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lunes, 13 de julio de 2026

El populismo de derecha no terminó con el neoliberalismo

El rasgo definitorio del neoliberalismo siempre fue el blindaje del capital frente al control democrático. La ruptura del trumpismo con el libre comercio cambió la retórica, pero el orden económico subyacente permanece intacto.

Matías Vernengo, Jacobin

El neoliberalismo suele pasar desapercibido a plena vista. Sus defensores rara vez se identifican como tales; el historiador Philip Mirowski lo describió astutamente como el movimiento que no se atreve a decir su propio nombre. Sus partidarios suelen sugerir que nunca existió, salvo como un término peyorativo inventado por las izquierdas. Recientemente, el economista Branko Milanovic ha ido más allá al argumentar que el neoliberalismo está muerto, bajo la premisa de que la era de la globalización —cimentada en el cosmopolitismo y la competencia internacional— ha dado paso a un mundo marcadamente proteccionista y nacionalista.

Sin embargo, el error de este diagnóstico radica en identificar al neoliberalismo con la globalización o el libre comercio. Estos últimos fueron meros instrumentos de política económica, no su rasgo definitorio. Su verdadera matriz conceptual ha sido siempre la subordinación de la política democrática a la racionalidad del mercado y el blindaje institucional del capital frente a las demandas populares. Visto bajo esta luz, el auge del populismo de derecha no marca el fin del neoliberalismo, sino una de sus mutaciones más recientes.

Es cierto, como señala Milanovic, que el viejo discurso del libre comercio y la integración cosmopolita ya no describe el comportamiento de las grandes potencias. Estados Unidos y Europa apelan hoy a aranceles, subsidios, sanciones, políticas industriales y controles geopolíticos con una franqueza que habría parecido inverosímil hace apenas unas décadas. La reacción política contra la desindustrialización, la desigualdad y las crisis financieras es real. Pero de esto no se deduce que el neoliberalismo haya expirado. Debemos ser cautelosos con el alcance de este viraje: la verdad histórica es que Occidente —y muy especialmente Estados Unidos— jamás abandonó la política industrial. En la práctica, la intervención estatal en sectores estratégicos ha sido una constante macroeconómica, por más que se la haya negado sistemáticamente en el plano de la retórica.

lunes, 15 de junio de 2026

La era del capitalismo político

El capitalismo está mutando. El sistema en el que vivimos hoy ya no extrae la riqueza en función del poder de mercado, sino que lo hace a partir del control del poder político.

Dylan Riley, Jacobin

Según el minucioso reportaje de David Kirkpatrick en The New Yorker, Donald Trump y su familia han amasado 4 mil millones de dólares desde el inicio de su presidencia mediante una vertiginosa variedad de artimañas, la mayoría de las cuales parecen estar diseñadas para inflar el valor de sus activos (sus inversiones en criptomonedas, sus clubes de golf y hoteles, etc.).

Además, los investigadores alegan que Trump ha utilizado su cargo para manipular el mercado de valores con el fin de enriquecerse, que se ha apropiado de enormes cantidades de dinero asignado por el Congreso y que parece decidido a convertir al Servicio de Impuestos Internos en un instrumento para su propio beneficio.

Todos estos supuestos métodos de extracción de riqueza dependen directamente de la posición política de Trump y ejemplifican una intensificación del fenómeno ampliamente documentado de la inflación de los precios de los activos impulsada políticamente, que ha sido tan marcada en las últimas dos décadas.

miércoles, 7 de enero de 2026

Cómo el análisis político se convirtió en blanco de las falsificaciones de la Inteligencia Artificial

Bienvenidos a la inteligencia artificial, que está convirtiendo la red en una máquina infernal empeñada en borrar el significado, la cultura y la historia, y en sembrar una profunda confusión intelectual. Exactamente como quiere el tecnofeudalismo.

Pepe Escobar, Strategic Culture

La IA se está expandiendo rápidamente como una plaga por todo el espectro de Internet. Esto es bastante predecible, teniendo en cuenta que el modelo de las grandes tecnológicas para la IA es el tecnofeudalismo, que se basa en el beneficio y el control mental/social, y no en compartir/expandir el conocimiento y crear mejores condiciones para una ciudadanía bien informada.

La IA es, en muchos aspectos, la antítesis de la civitas. Antes del auge de la IA, varias capas de Internet ya se habían distorsionado hasta convertirse en una serie de campos minados a lo largo de una alcantarilla más grande que la vida. La IA, controlada por las grandes tecnológicas, ya se había revelado en muchos aspectos como un fraude. Ahora es un arma.

Hay varios canales en YouTube manipulados por la IA que roban la imagen y la voz de algunos de ustedes, analistas políticos independientes. Una lista no exhaustiva incluye como objetivos a John Mearsheimer, Larry Johnson, Richard Wolff, Glenn Diesen, Yanis Varoufakis, el economista Paulo Nogueira Batista y a mí mismo.

No es casualidad que todos seamos analistas geopolíticos y geoeconómicos independientes, que en su mayoría nos conozcamos personalmente y que seamos invitados a podcasts más o menos similares.

miércoles, 31 de julio de 2024

El crepúsculo del «woke»

Hegel afirmaba que la sabiduría sobre un periodo histórico a menudo sólo llega cuando éste había terminado. A medida que lo woke pierde influencia, podemos ver mejor sus efectos en la política socialista.

Dustin Guastella, Jacobin

Reseña de Left Is Not Woke, de Susan Neiman
(Polity, 2023)
Es necesario que más intelectuales escriban libros como el pequeño y maravilloso «Left is no woke» (La izquierda no es woke), de Susan Neiman. La prosa de Neiman es viva y refrescante. No recurre a frases complicadas ni a la voz pasiva para glosar la controversia. Adopta una postura y la mantiene. Tampoco padece el complejo de víctima a la inversa, común a tantos escritores «antiwoke». Este es un libro que se puede recomendar a amigos y familiares, incluso a aquellos que no están de acuerdo con su premisa inicial.

Para Neiman, el «wokeness» [entendido como un exceso de corrección política o activismo superficial] no es un proyecto que pueda inspirarse en la tradición política progresista. Y aunque se habló mucho de las responsabilidades políticas de la retórica woke, pocos críticos del wokeness desde la izquierda han ofrecido un argumento sostenido de lo que define a la izquierda y por qué «mantenerse despierto» [staying woke] podría ser contradictorio con ello.

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