La fallida guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y la masiva destrucción de plantas, refinerías y procesadoras de petróleo amenaza con provocar una espiral inflacionaria que podría llevar al mundo al precipicio. El alza en el precio del petróleo, plásticos, fertilizantes, helio, microchip afecta toda la cadena de suministro, y si el barril supera los 150 dólares seríael umbral de una recesión mundial.
Leonid Savin, Geopolitika
La agresión de EEUU e Israel contra Irán ha recibido una dura respuesta. El plan de guerra relámpago anunciado por Trump no ha salido bien. Ambos agresores han reconocido que subestimaron las posibilidades y capacidades de Irán, y ahora intentan poner buena cara al mal juego.
Como resultado, ya en la primera semana del conflicto se vieron afectados los intereses económicos de muchos países. El cierre del estrecho de Ormuz —algo que, por cierto, los dirigentes de la República Islámica de Irán habían anunciado en repetidas ocasiones como medida de respuesta— provocó el colapso de las economías de muchos países y la ruptura de las cadenas de suministro.
En primer lugar, esto afecta a los productos petrolíferos que se exportaban desde los países del Golfo Pérsico a Europa y Asia. La cartera de clientes de Irak, Arabia Saudí, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Catar es bastante amplia, desde Japón y Corea del Sur hasta los países de la UE. La escasez energética ya ha afectado a muchos Estados, donde se restringe la venta de gasolina, se elevan los precios internos y se empieza a subvencionar la venta de gas en el mercado nacional. Tras un mes de guerra en el Golfo, las reservas de petróleo y gas de muchos importadores se están agotando, y se ven obligados a buscar alternativas. El aumento de los precios del combustible de aviación, por consiguiente, afecta a muchas aerolíneas. Los aeropuertos de muchos países de Oriente Medio, que son centros de conexión tradicionales, permanecen cerrados, lo













