En consecuencia, si queremos abordar correctamente el problema de la guerra, debemos necesariamente enfrentarnos al capitalismo, del cual el imperialismo representa la forma dominante
Domenico Moro, Sinistra in Rete
A pesar de que la reciente guerra entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro, se desarrolla en una zona —Oriente Medio— donde se encuentra el 48% de las reservas probadas de petróleo y que satisface el 31% del consumo mundial de petróleo, todavía hay quienes tienen dificultades para relacionar el petróleo con las causas del conflicto. Esto ocurre también en el caso del principal diario económico italiano, según el cual:
…las causas de esta guerra no son económicas: al menos por lo que sabemos, la economía ha sido una consecuencia importante, no el motivo.1En realidad, el estallido de una guerra siempre ha estado vinculado a causas económicas y, en particular, al acceso y al control de las materias primas. Esto ya era así en la Antigüedad. Por ejemplo, en el año 43 d.C., el Imperio Romano invadió y conquistó Britania, sobre todo porque esta era fuente de metales industriales como el estaño, fundamental para la producción de bronce, y el plomo, necesario para las tuberías y la construcción, además de metales preciosos, como el oro y la plata, y de trigo.
El petróleo y las dos guerras mundiales
El vínculo entre economía y guerra se ha fortalecido aún más desde que, hace algunos siglos, se impuso el modo de producción capitalista. En particular, desde que se desarrolló la gran industria basada en las máquinas, el control de las materias primas se ha convertido en uno de los principales factores desencadenantes de la guerra. Sin duda, entre las materias primas, las energéticas revisten una importancia decisiva, ya que sin energía no se puede poner en marcha ningún tipo de máquina. Dentro de las materias primas energéticas, a pesar de todos los esfuerzos por emanciparse de los combustibles fósiles, el petróleo sigue siendo la más importante.


















