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jueves, 16 de abril de 2026

Una apuesta de manual para el fracaso

¿Trump convirtió una negociación de paz en una ejecución política

Alejandro Marcó del Pont, el Tábano economista

En medio de un almuerzo de Pascua en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump se salió del guion para abordar las especulaciones sobre el papel de su vicepresidente, JD Vance, en la consecución de un acuerdo para poner fin a la guerra en Irán. “Si no sucede, le echaré la culpa a JD Vance”, bromeó Trump. “Si sucede —añadió, como quien reparte cartas en una partida de póquer donde siempre tiene el as bajo la manga—, me atribuiré todo el mérito”. Esa declaración, envuelta en el celofán de un chiste de sobremesa, reflejaba a la perfección la naturaleza de una vicepresidencia que nunca ha sido un trampolín, sino una trampa. Vance no está ahí para heredar el trono; está ahí para ocupar el sitio del peón que el rey sacrifica cuando el jaque se acerca.

La misión diplomática que el vicepresidente encabezó en Islamabad era, en esencia, un campo minado sembrado con la previsión de un gran estratega, que no es Trump. Para avanzar hacia un acuerdo permanente que ponga fin a seis semanas de una guerra que ha asolado Oriente Próximo y convulsionado la economía mundial, Vance tendría que satisfacer a partes con intereses tan contrapuestos como la Casa Blanca, el Pentágono, el lobby proisraelí y un régimen iraní que ha sobrevivido a todo, incluida la propaganda de su propia aniquilación. Pero lo más fascinante —y aquí radica la genialidad siniestra del guion— es que el fracaso no es un accidente. Es la característica principal del diseño. La misión de Vance en Pakistán no fue un fracaso diplomático; fue una pieza calculada dentro de una estrategia mayor cuyo tablero no está en Oriente Próximo, sino en las primarias republicanas de 2028.

Si la maniobra y la finalidad de las metas de guerra de Trump no estaban nada claras —y no lo estaban—, los objetivos de una paz acordada lo son muchísimo menos. Y esa opacidad no es un defecto, sino un rasgo. Porque el conflicto con Irán sirve a múltiples propósitos internos y externos que se retroalimentan como serpientes devorándose la cola.

miércoles, 15 de abril de 2026

El engaño del Imperio: por qué Teherán ya no teme a Estados Unidos

Tras el fracaso de las conversaciones de Islamabad, la guerra de fricciones entre Estados Unidos e Irán revela los límites industriales, económicos y estratégicos de la superpotencia estadounidense. La narrativa de dominación hoy sólo se sostiene en las pantallas de televisión, mientras que en la realidad pinta un panorama profundamente diferente del Medio Oriente

Mario Sommella, Sinistra in Rete

Hay un momento preciso, en cada decadencia imperial, en el que la propaganda deja de ser una herramienta y se convierte en el único recurso restante. Ese momento, para la administración Trump, parece haber llegado al corazón del Golfo Pérsico. Veintiún horas de negociaciones en Islamabad, un ultimátum rechazado, una delegación estadounidense regresando a casa con las manos vacías: una fotografía de un partido diplomático perdido incluso antes de que se jugara. Sin embargo, a medida que Teherán fortalece sus posiciones a lo largo del Estrecho de Ormuz y reconfigura los equilibrios regionales en su beneficio, Washington continúa retratando una guerra ganada que no existe sobre el terreno.

Dos memorias, sin confianza

Para entender por qué las conversaciones paquistaníes estaban condenadas al fracaso, debemos remontarnos más allá de los acontecimientos actuales, más allá de la retórica de los programas de entrevistas. No hay ninguna fractura reciente entre Estados Unidos e Irán: hay una herida que dura setenta años y que se reabre constantemente. Los estadounidenses recuerdan 1979, el asalto a la embajada en Teherán, los cuatrocientos cuarenta y cuatro días de rehenes que marcaron el final de la presidencia de Carter. Los iraníes recuerdan la Operación Áyax de 1953, el derrocamiento del primer ministro Mohammad Mossadeq, culpable de nacionalizar el petróleo, y el posterior regreso del Sha a la tutela angloamericana. Dos traumas, dos narrativas, dos desconfianzas estructurales que ninguna negociación de veintiuna horas puede hacer mella.

La diplomacia no se sentó a la mesa en Islamabad: dos pueblos que llevaban décadas de asuntos pendientes. Además, cuando la delegación norteamericana no está encabezada por un negociador profesional, sino por JD Vance —vicepresidente transformado en heraldo de ultimátums e interlocutor completamente inadecuado para la complejidad del expediente—, el resultado está escrito desde el principio. Los iraníes vinieron a negociar, los estadounidenses a dictar. Dos lógicas incompatibles, en una habitación que se vació rápidamente.

lunes, 13 de abril de 2026

La logística bajo fuego y el fin de la inmunidad de la nube

El estrecho que partió al mundo en dos mitades: una de hormigón, otra de silicio

Alejandro Marcó del Pont, El tábano economista

Hubo un tiempo, no hace tanto, en que los estrategas militares y los analistas de riesgos se ganaban la vida diseñando escenarios de catástrofe con una probabilidad inferior al quince por ciento. La Reserva Federal de Dallas, por ejemplo, tenía sus propios modelos. Un bloqueo sostenido del Estrecho de Ormuz era una rareza estadística, una hipótesis para académicos aburridos y aseguradoras paranoicas. Llegó marzo de 2026 y la rareza se hizo carne, misil y dron. El mundo despertó a una evidencia que debería haber sido obvia desde los años ochenta. El principal pasillo energético del planeta es un cuello de botella ridículamente vulnerable y nadie, ni el Consejo de Cooperación del Golfo, ni la Quinta Flota, ni los megaproyectos de inteligencia artificial estaban realmente preparados para lo que significaba cerrarlo.

La primera semana del bloqueo ya había desmentido casi todas las certezas que los estados del Golfo habían comprado con 500.000 millones de dólares en gasto militar durante la última década. Porque resulta que Irán no leyó los manuales. La primera y más cara de las suposiciones erróneas de EE.UU. fue que la amenaza iraní vendría empaquetada en misiles balísticos, esos artefactos elegantes que justifican sistemas antimisiles de decenas de millones de dólares cada uno. Teherán optó por la humildad tecnológica, el setenta y cinco por ciento de sus ataques se ejecutaron con drones.

No hay nada más democrático que un dron kamikaze fabricado con piezas comerciales y una paciencia infinita. La segunda suposición —que Irán no podría sostener una campaña prolongada de lanzamientos— se desvaneció cuando los ataques se repitieron día tras día, semana tras semana, como un reloj suizo fabricado en la república islámica. La tercera suposición, esa joya de la arrogancia analítica, sostenía que el estrecho de Ormuz era una vulnerabilidad teórica, no operativa. La cuarta, tal vez la más ingenua de todas, era que Irán respetaría un código de guerra no escrito: dejar fuera a la infraestructura civil, sobre todo a aquella que sostiene la vida digital del enemigo. Esa suposición murió el primero de marzo, cuando los drones iraníes hicieron blanco en tres centros de datos de Amazon Web Services.

miércoles, 8 de abril de 2026

Los 10 puntos de Teherán y el papel de China: lo que sabemos sobre la tregua


Andrea Zhok, l'Anti Diplomatico

Anoche se llegó a un acuerdo para un alto el fuego de catorce días entre Estados Unidos e Irán.

Las condiciones de este acuerdo son bastante sorprendentes y esto sugiere que se trata de un acuerdo inestable.

Como siempre, hay dos versiones del acuerdo, con diferentes retóricas.

La versión estadounidense es: Irán se vio obligado a aceptar un alto el fuego por los ataques de ayer (uno de los más duros de la guerra); la condición estricta impuesta para mantener el alto el fuego es la apertura del Estrecho de Ormuz. En cuanto a las condiciones para convertir la tregua en una paz, Trump informa que los 10 puntos propuestos por Irán son una buena base de negociación sobre la que trabajar.

La versión iraní es, por supuesto, algo diferente: Estados Unidos e Israel se habrían visto obligados por la vigorosa defensa iraní a llegar a regañadientes a un acuerdo que representaría una clara derrota. Y la razón de esta versión sería la aceptación estadounidense de los 10 puntos de la propuesta iraní.

Ahora bien, si analizamos estos 10 puntos, si fueran el punto final de caída de un acuerdo de paz, sería difícil estar en desacuerdo con la interpretación iraní. De hecho, estos puntos dicen:

lunes, 6 de abril de 2026

¿Qué está en juego en la guerra contra Irán?

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entrelaza numerosos elementos geopolíticos clave, que van desde la apuesta inmediata para controlar vías estratégicas de circulación comercial hasta el inicio de una reorganización regional a gran escala

Martín Martinelli, Jacobin

Las escaladas bélicas en años recientes y, particularmente, las planteadas desde 2022 en Ucrania-Rusia, Palestina (y la región circundante. incluyendo a Israel, Líbano, Yemen, Iraq e incluso Afganistán y Pakistán), Venezuela e Irán, además de los países sancionados unilateralmente, conforman distintas batallas que están relacionadas. Ese uso de la fuerza busca impedir el declive hegemónico estadounidense y occidental en el mundo, que se siente desafiado por la irrupción de China, Rusia y sus alianzas.

En esta transición hegemónica global y conflictiva (una verdadera crisis sistémica), se intenta frenar el declive estadounidense (con una deuda de 39 billones de dólares) mediante un incremento del uso de su complejo militar-industrial. Eso no significa que vayamos a ver un final abrupto, sino que el rol estadounidense está puesto en cuestión por el ascenso o la recuperación de otras potencias en los planos militar, económico, científico-tecnológico y de distribución del poder mundial.

La situación interna de Estados Unidos está marcada por tensiones internas y crisis económicas. Una válvula de escape de su política hacia el exterior es la guerra e intervención en la política de otros países. Mientras su actualidad económica se ha debilitado, su poder militar se sigue expandiendo y se utiliza para doblegar rivales y subordinar a los países alineados. Por eso, traslada las disputas a ese terreno, al uso de medios militares «directos» e «indirectos» para intentar neutralizar el desarrollo de China y sus aliados.

jueves, 2 de abril de 2026

El multipolarismo y sus límites

El tanquero ruso Anatoly Kolodkin arribó al puerto de Matanzas con la primera carga de petróleo que llega a Cuba desde enero, cuando EEUU impuso el bloqueo de facto

Atilio A. Boron, Rebelión

Los acontecimientos de los últimos años fueron testigos de una significativa mutación del sistema internacional. El equilibrio de fuerzas que había prevalecido desde el derrumbe de la Unión Soviética, signado por el predominio incontestable del unipolarismo estadounidense, fue erosionándose sin pausa y a un ritmo cada vez más acelerado en la medida en que actores y países de la periferia se convertían en pujantes centros de creación de riquezas y protagonistas de formidables avances tecnológicos.

Estamos hablando, sin nombrarla, de China, pero también de Rusia, la India y, en menor medida, de un puñado de países del Sur Global. No solo eso. El desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial desde el Atlántico Norte hacia el Asia-Pacífico escenificó una silenciosa revolución cuyas consecuencias no cesan de crecer y ramificarse.

No exageran quienes sostienen la tesis del fin de una extensa época histórica, que a lo largo de los últimos 500 años atestiguó el predominio indisputado de Occidente sobre el resto del mundo, convertido en un archipiélago de colonias sometidas a siglos de opresión y saqueo. Pero eso ya es un capítulo cerrado de la historia.

Hoy, los Brics ya superan al G7 en tamaño del PIB cuando se lo mide, como debe ser, por paridad de poder adquisitivo (PPA). En efecto, el conglomerado de las potencias emergentes, las cinco originales: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ya representan un 37% del PIB mundial frente a un 30% del G7. Con los nuevos socios incorporados en el 2025, su gravitación se incrementó hasta sobrepasar un 40% y la tendencia es cada vez más acentuada.

martes, 31 de marzo de 2026

Stalingrado y la batalla del Estrecho de Ormuz, dos puntos de inflexión en la historia moderna

La batalla se libra en unos términos donde la existencia de Irán como nación no es lo único que está en juego: también esta guerra se convirtió en una guerra existencial para sus enemigos

Carlos Gil Centeno, La Haine

A lo largo de la historia de la humanidad existen momentos que, por su naturaleza y consecuencias, se convierten en auténticos puntos de inflexión. Estos episodios no solo marcan el fin de una era, sino que definen el rumbo político, económico y social del futuro próximo. Si analizamos las confrontaciones militares como elementos definitorios del devenir histórico, encontramos un ejemplo paradigmático en la II Guerra Mundial: la batalla de Stalingrado. Hoy, en un contexto geopolítico completamente diferente, el conflicto con Irán se presenta como un nuevo parteaguas, esta vez para el mundo moldeado bajo la hegemonía del imperio norteamericano en el siglo XXI.

Stalingrado: el quiebre de la invencibilidad nazi

Acudo nuevamente a la memoria histórica como una herramienta insustituible para el análisis de los fenómenos sociales. Iniciaremos estas líneas haciendo un esfuerzo por comprender la magnitud de Stalingrado, situándonos en el contexto de la "Operación Barbarroja", la invasión alemana a la Unión Soviética. La máquina de guerra nazi, basada en la doctrina de la guerra relámpago o Blitzkrieg, había demostrado en su momento una capacidad arrolladora para conquistar enormes extensiones de territorio en cuestión de días. En este contexto, la ciudad de Stalingrado representaba un objetivo estratégico y simbólico de primer orden para Hitler. Por un lado, llevaba el nombre de su máximo enemigo, el líder soviético Stalin, por lo que su conquista suponía un golpe propagandístico inigualable. Por otro, desde esa posición se podía flanquear y proteger el avance alemán hacia las vitales fuentes petrolíferas del Cáucaso, un recurso desesperadamente necesario para alimentar la maquinaria de guerra del Reich.

Fue precisamente en el desarrollo de la batalla de Stalingrado donde la lógica de la guerra relámpago se empantanó y terminó por revertirse. La toma de la ciudad se convirtió en una pesadilla casa por casa, almacén por almacén, estación por estación. Lo que la Blitzkrieg había resuelto en kilómetros por día, ahora requería días, a veces semanas, para conquistar una sola cuadra. En las ruinas de Stalingrado, el ejército alemán no solo perdió su impulso inicial, sino que quebró su propio velo de invencibilidad. La estrategia soviética, vista por muchos historiadores como una trampa retardatriz, logró atraer al VI Ejército alemán hacia un escenario de desgaste masivo donde su superioridad táctica y tecnológica se diluía.

miércoles, 18 de marzo de 2026

El arquero persa y el jaque mate en el Imperio del Caos


Alex Marsaglia, L'Anti Diplomatico

El 11 de marzo el conflicto de la Coalición Epstein contra la República Islámica de Irán superó la histórica marca de los 12 días. Una agresión bestial, al margen del derecho internacional, que el 28 de febrero mató al ayatolá Jamenei y a su familia, incluida su nieta que estaba en casa con él. El Líder Supremo creía que no debía esconderse, sino permanecer en su lugar. La Coalición Epstein ha iniciado una sangrienta ola de bombardeos indiscriminados contra civiles e instalaciones energéticas que continúa hasta el día de hoy y probablemente se intensificará en las próximas semanas, como única estrategia para ejercer dominio. Los líderes de esta alianza obviamente llevan a cabo tales actos terroristas lejos de cualquier forma de represalia con el unilateralismo y la asimetría que caracterizan sus guerras desde la caída del Muro de Berlín en adelante.

Fortalecidos por el secuestro del legítimo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, los neoconservadores gruñones pensaron que también podrían fácilmente desestimar la cuestión iraní. Sin embargo, la cuestión existencial no debe subestimarse, sino todo lo contrario. Como han anunciado sus líderes militares y políticos, Irán ha tenido durante mucho tiempo la oportunidad de prepararse para la guerra para su supervivencia, hasta que la puso a prueba en junio pasado en el conflicto de 12 días, donde llevó a cabo con éxito “pruebas de fuego” en bases estadounidenses en el Golfo y en la entidad sionista que ocupa Palestina. Desde entonces, las cosas en el Imperio se han deteriorado significativamente: la deuda pública estadounidense ha superado nuevos picos, la desdolarización ha avanzado con la fiebre del oro y la desinversión de títulos de deuda pública estadounidense ha continuado implacablemente.

martes, 10 de marzo de 2026

Estados Unidos e Israel: ¿Quién es el señor y quién es el sirviente?

El sionismo ha capturado los mecanismos estadounidenses de toma de decisiones y de formación de la opinión pública de manera tan completa que prácticamente podríamos comparar al hegemón unipolar con un golem sin cabeza

Rafael Machado, Strategic Culture

La Coalición Epstein (EEUU e Israel) inició una guerra contra la República Islámica de Irán el 28 de febrero. El disparo inicial fue el asesinato de 171 niñas en una escuela primaria (¿quizás como sacrificio a Baal, la deidad favorita de los Epsteinianos’?), seguido por el martirio del ayatolá Ali Jamenei, en su propia residencia.

Fue el comienzo de una “operación” que Estados Unidos esperaba ver terminada en unas pocas horas y luego en 3 días. Bueno, la operación ya ha superado los 6 días y todos los analistas indican que la guerra durará al menos unas semanas, con pérdidas significativas en ambos bandos.

¿Qué llevó a que se iniciara esta operación? La respuesta fácil y predecible es que Estados Unidos quiere el petróleo y otros recursos naturales de Irán.

Generalmente quienes razonan de esta manera también tienden a decir que el Estado de Israel representa un enclave de los EEUU o del “Occidente colectivo” en Medio Oriente, cuyo propósito sería servir como puesto comercial para facilitar o posibilitar la ocupación de la región, para asegurar la explotación de sus recursos naturales. Éste es quizás el resultado inevitable de observar las estadísticas comparativas de ambos países.

Estados Unidos es más grande, tiene un PIB mayor, fuerzas armadas más poderosas y numerosas, tiene más multimillonarios; en resumen, es “superior” en todos los aspectos posibles e imaginables, de modo que la relación entre Estados Unidos e Israel sólo puede percibirse como una en la que Estados Unidos manda e Israel obedece.

De hecho, las lecturas marxistas y, en general, materialistas van en esta dirección. Pero ¿confirma la guerra de Irán esta evaluación?

viernes, 6 de marzo de 2026

El ataque estadounidense-israelí tiene como objetivo impedir la paz, no promoverla

Las ruinas de la escuela primaria iraní Shajareh Tayyebeh después de un bombardeo israelí-estadounidense que mató a más de 165 niñas y educadores


Michael Hudson, Counter Punch

El pasado 27 de febrero, el mediador de las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán en Omán, el ministro de Asuntos Exteriores de ese país, Badr Albusaidi, desbarató la engañosa pretensión del presidente Trump de amenazar con la guerra a Irán por haberse negado a aceptar sus exigencias de renunciar a lo que el presidente de Estados Unidos afirmaba que era su intención de fabricar su propia bomba atómica. El ministro de Asuntos Exteriores de Omán explicó en el programa Face the Nation de la CBS que el equipo iraní había acordado no acumular uranio enriquecido y había ofrecido “una verificación completa y exhaustiva por parte del OIEA”.

Esta nueva concesión constituía un “avance sin precedentes. Y si podemos aprovecharlo y seguir avanzando, creo que estamos cerca de alcanzar un acuerdo” para lograr que “Irán nunca, jamás, tenga material nuclear con el que fabricar una bomba. Creo que esto es un gran logro”, afirmaba Albusaidi.

Tras señalar que este avance había pasado “muy desapercibido para los medios de comunicación”, destacó que, exigir “cero reservas”, iba mucho más allá de lo que se había negociado durante la Administración del presidente Obama, porque “si no se pueden almacenar materiales enriquecidos, entonces no hay forma de fabricar una bomba”.

El ayatolá Alí Jamenei, que ya había emitido una fatwa contra cualquier acción de este tipo y se reiteró en esa postura año tras año, convocó a los líderes chiítas y al jefe militar de Irán para debatir la ratificación del acuerdo de ceder el control de su uranio enriquecido con el fin de evitar la guerra.
Bloquear el acceso mundial a las fuentes de energía que no están bajo su control es la razón por la que EEUU ha atacado a Venezuela, Siria, Irak, Libia y Rusia.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Irán, Pax Silica, y el embrionario Estado fascista

El fascismo, la guerra y la acumulación están inextricablemente unidos en la modalidad de acumulación que ahora persigue dicho complejo

William I. Robinson*, La Jornada

El ataque estadunidense-israelí a Irán ha encendido de nuevo a Medio Oriente, pero no es más que el último de una vertiginosa serie de convulsiones globales que abarcan desde el conflicto geopolítico en Ucrania y Oriente Medio, hasta las guerras civiles en Myanmar y Sudán, las disputas arancelarias, el ataque estadounidense a Venezuela, y el terrorismo del Servicio de Inmigración y Cont50000rol de Aduanas (ICE) en ciudades estadunidenses, entre otros. Este tumulto global está impulsado por un catalizador sistémico común: las violentas estrategias expansivas de un nuevo complejo hegemónico del capital trasnacional, en respuesta a la crisis de época del capitalismo global.

El complejo triangulado reúne a las gigantescas empresas tecnológicas, el capital financiero trasnacional y el complejo militar-industrial-represivo. El Gran Tech controla todo el ecosistema del capitalismo digitalizado, convirtiendo su enorme poder estructural en control político directo por medio del Estado fascista. Para impulsar su agenda, el bloque ha recurrido al Trumpismo Global, uno de los varios síntomas políticos morbosos que emergen a medida que se desmorona el orden internacional pos Segunda Guerra Mundial.

Las 20 principales empresas tecnológicas del mundo tenían una capitalización bursátil combinada superior a los 20 billones de dólares en 2025, una quinta parte del PIB global. El Gran Tech está, a su vez, entrelazado con los gigantescos conglomerados financieros globales, que poseen más de la mitad de las principales empresas tecnológicas. En 2022, había 33 empresas de gestión de inversiones de capital valoradas en 83 billones de dólares de activos combinados, más de cuatro quintas partes del valor del PIB mundial.

martes, 3 de marzo de 2026

La guerra de EEUU-Israel contra Irán confirma que estamos en la Tercera Guerra Mundial


Michael Hudson, Sovereingnista

El viernes pasado, el mediador de las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán en Omán, el ministro de Asuntos Exteriores de ese país, Badr Albusaidi, reveló la fingida afirmación del presidente Trump de amenazar con una guerra con Irán porque había rechazado sus demandas de renunciar a lo que afirmó era su impulso para construir su propia bomba atómica. El ministro de Asuntos Exteriores de Omán explicó en el programa “Face the Nation” de la CBS que el equipo iraní había acordado no almacenar uranio enriquecido y había ofrecido una "verificación completa y exhaustiva por parte del OIEA"

Esta nueva concesión fue "un punto de inflexión nunca antes alcanzado". Y creo que si podemos capturar esto y desarrollarlo, creo que un acuerdo está a nuestro alcance" para llegar a "un acuerdo de que Irán nunca, jamás, tendrá un material nuclear que pueda crear una bomba". “Creo que esto es un gran logro”

Subrayando que este cambio "ha sido muy pasado por alto por los medios", enfatizó que pedir "cero existencias" iba mucho más allá de lo negociado durante la administración Obama, porque "si no se puede almacenar material enriquecido, entonces no hay forma de crear una bomba"

El ayatolá Ali Jamenei –que ya había emitido una fatwa contra algo así y repetía esta posición año tras año– convocó a los líderes chiítas y al jefe militar de Irán para discutir la ratificación del acuerdo que preveía la renuncia al control del uranio enriquecido para evitar la guerra.

El fin de la engañosa diplomacia trumpiana

Con la desaparición de la diplomacia, el conflicto ha pasado del ámbito del cálculo estratégico y el realismo al del condicionamiento psicológico

Alastair Crooke, Strategic Culture

Las negociaciones diplomáticas del jueves (26 de febrero) –a pesar de todo el ruido panglosiano de mediadores y negociadores– confirmaron el estancamiento esencial. Las demandas estadounidenses presentadas a Irán fueron:
  • El desmantelamiento completo de las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán.
  • La transferencia de todo el uranio enriquecido a los Estados Unidos.
  • El fin de todas las cláusulas de caducidad y las restricciones permanentes.
  • La aceptación del enriquecimiento cero, permitiéndose únicamente que permanezca en pie el reactor de investigación de Teherán
  • Alivio mínimo de las sanciones por adelantado; alivio adicional sólo después del pleno cumplimiento.

Estas demandas fueron claramente formuladas para obstruir, en lugar de facilitar, cualquier solución diplomática. Refleja una estrategia arraigada en la presunción visceral de debilidad iraní que, frente a una demostración de fuerza militar estadounidense, se anticipó con confianza que seguramente cedería a la capitulación iraní. Esa hipótesis siempre fue arrogante. Ha resultado manifiestamente falsa, ya que, como era de esperar, Teherán rechazó las demandas de Estados Unidos:
  • [Irán] insistió en el reconocimiento de su derecho (en virtud del TNP) a enriquecer uranio para necesidades civiles.
  • Rechazado ‘enriquecimiento cero’.
  • Se negó a transferir uranio enriquecido iraní desde su territorio.
  • Insistió en que cualquier acuerdo debe incluir tanto el reconocimiento de su derecho a enriquecer – como un levantamiento significativo de las sanciones. Irán rechaza la idea de imponerle restricciones indefinidas.

lunes, 2 de marzo de 2026

Ataque a Irán: nuevo episodio de un conflicto mundial

Ucrania, Palestina, Venezuela y ahora Irán constituyen distintos frentes de un conflicto global. Además de seguir la agenda del sionismo en la región, el ataque a Irán intenta impedir por la fuerza el ocaso de la hegemonía estadounidense y occidental.

Andreu Coll, Jacobin

Israel y Estados Unidos han lanzado importantes ataques contra Irán en la madrugada del sábado, en una agresión imperialista que provocará más muerte y destrucción. Irán ha respondido atacando Israel y bases militares estadounidenses en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Baréin.

Los ataques se produjeron al día siguiente de la tercera ronda de negociaciones entre Estados Unidos e Irán sobre el programa de enriquecimiento nuclear de Irán. Es importante recordar que fue la primera administración de Donald Trump la que reventó el acuerdo firmado por Obama en 2015 y que ya apoyó la «guerra de los 12 días» de junio pasado para golpear las instalaciones nucleares y los depósitos de misiles balísticos iraníes, con resultados mucho menos concluyentes de lo que habían proclamado.

Cuando las conversaciones terminaron el jueves pasado, el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Sayyid Badr Albusaidi, principal negociador, afirmó que se habían producido «avances significativos». Además, señaló que se habían previsto más conversaciones en menos de una semana.

Sin embargo, a lo largo de todo el proceso, el programa nuclear de Irán ha sido un punto conflictivo. Irán se negó a detener su programa de enriquecimiento nuclear, que se utiliza exclusivamente con fines civiles. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, afirmó que Irán haría algunas concesiones sobre su programa para llegar a un acuerdo, pero se negó a detenerlo por completo.

viernes, 27 de febrero de 2026

Donbás y Crimea afirman su derecho a la autodeterminación política

Generalmente presentada en los medios occidentales como una ‘invasión rusa’ de Ucrania, en realidad la intervención militar rusa fue una extensión de un conflicto civil de larga data en la histórica región del Donbass

Dmitri Kovalevich, Al Mayadeen

A finales de febrero de 2026 se cumplen exactamente cuatro años del inicio de la Operación Militar Especial en Ucrania por parte de las fuerzas armadas de la Federación de Rusia. Generalmente presentada en los medios occidentales como una ‘invasión rusa’ de Ucrania, en realidad la intervención militar rusa fue una extensión de un conflicto civil de larga data en la histórica región del Donbass, que se encuentra entre Ucrania y Rusia.

Al igual que Crimea antes que ella, el Donbás es escenario de una larga lucha de su población por la autodeterminación política, que se remonta a la fundación de la Unión Soviética después de la Primera Guerra Mundial. Los primeros dirigentes de la Ucrania soviética y de la Unión Soviética decidieron con sabiduría que, debido a su industria pesada y a pesar de su población mayoritariamente rusoparlante, el Donbás debía unirse a la nueva Ucrania soviética para impulsar el desarrollo de un país soberano. De hecho, esto resultó, pero ¿a qué precio? La catastrófica guerra de la Alemania nazi contra la Ucrania soviética y la Unión Soviética, lanzada en junio de 1941, causó una destrucción incalculable cuyas consecuencias siguen resonando.

En los últimos cuatro años, Ucrania ha perdido millones de su población debido a la migración masiva, hacia el este y el oeste, y a las muertes y lesiones causadas por la guerra. Algunas estimaciones situar la población actual de Ucrania en dos tercios de lo que era en el momento de la secesión de la Unión Soviética en 1990-91, unos 25 millones. Otras fuentes hablan incluso menos que eso. En Ucrania no se realiza ningún censo desde hace más de 20 años. Además, el país ha perdido un territorio importante, así como gran parte de su anteriormente impresionante base industrial. A pesar de ese sombrío historial, los aliados occidentales de Ucrania siguen exigiendo y esperando que el régimen gobernante en Kiev continúe un esfuerzo bélico contra Rusia.

jueves, 26 de febrero de 2026

Teherán a Trump: atacar a Irán, encenderá toda la región

Irán está señalando que un ataque estadounidense no se limitaría, sino que se extendería por Asia occidental de maneras que Washington tal vez no esté preparado para absorber

Mohamad Hasan Sweidan, The Cradle

En una publicación en su cuenta X a finales de la semana pasada, Ebrahim Rezaei, portavoz del Comité de Seguridad Nacional y Política Exterior del parlamento iraní, describió las conversaciones previstas para hoy entre Teherán y Washington como “prueba” para el presidente estadounidense Donald Trump. Según Rezaei, esas discusiones determinarán “si los soldados estadounidenses van al infierno o regresan a Estados Unidos”

La retórica aguda de Rezaei forma parte de un flujo constante de retórica y señales crecientes por parte de los funcionarios iraníes durante las últimas semanas. Reflejan un alto nivel de disposición iraní a entrar en lo que los funcionarios describen como una “batalla existencial” si Estados Unidos se la impone a Teherán.

Por esa razón, es necesario examinar qué opciones pueden estar sobre la mesa en Teherán si Trump decide pasar de la presión a la confrontación militar directa.

¿Es la guerra la opción preferida de Trump?

Trump no es el loco imprudente que a veces se presenta. Él actúa de manera impredecible. Esa actuación tiene un propósito. De hecho, está muy atento a los costes. Lo que lo distingue de otros presidentes estadounidenses no es la ausencia de cálculo, sino los criterios que lo guían.

martes, 24 de febrero de 2026

La batalla por Irán aún está en suspenso, pero tiene el perfil de un umbral histórico decisivo


Andrea Zhok, Arianna Editrice

La batalla por Irán aún está en suspenso, pero tiene el perfil de un umbral histórico decisivo.

Israel está ejerciendo toda la presión que puede sobre la administración estadounidense para que lleve a cabo el ataque. El hecho de que una guerra total difícilmente dejaría intacto a Israel no parece preocupar ni a Nethanyahu ni a los israelíes, quienes, según las encuestas, son mayoría a favor de un conflicto.

Trump también ha acumulado un potencial bélico completamente fuera de lo común, francamente desproporcionado para un engaño.

Y, sin embargo, el ataque, según múltiples rumores, ya ha sido pospuesto dos veces.

Y las razones de estos aplazamientos son bastante claras.

En los últimos meses han llegado a Irán numerosos aviones de carga procedentes de Rusia y China. Que se trate de entregas extraordinarias de armamentos es un secreto a voces.

Además, China parece estar poniendo a disposición directamente su sistema de detección aeroespacial, con algunos de sus propios barcos enviados al Golfo Pérsico, lo que prácticamente permite a Irán detectar también la tecnología furtiva estadounidense.

lunes, 23 de febrero de 2026

¿Quien puede detener la ambición imperial de Trump?

La economía hiperfinanciarizada de EEUU se está derrumbando bajo su propio peso. Y la crisis más inmediata hoy en día es el estallido de la burbuja de la inteligencia artificial

Alastair Crooke, Observatorio Crisis

Ahora podemos ver con mayor claridad el camino elegido por Trump: tras Davos y Múnich, tenemos algo más de luz tanto sobre las ambiciones desmesuradas del emperador como sobre los medios con los que espera alcanzarlas.

No obstante, puede que sea demasiado tarde. Las políticas del pasado lastran el futuro de EEUU. Rusia por sí sola quizá no sea capaz de romper la burbuja de Trump, pero China, Rusia e Irán juntos sí pueden, y es posible que lo hagan.

En Múnich, Marco Rubio expuso el contexto de una ambición descaradamente audaz: su premisa se basa en la opinión de que la descolonización fue, en realidad, un siniestro complot comunista que destruyó 500 años de imperios occidentales:
Durante cinco siglos, antes del final de la II Guerra Mundial, Occidente se había expandido: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados y sus exploradores salieron de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo.

Pero en 1945, por primera vez desde la época de Colón, se estaba contrayendo. Europa estaba en ruinas. La mitad vivía tras un telón de acero y el resto parecía que pronto seguiría sus pasos. Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por revoluciones comunistas ateas y levantamientos anticolonialistas que transformarían el mundo y cubrirían de hoz y martillo rojos vastas extensiones del mapa en los años venideros.
Su idea principal es que ese declive anticipado era una elección, y es una elección que Trump se niega a hacer:

domingo, 22 de febrero de 2026

La catástrofe europea y sus cassandras


Andrea Zhok, l'AntiDiplomatico

En la mitología griega, Casandra, la hermana de Héctor, estaba dotada de habilidades adivinatorias, pero Apolo la condenó a permanecer anónima.

Hoy, y desde hace algún tiempo, en Europa, comprender los procesos en curso no requiere poderes proféticos divinos. Basta con una buena formación histórica y política y no dejarse aturdir a diario por los narcóticos de los medios.

La Europa de hoy está llena de Casandras que gozan del dudoso privilegio de ver continuamente, en retrospectiva, que tenían razón, mientras que los que estaban completamente equivocados siguen colgándose medallas en el pecho, sin conmoverse por sus propios fracasos.

Por eso, oír al canciller alemán Merz alzar la voz contra el estado de bienestar alemán que aún perdura y pedir sacrificios para alimentar una nueva carrera armamentista es casi reconfortante para todos aquellos (y no son pocos) que recuerdan la Alemania de Schaüble, la Alemania que sermoneaba a la Europa del Sur (conocida cariñosamente por el acrónimo PIGS) sobre productividad y moralidad, mientras utilizaba la influencia de un euro artificialmente infravalorado para impulsar sus propias exportaciones.

martes, 17 de febrero de 2026

La gran lucha por el Poder: el choque del siglo XXI

El mundo se desplaza y Washington golpea a su alrededor: de las sanciones a las guerras por delegación, de Venezuela a Irán, de Ucrania a Taiwán. No se trata de una serie de crisis aisladas, sino de una gran lucha por el poder, los beneficios y el orden mundial. Este es el choque del siglo XXI

Marc Vandepitte, Rebelión

Los bombardeos sobre Venezuela del 3 de enero solo pueden entenderse si se analiza el panorama general. El secuestro del presidente venezolano, el derrocamiento del gobierno sirio, los bombardeos sobre Irán, Yemen y otros países de la región, la guerra por delegación contra Rusia, la amenaza de sanciones de EEUU dirigida a los países BRICS y el revuelo en torno a Groenlandia no son hechos aislados, sino aspectos de una gran estrategia.

Vivimos en una época en la que la dominación histórica de una sola superpotencia, Estados Unidos, se está desmoronando visiblemente. Al mismo tiempo, Washington y sus aliados occidentales intentan revertir esa tendencia de manera desesperada para salvar un statu quo que asegure su hegemonía, su control y las ganancias sobre la riqueza creada en otros lugares.

Este es el choque del siglo XXI, cuyo comienzo apenas hemos empezado a vislumbrar.

Un mundo en vuelco

Empecemos por la economía, donde el equilibrio de poder mundial se está desplazando rápidamente. El G7, el club de las siete naciones occidentales más ricas, cayó del 45% del PIB mundial en el año 2000 a cerca del 30% en la actualidad, mientras que el BRICS+ ya se sitúa en torno al 37%.1

Mientras tanto, el Sur Global desarrolla su propia industria y tecnología, con China como líder en vehículos eléctricos, energía solar, eólica e infraestructura digital. Esto permite que los países dejen de ser meros proveedores de materias primas y conserven una mayor parte de su propia riqueza.

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