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jueves, 20 de agosto de 2026

Kallas, Johnson y la beligerancia europea

Boris Johnson y Kaja Kallas

Nahia Sanzo, Slavyangrad

“Las sanciones de la UE ya le han costado muy caro a Rusia, privando a su maquinaria bélica de más de un billón de euros, y para este otoño voy a presentar la lista de sanciones de mayor alcance desde el inicio de la guerra”, afirmó ayer Kaja Kallas, anticipando que la Unión Europea considera útil continuar por el camino elegido para tratar de destruir la economía rusa y obligar a Moscú a regresar a la mesa de negociación, esa que Bruselas nunca le ha ofrecido y que ha tratado de evitar a la espera de una mejor posición militar con la que Ucrania pueda evitar tener que negociar y sustituir el diálogo por la imposición. La UE nunca vio con buenos ojos los acuerdos de Minsk, una iniciativa de Angela Merkel que contó con Francia como socio para dar un aspecto europeo a un proyecto propio de una de las pocas personas que quiso detener la guerra de Donbass para poder regresar al statu quo anterior a la imposición de las primeras sanciones. La lógica alemana era evitar la ruptura continental o una escalada en la guerra de sanciones que implicara vetar el sector energético ruso, una forma de medidas coercitivas que no solo están dirigidas contra Moscú, sino también contra Berlín.

Ni el fracaso de Minsk ni la escalada bélica anterior a la invasión rusa de Ucrania parecieron preocupar a la UE, que ni siquiera se molestó en aparentar trabajo diplomático para evitar la guerra. Lo mismo ocurrió durante las conversaciones de Estambul, en las que no hubo ningún tipo de aliento europeo en favor de la diplomacia ni se derramaron lágrimas de preocupación cuando se consumó la ruptura que condenaba a los dos países a una guerra cada vez más dura y con consecuencias más graves para la población civil, especialmente en aquellas zonas más cercanas al frente, donde el peligro es constante. Y desde el inicio de las conversaciones de Estados Unidos con Ucrania y Rusia en busca de una hoja de ruta sobre la que resolver el conflicto entre los dos países, la UE no ha dejado de poner palos en la rueda mientras fingía una sonrisa con la que poner buena cara ante el peligro de enfrentarse al escenario más temido: tener que readmitir a Rusia como un país más en las relaciones internacionales de Occidente.

martes, 21 de octubre de 2025

Un millón de libras y una guerra sin fin: Cómo la intervención de Boris Johnson en Kiev cambió el curso del conflicto y el futuro de Europa

Cuando Boris Johnson voló a Kiev en mayo de 2022, la paz en Ucrania estaba al alcance de la mano. Tres años y un millón de libras después, Europa está pagando el precio por un hombre corrupto y el silencio de un continente.
Boris Johnson y Volodimyr Zelensky caminan por el centro de Kiev,
9 de abril de 2022


Ricardo Martins, New Eastern Outlook

Cuando la historia vuelva a examinar el conflicto de Ucrania, un episodio podría destacar como punto de inflexión: la repentina visita de Boris Johnson a Kiev en abril de 2022, justo después de que se rubricara un acuerdo de paz provisional en Estambul.

En ese momento, el alto el fuego estaba al alcance de la mano. Sin embargo, según se informa, Johnson, entonces primer ministro británico, instó al presidente Volodymyr Zelensky a no firmar, asegurándole que Occidente armaría a Ucrania “durante el tiempo que fuera necesario”.

Esa decisión, ahora objeto de un nuevo escrutinio tras las revelaciones de The Guardian, puede haber cambiado el curso del conflicto y el destino político de Europa.

El acuerdo de Estambul que nunca fue

A principios de abril de 2022, los negociadores ucranianos y rusos habían acordado en principio un marco que podría haber puesto fin a las hostilidades.

Ucrania renunciaría a su adhesión a la OTAN a cambio de garantías de seguridad. Pero tras la visita sorpresa de Johnson a Kiev, las conversaciones fracasaron.

jueves, 16 de abril de 2020

Coronavirus y Política: Trump, Bolsonaro y Johnson: el eje viral


Eduardo Febbro, Página 12

Patoteros opacos, bufones brillantes e irresponsables sin redención. Varios movimientos políticos y líderes nacionales y mundiales de las derechas duras han fracturado todas las fronteras de la indecencia y la ineptitud en su gestión de la pandemia. Constituyen hoy lo que bien puede llamarse el eje viral del mundo cuya nocividad se contrapone a los mandatos ejemplares protagonizados en la Argentina por el presidente Alberto Fernández y otros jefes de Estado y de Gobierno a través del planeta. Con un Estado descuartizado por la administración macrista, había que tener coraje político para decretar el confinamiento del país y las demás medidas que, a no dudarlo un segundo, salvaron miles y miles de vidas humanas.

En Francia, con muchísimos más casos y un país infinitamente más expuesto que la Argentina a los contagios debido a su posición geográfica central (Francia es el primer destino turístico del mundo con 90 millones de viajeros en 2019) y su vecindad con Italia, Emmanuel Macron recién empezó a diseñar medidas preventivas fuertes a mediados de marzo (el 16) cuando dijo en la televisión “estamos en guerra”. Los tres primeros casos de coronavirus fueron detectados el 24 enero mientras que en la Argentina el primer infectado, importado de Italia, fue descubierto el 3 de marzo. El confinamiento se decretó en Francia el 17 de marzo luego de la perplejidad que provocó el mantenimiento de la primera vuelta de las elecciones municipales que se llevó a cabo el 15 de marzo. La consulta fue suspendida y la segunda vuelta pospuesta. La opinión pública francesa aprobó en un 96% las medidas mientras que un 86% le reprochó al mandatario no haberlas aplicado antes.

viernes, 26 de julio de 2019

Cómo puede ser el brexit de Boris Johnson

El nuevo primer ministro Británico representa el ala dura de los conservadores y tendrá como cometido llevar a cabo un brexit “duro” antes del 31 de octubre


Laura Cruz, El Salto

En 1984 los diez países que entonces formaban la Comunidad Económica Europea (CEE) se reunían en el castillo de Fontainebleau (Francia) para decidir el futuro del mercado común. Margaret Thatcher, en aquel tiempo primera ministra de Reino Unido, destacó por un discurso muy duro: “Nosotros solo queremos que nos devuelvan el dinero que pagamos de más”. Desde entonces la idea del euroescepticismo se instalará en el imaginario británico durante décadas. La gestión Thatcher forma parte de la historia del neoliberalismo europeo y es la base de lo que hoy son estas cuatro naciones.

El año 2016 será un año que se recordará para siempre en Reino Unido. Tras cinco meses de campaña, Reino Unido vota si quiere salir de la Unión Europea, el llamado Brexit . Entonces Boris Johnson, polifacético político británico que ha dejado gloriosos momentos a las hemerotecas británicas y que hasta hace pocos días ha sido ministro de exteriores, recopiló argumentos a favor y en contra del Brexit. Finalmente se decantó por hacer campaña a favor de la salida de la UE, aunque la mayoría de su partido quería remain (postura a favor de la Unión Europea). Para ello se sirvió de una impactante y digerible 'fake new': Reino Unido aporta 350 millones de libras semanales a la Unión Europea, que podrían emplearse en otras urgencias mayores y en el Sistema Nacional de Salud (NHS). Pintó un autobús y recorrió pueblos y ciudades proclamando esta cifra. Solo había un problema: era falsa.

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