El manifiesto sobre la IA de Alex Karp pone al descubierto un imperio que intenta convertir la guerra algorítmica en doctrina, justo cuando el mundo multipolar aprende a responder con su propio código
Anis Raiss, The Cradle
En el cuento de Hans Christian Andersen, el emperador desfila desnudo por la ciudad hasta que un niño dice lo que todos los demás temen admitir. El 18 de abril de 2026, el director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, organizó su propio desfile. Palantir publicó su manifiesto de 22 puntos en X, y en cuestión de días alcanzó los 32 millones de visualizaciones. Los expertos lo denominaron tecnofascismo.
Fuera del aula de seminarios atlantistas, el veredicto fue más sencillo. La doctrina de la Inteligencia Artificial (IA) del imperio había quedado al descubierto.
El manifiesto surgió como un error del sistema derivado de un orden que se desmoronaba, vendiendo la dominación algorítmica justo cuando el mundo multipolar demostraba que ya no podía ser dirigido desde Washington, Silicon Valley o Tel Aviv.
Bajo esa arrogancia se escondía un temor más simple. Las máquinas del Imperio ya no son las únicas en funcionamiento. El pánico reside en la pulida certeza del documento, en su creencia de que el código puede restaurar la disciplina que las flotas, las sanciones y las campañas de bombardeo ya no imponen.
Lo que sigue es lo que el manifiesto ya admite.
El fascismo en el lenguaje de los productos
Los 22 puntos no fueron casualidad. Resumían el libro de Karp de 2025, "La República Tecnológica", escrito en coautoría con el jefe de asuntos corporativos de Palantir, Nicholas Zamiska, y publicado por Crown Currency.



















