viernes, 9 de enero de 2026

Análisis geopolítico del ataque contra Venezuela

Los sucesos recientes dejan al menos dos lecciones claras: la agresión contra Venezuela aún no ha terminado y las acciones de Estados Unidos responden a una agenda mucho mayor que solamente hacerse con el control de petróleo y los recursos naturales venezolanos

José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

Lo ocurrido en Venezuela este 3 de enero, nos ha conmocionado a todas y todos los amigos de la Revolución Bolivariana. No solo porque desde 1989 no ocurría algo de esta magnitud en nuestra región, sino también porque la forma en que se desarrollaron los hechos durante esa fatídica madrugada de inicios de 2026, abre numerosas interrogantes que solo el tiempo aclarará en su total dimensión y significado.

Aunque resulta tentador para un analista y militante intentar desenredar el hilo de Ariadna de los hechos y acciones internos que concluyeron con el secuestro del legítimo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa, y que costaron muchas y valiosas vidas, considero que lo más útil en este momento es intentar entender el rumbo y las implicaciones que se abren para la región y el mundo con el accionar de los Estados Unidos.

Sembrar dudas e incertidumbres en un país que intenta recomponerse ante una agresión contribuye a fracturar la unidad de las fuerzas revolucionarias internas, que es lo más importante hoy para preservar la continuidad del proyecto y sus conquistas. Además de que, con la información disponible y las campañas de guerra sicológica y comunicacional en curso, es fácil caer en prejuicios o falsas concepciones sobre el liderazgo del proyecto en este momento actual o en torno a figuras puntuales.

Los sucesos recientes dejan al menos dos lecciones claras: la agresión contra Venezuela aún no ha terminado y las acciones de Estados Unidos responden a una agenda mucho mayor que solamente hacerse con el control de petróleo y los recursos naturales venezolanos.

Barbaria ataca de nuevo

Aun así, el nuevo Calígula no se detendrá, imitando su verborrea. El Imperio del Caos bajo la Doctrina Donroe se basa en el dominio estratégico, a toda costa, sobre los corredores energéticos y comerciales.

Pepe Escobar, Strategic Culture
No culpen a César, culpen al pueblo de Roma, que lo ha aclamado y adorado con tanto entusiasmo, que se ha regocijado por la pérdida de su libertad, que ha bailado a su paso y le ha dedicado procesiones triunfales. Culpen al pueblo que lo aclama cuando habla en el Foro de la ‘nueva y maravillosa sociedad’ que ahora será Roma, interpretada como ‘más dinero, más comodidad, más seguridad, más vida a expensas de los trabajadores’.

Marco Tulio Cicerón

Los locos años veinte comenzaron con un asesinato: el general Soleimani, Bagdad, 3 de enero de 2020. Ordenado por Trump 1.0.

La segunda parte de los locos años veinte comienza con un bombardeo/secuestro. Mini-Shock’n Awe en Caracas, incursión de la Fuerza Delta. 3 de enero de 2026. Ordenado por Trump 2.0.

El furioso Donald Trump dijo que gobernará Venezuela.

Este neocalígulo de pacotilla, autoproclamado emperador de Barbaria, al final puede que no gobierne nada, empezando por su propia boca.

La operación de Venezuela se desarrolló siguiendo el clásico manual imperial. Sanciones asesinas durante años que bloquearon el comercio y el movimiento de capitales, provocando una hiperinflación y una crisis humanitaria fuera de control. El objetivo: causar tanto sufrimiento a los venezolanos que un golpe militar fuera inevitable.

El secuestro del presidente de Venezuela en su dormitorio en plena noche se desarrolló siguiendo el clásico manual de la CIA. Consiguieron sobornar al jefe de la seguridad de Maduro y a su círculo más cercano, pero no (cursiva mía) al ejército venezolano.

jueves, 8 de enero de 2026

La guerra de Trump contra América Latina debe detenerse

El ataque a Venezuela señala una nueva fase del poder estadounidense en América Latina, definida por la coerción, la intimidación y la intervención sin límites.

Branko Marcetic, Jacobin

Toda esperanza de que Donald Trump fuera un presidente «antibélico» se evaporó casi tan pronto como ganó la elección de 2024, cuando llenó su administración de una camarilla de belicistas. Después de un año en el que Trump respaldó la guerra de Israel contra Irán, se dedicó a volar embarcaciones en aguas internacionales y, ahora, atacó a Venezuela y secuestró a su líder, esa esperanza salió despedida por un acantilado y se estrelló contra las rocas del fondo.

No hace falta decir que la operación de cambio de régimen que lleva adelante Trump en Venezuela es brutal, peligrosa y descaradamente ilegal, aunque obviamente es todo eso y más. Es ilegal en múltiples niveles: una violación clara del derecho internacional, por supuesto, pero también el último ejemplo de Trump limpiándose los zapatos, con total desparpajo, en la Constitución de Estados Unidos. Pese a lo que afirma el vicepresidente J. D. Vance, no existe ningún resquicio legal que invalide mágicamente la Cláusula de Poderes de Guerra de ese texto en el caso de que el Departamento de Justicia impute a un líder extranjero.

Esas acusaciones por narcotráfico, dicho sea de paso, no tienen nada que ver con lo que Trump acaba de hacer, aunque sin duda vamos a oír hablar de ellas sin parar en las próximas semanas. Como señalaron largamente diversos analistas, Venezuela casi no tiene relación con el flujo de cocaína hacia Estados Unidos. Y Trump se esforzó de manera casi cómica por socavar su propio argumento, al indultar hace apenas unas semanas a un expresidente latinoamericano condenado por narcotráfico y al divagar públicamente sobre cuánto le gustaría meter mano en las reservas petroleras de Caracas. Ahora prácticamente se relame ante el festín que, según él, van a darse «nuestras muy grandes empresas petroleras estadounidenses» cuando se «involucren muy fuertemente» en la industria petrolera venezolana.

Dos siglos de rusofobia y rechazo a la paz

Europa ha rechazado repetidamente la paz con Rusia en momentos en que se podría haber alcanzado un acuerdo negociado, y tales negativas han demostrado ser profundamente contraproducentes

Jeffrey D. Sachs, Sinistra in Rete

Desde el siglo XIX hasta el presente, las preocupaciones de seguridad de Rusia han sido tratadas no como intereses legítimos que deben negociarse dentro de un orden europeo más amplio, sino como transgresiones morales que deben contrarrestarse, contenerse o ignorarse.

Este patrón se ha mantenido inalterado incluso bajo regímenes rusos radicalmente diferentes –zarista, soviético y postsoviético–, lo que sugiere que el problema no radica principalmente en la ideología rusa, sino en la persistente negativa de Europa a reconocer a Rusia como un actor de seguridad legítimo e igualitario.

Mi tesis no es que Rusia haya sido completamente benigna o confiable. Más bien, es que Europa ha aplicado sistemáticamente un doble rasero en su interpretación de la seguridad.

Europa considera que su uso de la fuerza, la creación de alianzas y su influencia imperial o postimperial son normales y legítimos, mientras que interpreta el comportamiento similar de Rusia, especialmente cerca de sus fronteras, como inherentemente desestabilizador e ilegítimo.

Esta asimetría ha reducido el espacio diplomático, deslegitimado el compromiso y aumentado la probabilidad de una guerra. Asimismo, este círculo vicioso sigue siendo la característica definitoria de las relaciones euro-rusas en el siglo XXI.

Un error recurrente a lo largo de la historia ha sido la incapacidad, o la negativa, de Europa a distinguir entre la agresión rusa y su comportamiento en busca de seguridad. En diversas ocasiones, las acciones interpretadas en Europa como evidencia del expansionismo inherente de Rusia fueron, desde la perspectiva de Moscú, intentos de reducir la vulnerabilidad en un entorno percibido como cada vez más hostil.

miércoles, 7 de enero de 2026

Los precursores de la guerra están ahí. Irán es el punto de apoyo para una intensa maniobra política que definirá el futuro post-Trump

En la reunión del 30 de diciembre con Netanyahu y su equipo, el presidente Trump se comprometió públicamente a atacar a Irán

Alastair Crooke, Strategic Culture

En la reunión del 30 de diciembre con Netanyahu y su equipo, el presidente Trump se comprometió públicamente a atacar a Irán: si continúan con su programa de misiles balísticos, "Sí". Y en cuanto a su programa nuclear: "Inmediatamente". "Los destrozaremos", dijo Trump.

En contraste con esta beligerancia, el lenguaje de Trump en la reunión de Mar-a-Lago reflejó únicamente calidez y elogios efusivos a Netanyahu e Israel. Públicamente, Netanyahu había recibido el respaldo público de Trump para un ataque contra Irán y para la Fase Dos de Gaza, pero entre bastidores muchos de los detalles permanecieron indefinidos y controvertidos.

El discurso de escalada hacia Irán no sorprendió a Teherán. Era previsible. Todos los indicios de hostilidades inminentes están a la vista: la narrativa en escalada: « Cientos de células durmientes de Al Qaeda listas para desatar la carnicería; Al Qaeda encontró refugio en Irán durante 25 años… [lo que permitió a Irán] impulsar la propagación del fundamentalismo islámico» , afirma un «infiltrado del MI5 y el MI6» . En ese momento, la moneda iraní se desploma y los iraníes salen a las calles.

¿Qué se esconde tras este estallido de militarismo estadounidense-israelí? La fanfarronería de Trump sobre que "las puertas del infierno" se abren para "quienquiera" nos resulta familiar a todos. Sin embargo, todo indica que Trump y Netanyahu están alineados para otra ronda de guerra.

Crisis global y Venezuela


William I. Robinson, LaJornada

El ataque y la toma de control de Venezuela por parte de Estados Unidos han conmocionado al mundo. Mientras asimilamos estos acontecimientos, detengámonos un momento y analicemos su contexto histórico mundial más amplio. El sistema capitalista mundial se encuentra en transición de una época histórica a otra, cuyo desenlace está lejos de estar predeterminado. Las diferentes dimensiones de esta crisis de época –económica, social, política y ecológica– se están conjugando en una mezcla explosiva.

En el plano económico, el capitalismo global se enfrenta a una crisis de sobreacumulación, estancamiento crónico y una tasa de ganancia decreciente. La clase capitalista trasnacional (CCT) ha acumulado enormes cantidades de capital excedente que genera una intensa presión para la expansión. Respaldada por los estados capitalistas, la CCT ha lanzado una nueva ronda de expansión depredadora que implica la apropiación extractivista de recursos, guerras, desplazamientos y represión. Esta campaña para apoderarse de los recursos está alimentando un conflicto tras otro, desde Ucrania hasta Palestina, Sudán y el Congo, entre otros, y ahora se centra en Venezuela.

Cómo el análisis político se convirtió en blanco de las falsificaciones de la Inteligencia Artificial

Bienvenidos a la inteligencia artificial, que está convirtiendo la red en una máquina infernal empeñada en borrar el significado, la cultura y la historia, y en sembrar una profunda confusión intelectual. Exactamente como quiere el tecnofeudalismo.

Pepe Escobar, Strategic Culture

La IA se está expandiendo rápidamente como una plaga por todo el espectro de Internet. Esto es bastante predecible, teniendo en cuenta que el modelo de las grandes tecnológicas para la IA es el tecnofeudalismo, que se basa en el beneficio y el control mental/social, y no en compartir/expandir el conocimiento y crear mejores condiciones para una ciudadanía bien informada.

La IA es, en muchos aspectos, la antítesis de la civitas. Antes del auge de la IA, varias capas de Internet ya se habían distorsionado hasta convertirse en una serie de campos minados a lo largo de una alcantarilla más grande que la vida. La IA, controlada por las grandes tecnológicas, ya se había revelado en muchos aspectos como un fraude. Ahora es un arma.

Hay varios canales en YouTube manipulados por la IA que roban la imagen y la voz de algunos de ustedes, analistas políticos independientes. Una lista no exhaustiva incluye como objetivos a John Mearsheimer, Larry Johnson, Richard Wolff, Glenn Diesen, Yanis Varoufakis, el economista Paulo Nogueira Batista y a mí mismo.

No es casualidad que todos seamos analistas geopolíticos y geoeconómicos independientes, que en su mayoría nos conozcamos personalmente y que seamos invitados a podcasts más o menos similares.

martes, 6 de enero de 2026

La ferocidad imperial y las consecuencias de la agresión contra Venezuela

La transición de la hegemonía blanda a la violencia manifiesta, revela una crisis estructural de un orden que, ya es incapaz de disciplinar a sus periferias

Tannous Shalhoub, Al Mayadeen

La agresión de Estados Unidos contra Venezuela no constituye un episodio aislado ni una reacción espontánea en el devenir de la política internacional, sino la culminación de una lógica imperial integral que se reproduce con renovada intensidad cada vez que el sistema capitalista global ingresa en una nueva fase de crisis.

Lo acontecido en Caracas no es, sino la expresión más flagrante del retorno del imperialismo a sus herramientas más descarnadas: la fuerza militar directa y la imposición de realidades mediante la coacción.

Desde hace años, Venezuela está sometida a un asedio económico asfixiante, a sanciones metódicas, así como a guerras psicológicas y mediáticas bajo el pretexto de la “democracia” y los “derechos humanos”.

Cuando estos instrumentos fracasaron en someter al Estado y desmantelar su estructura, el imperialismo estadounidense recurrió a lo que Lenin definió como la barbarie: una etapa inherente y natural en la evolución del imperialismo, no una desviación patológica respecto a su esencia.

De hecho, la transición de la hegemonía blanda a la violencia manifiesta, revela una crisis estructural de un orden que, ya incapaz de disciplinar a sus periferias mediante
  • los mecanismos del mercado,
  • las instituciones internacionales,
  • el bloqueo económico o la subversión interna,
  • apela directamente a los aviones, los misiles
  • y los golpes de Estado.

Trump ya lo intentó —y fracasó— anteriormente en Venezuela

Nada en las descaradas acciones ilegales de Donald Trump contra el presidente venezolano Nicolás Maduro sugiere que la clase dirigente estadounidense haya aprendido alguna lección de la extralimitación imperialista y el fracaso de Estados Unidos en Afganistán, Irak o la propia Venezuela.

Carlos Ramírez-Rosa, Jacobin

Ya hemos vivido esto antes, cuando la administración Trump intentó forzar una transición política en Venezuela.

En 2019 y 2020, la administración Trump intentó provocar ese cambio mediante presiones, espectáculos y declaraciones públicas sobre su inevitabilidad. Se decía que las deserciones militares eran inminentes. Se afirmaba que miembros del régimen estaban dispuestos a cambiar de bando. Juan Guaidó fue presentado como el legítimo presidente en espera. Y luego… no pasó nada. Las fuerzas armadas se mantuvieron firmes. Las instituciones se mantuvieron en su sitio. La transición prometida nunca se materializó.

Seis años después, la segunda administración Trump está desempolvando el mismo manual.

Una vez más, Donald Trump está anunciando resultados antes de que existan las condiciones materiales y políticas para hacerlos realidad. Afirma que la vicepresidenta de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, está «dispuesta a trabajar con nosotros». A las pocas horas, ella repudió públicamente a Trump. Trump dice que las empresas petroleras estadounidenses están dispuestas a invertir miles de millones de dólares en Venezuela. Politico entrevistó a los propios ejecutivos ese mismo día, quienes dijeron, de forma educada pero clara, que eso no era cierto. Trump proyecta inevitabilidad; las personas que realmente tendrían que llevarlo a cabo le contradicen en tiempo real.

Esto no es un problema de Venezuela. Es el patrón de gobierno de Trump, y una característica recurrente de la extralimitación imperialista de Estados Unidos.

El saqueo de EEUU y los planes de Trump

Venezuela es un buen premio para Washington, pero puede que sea solo el primer paso.

Leonid Savin, Geopolitika

Tras la operación sin precedentes de EEUU contra Venezuela y su presidente, han salido a la luz nuevos datos. Algunos de ellos han sido publicados en los medios estadounidenses, mientras que otros han sido revelados por el presidente de EEUU en una rueda de prensa y en las redes sociales.

Así, se sabe que dentro del Gobierno de Venezuela había un infiltrado de la CIA que trabajaba en colaboración con agentes enviados allí anteriormente. Si a esto le sumamos el trabajo de inteligencia geoespacial de EEUU, así como un centro único de procesamiento de datos al que están conectados los servicios especiales y las agencias de EEUU (el desarrollo del software corrió a cargo de la empresa de capital riesgo Palantir, vinculada a la CIA), esto permitió no solo recopilar y procesar información sobre los movimientos del mandante, sino también crear un simulador del lugar de residencia de Nicolás Maduro y ensayar en la práctica su captura.

Aunque la Fuerza Aérea de los Estados Unidos lanzó ataques contra radares y complejos de defensa antiaérea para garantizar la seguridad de la llegada del grupo de asalto en helicópteros, no está claro por qué no se utilizaron otros tipos de armas y por qué no se protegió adecuadamente el perímetro de la residencia presidencial. Cabe señalar que, con la luna llena, los helicópteros militares, que emiten un fuerte ruido, son un buen objetivo.

El secuestro de Maduro: un episodio fragmentado de la Tercera Guerra Mundial


Domenico Moro, Sinistra in Rete

El acto de guerra estadounidense contra Venezuela, que resultó en el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, es de naturaleza imperialista y representa un episodio de lo que el papa Francisco llamó "una tercera guerra mundial librada a pedazos". El secuestro y el bombardeo aéreo que lo acompañó, que causaron decenas de muertes entre civiles y militares venezolanos, son ilegales y, al violar la soberanía de Venezuela, violan el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas (Artículo 2).

Trump justificó la acción militar alegando que Maduro era el jefe de un cártel de la droga y un narcoterrorista. Así, valiéndose de una ley estadounidense aprobada tras el ataque a las Torres Gemelas, logró eludir la autorización del Congreso estadounidense. Sin embargo, lo cierto es que la ONU ha declarado que Venezuela no produce ni vende drogas, que no operan cárteles de la droga en el país y que el tráfico de drogas hacia Estados Unidos utiliza la ruta del Pacífico, no el Caribe, donde se encuentra Venezuela. Trump fue acompañado por Giorgia Meloni y su gobierno, quienes calificaron la acción militar de "legítima", demostrando una vez más su supina alianza con Estados Unidos. Evidentemente, para Meloni, en este caso no hay "agresor y atacado", a diferencia de Ucrania.

Las causas reales de la agresión contra Venezuela son otras.

lunes, 5 de enero de 2026

Estados Unidos ataca a Venezuela y secuestra a su Presidente


Vijay Prashad - Taroa Zúñiga Silva, Counter Punch

Poco después de las 2 am, hora de Venezuela, del 3 de enero de 2026, y violando el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, los Estados Unidos iniciaron un ataque contra varios lugares del país, entre ellos Caracas, la capital. Sus habitantes se despertaron con fuertes ruidos y destellos, así como con grandes helicópteros en el cielo. Comenzaron a aparecer vídeos en las redes sociales, pero sin mucho contexto. La confusión y los rumores inundaron las redes sociales.

En una hora, se calmó el cielo. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció que sus fuerzas habían llevado a cabo ataques contra Venezuela y habían capturado al presidente Nicolás Maduro Moro y a su esposa Cilia Flores. Poco después, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó que se desconocía el paradero de Maduro y Flores. La fiscal general de los Estados Unidos, Pamela Bondi, confirmó que Maduro y Flores se encontraban en los Estados Unidos y habían sido acusados de «complot narcoterrorista».

No está claro el resultado de este ataque contra Venezuela. El gobierno sigue controlando la situación, a pesar de que se ha secuestrado al presidente y de que el pueblo venezolano se encuentra conmocionado, pero desafiante; no está claro si los Estados Unidos volverán a atacar o si el gobierno norteamericano tiene un plan político claro para después de este ataque.

En los próximos días Netanyahu podría generar otra "crisis de seguridad"

Mientras la coalición de Netanyahu se tambalea bajo una crisis de reclutamiento y plazos judiciales inminentes, es posible que vuelva a crear una “crisis de seguridad” regional para retrasar las elecciones y evadir la rendición de cuentas.

Samuel Geddes, Al Mayadeen

El camino está prácticamente agotado para el gobierno de Netanyahu. Acosado por una crisis interna y desesperado por evitar perder el poder, su historial sugiere que una gran provocación podría estar a la vuelta de la esquina.

Desde que la administración Trump impuso un alto al fuego en Gaza en septiembre, el primer ministro israelí, Netanyahu, se esfuerza por encontrar una excusa para no presentarse a las elecciones. Su cargo de primer ministro ha sido su última carta para eludir la rendición de cuentas en los juicios por corrupción en curso, así como en sus evidentes fallos militares y de seguridad en los dos años transcurridos desde el Diluvio de Al-Aqsa de 2023.

Mientras intenta mantener la puerta abierta a un conflicto sostenido en Cisjordania, Líbano, Siria, Yemen, Irak e Irán, la actual crisis del servicio militar obligatorio ha vuelto a levantar cabeza, y amenazó con desintegrar la débil coalición del primer ministro.

El problema gira en torno a las exenciones vigentes otorgadas a la población judía ultraortodoxa (haredí), que el Tribunal Supremo declaró ilegales en 2024, obligando al gobierno a comenzar a redactarlas. La dificultad para Netanyahu radica en que su gobierno está compuesto por una coalición con los dos partidos que representan específicamente a este segmento de la población, Shas y Judaísmo Unido de la Torá. Ambos partidos condicionaron su apoyo a Netanyahu a la aprobación de una ley que "relegalice" su exención. A medida que se acumulan los costos y las tensiones de la guerra multifrontal de dos años de "Israel" contra la región, esta maniobra abiertamente política se ha vuelto electoralmente tóxica, sobre todo con las elecciones previstas para octubre de 2026 a más tardar.

EEUU captura a Maduro, pero nada está garantizado sobre el futuro de Venezuela

El mundo se está rediseñando en esferas de influencia, y sólo el poderío militar y la voluntad de utilizarlo parecen ser barreras efectivas contra las intervenciones extranjeras.

Rafael Machado, Strategic Culture

Tras un operativo que comenzó a las 2:00 a. m., hora de Caracas, fuerzas especiales estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y los sacaron del país. La operación duró solo 30 minutos e involucró a poco más de un puñado de helicópteros, operando a poca distancia del suelo.

El gobierno estadounidense y sus partidarios reaccionaron con euforia ante la “gran hazaña” de la operación. Donald Trump declaró que solo Estados Unidos podía lograr algo así.

Sin embargo, hasta el momento, el evento se asemeja más a un espectáculo pirotécnico propagandístico que a una gran hazaña militar. Y esto se debe a que la extracción parece haberse llevado a cabo, según todos los indicios, sin oposición alguna por parte del Estado venezolano.

Durante meses, desde que se intensificaron las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, se ha especulado sobre la existencia de negociaciones secretas entre Maduro y Trump. De hecho, periódicos como el New York Times informaron que Maduro le había ofrecido "todo" a Trump, pero que este había rechazado las diversas ofertas.

domingo, 4 de enero de 2026

¡Vergüenza para Estados Unidos, gloria eterna para Venezuela!


Alberto Bradanini [1], l'Anti Diplomatico

El verdadero estado rebelde del planeta, los Estados Unidos de América, está atacando a un país soberano que no ha hecho nada contra la “llamada democracia” más grande del planeta, actualmente dirigida por un sociópata que necesita atención psiquiátrica, pero en realidad controlada remotamente por grandes corporaciones privadas que controlan, en secuencia, el estado profundo (CIA, FBI, NSA y las otras hermanas del mismo tipo), los productores de muerte (armas y virus), los generales del “amor extraño” listos para destruir el mundo por sed de poder y los políticos a sueldo del mejor postor.

Al atacar a Venezuela, el belicismo estadounidense confirma que es la más peligrosa concentración de poder financiero, militar y tecnológico del planeta Tierra hoy en día, dispuesta incluso a poner en peligro la supervivencia de la raza humana, carente de humanidad y de respeto a los derechos ajenos.

Como todos los cobardes, sin embargo, Estados Unidos no se atreve a atacar a grandes potencias como Rusia o China, sino a países pobres e indefensos, que sin embargo no se pliegan a los caprichos imperiales, que defienden su soberanía, si acaso cometiendo errores como todos, pero buscando la manera de generar la poca prosperidad y bienestar para sus ciudadanos que sus condiciones políticas y económicas permiten.

El periodista John Pilger [2] nos recuerda que en los últimos 70 años Estados Unidos ha derrocado o intentado derrocar a más de cincuenta gobiernos, en su mayoría democracias, interfiriendo en las elecciones democráticas de más de treinta países y bombardeando poblaciones de treinta naciones, la mayoría de ellas pobres e indefensas.

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