Kiev prepara en silencio al público para la derrota, mientras vende un alto al fuego como una pausa antes de otra guerra, entre tanto los partidarios occidentales buscan una salida que salve las apariencias
Dmitri Kovalevich, Al Mayadeen
A principios de diciembre, las autoridades ucranianas comenzaron a preparar a su población, con mucha reticencia, para la noticia de la posible (inevitabilidad) derrota militar a manos de las fuerzas armadas rusas. Pero al mismo tiempo, insisten en la necesidad de una nueva guerra, y para ello, afirman, se necesitan y deben comenzar los preparativos. Todo esto se debe a los avances pacientes y constantes de las fuerzas armadas rusas en todos los frentes, junto con la presión del gobierno estadounidense (de nuevo, a regañadientes, aunque no se haya dicho) para que cese la guerra antes de que la situación se deteriore hasta el colapso.
El periódico digital ucraniano Strana publicó el 2 de diciembre que muchos analistas y figuras militares ucranianos afirman que la situación en el frente se está volviendo catastrófica y que si no se toman “medidas decisivas” en un futuro muy cercano para poner fin a las hostilidades en Ucrania, el país, ahora reducido, se enfrentará a una derrota estratégica.
También el 2 de diciembre, Taras Chmut, voluntario que recauda fondos y apoyo para el ejército ucraniano y que representa a la Fundación Regresa con Vida, escribió en Telegram que se está gestando una "crisis estratégica" en todo el frente y que una de sus consecuencias podría ser la pérdida del Estado ucraniano. "No hay perspectivas de cambio", escribió, y añadió: "Lo que más falta en el frente es gente [es decir, soldados]".














