Pretender que Venezuela deje de venderle petróleo a China es un absurdo de imposible cumplimiento, como lo es alejar de la región a "potencias extra-hemisféricas" como China, Rusia, Irán
Atilio Boron, La Haine
El brutal ataque de la madrugada del 3 de enero que resultó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores quedará registrado en la historia futura como el punto de inflexión que echó la última palada de tierra al tan publicitado "orden mundial basado en reglas". Fue un derrumbe progresivo, que lenta pero persistentemente iba dejando caer pedazos de aquella construcción concebida para contener los conflictos y contradicciones de un sistema internacional cada vez más complejo y, a la vez, interconectado.
La impotencia del sistema de las Naciones Unidas para detener el genocidio e infanticidio del régimen racista israelí en Gaza es un ejemplo clamoroso de este fracaso. También lo es el secuestro del ex vicepresidente del Ecuador, Jorge Glas, asilado en la embajada de México en Quito y atrapado por las fuerzas armadas locales violando abiertamente la Convención de Viena sobre las Relaciones e Inmunidades Diplomáticas. El cómplice silencio de muchos líderes de Occidente ante la barbarie desatada en Caracas es otro de los signos de la descomposición de un "orden" incapaz de regular el flujo incesante y cada vez más complejo que anima al sistema internacional.
Para adquirir una visión de la magnitud de esta transformación sistémica recordemos la situación imperante en los años de la Guerra Fría. En ese momento el sistema internacional era bipolar y enfrentaba Occidente, supuesto hábitat de la "libertad", la "democracia" y los "DDHH", con la Unión Soviética y sus aliados, demoníacas personificaciones de todo lo malo que podía caber en este mundo.
Era una estructura relativamente simple, que enfrentaba a dos grandes concentraciones de poder donde los actores excluyentes eran los Estados y, además, cada uno de estos polos funcionaba en un ecosistema económico y político propio. Entre la Unión Soviética y EEUU no había relaciones económicas o financieras. El diálogo giraba exclusivamente sobre asuntos de carácter militar y se limitaba a la elaboración de tratados para contener la carrera armamentista.













