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jueves, 30 de abril de 2026

Hezbolá contra los Merkava

Un hilo de fibra óptica destruye carros de combate Merkava Mk.4. El dron que lo arrastra llega sin frecuencia de radio. Atraviesa un espacio aéreo que el radar de la ocupación no puede detectar. Más frágil que una telaraña: el hilo de fibra de Hezbolá castiga al Merkava

Anis Raiss, La Haine

Un arma que se mide en micras ha hecho trizas décadas de doctrina militar israelí. Lo que ocurrió en el sur del Líbano no fue un ataque por sorpresa, sino la puesta al descubierto del fracaso de un sistema diseñado para librar la guerra anterior.

Se trata de un carrete de vidrio del grosor de un cabello humano, enrollado dentro de una carcasa impresa en 3D que pesa menos que una bolsa de azúcar.

El 4 de abril, en el sur del Líbano, destruyó un carro de combate principal Merkava Mk.4. El dron que lo arrastraba costó menos que una cena para dos en Tel Aviv. Llegó sin frecuencia de radio. Atravesó un espacio aéreo que el radar de la ocupación no podía detectar.

Lo guiaba un operador al que los inhibidores de la ocupación no pudieron silenciar. Durante dos décadas, el régimen ocupante construyó una industria para bloquear una señal. Hezbolá envió un arma más fina que la telaraña que el difunto secretario general Hassan Nasrallah utilizó en su día para describir la fragilidad de Israel: un arma que no emite ningún sonido.

En la primera semana de abril, en el sur del Líbano, un vehículo de combate de infantería pesada Namer --una de las plataformas más fuertemente blindadas que el ejército de ocupación tiene en servicio, equipada con un cañón Bushmaster de 30 mm, un lanzamisiles Spike y el sistema de protección activa Trophy, diseñado para interceptar proyectiles entrantes-- fue alcanzado por un dron de 500 dólares.

lunes, 20 de abril de 2026

La Guerra de los Drones ha terminado de exponer la ficción europea: ahora todos somos un objetivo

Moscú señala a las fábricas europeas como objetivos, la UE dota a Kiev de cadenas de suministro industriales integradas: la nueva evolución industrial-militar de los drones borra toda ficción y pone al continente en primer plano

Pino Cabras, Mega Chip

La guerra con drones ha destrozado la última ficción útil con la que Europa se ha contado a sí misma sobre el conflicto ucraniano. Hasta ayer, el continente todavía podía desempeñar el papel de apoyo externo: ayuda, suministros, formación, dinero, sanciones, inteligencia. Hoy esa representación ya no se sostiene. Cuando Alemania, el Reino Unido, Noruega, los Países Bajos y ahora Italia también entran en la producción conjunta de drones con Kiev, ya no nos enfrentamos a una “guerra por poderes” en el sentido clásico del término. Estamos ante una “cobeligerancia industrial, militar y de inteligencia” que Moscú ha decidido nombrar abiertamente como tal.

La señal llegó de manera brutal y repentina. El Ministerio de Defensa ruso ha publicado una lista de empresas europeas involucradas en la producción de drones para Ucrania, con direcciones y ubicaciones. Dmitry Medvedev acompañó ese gesto con un mensaje que no deja lugar a interpretaciones ingenuas: esos sitios son, a los ojos rusos, objetivos potenciales. Es la manera que tiene el Kremlin de decirles a los europeos: sabemos desde hace mucho tiempo que sois parte de la guerra, pero hasta ahora os hemos dejado el beneficio de la ficción; ahora esa ficción ha terminado. Y no hay vuelta atrás en esta conciencia.

La foto de Friedrich Merz y Volodymyr Zelensky frente al dron kamikaze Anubis merece más de cien comunicados de prensa. Ese avión, producido por la empresa conjunta Auterion-Airlogix, es la materialización de la nueva fase del conflicto y ciertamente no un símbolo marginal. Hasta ahora, las armas de almacén estan transferidas a la junta de Kiev, ahora se está construyendo una cadena de suministro industrial europea permanente y distribuida, destinada a producir en masa drones de ataque autónomos guiados por inteligencia artificial. El modelo es el de los Shaheds iraníes, reproducido con ingeniería inversa: bajo coste, saturación numérica, enjambres, capacidad de atacar profundamente. La guerra con drones es ahora una guerra de fábricas, software, ensamblajes y laboratorios. Y esas fábricas se están extendiendo rápidamente en Europa, que se está desindustrializando en los demás sectores, pero es en los albores del Gran Rearme.

sábado, 28 de diciembre de 2024

El peligro de los drones

Nahia Sanzo, Slavyangrad

Quizá ningún aspecto ilustre mejor a día de hoy la máxima de que los generales siempre están preparados para la anterior guerra que los drones, posiblemente el único aspecto en el que el conflicto ruso-ucraniano ha modificado la forma de luchar. Desarrollados desde hace décadas, los drones no son nuevos, ni lo es tampoco su uso en escenarios militares, aunque la actual guerra supone la primera ocasión en la que se utilizan de forma intensiva en un conflicto de alta intensidad y en el que se han convertido en una necesidad para cualquier unidad sobre el terreno. Ataque, defensa y vigilancia son ya inimaginables sin la posibilidad de uso de drones como arma o como elemento de coordinación de las diferentes ramas de las fuerzas armadas o entre diferentes unidades.

La capacidad de detectar y visionar en tiempo real cualquier convoy enemigo mínimamente significativo ha hecho que sea cada vez más difícil realizar una guerra de maniobras. Así pudo comprobarlo Ucrania cuando cada uno de sus convoyes blindados que debían romper el frente de Zaporozhie en dirección a Melitopol y Crimea era detectado a su salida. En aquel momento, los aliados de Kiev prefirieron centrarse en presentar los campos de mina rusos -que Ucrania debió haber previsto que existirían- sin admitir que la capacidad de las tropas rusas de advertir la presencia de vehículos blindados oponentes y ajustar de esa forma la artillería fue también una de las causas clave del fracaso ucraniano a la hora de llegar a la línea Surovikin, que nunca consiguieron derribar. La guerra terrestre implica necesariamente la lucha contra vehículos blindados y su destrucción garantiza la defensa del frente. En esa labor, las tropas rusas contaron con la colaboración de la munición merodeadora Lantset, principal novedad en el arsenal de Rusia, que al inicio de la guerra comprendió que había quedado muy rezagada en el desarrollo de vehículos no tripulados. Tanto es así que necesitó la ayuda de Irán para conseguir sus primeros drones kamikaze, los ya célebres Shahed. Occidente, siempre dispuesto a creer que su enemigo no es capaz de aprender de sus errores, no previó la posibilidad de que la Federación Rusa pudiera, en tan solo un año, desarrollar el tipo de arma que más daño podía hacer en esta guerra y especialmente en un escenario de batalla de maniobra en campo abierto como el que plantearon Ucrania y sus aliados en dirección a Rabotino.

martes, 5 de mayo de 2015

Drones, asesinos en serie

El gobierno de Estados Unidos asesina a cualquier persona a la que crea vinculada al terrorismo y sobre la que no tenga control. Son asesinatos perpetrados sin juicio previo y en flagrante violación del derecho internacional… pero son legales, desde el punto de vista estadounidense. Ese programa, bajo el mando personal del presidente Obama, está dirigido por sicópatas

Manlio Dinucci, Red Voltaire

En Washington, existe ahora un macabro ritual. Una vez al mes, varios miembros del Congreso, pertenecientes a las comisiones de Inteligencia, van al cuartel general de la CIA para «visionar las grabaciones filmadas de personas que explotan, alcanzadas por los ataques de los drones en Pakistán y en otros países».

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