La intersección de los costos de la guerra y el tiempo crean un dilema imposible para EEUU
Alejandro Marcó del Pont, El tábano economista
Hay análisis geopolíticos que se leen con interés y rápidamente se olvidan. Luego hay análisis que deberían imprimirse y colgarse en las paredes del Pentágono, de la Casa Blanca y de todas las redacciones del mundo. El artículo que publicó Policy Tensor, un blog especializado en estrategia, bajo el título Why the US is facing strategic defeat (¿Por qué Estados Unidos se enfrenta a una derrota estratégica?) pertenece a esta segunda categoría. No porque sus conclusiones sean agradables —no lo son en absoluto—, sino porque su método es implacable: aplica las matemáticas a la guerra y extrae de ellas una verdad incómoda que los comunicados oficiales y los análisis superficiales se empeñan en ocultar.
La tesis de Policy Tensor es sencilla en su formulación y preocupante en sus consecuencias. Estados Unidos se enfrenta a una derrota estratégica en el Golfo. No una derrota en el sentido tradicional de ejércitos derrotados o capitales conquistadas, sino algo más sutil y quizás más profundo: la incapacidad de lograr sus objetivos militares antes de que los costes acumulados —económicos, políticos y globales— se vuelvan insoportables. O, dicho en los términos que utiliza el autor: si Irán puede mantener sus ataques contra las monarquías petroleras, las bases estadounidenses, Israel y, sobre todo, mantener cerrado el estrecho de Ormuz el tiempo suficiente para que sea Estados Unidos quien ofrezca un alto el fuego, entonces Irán habrá ganado. Y Estados Unidos, por mucho que sus portavoces hablen de «misión cumplida», habrá perdido.
Para entender por qué esto es así, hay que adentrarse en lo que el artículo denomina «la mecánica de la guerra de drones«. Y aquí es donde las matemáticas se vuelven más elocuentes que cualquier discurso político.














