A Israel le quedan dos opciones: intentar prolongar y retrasar la inevitable implosión de su proyecto expansionista y sucumbir, o sobrevivir facilitando la creación de un Estado de Palestina.
Robert Inlakesh, Al Mayadeen
El complot israelí-estadounidense para imponer un "cambio de régimen" en Irán se ha convertido en un fracaso estratégico de proporciones históricas; al final, Washington y Tel Aviv se vieron obligados a afrontar la realidad. El recién firmado Memorando de Entendimiento podría ser la puerta de entrada a un acuerdo definitivo o simplemente otra estrategia para ganar tiempo.
Cuarenta días de guerra total, seguidos de dos meses de negociaciones infructuosas, desembocaron en dos opciones finales: someterse a un acuerdo que favorecía enormemente a Irán o continuar la lucha hasta el final. El resultado final de esta situación transformará por completo Asia Occidental y, quizás, la geopolítica mundial.
El presidente estadounidense Donald Trump había intentado por todos los medios presionar a la República Islámica de Irán para que se rindiera. De repente, se encontró en una nueva fase donde el cerco se estrechaba y decidió dar un paso diplomático. Los iraníes lograron reagrupar sus frentes aliados en toda la región, tomando el control de facto del estrecho de Ormuz, al tiempo que demostraban que podían plantar cara a la principal superpotencia militar del mundo.
Si uno escuchara la retórica que salía de la Casa Blanca, sería como oír una transmisión de radio de un universo paralelo. Según Trump, Irán fue derrotado en marzo, su ejército está destruido, nadie sabe quién gobierna el país, no tiene defensas aéreas, ni misiles, ni armada, y está al borde del colapso. Pero, francamente, nadie se creyó sus disparates.
Debajo de esa apariencia egocéntrica se esconde un sistema que se estaba quedando sin combustible y cuyo operador estaba en pánico.














