domingo, 9 de agosto de 2009

FMI eleva el costo de la crisis a 11,9 billones de dólares


El costo de la crisis financiera ha llegado a 11,9 billones de dólares de acuerdo a los últimos cálculos del FMI. Para se que comprenda la cifra, esta equivale a un quinto de toda la producción mundial y equivale a entregar a cada hombre, mujer o niño del planeta la suma de 1.830 dólares. Sin pensamos que el 50 por ciento de la población mundial vive con menos de 2 dólares diarios, podemos ver la horrorosa magnitud de lo acontecido.

Estos 11,9 billones de dólares incluyen solamente las aportaciones de capital a los bancos, inyectadas para evitar el derrumbe del sistema. La operatoria de los derivados, las garantías sobre la deuda y el apoyo de liquidez a los bancos centrales para contener a los activos tóxicos le ha jugado un muy mal rato a todo el mundo.

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A dos años del inicio de la crisis, los cálculos del FMI son elocuentes. Asi, el 86 por ciento de estos recursos (10,2 billones de dólares) han sido entregados a los países desarrollados, mientras que los países en desarrollo han recibido un apoyo de 1,7 billones de dólares (14%).

Los datos del FMI dan cuenta que Gran Bretaña y Estados Unidos han sido los países que han recibido más apoyo con estas medidas de emergencia para socorrer su sistema financiero. En el caso del Reino Unido, su factura de socorro asciende al 80 por ciento del PIB.

La gran mayoría de los países que integran el G20 se enfrentan a déficit superiores al 10 por ciento del PIB, destacando Estados Unidos, que deberá soportar un déficit del 13,5 por ciento de su Producto Interno Bruto.

Info | Daily telegraph

Lecturas

Premiar a los malos actores, Paul Krugman. El País.
Dos años de 'thriller' con final abierto, Claudi Pérez. El País.
La extraña gesta de Emiliano Zapata, Ilán Semo. La Jornada
Reino Unido plantea elevar a 70 años la edad de jubilación, EFE.
Con una crisis basta, Esther Tusquets. El País


Edmund Phelps sobre Argentina: "Da pena ver que este país que fue potencia económica, haya caído tan bajo"


En una entrevista exclusiva con El Cronista Weekend, el premio Nobel de Economía (2006), Edmund Phelps, advierte que la Argentina debe considerar un cambio en su política económica y asegura que “el clima hostil de negocios” es un obstáculo para la inversión. Sostiene que el principal problema del país radica en el largo plazo.
El Cronista

Soñaba con ese momento desde hacía 15 años. Pero, como a todo buen Nobel, la noticia del premio lo tomó a Edmund Phelps totalmente por sorpresa.

“Eran las seis de la mañana cuando recibí el llamado”, recuerda con su tan característico tono pausado, en charla telefónica con Weekend, desde sus oficinas en la Universidad de Columbia, Nueva York. A la noticia, le siguió la locura mediática que genera el galardón: felicitaciones, entrevistas, declaraciones, charlas, conferencias y, finalmente, el premio. Para afrontar tal torbellino, este profesor de Política Económica contaba con los consejos de un amigo que pocos años antes ya había pasado por lo mismo. Joseph Stiglitz (Premio Nobel 2001). Ambos no sólo comparten la disciplina, un cierto halo incorformista y la casa de estudios. Regularmente se encuentran también para intercambiar opiniones y teorías. Sin embargo, el apoyo más sólido que reconoce tener este economista, de 76 años recién cumplidos, es Viviana Montdor, su esposa argentina desde hace tres décadas. Viviana ejerce tras bambalinas como consejera, protectora y también como una suerte de media coach para que Phelps -”Ned” para sus amigos- soporte la atención que significa ser considerado una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Fue la misma Viviana que aquella mañana le pasó la llamada que le cambió la vida.


Nacido en Evanston, Illinois, Phelps recibió el Nobel en 2006 por haber demostrado que el salario y la variación de los precios dependen tanto de la inflación como del desempleo. Sus conocidos, sin embargo, prefieren definirlo como uno de los “revolucionarios” de la teoría económica clásica. “Siempre me había faltado algo en los modelos”, cuenta el economista y alguna vez aspirante a trompetista. Ese algo era la persona común que no cuenta con los supuestos típicos de una información completa para tomar decisiones.

Phelps analiza para Weekend la economía internacional y cuenta por qué cree que lo peor ya pasó, pero que “la recuperación será lenta”. Sin olvidar, claro, su visión sobre la Argentina versión 2009 donde, además de compartir varios nietos con Viviana, tiene una cátedra en la Universidad de Buenos Aires que lleva su nombre y, allá por 1980, trabajó en el CEMA, además de haber sido profesor de economistas argentinos como el ex economista Jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, Guillermo Calvo, o de Carlos Rodríguez.

¿Coincide en que pasamos lo peor de la crisis?

- Creo que es inevitable que el desempleo seguirá creciendo por algún tiempo más. Particularmente en el norte de América y gran parte de Europa. Pero, sí, hay razones para esperar que, en estas partes del mundo, el crecimiento vuelva a generarse a principios del año 2010. A eso se suma el crecimiento que llegará desde India y China.

Brotes verdes, ¿los ve y en dónde?

- Hay señales de mejoras aisladas. Por ejemplo, los gastos y la inversión de productores de equipos durables está subiendo, la construcción de casas parece haberse estabilizado. Pero también cabe recordar que uno siempre puede señalar una o dos industrias en particular que están trabajando bien. Los servicios de cuidado médico son un caso que sigue expandiendo su negocio.

¿Para cuándo espera ver señales de una tendencia más generalizada?

- Eso no se puede precisar. Hay demasiado que depende de que se recuperen las expectativas, de productores, de inversores, financieras, de los bancos.

¿Cuáles son los principales desafíos para que se mantenga la tendencia positiva que muestran los mercados en estos días?

- Es importante que logremos reordenar el sector financiero. Hoy por hoy, el sector no está funcionando demasiado bien. Y, en los últimos 10 años, tampoco estuvo sirviendo a las necesidades del sector empresarial. Queda mucho por hacer. No se olvide que mucho del crédito se utilizó para invertir en activos tóxicos, pero también para financiar hipotecas inmobiliarias. Una parte importante de las compañías perdió toda conexión con el sector bancario. Muchas empresas venden sus activos directamente en la bolsa, otras, las más jóvenes, dependen del flujo y el aporte de capital de riesgo. Los bancos están cada vez menos involucrados en hacer préstamos a empresas. Aquí, en los Estados Unidos, por ejemplo, desapareció prácticamente el modelo del clásico banco mercantil que en otros tiempos era el principal actor y encargado de financiar al sector empresarial.

¿Cree que el plan de Obama para incrementar los poderes de la Reserva Federal para controlar mejor el sector bancario mejorará la situación?

- Estuve un poco sorprendido de que la administración Obama esté considerando a la FED como un posible regulador del sector que sirva para proteger a la economía contra todo tipo de riesgo sistémico. Los funcionarios de la FED no están preparados para realizar este tipo de trabajos. Ellos son expertos en temas de política monetaria, macroeconomía y -en ciertos aspectos- del negocio bancario.

Entonces, ¿la regulación que usted pide de dónde debería venir?

- Yo diría que si vamos a querer controlar el riesgo sistémico, lo que necesitamos es una nueva agencia reguladora. Su plantilla debería estar conformada por profesionales que tengan un entendimiento más profundo y especializado sobre lo que hace y causa el riesgo sistémico. Que tengan no sólo expertise sino también un gran caudal de juicio y, por qué no decirlo, intuición sobre estos temas.

China, Brasil y Rusia recientemente renovaron su reclamo de una moneda alternativa contra el dólar. ¿Qué opina sobre tal proyecto?

- Puede que suceda en los próximos cinco años. Pero, por el momento, no lo veo. Con los problemas que complican a las economías del mundo en estos días, los gobiernos no encontrarán tampoco el tiempo para elaborar e implementar un cambio estructural de este tipo. No es algo urgente. Además, los Estados Unidos tienen que lidiar hoy con un déficit fiscal tremendo, por más que sea algo temporal. Otros países en el mundo comparten el problema. Piense que la economía global de los próximos cinco o diez años no se parecerá en nada a la economía que conocimos en los últimos cinco años. Quiere decir, no hay ninguna razón para pensar que tanto el tremendo déficit de los Estados Unidos como el abultado superávit de un país como China sea algo tan permanente como para que se tenga que introducir una moneda global alternativa.

La relación superávit-déficit es uno de los temas en la Argentina. ¿Cuál cree que puede ser su mayor problema en lo económico?

- Se puede decir que, en el transcurso de la crisis, la Argentina, hasta ahora, tuvo suerte: los precios de los commodities volvieron a surgir en los últimos seis meses. Además, la Argentina no sufrió el impacto de tener que soportar la caída en masa y el cierre de bancos u otras entidades. Me parece que el principal problema del país está en el largo plazo. Es decir, el país debe preguntarse cómo convertir su economía en un motor de prosperidad y bienestar. Que sea más innovativa para que provea trabajo a cada vez más personas. Que genere más productividad y mayor nivel de salarios, o sea, ir aumentando el incentivo para que todos los actores quieran participar del proceso económico.

¿Qué identifica como el principal obstáculo para lograrlo?

- Creo que en la Argentina hay un gran número de obstáculos. Por ejemplo, se sabe que el clima de negocios no es muy provechoso, por no decir hostil, en estos momentos. Pero, sería absurdo querer resaltar sólo dos o tres temas. El problema del largo plazo no se puede solucionar con arreglar dos o tres ítems. En estos temas no hay balas mágicas.

Sin embargo, aquí el “fantasma del default” volvió a aparecer. Preocupa un superávit financiero en reducción, el gasto público y un mercado financiero internacional que le está vedado al país. ¿Cómo lo evalúa usted?

- Bueno, Estados Unidos está este año en camino hacia un déficit fiscal colosal. Pero, más allá de eso, siempre es un riesgo apoyarse únicamente en la tranquilidad y el amortiguador que genera un superávit fiscal. La situación siempre puede cambiar de superávit a déficit fiscal. La Argentina no tiene mucha credibilidad crediticia en estos días. Eso podría ser un problema, aunque no lo es aún. Pero, efectivamente, para 2010 si el crecimiento es lento y el gasto sigue creciendo podría haber un problema.

Otro dolor de cabeza es el dólar. Se defiende la flotación administrada. ¿Cómo lo ve?

- Siempre es peligroso querer fijar la tasa de interés y de cambio porque nadie puede saber cuál puede ser el nivel exacto al que deberían ser fijados. Pero, más allá de eso, obviamente hay un problema de la política económica macro en el país. De otra forma, no se habría generado el importante aumento en la tasa de inflación que tuvo la Argentina el año pasado. Algo anda mal con el nivel del tipo de cambio, de las tasas de interés. Y no creo que eso sea el resultado de un aumento de costos que le llega a la economía argentina desde el exterior. Parece ser, más bien, un problema interno de la Argentina.

¿Cómo evalúa la eterna corrida de los consumidores locales hacia el dólar?

- Simplemente es una muestra de que las oportunidades de inversión en la Argentina se caracterizan por una oferta tradicionalmente muy pobre y reducida. Ése es el problema. El dólar es lo primero y lo de más fácil acceso.

¿Cuánto tiempo cree que la Argentina puede vivir con lo suyo, sin la ayuda de los mercados internacionales?

- Creo que un nivel de dinamismo y bienestar económico sustentable no podrá llegar a la Argentina hasta que el país se ocupe de forma definitiva de pagar sus deudas y se concentre en recuperar su credibilidad y convenza al mundo de que la Argentina pagará y no volverá a caer en el mismo error. Creo que debe considerar un gran cambio en su política económica y financiera. Hasta que eso no suceda, la economía seguirá funcionando muy por debajo de su potencial. El Gobierno mismo se complicó la vida con algunos obstáculos autoimpuestos. Uno es la credibilidad crediticia tras el default. Pero el problema no es tanto la llegada y el sustento de los mercados de deuda soberana, pasa mucho más por activar y mantener un modelo económico que permita un ciclo de producción dinámico e innovativo. Hay mucho potencial en su país. Un ejemplo es el mercado inmobiliario, el sector del agrobusiness, el del vino. Uno no puede olvidar que su país fue alguna vez una de las potencias económicas. Da tristeza de que desde entonces haya caído tan bajo.

En esos tiempos, la base era el modelo de exportación de commodities. Hoy, ¿cuál debería ser esa base?

- Yo ni soñaría en dar una recomendación en ese sentido. Ese tipo de decisiones le corresponden a los empresarios, a la gente de negocios que está sobre el terreno. Por el simple hecho de que requiere un gran conocimiento de las condiciones del entorno, conocer el mercado. Como siempre digo: para eso, Dios creó a los empresarios (ríe).

viernes, 7 de agosto de 2009

Revancha en el laboratorio, el ensayo neoliberal ha concluido


Gracias a Ramón Morata, de Artículos claves, he llegado a este artículo de Alejandro Nadal publicado esta semana en La Jornada. Plenamente coincidente con la línea crítica al neoliberalismo que desarrollo en este blog, así como en varios artículos publicados en El Blog Salmón. La mirada ciega y cortoplacista de un modelo económico basado en el capital financiero, ha arrastrado al mundo a la actual debacle que amenaza con ser la más destructiva de la historia. La complicidad y complacencia de los gobiernos que lo aceptaron, le ha significado al mundo veinte años de retroceso. Este es el artículo de Alejandro Nadal:

Alejandro Nadal, La Jornada

El ensayo neoliberal ha concluido. Todo salió mal. No generó crecimiento, y cuando lo hubo fue sobre bases artificiales. Los equilibrios macroeconómicos crecieron y resultaron insostenibles. Las remuneraciones salariales se estancaron, lo que condujo al endeudamiento. La desigualdad y pobreza aumentaron. El sector financiero se expandió por la deficiente rentabilidad en el sector real y la crisis no se hizo esperar.

Pero dentro de todo esto una minoría se benefició. Esa elite planea no sólo continuar el experimento, sino ampliarlo. Los primeros signos se encuentran inscritos en la arquitectura y prioridades de los programas de rescate y de estímulo para frenar la recesión. Otra señal clara ya se despliega en los laboratorios de la academia.

Vamos por partes. Una lección clave de la crisis se relaciona con la teoría económica. Ahora debe quedar claro para todos que la escuela de pensamiento económico dominante, la teoría económica neoclásica, está en bancarrota. Su principal exponente, el modelo de equilibrio general, es una entelequia para la que esta crisis no debería estar sucediendo. La sofisticación matemática de la teoría de equilibrio general (TEG) sólo es comparable con la superficialidad de sus seguidores. La TEG es el artefacto ideológico más importante del neoliberalismo (y quizás del capitalismo).

Los fracasos de ésta son múltiples. Su principal objetivo era demostrar que las fuerzas del mercado, si son dejadas en libertad, conducen a una posición de equilibrio (oferta y demanda iguales en todos los mercados). Durante años, la TEG trató de probar (a través de un modelo matemático) que la formación de precios de equilibrio es intrínseca al libre funcionamiento de los mercados.

Pero no pudo lograr su objetivo. A finales de los años 50 se alcanzaron algunos resultados que se pensó podían ser la base de una demostración general. La ilusión duró poco: en 1960, Herbert Scarf demostró con su célebre contraejemplo que no había fundamentos para apoyar esa conjetura. En 1974, los teoremas de Sonnenschein-Mantel-Debreu mostraron definitivamente que se había llegado a un callejón sin salida: la TEG nunca podría demostrar la convergencia al equilibrio. ¡Vaya resultado! Pero hay una ironía extraordinaria: en los años que siguieron, la bancarrota científica de la teoría que justificaba el credo del libre mercado coincidiría con el triunfo ideológico del neoliberalismo. Eso tiene mucho que ver con lo que sucedió en las universidades.

La teoría de equilibrio general tiene otros defectos importantes. Por sorprendente que le parezca a los lectores, esta teoría no tolera la introducción de la moneda. Sí, leyó usted bien, la teoría más sofisticada de la que se reclaman los tecnócratas aduladores del libre mercado es no monetaria y su modelo matemático es el de una economía de trueque. La paradoja es más fuerte: resulta que el modelo utilizado para justificar la apertura financiera es un modelo teórico en el que no tiene cabida la moneda. Esto es un escándalo.

La concepción idílica del libre mercado también es la base de la teoría macroeconómica contemporánea. En efecto, la nueva macroeconomía clásica (en su versión monetarista o de expectativas racionales) descansa en una fe inquebrantable en la estabilidad de los mercados. Para esta teoría, si existe flexibilidad de precios y salarios, no habrá desempleo. No importa que no se tenga la menor prueba de que el libre mercado conduce al equilibrio. No importa que muchos estudios demuestren que la flexibilidad de precios es precisamente lo que conduce a la volatilidad e inestabilidad de los mercados.

Los economistas neoclásicos, en su modalidad micro o macroeconómica, tienen una pesada responsabilidad en lo que ha sucedido en la economía mundial. Sus modelos vacíos están detrás de la divergencia entre productividad y salarios, de la desigualdad y del endeudamiento, de la idea absurda de la tasa natural de desempleo y de la especulación como leitmotiv de la vida financiera.

No será fácil cambiar las prioridades de la política económica para acceder a un modelo de desarrollo comprometido con el bienestar y la sustentabilidad ambiental. Esta crisis debería contribuir a reformular trayectorias de investigación y planes de estudio en las universidades con nuevas prioridades sobre crecimiento, salarios y remuneraciones, cartelización y corporaciones, la experiencia monetaria y el sector financiero, y, desde luego, la intersección con la base de recursos naturales.

Pero es precisamente en el laboratorio de la academia donde el establishment buscará que todo siga igual, como si la crisis no existiera. La TEG seguirá siendo objeto de enseñanza (pero sin sus deficiencias), al igual que la nueva macroeconomía clásica. Como si nada. El fuerte compromiso ideológico de los economistas neoclásicos y la flojera crónica para abrir nuevas vías de investigación harán difícil el camino. El revanchismo neoliberal en la academia buscará consolidar la stasis. Para las ciencias sociales, esto conlleva un peligro mortal. Y eso no es metáfora.

¿Dónde están los brotes verdes?


La bolsa de Nueva York ha celebrado su mejor verano en siete años; muchos bancos se reparten cuantiosos beneficios; los precios inmobiliarios tienden a estabilizarse y la caída libre tiende a desacelerarse. A primera vista, lo peor ya ha pasado. Sin embargo, ¿dónde están los signos de la recuperación económica?

Los amplios programas de apoyo destinados a combatir el desastre financiero le han quitado una gran carga dramática a la crisis. Los bancos centrales comienzan a revisar sus proyecciones de crecimiento y sacan cuentas. La inversión pública y los rescates masivos parecen haber surtido efecto. El nubarrón comienza a disiparse y los rayos de luz se abren camino en medio de nubes amenazantes. No hay truenos todavía que anuncien una lluvia que lo limpie todo. Sólo silencio. Sólo un sepulcral silencio.

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CEPAL: la crisis dejará hondas y perdurables secuelas

La crisis financiera mundial dejará secuelas perdurables sobre las economías latinoamericanas, advirtió la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena. Al inaugurar la Escuela de Verano sobre las Economías Latinoamericanas de la Cepal, Bárcena dijo que la crisis económica internacional tendrá un duro impacto sobre el comercio, las inversiones, el desempleo y las remesas en Latinoamérica.
Estamos frente a una crisis sin precedentes, que dejará secuelas perdurables sobre distintos aspectos de la economía internacional y regional, lo cual se expresará en un amplio desempleo, menor crecimiento, contracción comercial y déficit fiscales, aseveró.

Entre los principales efectos de la crisis, la titular del organismo de Naciones Unidas mencionó que el comercio regional cayó en abril pasado 31.8 por ciento en valor y 19.7 por ciento en volumen.

Las exportaciones, en tanto, retrocedieron en el mismo mes 29.2 por ciento en valor y 9.2 por ciento en volumen, mientras las importaciones cayeron 34.6 por ciento en valor y 29.9 por ciento en volumen, detalló Bárcena.

De acuerdo con estimaciones de la Cepal, la tasa de desempleo en la región aumentará hasta 9 por ciento, lo que equivale a 4 millones de nuevos desempleados, que se sumarán a las 15 millones de personas que ya están sin trabajo.
El PIB de la región caerá este año un promedio de 1.9 por ciento, cifra muy inferior al 4.2 por ciento de expansión con que cerró en 2008. Bárcena advirtió que todos estos indicadores “tendrán un impacto negativo sobre la pobreza en una región en la que aún hay más de 180 millones de pobres y más de 70 millones de indigentes.

Otro efecto será una baja en las remesas, que en 2008 tuvieron un monto de 69 mil millones y ahora se habla de 60 a 61 mil millones, es decir, 10 por ciento menos a nivel regional. Además, la región también recibirá menos flujos por concepto de inversión extranjera directa (IDE), que será seis veces menor que las remesas.

jueves, 6 de agosto de 2009

A 64 años del terror de Hiroshima


Hace 64 años una masacre cobró forma. El 6 de agosto de 1945 la aviación estadounidense lanzaba el primer bombardeo atómico de la historia sobre la población civil de la ciudad japonesa de Hiroshima en el final de la Segunda Guerra Mundial.

La ofensiva causó la muerte de cerca de 140.000 personas. No obstante, esta cifra ha ido ascendiendo hasta superar actualmente los 258.300, debido a enfermedades causadas por la radiación. Tres días después se repetía este mismo ataque sobre Nagasaki.

Hoy jueves, miles de personas se congregaron en el Parque de la Paz de Hiroshima para guardar un minuto de silencio por las víctimas a la misma hora de la tragedia -las 8.15 de la mañana, hora local (23.15 GMT del miércoles)-, según la agencia local de noticias 'Kyodo'.

Otra lectura: Hiroshima y el genocidio estadounidense
Imágenes inéditas sobre la masacre de Hiroshima

Zeitgeist 2: Addendum


He aquí la continuación de Zeitgeist, un mirada no convencional a los hechos que ocurren y que permenecen ocultos e ignorados por la inmensa mayoría. Si esto disgusta tanto a izquierdas y derechas, por algo será. Le da un duro golpe a la forma de pensar que nos ha llevado al derrumbe. A ese dominio que impone el 0,01% de la población. Hay que verla, pare despertar del largo letargo. Como dice Judd Krishnamurti, nos hemos adaptado a una sociedad completamente enferma... y eso no es nada de saludable.
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