La centralidad sin precedentes de América latina en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU remata en la exaltación de la Doctrina Monroe y su “Corolario de Trump”
Atilio Borón, La Haine
Días atrás se dio a conocer la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) propuesta por Trump para su actual administración. Es evidente que en este mandato las prioridades de la Casa Blanca han sufrido una mutación fundamental, a tono con los enormes desafíos que plantea el inocultable declive del poderío de EEUU en la economía y la política internacionales y la irreversible consolidación de un sistema internacional multipolar.
Esto se comprueba muy fácilmente con sólo comparar la actual con las anteriores ediciones de la NSS en las cuales América latina y el Caribe -invisibilizadas tras la anodina expresión de “Hemisferio Occidental”- ocupaban el último lugar en las prioridades del imperio y apenas si eran mencionadas una o dos veces a lo largo del texto. Hoy los países de Nuestra América sobresalen en la nueva “hoja de ruta” diplomática como la región más importante del planeta para Washington.
Esto es algo que el autor de esta nota venía afirmando desde hace mucho tiempo cuestionando las declaraciones y documentos procedentes de Washington que sistemáticamente subestimaban la enorme importancia de esta parte del mundo pese a ser un emporio de recursos naturales de todo tipo. El discurso desdeñoso, y por momentos racista, de los portavoces del imperio establecía este orden de prioridades en la agenda de la política exterior estadounidense, con alguna que otra ocasional variante en el vértice de la escala según las turbulencias del momento.














