lunes, 2 de junio de 2025

Donald Trump va descubriendo el arte de la negociacion politica

Quienes no entienden las negociaciones sobre los conflictos en Ucrania y en el Medio Oriente, es porque no entienden la diferencia entre las guerras y los conflictos civiles. Generalmente ven la conclusión de un acuerdo de paz como si se tratara de dividir los bienes comunes en un divorcio. No ven que las guerras son el resultado de graves conflictos que suelen haber existido durante generaciones. Y generalmente, las condiciones materiales, los sufrimientos y los actos de violencia revisten menos importancia que las injusticias.

Thierry Meyssan, Voltaire

Nada sabemos sobre el contenido de las negociaciones que la administración Trump emprendió con el movimiento yemenita Ansar Allah. Tampoco sabemos gran cosa sobre las que está desarrollando ahora con Irán, con Israel y con Rusia. Sólo “sabemos” lo que nos dicen en declaraciones aisladas, declaraciones que no se hacen para que entendamos lo que sucede sino más bien para mantener a raya a quienes rechazan la paz y, al mismo tiempo, en aras de tranquilizar a quienes la esperan.

Además, el estilo de negociación del businessman convertido en jefe de Estado que es Donald Trump plantea un verdadero quebradero de cabeza. Trump se pasa el tiempo enunciando posiciones incoherentes, pero sin atenerse realmente a ninguna, sólo para sacudir a sus socios con la esperanza de que estos muestren sus cartas antes de tiempo. Esa forma de negociar, que nada tiene que ver con la diplomacia, no toma en cuenta las causas profundas de los conflictos. Sólo reconoce las quejas que proclaman unos y otros y, en definitiva, sólo puede llevar a la obtención de los acuerdos que alguna de las partes puede aceptar momentáneamente, pero que luego va a deplorar.

En todo caso, hoy se impone actuar rápido. Aunque su intensidad ha disminuido en algo, las guerras siguen causando muerte y destrucción en Ucrania y en el Medio Oriente. Los anuncios espectaculares de que tal o más cual guerra iba a resolverse en cuestión de días ya han dejado paso a la dura realidad.

Palestina: ¿Por qué importó tanto que quemaran a unas niñas en Vietnam y no en Gaza?

[Fotografía de la izquierda: Phan Thi Kim Phuc corre gritando después de que el ejército de Vietnam del Sur lanzara napalm en 1972. Foto de Nick Ut/AP/Dominio público; Fotografía de la derecha: Ward Jalal al-Sheikh Khalil intenta escapar de las llamas después de que Israel bombardease una escuela que albergaba a palestinos desplazados en Gaza. Foto: Captura de pantalla vía Twitter]

Jehad Abusalim, Sin Permiso

La foto de la «niña del napalm» conmocionó al mundo y contribuyó a poner fin a la guerra de Vietnam, pero un vídeo viral de una niña rodeada de llamas y otras imágenes similares en Gaza ni siquiera logran provocar un alto el fuego.

Cuando la foto de la «niña del napalm» apareció en los medios de comunicación estadounidenses e internacionales en 1972, conmocionó al mundo. La imagen mostraba a una niña vietnamita, Phan Thi Kim Phuc, corriendo desnuda y gritando de dolor, con el cuerpo quemado por el napalm lanzado por el ejército survietnamita respaldado por Estados Unidos. La foto capturó la cruda e ineludible verdad de la guerra y obligó a la gente, especialmente en Estados Unidos, a enfrentarse al coste humano de las acciones de su Gobierno en Vietnam. Se convirtió en un catalizador, un punto de inflexión, un símbolo de una guerra que había perdido su justificación moral.

Ahora, más de 50 años después, el mundo vuelve a ver imágenes de niños quemados vivos. Pero esta vez, la respuesta es diferente. Esta vez, las imágenes no parecen traspasar el poder de la misma manera. El dolor en Gaza es innegable, las pruebas abrumadoras. Pero falta la rendición de cuentas.

El lunes, se difundieron imágenes desde Gaza tras un ataque aéreo israelí contra la escuela Fahmi al-Jirjawi en la ciudad de Gaza. La escuela albergaba a cientos de familias palestinas desplazadas, muchas de las cuales dormían en tiendas de campaña improvisadas en el patio y en las aulas. Según Al Jazeera, al menos 36 personas murieron en el bombardeo, y muchas de ellas (casi la mitad) eran niños. Decenas más resultaron gravemente heridos, con cuerpos calcinados hasta quedar irreconocibles.

¿Para qué sirve una guerra?: El acuerdo financiero entre Estados Unidos y Ucrania


Gaetano Colonna, Clarissa.it

La perspectiva estadounidense sobre el conflicto en Ucrania es cada vez más clara. El creciente desinterés de la administración Trump en la tan cacareada solución diplomática a la guerra nos está haciendo comprender que Estados Unidos realmente cree que ya ha logrado sus objetivos prioritarios.

Nada revela más claramente la orientación norteamericana sobre la cuestión ucraniana que el acuerdo económico firmado el 30 de abril en Washington por Yuliia Svyrydenko , primera viceministra de Economía de Ucrania, y Scott K. H. Bessent , secretario del Tesoro de EEUU, un acuerdo técnicamente llamado Fondo de Inversión para la Reconstrucción de Estados Unidos-Ucrania .

Esto es una confirmación de que la política norteamericana hacia Ucrania, que se ha acelerado desde la llamada Revolución Naranja de 2004, tiene entre sus principales objetivos el de vincular a Ucrania al sistema económico y financiero que tiene su centro de gravedad político en EEUU.

En primer lugar, cabe señalar que el documento firmado por los ministros de los dos países es por el momento una definición de los principios generales que las dos partes han aceptado, ya que un acuerdo detallado, llamado Acuerdo LP, aún debe ser formalizado y aprobado por el parlamento ucraniano: tanto es así que la propia prensa ucraniana ha sido mucho menos triunfalista que nuestros medios al evaluar su contenido, consciente de que, como todos los diplomáticos saben, "el diablo está en los detalles". Y realmente no es difícil entender quién es el diablo aquí.

domingo, 1 de junio de 2025

La guerra de los ricos y el salario universal

Gran parte de la crítica y los miedos sobre el salario universal se basan en el miedo a que la gente deje de trabajar en masa

Jorge Majfud, La Haine

Ni la democracia ni el capitalismo hicieron más ricos y desarrollados al Noroccidente. Lo hizo el imperialismo. La diferencia entre el capitalismo y la democracia radica en sus principios éticos, ideológicos y de valores sociales. Uno se define por su objetivo de distribución del poder (de la libertad y de los beneficios de las sociedades) y el otro por su contrario: por su concentración en una minoría progresivamente más pequeña y más poderosa.

Como todo sistema dominante, el capitalismo no sólo se especializó en secuestrar bienes materiales sino también simbólicos, desde la política, la ideología, la ética, la estética, la narrativa de sus medios propagadores y los medios periodísticos hasta los medios culturales a través de la industria de la cultura. Como todo sistema dominante, se reproduce como un fractal en cada individuo, en cada sociedad y en el orden global. En los tres niveles existe y ha existido siempre una relación parasitaria de una minoría sobre una mayoría. De la misma forma que dentro de una sociedad la clase trabajadora es parasitada (física e intelectualmente) por las clases dirigentes, así también ha ocurrido siempre con la mayoría de los países y los imperios parásitos.

Para encubrir o justificar una posición de dominio y explotación, el esclavista debe demonizar, desmoralizar, desacreditar y "de-nigrar" al esclavo. Esta moral también es parasitaria, ya que una vez inoculada en el organismo del oprimido se alimenta y reproduce en ese mismo organismo hasta producir esclavos en plenitud, defensores incondicionales de sus amos. Esclavos que quieren ser amos, oprimidos que sueñan con ser opresores ricos y apenas si llegan a opresores pobres.

Entre muchos dogmas, uno que continúa siendo popular reza que "los pobres son pobres porque quieren", porque "no se esfuerzan lo suficiente", "porque se drogan o beben alcohol", "porque no trabajan", como si entre las clases dirigentes, empresariales y políticas no existieran drogadictos, alcohólicos, perezosos y desocupados, y no por eso se caen de la escala de privilegios sociales y mucho menos terminan viviendo en la pobreza. Luego, ante cualquier movilización por justicia social, los herederos de los esclavistas y sus remedos de segunda sacan su látigo clasista: "vayan a trabajar, manga de vagos".

Alemania cruza la línea roja: Moscú podría responder con Oreshnik, o algo más serio

Berlín da otro peligroso paso hacia una guerra total en Europa

Lucas Leiroz, Strategic Culture

Con la creciente injerencia occidental, el conflicto en Ucrania podría estar a punto de entrar en una nueva fase más peligrosa. Tras la declaración de Berlín de apoyo a la producción ucraniana de misiles de largo alcance, resurge la posibilidad concreta de ataques en territorio ruso profundo con armamento occidental. Esto marca una escalada cualitativa que altera profundamente la naturaleza de la guerra, con posibles consecuencias devastadoras.

Las armas en cuestión son capaces de alcanzar objetivos críticos en el interior del territorio ruso, lejos del frente. Aunque oficialmente se atribuyen a Ucrania, es ampliamente reconocido que el uso de tales armas requeriría asistencia técnica extranjera. En este contexto, Alemania pasa de ser un partidario pasivo a cogestor de ataques estratégicos, asumiendo riesgos que previamente había evitado.

Moscú interpreta esta acción alemana como hostil, y ya se han emitido claras advertencias sobre represalias proporcionales. En tal escenario, resulta imposible ignorar la doctrina nuclear actualizada de Rusia, que permite el uso de armas nucleares en caso de amenaza a la integridad del Estado, incluyendo ataques convencionales a gran escala contra infraestructuras vitales.

Esto no significa que un ataque nuclear sea inminente. Sin embargo, la mera inclusión de esa posibilidad en la ecuación estratégica ya marca un punto de inflexión. La guerra indirecta, hasta ahora mantenida dentro de ciertos límites, se acerca al riesgo real de una confrontación directa entre grandes potencias.

sábado, 31 de mayo de 2025

Fascismo y “ahistoriología”


Maciek Wisniewski, La Jornada

Emilio Gentile (1946), historiador conservador italiano y uno de los principales expertos en fascismo −ningún parentesco con Giovanni (1875- 1944), el filósofo cortesano y “cerebro” de Mussolini−, podría ser un buen ejemplo de una observación, repetida a menudo en el marxismo heterodoxo que data al menos desde Walter Benjamin, de que “los conservadores a veces ven más” y son mucho más perspicaces en señalar las fallas y las contradicciones de las democracias liberales −los filósofos o sociólogos como Carl Schmitt, Gaetano Mosca o Max Weber vienen a la mente− que sus homólogos liberales, que tienden a ser mucho más ciegos y complacientes respecto a ella; una observación que bien podría ser extendida también a los estudios sobre el fascismo y los debates actuales sobre el tema.

El enfoque de Gentile que trata al fascismo como una “religión política” (n9. cl/a3r6r), secular y cívica, basada en una sacralización del régimen que permitía definir al Estado fascista como totalitario −interpretación en los antípodas de otros, y según él, mal informados históricamente, enfoques como el de Hannah Arendt− aporta precisiones terminológicas y conceptuales importantes para pensar en el fascismo, incluso si, desde la izquierda, uno podría encontrar como más útiles los enfoques por ejemplo de (para quedarse en la misma Italia) Antonio Gramsci.

Inspirándose en las ideas de Renzo de Felice −de quien, contrario a lo que piensan muchos, no fue el alumno (n9.cl/sely9)− y en las de George L. Mosse y centrándose en las cuestiones culturales, Gentile ve al fascismo −dentro de sus aspectos “religioso-seculares”− como una “ideología de acción” con su aversión a la teoría, fijación en la virilidad y en los fundamentos míticos antihedonistas, apelaciones a la emoción y simbolismos únicos, todo lo cual fortalecía un sentido de pertenencia a una causa mayor y sentimientos de lealtad al movimiento que veneraba a la nación entendida como una comunidad orgánica y étnicamente homogénea y organizada jerárquicamente en un Estado corporativo con vocación de potencia, belicismo y expansión territorial-imperial.

Yemen es una pesadilla para Israel y las empresas energéticas occidentales

El bloqueo a Haifa marca un punto de inflexión debido a que, por primera vez, Tel Aviv enfrenta presión energética directa desde Yemen
El estrecho de Bab el Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y es una de las rutas más transitadas por el comercio internacional

Eder Peña, Misión Verdad

El pasado 20 de mayo, las fuerzas Ansarolá de Yemen anunciaron la imposición de un bloqueo naval al puerto de Haifa, en Palestina ocupada, como respuesta a la genocida agresión israelí contra la Franja de Gaza.

La presión militar yemení logró afectar al puerto de Umm al-Rashrash, también conocido como Eilat, que cesó sus operaciones desde que comenzara la última escalada en 2024.

Estas acciones se unen a un importante y extenso registro de acciones desde Yemen, contra embarcaciones en el Mar Rojo e instalaciones aéreas y portuarias en territorio palestino ocupado, imponiendo una nueva simetría regional.

Los yemeníes han desplegado misiles de tipo balístico, crucero y hasta hipersónicos, así como una extensa nueva generación de drones artillados y kamikazes aéreos y marítimos. Lo han logrado con base en tecnologías y apoyo técnico ofrecido por Irán. Esto ha cambiado las facultades de Yemen para interactuar en diversos planos, alterando las condiciones militares en su área de incidencia, en tierra, mar y aire.

Las acciones acumuladas de los hutíes yemenitas durante estos años han impuesto un cambio significativo en la logística comercial del Estado israelí, afectando ciertas operaciones. Pero el amplio espectro de acciones se ha colateralizado sobre el difícil contexto energético internacional, haciendo del Mar Rojo un gran factor de atención para intereses occidentales.

viernes, 30 de mayo de 2025

Trump o la encarnación de la incertidumbre


Raúl Zibechi, LaJornada

La conducta de Trump es una puesta en escena de la incertidumbre”, sostuvo el historiador Emmanuel Todd en su conferencia en la Academia de Ciencias de Rusia, el 23 de abril en Moscú (https://goo.su/C0ilz). El título de su conferencia fue “Antropología y realismo estratégico en las relaciones internacionales” y aborda cuestiones que ya mencionó en su libro La derrota de Occidente, mientras analiza otras como el gobierno de Donald Trump, que no aparecían en su obra.

Voy a desgranar algunas ideas que nos pueden interesar a los movimientos anticapitalistas, centradas en las consecuencias de la inevitable caída del imperio. Para ilustrar la profundidad de esa caída, Todd sostiene que no estamos simplemente ante el fracaso económico y militar de Estados Unidos, sino ante algo mayor que define como “una dislocación de las creencias que han organizado la vida social occidental durante varias décadas”. No tiene dudas de que estamos ante el comienzo de una caída de Estados Unidos, pero indica que “debemos estar preparados para ver cosas mucho más dramáticas”.

Para no reincidir en cuestiones ya comentadas que vienen en su último libro, me centraré en lo que Todd denomina “la revolución de Trump”. Como toda revolución, contiene una violencia extraordinaria que se manifiesta, internamente, en “una lucha contra las universidades, contra la teoría de género, contra la cultura científica, contra la política de inclusión de los negros en las clases medias estadunidenses, contra el libre comercio y contra la inmigración”.

El vínculo inseparable del Capitalismo con la Guerra

…la única manera de acabar con la guerra es superar el modo de producción capitalista con un nuevo modo de producción que no se centre en la búsqueda del máximo beneficio, sino en la satisfacción de las necesidades individuales y sociales.

Domenico Moro, Laboratorio 21

La guerra se convierte en una actividad característica de la humanidad desde que esta se dividió en clases sociales. De hecho, desde siempre, las causas económicas están en la base de la guerra.

Pero solo con el capitalismo plenamente desarrollado se determinaron las guerras mundiales, vinculadas a la globalización del capital, y la creación de armas de destrucción masiva, debido al enorme gasto en investigación y nuevas tecnologías.

La guerra es sobre todo un elemento impulsor de la economía capitalista en sus momentos de crisis estructural y cuando se cuestiona la jerarquía de poder en la que se basa a nivel internacional. En momentos de crisis, el gasto militar y las enormes destrucciones debidas al uso de las armas modernas acuden puntualmente en ayuda de los beneficios.

No es casualidad que, en el momento actual, caracterizado por una crisis que afecta a las zonas tradicionalmente más desarrolladas del capitalismo, Estados Unidos, Europa occidental y Japón, se asista a un aumento del gasto militar.

En Estados Unidos, los recortes en los gastos de la administración federal, que ya han provocado el despido de miles de empleados públicos, deberían haberse extendido al gasto militar, que en cinco años se habría reducido en aproximadamente un tercio: de 968 000 millones de dólares en 2024 a 600 000 millones en 2030.

¿Qué viene después de la globalización?

El mundo tal y como lo conocemos es producto de la globalización, y esta era podría estar llegando a su fin.

Branko Milanovic, Jacobin

Donald Trump ha vuelto al poder y, por decirlo suavemente, no es precisamente un fanático de la globalización. El presidente estadounidense afirma su patriotismo declarando públicamente su rechazo a un «globalismo» que, en sus palabras, «ha dejado a millones y millones de nuestros trabajadores sin nada más que pobreza y dolor». Para comprender mejor la era actual de la globalización a la que pretende poner fin y su trayectoria, resulta útil compararla con la globalización que tuvo lugar entre 1870 y el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Ambas globalizaciones representan períodos cruciales, años decisivos que dieron forma al mundo actual. Y ambas fueron testigo de la mayor expansión de la producción económica mundial hasta la fecha.

Sin embargo, también fueron muy diferentes en muchos aspectos. La primera globalización estuvo asociada al colonialismo y al dominio hegemónico de Gran Bretaña. Condujo a un gran aumento de la renta per cápita en lo que más tarde se conocería como el «mundo desarrollado». Al mismo tiempo, provocó el estancamiento en el resto del planeta e incluso la disminución de los ingresos en China y África. Las cifras más recientes de la base de datos de estadísticas históricas del Proyecto Maddison muestran que el aumento acumulado del PIB real (ajustado a la inflación) per cápita del Reino Unido entre 1870 y 1910 fue del 35%, mientras que el PIB per cápita se duplicó en Estados Unidos durante el mismo período. Sin embargo, el PIB per cápita de China disminuyó un 4%, y el de la India solo aumentó ligeramente, un 16%. Este tipo particular de desarrollo creó lo que más tarde se conoció como el Tercer Mundo y reforzó las diferencias en los ingresos medios de los países de Occidente y el resto.

Desde el punto de vista de la desigualdad mundial, que es en gran medida un reflejo de estos hechos, la «Globalización I» produjo un aumento de la desigualdad, ya que las zonas ya ricas crecieron más rápidamente y las más pobres se estancaron o incluso retrocedieron.

jueves, 29 de mayo de 2025

La narrativa occidental se desmorona

La “verdad» que difunden los medios occidentales se está desmoronando bajo la presión de medios e investigadores independientes, documentos filtrados y la realidad vivida

Pascal Lottaz, La Haine

Durante décadas, Occidente controló la narrativa. Las guerras se disfrazaron con el lenguaje de la libertad, las invasiones se vendieron como misiones humanitarias, el público recibió nobles mentiras disfrazadas de patriotismo y un envoltorio mediático sofisticado. Pero esa era está llegando a su fin. A medida que se abren grietas en el panorama mediático occidental, las élites entran en pánico, no porque hayan perdido sus bombas, sino porque están perdiendo la narrativa. Y sin la narrativa, el imperio se desmorona.

En una conversación con el periodista belga y escritor pacifista Michel Collon en Neutrality Studies, analizamos las numerosas mentiras mediáticas que Occidente ha fomentado incesantemente durante las últimas décadas. La verdadera batalla no está en Gaza, ni en el Donbás, ni en el Mar de China Meridional; está en tu cabeza. Es la lucha por decidir quién define la verdad, el victimismo y la violencia. La buena noticia es que, ahora mismo, los viejos narradores están perdiendo el control.

Las cinco mentiras que venden toda guerra

Es un manual tan trillado que debería insultar a cualquiera que preste atención.

Breve guía sobre cómo matar de hambre a toda una población


Jonathan Cook, The Unz Review

Esta es una breve guía sobre como diseñar un genocidio sometiendo a una población a una terrible hambruna y limpieza étnica.

1. Escoja el momento. Bueno, usted lleva décadas realizando una limpieza étnica, ocupando un territorio, oprimiendo y asesinando a sus vecinos. Los tribunales internacionales han dictaminado que sus actos son ilegales. Pero nada de eso tendrá importancia en el momento en que sus vecinos reaccionen atacando. No se preocupe. Puede confiar en que los medios de comunicación occidentales le echaran una mano. Estarán más que dispuestos a pretender que esa historia comenzó el día en que usted fue atacado.

2. Como respuesta, declare que su intención es matar de inanición a sus vecinos, tratarles de “animales humanos”, bloqueando el acceso a todo alimento, agua y energía. Le sorprenderá cuantos políticos occidentales están dispuestos a apoyarle basados en su “derecho a la defensa”. Los medios de comunicación se harán eco de este argumento. Es importante no hablar solo de bloquear la ayuda. Debe hacerlo realmente. No se producirá oposición alguna durante muchos, muchos meses.

3. Empiece de manera relativamente lenta. El tiempo está de su lado. Permita que entre una pequeña cantidad de ayuda humanitaria. Pero asegúrese de calumniar incansablemente el buen funcionamiento con décadas de experiencia del sistema de distribución de esa ayuda llevado a cabo por la comunidad internacional: transparente, responsable y ampliamente integrado en la comunidad a la que presta ayuda. Afirme que está “infiltrado por terroristas”.

Una tormenta en Occidente: el paradigma intelectual liberal está roto

Héctor es engañado para entrar en combate y muere bajo las murallas de Troya. Trump bien podría entender la moraleja de la historia de La Ilíada.

Alastair Crooke, Strategic Culture

El año pasado, en San Petersburgo, me pregunté: ¿Saldrá Occidente de su guerra cultural como un socio potencial más receptivo? ¿O se desintegrará y recurrirá a la belicosidad para intentar mantener la paz?

Bueno, eso era entonces. La «contrarrevolución» está ahora en marcha bajo la forma de la «tormenta» de Trump. Y Occidente ya se ha desmoronado : el Proyecto Trump está poniendo patas arriba a Estados Unidos, y en Europa hay crisis, desesperación y una furia por derrocar a Trump y a «toda su obra».

¿Es esto entonces «todo»? ¿La rebelión anticipada contra la imposición cultural «progresista»?

No. Este no es el alcance de los sigilosos y estruendosos cambios que se están produciendo en Estados Unidos. Estos están provocando cambios políticos mucho más complejos. No será un simple duelo entre republicanos y demócratas. Porque aún queda otro golpe por dar, más allá de la revolución MAGA.

La verdadera acción en Estados Unidos no se desarrolla en seminarios en Brookings ni en artículos de opinión del New York Times . Sucede entre bastidores, fuera de la vista; fuera del alcance de la alta sociedad y, en su mayoría, fuera de guion. Estados Unidos está experimentando una transformación más parecida a la que sufrió Roma en la época de Augusto.

miércoles, 28 de mayo de 2025

Ucrania: ¿La Paz imposible?

A la luz de las posiciones irreconciliables de Kiev y Moscú, del maximalismo europeo y de la escasa incisividad de Trump, la perspectiva de una resolución de la guerra en Ucrania parece alejarse

Roberto Iannuzzi, Intelligence for the People

Las conversaciones de Estambul del 16 de mayo, las primeras entre Rusia y Ucrania en tres años pusieron de manifiesto todos los obstáculos para alcanzar un acuerdo de paz entre Moscú y Kiev. Estos obstáculos se confirmaron en la conversación telefónica entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo ruso Vladimir Putin tres días después.

No obstante, la reunión de Estambul supuso un paso adelante, si se tiene en cuenta que hace solo tres meses el Gobierno ucraniano rechazaba incluso la idea de un diálogo con el Kremlin, por considerarlo ilegal, y exigía la retirada rusa de todos los territorios de Ucrania como condición previa para cualquier negociación. Pero el desarrollo de las conversaciones siguió siendo incierto hasta el último momento y tenso durante su breve duración (menos de dos horas).

Como lamentó el diplomático ruso Rodion Miroshnik, la delegación ucraniana estaba compuesta en su mayor parte por miembros del ejército y los servicios de inteligencia, lo que confirma que solo había acudido a Estambul para negociar los detalles de un posible alto el fuego. Había muy pocos diplomáticos y figuras políticas capaces de discutir los elementos de una paz duradera. Pero hasta el último momento, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky había pedido la aplicación de un alto el fuego de treinta días como condición previa para el inicio de las negociaciones. Trump reiteró esta petición en su posterior conversación telefónica con Putin, aunque en este caso se limitó esencialmente a actuar como portavoz de Kiev y sus aliados europeos.

Sin embargo, esta es una condición que Moscú siempre ha rechazado, considerándola un pretexto de Kiev para reorganizarse militarmente, movilizar nuevos efectivos y rearmarse. Por otra parte, los países occidentales aliados de Ucrania tampoco han aceptado nunca la petición rusa de cesar los suministros militares a Kiev como condición para un alto el fuego.

El silencio y las amenazas


Nahia Sanzo, Slavyangrad

“El silencio de América, el silencio de otros en el mundo no hace más que envalentonar a Putin”, sentenció el domingo Volodymyr Zelensky después de la segunda noche de ataques masivos con drones y misiles de la Federación Rusa. El ataque dejó una docena de muertos y una gran destrucción fruto del acierto ruso y de la escasez de munición para los sistemas de defensa aérea. Este lunes, Le Monde afirmaba que Ucrania ya no dispone de misiles para los sistemas SAMP-T suministrados por Francia e Italia y achacaba a esa escasez de munición para todos los sistemas antiaéreos suministrados por Occidente el descenso en el porcentaje de interceptaciones que logra realizar Kiev.

El silencio que condenaba preventivamente Zelensky duró poco y rápidamente se encadenaron los mensajes de exigencia de tregua incondicional a Rusia. Quizá el más representativo de ellos fue el del general Kellogg, enviado de Trump para Ucrania, que por la tarde (por la mañana en Estados Unidos) escribió, precisando que “esto es Kiev”, que “la matanza indiscriminada de mujeres y niños durante la noche en sus hogares es una clara violación de los Protocolos de Paz de Ginebra de 1977, diseñados para proteger a los inocentes. Estos ataques son vergonzosos. Alto al fuego ya”, un mensaje que no fue considerado lo suficientemente explícito por algunos de los periodistas veteranos de esta guerra. “Ni una sola mención de las palabras «Rusia» o «Putin». Y ninguna palabra del propio Trump después de que Rusia lanzara el mayor ataque con drones y misiles contra ciudades ucranianas desde el inicio de la guerra”, escribió Yaroslav Trofimov, de The Wall Street Journal, que demandaba una condena más clara y con una mención abierta a Rusia o a su presidente. Curiosamente, la imagen con la que el general Kellogg acompañaba su duro mensaje no era un objetivo civil ni un ataque indiscriminado a la población civil, sino la fábrica Antonov. Horas antes, Ucrania había atacado con drones una fábrica química y, como recordaba el periodista opositor ruso Leonid Ragozin, una empresa de producción de microchips. Los misiles aportan imágenes más espectaculares, pero los drones son capaces de gran destrucción, no solo en Ucrania, también en Rusia.

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