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lunes, 26 de enero de 2026

El largo ascenso del capitalismo global

El capitalismo es un sistema económico global. Cualquier crónica sobre su ascenso, por tanto, debería examinar el mundo entero. En su nuevo libro Capitalism: A Global History, el historiador Sven Beckert hace precisamente eso.

Nelson Lichtenstein, Jacobin

El artículo que sigue es una reseña de Capitalism: A Global History, de Sven Beckert (Penguin Press, 2025)
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El extenso libro de Sven Beckert es sumamente ambicioso, una historia perspicaz y bien ilustrada del historiador de Harvard, pionero en la creación de nuevas narrativas que exploran cómo el capitalismo en constante cambio ha sido un fenómeno arraigado social y culturalmente. Con más de mil páginas, el volumen de Beckert ofrece una síntesis y, en ocasiones, una reformulación de casi todo lo que hemos aprendido sobre la historia del capitalismo, y no solo en las sociedades más estudiadas que bordean el Atlántico Norte.

Se trata de una historia global, sostiene Beckert, porque el capitalismo «siempre fue una economía mundial». Escribiendo dentro del esquema de sistemas mundiales asociado con Fernand Braudel e Immanuel Wallerstein, investiga las conexiones, los paralelismos y las transformaciones que tienen lugar dentro de una historia económica y social que se remonta a casi mil años.

El historiador Marc Bloch escribió una vez que observar cuidadosamente el mundo era tan importante para comprender la historia como el tiempo dedicado a los archivos. Beckert está de acuerdo. Su libro es el resultado no solo de una inmensa investigación bibliográfica, sino también de visitas a fábricas, plantaciones, almacenes, ferrocarriles, muelles, mansiones, mezquitas, iglesias y casas de comerciantes que se extienden desde Phnom Penh hasta Senegal, desde Samarcanda hasta Ámsterdam y desde Turín hasta Barbados. Puedo dar fe de la importancia de esos viajes: hace veinte años, cuando visité el delta del río Perla en China, que entonces se estaba convirtiendo en el taller del mundo, no solo obtuve información crucial sobre cómo Walmart abastecía su cadena de suministro, sino que también llegué a comprender de forma más intuitiva cómo debía de ser la floreciente y divisada Detroit casi un siglo antes.

«No existe un capitalismo francés o un capitalismo estadounidense», escribe Beckert, «sino solo capitalismo en Francia o en Estados Unidos». Y también hay capitalismo en Arabia, India, China, África e incluso entre los aztecas. En su relato sobre los mercaderes y comerciantes de la primera mitad del segundo milenio, Beckert deja a Europa en un segundo plano y ofrece, en su lugar, un relato rico y —excepto para los especialistas— desconocido sobre cómo florecieron en Adén, Cambay, Mombasa, Guangzhou, El Cairo y Samarcanda las instituciones vitales para el comercio y los mercados tales como el crédito, la contabilidad, las sociedades limitadas, los seguros y la banca. Todas ellas son «islas de capital», una metáfora recurrente en el libro de Beckert.

viernes, 6 de junio de 2025

Por qué Estados Unidos sacrifica el bienestar de sus ciudadanos para atacar a China

El ex economista jefe del Banco Mundial explica por qué Estados Unidos, en lugar de seguir una estrategia que beneficie a ambas partes, ha optado por una lógica de perder-perder

Branko Milanović, Brave New Europe

En un excelente artículo reciente titulado "Guerra y Política Internacional", John Mearsheimer presenta una versión sintética de la teoría realista de las relaciones internacionales, aplicada al mundo multipolar actual. Se centra en la inevitable existencia de la guerra debido a la estructura del sistema internacional: una anarquía en la que ningún país tiene un monopolio de poder similar al que tiene el Estado en la política interna y, por lo tanto, nadie que imponga las reglas.

Mearsheimer critica a los pensadores liberales por su ingenuidad al creer (en la década de 1990) que las guerras terminarían y que la política de las grandes potencias quedaría obsoleta. (Karl Polanyi ya ridiculizó una visión igualmente ingenua en La gran transformación). Mearsheimer explica en parte este error por el hecho de que muchos pensadores liberales maduraron intelectualmente durante el período unipolar, cuando tales sueños, poco conectados con la realidad histórica, podían cultivarse.

Mearsheimer, de paso, hace una observación crucial para los economistas. Escribe:
«Los economistas convencionales pueden concentrarse en facilitar la competencia económica dentro de un sistema mundial fundamentalmente cooperativo porque prestan muy poca atención a cómo los Estados conciben su supervivencia en una anarquía internacional, donde la guerra siempre es una posibilidad. Por lo tanto, conceptos como la competencia por la seguridad y el equilibrio de poder, fundamentales para el estudio de la política internacional, no tienen cabida en la economía convencional… Además, los economistas tienden a priorizar las ganancias absolutas de un Estado, no las relativas; lo que significa que, en gran medida, ignoran el equilibrio de poder».

domingo, 20 de abril de 2025

Por qué el capitalismo no puede salvar el planeta

Reseña de The Price Is Wrong: Why Capitalism Won't Save the Planet, [El precio está equivocado: Por qué no puede salvar el planeta el capitalismo] (Verso, 2024), de Brett Christophers.

Randeep Ramesh, Sin Permiso

Vladimir Lenin definió una vez el comunismo como «el poder soviético más la electrificación de todo el país». Puede que sus palabras toquen la fibra sensible de los rebeldes verdes de hoy en día, que ven en la energía limpia una fuerza para el cambio transformador. Sin embargo, estos revolucionarios tienen todavía que ver su revolución. El año pasado fue el más caluroso de la historia y, muy probablemente, de los últimos cien mil años. Aunque están en auge las energías renovables, no crecen lo bastante rápido como para evitar el colapso climático.

Brett Christophers, catedrático de Geografía Económica de la Universidad de Upsala (Suecia), analiza las razones de esta situación y lo que puede hacerse al respecto. Christophers se ha dado a conocer gracias a una serie de libros que intentan sacar a la luz los sucios secretos del capitalismo, como Our Lives in Their Portfolios (Nuestras vidas en sus carteras), del año pasado [2023], sobre el sector de la gestión de activos. Su objetivo es hacer comprender a los lectores que han sido inducidos a una falsa sensación de seguridad por una doctrina económica que promete la salvación a sus adeptos. Del mismo modo, The Price is Wrong rechaza el razonamiento ortodoxo de que una mezcla de innovación tecnológica y magia de mercado bastará para salvar la Tierra.

Lo que está en juego es si los objetivos mundiales de mitigación del cambio climático pueden alcanzarse mediante esfuerzos por «ecologizar» la mayor fuente de emisiones de dióxido de carbono: la electricidad. Christophers es pesimista, pues la transición de los combustibles sucios a los verdes está actualmente lubricada por el propio capitalismo. Su escepticismo no es nuevo. Hay mucha gente de izquierdas que afirma que está en la naturaleza del capitalismo comportarse como destructor del medio ambiente, clima incluido.

jueves, 17 de abril de 2025

Trump rompe un orden mundial en crisis, pero hay oportunidades en medio de la turbulencia

Las acciones de Trump no fueron ni improvisadas ni caprichosas. La «solución arancelaria» había sido preparada por su equipo durante años

Alastair Crooke, Strategic Culture

El shock de Trump –su descentralización de EEUU del rol de eje del ‘orden’ de posguerra, a través del dólar– ha desatado una profunda división entre, por un lado, quienes obtuvieron enormes beneficios del statu quo; y, por otro, la facción MAGA (Make America’s Greatest Again), que llegó a ver ese statu quo como hostil, incluso una amenaza existencial para los intereses estadounidenses. Las partes han caído en una polarización agria y llena de acusaciones.

Es una de las ironías del momento que el presidente Trump y los republicanos de derechas hayan insistido en denigrar -como una “maldición de los recursos”- los beneficios del estatus de Moneda de Reserva que aportó a EEUU la oleada de ahorro mundial entrante que le permitió disfrutar del privilegio único de imprimir dinero, sin consecuencias negativas: ¡al menos hasta ahora! Parece que, en última instancia, los niveles de deuda importan incluso al Leviatán.

El vicepresidente Vance compara ahora la moneda de reserva con un “parásito” que ha devorado la sustancia de su “huésped”» (la economía estadounidense) imponiendo un dólar sobrevalorado.

Para que quede claro, Trump creía que no tenía elección: o bien subvertía el paradigma existente, a costa de un considerable dolor para muchos de los que dependen del sistema financiarizado, o bien permitía que los acontecimientos avanzaran hacia el inevitable colapso económico de EEUU. Incluso aquellos que entendían el dilema al que se enfrentaba EEUU se quedaron algo sorprendidos por su descarada “imposición de aranceles al mundo”.

lunes, 17 de marzo de 2025

El error del neoliberalismo

Este ensayo de Alain de Benoist, «L'erreur du liberalism», se publicó originalmente en el número 28-29 de Éléments, en marzo de 1979. Alain de Benoist sostiene que tanto el liberalismo como el marxismo, aunque aparentemente opuestos, comparten el mismo defecto fundamental de reducir la sociedad humana a relaciones económicas y considerar a los seres humanos principalmente como actores económicos. El ensayo critica cómo el liberalismo, en nombre de la igualdad universal y la libertad individual, en realidad sustituye las jerarquías sociales tradicionales por desigualdades económicas, al tiempo que erosiona las identidades culturales, los lazos comunitarios y el poder del Estado.

Alain de Benoist, Nouvelle Droite

La concepción del hombre como «animal/ser económico» (el Homo oeconomicus de Adam Smith y su escuela) es el símbolo mismo que connota tanto el capitalismo burgués como el socialismo marxista. Liberalismo y marxismo nacieron como polos opuestos de un mismo sistema de valores económicos. Uno defiende al «explotador», el otro defiende al «explotado», pero en ambos casos, no escapamos a la alienación económica.

Liberales (o neoliberales) y marxistas coinciden en un punto esencial: para ellos, la función determinante de una sociedad es la economía. Esta constituye la verdadera infraestructura de cualquier grupo humano. Son sus leyes las que permiten evaluar «científicamente» la actividad humana y predecir los comportamientos. Los marxistas dan el papel predominante al modo de producción en la actividad económica, mientras que los liberales consideran más importante el mercado. Es el modo de producción o el modo de consumo (economía «de partida» o economía «de llegada») lo que determina la estructura social. En esta concepción el bienestar material es el único objetivo que la sociedad civil consiente en asignarse. Y el medio adaptado a este objetivo es el libre ejercicio de la actividad económica.

domingo, 24 de noviembre de 2024

El capitalismo neoliberal impulsa la espiral de la muerte de la democracia

La globalización financiera ha puesto el destino de sociedades enteras en manos de inversores a los que sólo les importan las señales de los precios y que son ajenos a las necesidades humanas. La financiarización económica terminó con ia idea del Estado-Nación y redujo el margen de maniobra de los gobiernos

Katherina Pistor, Sin Permiso

Estas elecciones norteamericanas marcan lo que los alemanes llaman un Zeitenwende («punto de inflexión»). Los votantes están señalando claramente que quieren un cambio, que prefieren un segundo gobierno de Donald Trump a otro gobierno provisional que presida un régimen que rechazan.

Es cierto que los partidos políticos que prometieron proteger el statu quo han perdido este año las elecciones en un país tras otro. Pero es difícil de sobreestimar la importancia de que los votantes de la democracia más antigua del mundo rechacen los fundamentos constitucionales de su país: el Estado de derecho, un poder judicial independiente e imparcial, un proceso justo y un traspaso ordenado del poder.

El juego de acusaciones comenzó antes de que se conocieran los resultados de las elecciones, centrándose como era previsible en el elitismo, la identidad y la propia candidata perdedora. Este ciclo de recriminaciones desgarrará al Partido Demócrata y lo hará aún menos apto para gobernar en el futuro. También distraerá la atención de la verdad que nadie quiere ver: el capitalismo. La democracia se encuentra en una espiral de muerte porque está sometida a un régimen socioeconómico que enfrenta a todos contra todos, socavando la capacidad de consenso y de toma de decisiones colectiva.

martes, 5 de noviembre de 2024

Elecciones EEUU: guerra entre poder corporativo y oligarquía

El poder corporativo necesita estabilidad y un gobierno tecnocrático. El poder oligárquico prospera en el caos y, como dice Steve Bannon, en la "deconstrucción del Estado administrativo"

Chris Hedges, ScheerPost

En EEUU, la elección es entre el poder corporativo y el oligárquico. Ninguno de los dos es democrático. Ambos han comprado a la clase política, la academia y la prensa. Ambos son formas de explotación que empobrecen y desempoderan a la gente. Ambos canalizan el dinero hacia arriba, hacia las manos de la clase multimillonaria.

Ambos desmantelan regulaciones, destruyen sindicatos, destripan servicios gubernamentales en nombre de la austeridad, privatizan todos los aspectos de la sociedad estadounidense, desde los servicios públicos hasta las escuelas, perpetúan guerras permanentes, incluido el genocidio en Gaza, y neutralizan a unos medios de comunicación que, si no estuvieran controlados por las corporaciones y los ricos, deberían investigar su saqueo y corrupción. Ambas formas de capitalismo destripan el país, pero lo hacen con herramientas diferentes y tienen objetivos diferentes.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Inmigración masiva: arma del turbocapitalismo y el patronato cosmopolita


Diego Fusaro, Posmodernia

El tiempo de la acumulación flexible corresponde al advenimiento de una época re-feudalizada y posdemocrática, en la que las decisiones son soberanamente tomadas por una élite financiera desresponsabilizada que opera en el más riguroso anonimato, en los intermundia de las sociedades anónimas y de las multinacionales rizomáticas, y en aras de su propio exclusivo interés.

Los procesos de desoberanización y de desnacionalización, convertidos en centrales después de 1989 y coincidentes con el «fin del Estado» evocado por Hobsbawm (aunque sería mejor hablar de refuncionalización liberal del Estado), corresponden a los necesarios momentos de demolición tanto de las muy ampliamente perfectibles democracias (hasta la fecha, no existen entidades transnacionales verdaderamente democráticas), como del residual poder eticizante de la política capaz de disciplinar y gobernar la economía en proceso de absolutización.

viernes, 31 de mayo de 2024

La revolución fallida de Karl Polanyi. El Orden Mundial liberal se derrumba una vez más


Thomas Fazi, Sinistrainrete

Pocos pensadores del siglo XX han tenido una influencia tan duradera y profunda como Karl Polanyi. «Algunos libros se niegan a desaparecer: son arrojados a las profundidades del mar, pero emergen de nuevo y se mantienen a flote», señaló alguna vez el historiador de la economía Charles Kindleberger cuando se refería a la obra maestra de Polanyi: La gran transformación. Esto sigue siendo hoy más cierto que nunca, 60 años después de la muerte de Polanyi y 80 años después de la publicación del libro. Mientras las sociedades siguen luchando contra los límites del capitalismo, este libro sigue siendo posiblemente la crítica más fuerte en contra del liberalismo de mercado jamás escrita hasta la fecha.

Polanyi nació en Austria en 1886 y creció en Budapest en el seno de una próspera familia burguesa de habla alemana. Aunque su familia era nominalmente judía, Polanyi se convirtió pronto al cristianismo o, más exactamente, al socialismo cristiano. Tras el final de la Primera Guerra Mundial, se trasladó a la Viena «roja», donde se convirtió en editor de la prestigiosa revista económica Der Österreichische Volkswirt (El economista austriaco), siendo uno de los primeros críticos de la escuela neoliberal, o «austriaca», de economía, representada por Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek, entre otros. Tras la conquista nazi de Alemania en 1933, las opiniones de Polanyi fueron condenadas al ostracismo social, por lo que tuvo que irse a Inglaterra y luego a Estados Unidos en 1940. Escribió La gran transformación mientras impartía clases en el Bennington College de Vermont.

viernes, 10 de mayo de 2024

La bestia de la ideología levanta la tapa de la transformación

La represión policial de las protestas estudiantiles pone de manifiesto la intolerancia absoluta hacia quienes expresan su condena de la violencia en Gaza.
Alastair Crooke, SCF

La Transformación se está acelerando. La dura, y a menuda violenta, represión policial de las protestas estudiantiles en Estados Unidos y Europa, a raíz de las continuas masacres palestinas, pone de manifiesto la intolerancia absoluta hacia quienes expresan su condena de la violencia en Gaza.

La categoría de «incitación al odio» promulgada por la ley se ha vuelto tan omnipresente y fluida que las críticas a la conducta de Israel en Gaza y Cisjordania se tratan ahora como una categoría de extremismo y como una amenaza para el Estado. Ante las críticas a Israel, las élites gobernantes responden arremetiendo con furia.

¿Existe (todavía) una frontera entre la crítica y el antisemitismo? En Occidente, cada vez se hace más hincapié en ambos conceptos.

La represión actual de cualquier crítica a la conducta de Israel -en flagrante contradicción con cualquier pretensión occidental de un orden basado en valores- refleja desesperación y un toque de pánico. Quienes siguen ocupando los puestos de liderazgo del Poder Institucional en EEUU y Europa se ven obligados por la lógica de esas estructuras a seguir cursos de acción que están conduciendo a la quiebra del «sistema«, tanto en el plano interno -y concomitantemente- provocando también la dramática intensificación de las tensiones internacionales.

viernes, 5 de noviembre de 2021

La escuela austríaca y la apología del capitalismo

Julio C. Gambina

La escuela austríaca emerge hacia 1871, año del primer intento de gobierno obrero, con la Comuna de París, levantamiento y experiencia derrotada por la violencia de las armas con 30.000 muertos. Hacía pocos años, en 1867, se había publicado el Tomo I de El Capital, en donde se anticipaba que los expropiados (trabajadores o propietarios de su fuerza de trabajo) tenían derecho a expropiar a los expropiadores (capitalistas o propietarios de los medios de producción). El eje de esta monumental obra se concentra en las leyes del valor y del plusvalor, sustentadas desde la abstracción, núcleo central del método en Karl Marx (1818-1883). El pase a consideraciones concretas del funcionamiento del orden capitalista se conocerá con la publicación por Friedrich Engels (1820-1895) de los borradores de Marx del Tomo II, recién en 1885; y del Tomo III en 1894. El razonamiento completo de Marx sobre la dinámica del capitalismo se completa con la difusión de su obra hacia 1894.

martes, 20 de julio de 2021

Agua: ¿fuente de vida o fuente de lucro?

Es importante reconocer que el agua no es un bien económico como cualquier otro. Ella está tan ligada a la vida que debe ser entendida como algo vital y sagrado. La vida no puede ser transformada en mercancía
Leonardo Boff, Alainet

Hoy hay dos cuestiones principales que afectan a toda la humanidad: el calentamiento global y la creciente escasez de agua potable. Ambas obligan a profundos cambios en nuestro modo de vivir, pues pueden producir un colapso de nuestra civilización y afectar profundamente el sistema-vida.

Atengámonos a la cuestión del agua, codiciada por las grandes corporaciones para privatizarla y lucrarse enormemente. Ella puede ser tanto motivo de guerras como de solidaridad social y cooperación entre los pueblos. Ya se ha dicho que las guerras del siglo XX eran por petróleo y las del siglo XXI serán por agua potable. No obstante, ella puede ser referencia central para un nuevo pacto social mundial entre los pueblos y los gobiernos con vistas a la supervivencia de todos.

Consideremos los datos básicos acerca del agua. Ella es extremadamente abundante y al mismo tiempo escasa. Existen cerca de 1.360.000.000 km3 cúbicos de agua en la Tierra. Si tomáramos toda esa agua que está en los océanos, lagos, ríos, acuíferos y cascos polares y la distribuyésemos equitativamente sobre una superficie terrestre plana, toda la Tierra quedaría sumergida bajo el agua a tres km de profundidad. El 97% es agua salada y el 3% es agua dulce. Pero solamente el 0,7% de esta es directamente accesible al uso humano. De este 0,7, el 70% va para la agricultura, el 22% para la industria y lo que queda para el uso humano y animal.

lunes, 30 de marzo de 2020

El Covid-19 y la muerte de la conectividad


Walden Bello, Sin Permiso

La pandemia del COVID-19 es la segunda mayor crisis de la globalización en una década. La primera fue la crisis financiera global de 2008-2009; la economía global necesitó años para llegar a una recuperación aparente. No aprendimos la lección de la primera y puede que por esto el impacto de la segunda sea incluso más grande.

Billones de dólares de riqueza efectiva se esfumaron durante la crisis de 2008, pero pocos gritaron por los actores financieros que provocaron la crisis. Los impactos en la economía real fueron más serios.

Decenas de millones perdieron sus empleos; solo en China 25 millones de personas en la segunda mitad de 2008. El transporte aéreo cayó un 20% en un año. Las cadenas globales de suministros, muchas de ellas conectadas con China, se interrumpieron gravemente.

The Economist lamentó que la “integración de la economía mundial se encuentra en retroceso prácticamente en todos los frentes”, añadiendo que “a algunos críticos del capitalismo esto parece alegrarles, como a Walden Bello, un economista filipino que quizá pueda reivindicar haber acuñado el término [desglobalización] en su libro Deglobalization: Ideas for a New World Economy.”

domingo, 22 de septiembre de 2019

“Capital e ideología” de Thomas Piketty: la propiedad es el mal


Joseph Confavreux, Fabien Escalona y Romaric Godin, Mediapart

Desde las 1.200 páginas de su última obra, Thomas Piketty, destroza el debate público y político, explorando vías para, en concreto, “superar al capitalismo”. Pero, ¿cómo ejecutar esas propuestas radicales tratando de redefinir la noción misma de propiedad? ¿Bastarán para destruir las bases del hiper-capitalismo contemporáneo?

“Es más fácil imaginar el fin del mundo que el del capitalismo”. Thomas Piketty se compromete en su última obra a nada menos que a desmentir la famosa sentencia del filósofo estadounidense Frederic Jameson, pretendiendo proporcionar herramientas para “superar el capitalismo”, saliendo de una glaciación ideológica catalizada por los fracasos del sovietismo real.

Después de “El capital en el siglo XXI”, excavadora editorial que vendió 2,5 millones de ejemplares en el mundo, donde documentaba la explosión de las desigualdades patrimoniales mundiales, el economista pasa a los trabajos prácticos y políticos. En Capital e ideología (Seuil), radicaliza su pensamiento e investiga los medios para criticar en concreto un régimen desigual actual cuyos efectos destructores sobre el planeta y los seres humanos no pueden proseguir.

lunes, 18 de marzo de 2019

Ante creciente insatisfacción con el sistema capitalista surge el "socialismo millennial"

The Economist usa el término “socialismo millennial” debido a que 51 por ciento de los estadounidenses de 18 a 29 años tiene una visión positiva del socialismo. Existe una creciente insatisfacción con el sistema capitalista en el mundo occidental. En ese contexto, se verifica el fenómeno del aumento de la atracción popular del socialismo en países del Primer Mundo. El socialismo vuelve a aparecer porque ha formado una crítica incisiva de lo que ha ido mal en las sociedades occidentales

Andrés Ferrari Haines y André Moreira Cunha, Pagina 12

Una dificultad en resolver la grieta es que se la toma como una cuestión nacional. The Economist en la edición del 14 de febrero demuestra que grietas como la argentina o la brasileña son sólo una pequeña expresión de una grieta mucho mayor: la creciente insatisfacción con el sistema capitalista en el mundo occidental. Bajo el título “El crecimiento del socialismo millennial”, la tradicional revista procura entender el fenómeno del aumento de la atracción popular del socialismo en países del Primer Mundo, particularmente en Estados Unidos.

Hace treinta años, cuando cayó el Muro de Berlín, “el capitalismo había ganado y el socialismo se convirtió en sinónimo de fracaso económico y opresión política”, se afirma en el artículo. Pero hoy “el socialismo está de moda nuevamente” en referencia a nuevos líderes políticos como Alexandria Ocasio-Cortez que califica como “una sensación” y Jeremy Corbyn en Gran Bretaña.

Para The Economist: “El socialismo vuelve a aparecer porque ha formado una crítica incisiva de lo que ha ido mal en las sociedades occidentales. Mientras que los políticos de la derecha han abandonado con demasiada frecuencia la batalla de las ideas y se han retirado hacia el chovinismo y la nostalgia, la izquierda se ha centrado en la desigualdad, el medio ambiente y la forma de otorgar poder a los ciudadanos en lugar de a las elites”.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

La pesadilla de Polanyi

Alejandro Nadal, La Jornada

Para entender el daño que el neoliberalismo ha causado en nuestras sociedades, es bueno tomar algo de distancia histórica. La perspectiva desde horizontes temporales largos permite cuestionar los mitos y leyendas que impiden una crítica certera sobre la economía de mercado y el capitalismo. Un vistazo al pasado ayuda a comprender que las heridas en el tejido social no son superficiales y que se acompañan de una peligrosa mutación hasta en la misma forma de pensarnos.

Lo primero que enseña la perspectiva histórica es que la sociedad de mercado no siempre existió. Este es el hallazgo fundamental de Karl Polanyi, autor de la obra magistral La gran transformación. Si bien los mercados eran conocidos desde finales de la llamada edad de piedra, las relaciones puramente mercantiles estaban acotadas por otro tipo de relaciones sociales que no tenían nada que ver con precios y mucho menos con una finalidad de lucro. Para decirlo en palabras de Polanyi, no es lo mismo una sociedad con mercados que una sociedad de mercado.

Ninguna sociedad puede sobrevivir sin un sistema económico. Pero el sistema económico basado en la idea de un mercado autorregulado es una novedad en la historia. En la antigüedad existieron mercados de todo tipo de bienes, desde telas y sandalias hasta utensilios y alimentos. Había precios y monedas. Pero las relaciones mercantiles estaban sumergidas en una matriz de relaciones sociales cuya racionalidad no era obtener ganancia o beneficio económico. Como dice Polanyi, aquellas relaciones mercantiles estaban encasilladas en otro tipo de relaciones sociales.

viernes, 8 de junio de 2018

La crisis de la globalización: ¿una guerra inevitable?

La falsa ilusión de la globalización tal y como la concibió hace veinte años gente muy insensata es insostenible
James K. Galbraith, CTXT

En su libro más reciente, Kari Polanyi Levitt señala que la palabra “globalización” no aparece en los diccionarios de lengua inglesa Oxford Shorter English anteriores a 1994 ni en los programas correctores ortográficos de la época. Surgió de la nada en ese momento por una razón: para arrojar cierta luz de benigna inevitabilidad sobre el proyecto de hegemonía occidental que se ofrecía como futuro tras la disolución de la URSS.

Hoy, mientras escribo en el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, este proyecto no ha estado a la altura, y quizá se tambalee y esté a punto de sufrir su propia disolución. Hay tres motivos principales: uno es China; el segundo es Rusia; y el tercero, y más importante, es la mala gestión financiera de Estados Unidos y Europa.

La gran idea de la década de 1990 era que un orden mundial liberal, abierto y unificado, dominado por los bancos, podría llevar democracia y prosperidad al Este. Esta idea, ciertamente, se había puesto a prueba en el hemisferio sur desde comienzos de la década de 1980 y la experiencia se denominó la “Década Perdida”. Sin embargo, en el Este era novedoso –además de ser, hasta cierto punto, algo en lo que se confiaba fielmente en los vertiginosos momentos en que se producía la desaparición de un socialismo mediocre en Europa.

domingo, 29 de abril de 2018

Por qué Amartya Sen es el gran crítico del capitalismo del siglo XXI

Tim Rogan, aeon

Las críticas del capitalismo vienen en dos variedades. Primero, está la crítica moral o espiritual. Esta crítica rechaza al Homo economicus como la heurística organizadora de los asuntos humanos. Los seres humanos, dice, necesitan más que cosas materiales para prosperar. Calcular el poder es solo una pequeña parte de lo que nos hace ser quienes somos. Las relaciones morales y espirituales son preocupaciones de primer orden. Soluciones materiales tales como un ingreso básico universal no harán ninguna diferencia en las sociedades en las que las relaciones básicas se consideran injustas.

Luego está la crítica material del capitalismo. Los economistas que dirigen las discusiones sobre la desigualdad ahora son sus principales exponentes. Homo economicus es el punto de partida correcto para el pensamiento social. Somos calculadores pobres y decididos, y no vemos nuestra ventaja en la distribución racional de la prosperidad entre las sociedades. De ahí la desigualdad, los salarios del crecimiento sin gobierno. Pero somos calculadores de todos modos, y lo que necesitamos, sobre todo, es la abundancia material, por lo tanto, el enfoque en la reparación de la desigualdad material. De buenos resultados materiales, el resto sigue.

El primer tipo de argumento para la reforma del capitalismo parece recesivo ahora. La crítica material predomina. Las ideas surgen en números y figuras. Hablar de valores no materiales en economía política es silenciado. Los cristianos y los marxistas que alguna vez hicieron suya la crítica moral del capitalismo son marginales. El utilitarismo crece omnipresente y obligatorio.

Pero luego está Amartya Sen

jueves, 26 de octubre de 2017

¿La economía solidaria representa un modelo viable a escala global?

Fernando de la Cuadra, Rebelión

Hace ya algunas décadas el economista húngaro Karl Polanyi apuntaba que es posible pensar que existen formas de integración o de funcionamiento de la economía que no se asientan necesariamente en instituciones monetarias basadas en el intercambio convencional, es decir, que superan los movimientos de “doble mano” que se producen en el lugar del mercado, el cual representaría su locus por excelencia . De esta manera, Polanyi propuso algunas visiones alternativas de aquella existente en la economía capitalista, identificando en esa construcción tres principios de distribución distintos al modelo de intercambio mediado por el mercado y orientado a la ganancia, a saber, la administración doméstica, la redistribución y la reciprocidad . Según él, en la economía real pueden coexistir dos o más principios en los cuales esté presente inclusive la ganancia monetaria, aunque su presencia no necesariamente debe representar el principio dominante.

La importancia de estas formas para entender la actividad económica, residiría en que ellas no solo poseen una dimensión histórica sino que además ostentan una expresión empírica demostrable en actividades concretas realizadas por las personas, lo cual demostraría las limitaciones de la perspectiva de Olson y seguidores, en torno al lugar central ocupado por el comportamiento egoísta y la acción racional que tendrían los grupos y sus miembros individuales en las actividades desarrolladas cotidianamente.

Especialmente la noción de reciprocidad permite visualizar otros aspectos en torno a los cuales se organizan las sociedades, ya no basadas únicamente en la idea de interés y de competencia entre las personas y las organizaciones, sino también o sobre todo en torno a prácticas de cooperación destinadas a preservar los lazos sociales dentro y entre los diversos tipos de agrupaciones

lunes, 2 de octubre de 2017

Discusiones sobre el fin del capitalismo y lo que vendrá

Claudia Cinatti, La izquierda diario

El capitalismo como modo de producción histórico es un sistema que va a terminar y su fin no está demasiado lejos, incluso quizás ya estamos viviendo el comienzo de este final anunciado. Su muerte no será un acontecimiento violento precipitado por una revuelta de los explotados sino un proceso prolongado y la causa de defunción, una sobredosis de sí mismo. Lo que hay por delante son décadas de decadencia económica, política, social y moral. Palabras más o menos, esta es la principal tesis del sociólogo alemán Wolfgang Streeck sobre la situación actual y su dinámica más probable.

La radicalidad de su análisis y lo sombrío de su pronóstico son una muestra más de la profundidad de la crisis económica, política, social, estatal –orgánica– que ha abierto la Gran Recesión de 2008. Sobre todo viniendo de un intelectual que antes de formular esta versión sui generis de la teoría del derrumbe capitalista, militaba en las filas del mainstream socialdemócrata.

Los ensayos de Streeck, centrados fundamentalmente en la crisis de la Unión Europea y el capitalismo occidental, abrieron un intenso debate y provocaron la repuesta tanto de defensores del neoliberalismo, como Martin Wolf, como también de representantes de la intelectualidad socialdemócrata bien pensante, entre ellos Jürgen Habermas, con quien ha sostenido una dura polémica sobre el futuro de la Unión Europea. Su lectura adquirió un renovado interés a la luz de los nuevos fenómenos políticos, en particular, con el ascenso de populismos de signos políticos opuestos, y otros eventos relativamente sorpresivos como el Brexit y la presidencia de Trump.

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