos remontarnos a las raíces profundas de esta confrontación. Halford Mackinder, el visionario geógrafo británico, lo vio venir hace más de un siglo. Quien controle el 'Heartland' (tierras del centro) euroasiático controlará el mundo.
Lo que el Imperio Británico entendía instintivamente, los estrategas estadounidenses lo convirtieron en doctrina después de 1945. La OTAN no fue creada para defender Europa del comunismo soviético. Esa fue solo la narrativa de portada.
La OTAN fue diseñada como el mecanismo de control perpetuo del 'Heartland', la herramienta para impedir que cualquier potencia euroasiática, fuera Alemania, Rusia o China, pudiera consolidar un espacio económico integrado que desafiara la supremacía angloamericana.











