El mundo ha llegado a un punto sin retorno. El fraude de las potencias occidentales ha quedado espectacularmente expuesto y se ha vuelto insostenible.Editorial de Strategic Culture
Cualquiera que sea la autoridad moral o la superioridad que los Estados occidentales hayan supuesto haber tenido en el pasado, todo eso ahora está hecho trizas, irreparablemente.
La hipocresía y la duplicidad de Estados Unidos y sus aliados occidentales se han percibido durante muchos años, incluso siglos. No hay nada nuevo en eso. Pero lo que es nuevo ahora es lo evidente que se ha vuelto para el mundo la pretensión fraudulenta. La conciencia global, a su vez, está conduciendo al desprecio global.
También existe una sensación inequívoca de que los líderes occidentales se han dado cuenta de que su farsa ha sido desmentida y de su inminente ruina.
Esta semana, los ministros del gobierno británico emitieron desesperadas advertencias alarmistas sobre amenazas globales como una forma de conseguir apoyo público para su autoridad en desaparición. Al hacerlo, suenan simplemente ridículos.
En otra parte de esta semana, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, pronunció un extraño discurso a nivel nacional abogando por la unidad nacional en medio del caos global. Macron sonó patético, como si suplicara que se le respetara.













