Los medios van a la guerra, la preparan, la justifican y se la venden a su público. Medios cómplices, confabulados con el gran capital en contra de los pueblos
José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen
La guerra es un negocio muy lucrativo para algunos, incluyendo los grandes medios de comunicación. Sumamente famosa es la anécdota del magnate y padre de la prensa amarillista, William Randolph Hearst, el cual ante las quejas de su corresponsal en Cuba durante la Guerra Hispano-cubana de 1895-1895, respondió con un sucinto cable que decía: “Usted ponga las fotos que yo pongo la guerra”. Hearst quería que Estados Unidos interviniera en la guerra contra una muy debilitada España y asegurara el control de Cuba y otras posesiones estratégicas en el Caribe y el Pacífico. Adicionalmente, las noticias sobre la guerra vendían muchos periódicos.
Desde los orígenes del modelo mediático corporativo en Estados Unidos, los medios son una prolongación de la agenda imperialista del país. Históricamente su influencia ha sido usada para manufacturar el consenso en torno a guerras, invasiones y bombardeos. Ellos han fabricado y normalizado la imagen de Estados Unidos como “policía global”, con la potestad de intervenir en cualquier parte en cualquier momento, aunque siempre “en defensa de la democracia”, desde luego. Los medios dan la justificación moral al imperio y también la justificación material imprescindible para sus acciones.
En estos días de hostilidad recrudecida contra Cuba, cuando el cerco económico, militar y político parece estarse cerrando sobre la isla y la posibilidad cada vez más real de una agresión se dibuja en el horizonte cercano, los medios corporativos están jugando el mismo papel que han desempeñado históricamente: alentar el conflicto, falsear la realidad del adversario y justificar el imperio. En este contexto, puede resultar útil apuntar y someter a crítica algunas de sus narrativas contra la isla.
"Cuba es un estado fallido”
Muchos de estos medios en sus visiones sobre Cuba minimizan o desconocen el impacto real sobre la economía de un país pequeño como Cuba de décadas de bloqueo, recrudecido con saña desde la anterior administración Trump y particularmente en este segundo período con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro de mayo de 2026, las cuales han detenido totalmente el suministro de combustible externo a la isla y llevado a que varias empresas con una relación de larga data comiencen a retirarse del país por miedo a nuevas sanciones. En lugar de esto, el foco de esta narrativa es presentar la agobiante situación material por la cual atraviesa la isla como resultado únicamente de la ineficiencia del sistema comunista.
Se invisibilizan las acciones que está tomando el gobierno cubano para evitar, precisamente, el colapso de la sociedad. Desde la acelerada reconversión de la matriz de generación energética, pasando en apenas un año de generar solo el 3 por ciento de la energía con base solar a más de un 10 por ciento en la actualidad, hasta un mejor aprovechamiento de los limitados recursos naturales del país y medidas que permitan un mínimo de funcionamiento de los servicios básicos.
El ataque, tergiversación y caricaturización de los líderes cubanos forma parte de esta estrategia. El objetivo final es presentar todo el dolor del pueblo cubano como responsabilidad exclusiva de un gobierno ineficiente. En última instancia, el pueblo merece sufrir así por haber decidido apoyar un proyecto nacional contrario a los intereses de Estados Unidos.
“Cuba es una amenaza para Estados Unidos”
Al mismo tiempo que un “estado fallido”, Cuba es presentada como una grave amenaza a la seguridad nacional del gigante vecino norteño. Para demostrar cuán peligrosa es la isla, los medios corporativos no han dudado en apelar a todos los recursos en su arsenal. Se han reiterado viejas excusas, como las supuestas bases espías rusas y chinas en la isla, aunque ningún medio presenta la menor prueba al respecto. Se ha afirmado que Cuba forma parte de un entramado narcocriminal en la región y que usa precisamente el tráfico de drogas como arma contra los Estados Unidos.
El medio Axios, en una de las más creativas salidas de estos días, publicaba un artículo sensacionalista afirmando que la isla cuenta con “más de 300 drones de combate” y que planea usarlos contra la Base Naval de Guantánamo, la Base de Key West y embarcaciones norteamericanas. Las únicas pruebas de esto son supuestas “filtraciones” de fuentes de inteligencia norteamericanas. Los drones, para mayor peligro, son de origen ruso e iraní y Cuba ha estado recibiendo entrenamiento iraní en este tema.
Estas narrativas sirven para poner en un mismo saco a todos los enemigos de Estados Unidos, configurando en sus lectores la imagen de un “eje del mal” cuyos tentáculos se articulan en todas partes contra la “ciudad en la colina”, por usar la imagen reaganiana de Estados Unidos. Faltan en todas estas narrativas pruebas. Vistas incluso desde el punto de vista lógico no se sostienen. Pero al igual que otras muchas excusas fabricadas para agresiones del pasado, como las armas de destrucción masivas en Iraq o el Cartel de los Soles en Venezuela, basta con repetirlas hasta el cansancio para que una parte de la sociedad norteamericana crea en ellas y las élites las puedan invocar como justificación de sus acciones.
“La Revolución ya ha muerto”
Esta narrativa apunta a vaciar por completo de sentido la actual resistencia del pueblo cubano. Tampoco es nueva. Esta visión se hizo muy fuerte en espacios de ideología centrista durante los años de Obama y ahora ha vuelto a resurgir con mucha fuerza. La esencia es presentar la difícil situación material del país como prueba irrefutable del fin de la Revolución. Esta perspectiva desconoce los poderosos determinantes externos de la situación económica en el país y las conquistas que aún persisten y se han protegido con los escasos recursos disponibles. Desconoce las numerosas políticas de inclusión y derechos populares ganados en estos años.
Al pretender vaciar de sentido el proyecto, vacían de sentido también la defensa de la Patria y la soberanía. Así, presentan como provocaciones a los Estados Unidos afirmaciones tan elementales como la declaración de la voluntad de defendernos si somos agredidos o la reafirmación de nuestra soberanía exclusiva sobre nuestro espacio aéreo.
La mayor refutación de esta narrativa del fin de la Revolución la da el apoyo masivo del pueblo cubano. Apoyo que se ha reafirmado en numerosas oportunidades desde el 3 de enero de 2026. El pueblo acudió masivamente a despedir a los 32 combatientes cubanos caídos en Venezuela, asistió al acto en homenaje de estos héroes, asistió multitudinariamente a las celebraciones por el primero de mayo y al acto en apoyo al General de Ejército luego de la farsa del proceso judicial iniciado en su contra. Un pueblo que no crea en un proyecto no sale a las calles a defenderlo. Y si un pueblo cree en su proyecto ese proyecto está vivo, aunque los medios corporativos insistan en enterrarlo.
Por supuesto, estos apuntes no agotan la pluralidad de narrativas mediáticas contra Cuba. Pero sirven como un buen botón de muestra de cómo los medios van a la guerra, la preparan, la justifican y se la venden a su público. Medios cómplices, confabulados con el gran capital en contra de los pueblos.

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