Edgar Morin fue un intelectual humanista de izquierda, que al igual que Paul Eluard, formó parte de la Resistencia contra el nazismo, criticó el estalinismo, se sumergió en los grandes debates relacionados con la globalización, la tecnología, la ciencia y la ecología. Nos dejó una idea que hoy es más urgente que nunca: el mundo no se entiende simplificando. Se entiende abrazando la complejidad. Justo lo contrario de lo que hace la política hoy
"Jamás hemos tenido tantos conocimientos múltiples sobre lo humano y jamás hemos sabido menos qué es el ser humano"
Edgar Morin
Luis Carrizo
Presentar en breve síntesis a Edgar Morin constituye un desafío apasionante. Porque apasionante es el desafío de leerlo y entusiasma la posibilidad de compartirlo. La vida y la obra de Morin están entretejidas: no se concibe la una sin la otra; aquí sí podemos afirmar que la clasificación es meramente metodológica: su obra es su vida y esta, como en un bucle, revierte para alimentarla.
Así también sucede en la experiencia de leerlo y en la vida del lector: encarar un libro de Edgar Morin supone una aventura que, seguramente, no dejará las cosas como estaban. Es que la vida concreta de uno mismo y los paradigmas que la orientan se ponen aquí en juego.
Es cierto que Edgar Morin es hoy un referente intelectual, pero no siempre ha sido así. El pensador Morin siempre fue lo que en sociología se denomina un “desviante”, un pensador que no se encolumnó atrás de líneas dominantes de pensamiento, ni en claustros universitarios cerrados. Por el contrario, prefirió siempre amplias libertades para sus investigaciones, métodos de intervención y producciones teóricas. Esa aventura intelectual, con pasión por el conocimiento –sus vías, sus afluentes, sus derivas, sus diques–, ha sido de tal coherencia y honradez intelectual que pervive porque él se ha transformado mientras el mundo se transforma. Una de sus frases favoritas es: “Todo lo que no se regenera degenera”. Y así ha sido durante toda su vida: sin miedo a las regeneraciones que ha asumido, en su desarrollo personal y también acompañando las conmovedoras transformaciones del mundo, en un siglo de incertidumbre, barbaries, novedades y esperanzas.














