El intento de "Israel" de asegurar “la victoria total” en múltiples frentes regionales ha fracasado, dejando a Netanyahu debilitado política y militarmente. Gaza, Líbano, Yemen, Irán y el campo de batalla de los medios de comunicación han expuesto los límites del poder israelí a pesar de una escalada militar sin precedentes
Robert Inlakesh, Al Mayadeen
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha prometido durante años que logrará “una victoria total” en su guerra regional en múltiples frentes. Ahora se enfrenta a un fracaso total en todos los ámbitos y su incapacidad para aceptar la derrota lo está hundiendo aún más.
El primer ministro israelí, después de supervisar la derrota militar más devastadora y humillante en la historia del régimen sionista, intentó convertir el golpe del 7 de octubre de 2023 en una rotunda victoria estratégica. En lugar de centrarse simplemente en Gaza, los responsables de la toma de decisiones en “Tel Aviv” siguieron una estrategia completamente diferente y se propusieron acelerar el “Proyecto Gran Israel”.
Es por esto que Netanyahu comenzó a hablar de una “guerra de siete frentes”, añadiendo después la guerra mediática como su octavo frente. Para tener éxito, el objetivo era derrotar a todos los enemigos, siendo el más importante la República Islámica de Irán.
En su mente, el Primer Ministro israelí estaba implementando una estrategia que no sólo restauraría la destrozada “capacidad de disuasión” de su ejército, sino que también marcaría su nombre en la historia como el hombre que finalmente logró el sueño sionista de expansión. No se trata sólo de lograr una victoria israelí y asegurar su dominio regional, se trata de que Netanyahu logre lo que Levi Eshkol supervisó durante la guerra de junio de 1967 o lo que hizo David Ben-Gurion entre 1947 y 1949.





