Al alcanzarse los límites absolutos del capital, generando una crisis estructural, el Estado capitalista se ha vuelto más autoritario, dando origen al ecofascismo y a la aniquilación ecológica
Brett Clarrk y John Bellamy Foster, La Haine
La crisis ecológica planetaria es una manifestación del instinto de muerte del imperialismo tardío, por el cual la reproducción expandida del capital monopolista-financiero depende de la destrucción de las condiciones de vida. Al alcanzarse los límites absolutos del capital, generando una crisis estructural, el Estado capitalista se ha vuelto más autoritario, dando origen al ecofascismo como una manifestación virulenta del neofascismo encarnado en la administración de Donald Trump.
En esta era de irracionalidad, la crisis ecológica creada por el capital se niega fervientemente. En cambio, la respuesta ecofascista ha conllevado una lucha intensificada por la dominación, el control de los recursos, el hipernacionalismo, la opresión de los pueblos, la antiinmigración, el racismo y la aniquilación de la ecología, todo ello en aras de la acumulación de capital. Más que un simple oxímoron, el ecofascismo es la ecología del exterminio.
En 1953, en La destrucción de la razón, Georg Lukács indicó que el irracionalismo era producto del capitalismo, profundamente ligado a los intereses materiales de la clase dominante y a la etapa imperialista del sistema global. Explicó que, en oposición al marxismo, al análisis histórico-materialista y a los movimientos socialistas revolucionarios, la filosofía burguesa (por ejemplo, Friedrich Wilhelm Joseph Schelling, Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche, Henri Bergson, Martin Heidegger y Carl Schmitt) había virado hacia análisis no científicos, antiracionalistas y escépticos, afirmando la preeminencia de la voluntad de vivir/voluntad de poder, los instintos, la intuición, los mitos y los principios vitalistas de la vida, así como un profundo pesimismo social, sobre la razón crítico-dialéctica.
