Lamentable desenlace de aquella guerra de liberación nacional contra el despotismo inglés que dos siglos y medio después culmina su itinerario histórico como un imperio en descomposición
Atilio Boron, La Haine
Este 4 de julio se cumplieron 250 años de la declaración de la independencia de las trece colonias inglesas establecidas en Norteamérica. La fecha marca el nacimiento de lo que según Seymour Martin Lipset fue la "primera nueva nación", una de cuyas características fue la de haber sido creada sin tener que lidiar con el lastre autoritario y elitista de un pasado monárquico y feudal. Según este autor tal circunstancia hizo que los EEUU exaltaran la igualdad y el logro individual y rechazaran la interferencia estatal en la vida social, propia de las monarquías europeas. Este sería el núcleo de lo que se conoce como "el credo [norte]americano", a veces también llamado "el sueño [norte]americano" ('American Dream') y supuestamente plasmado por los Padres Fundadores en la Constitución de los EEUU.
Sin embargo, una atenta mirada a la evolución de la sociedad estadounidense revela que su temprana formación como sociedad burguesa no la eximió de albergar en su seno las contradicciones y conflictos propios del capitalismo y, entre ellos, un fenomenal proceso, acelerado en este último medio siglo, de creciente desigualdad y concentración de la riqueza. En 2024 el coeficiente de Gini de EEUU registraba un valor de 41,8 (100 es muy desigual, 0 es muy igualitario), muy cercano al de un país como Camerún (42,2) y lejos del que presentan las viejas y elitistas monarquías europeas: 23,4 en Bélgica, 33,5 en el Reino Unido, 30,4 en Francia.
En otras palabras, el "sueño [norte]americano", si existió en las fases iniciales de la conformación de EEUU, se convirtió en la pesadilla de clasismo, exclusión, prejuicio y discriminación que hoy padece ese país, con decenas de millones de ciudadanos sin techo, sin salud, sin educación y sin seguridad social.














