Al arrojar luz sobre los múltiples mecanismos de poder que operan en el ámbito de la economía, Taher Labadi demuestra en este artículo que el colonialismo israelí es un sistema global que oscila entre la expulsión de la población palestina, la opresión política y la sobreexplotación, y que la economía es un terreno privilegiado en el que se despliegan las relaciones coloniales.Taher Labadi, Sin permiso
Pensar la economía palestina en su contexto colonial
En los últimos dos meses se ha escrito mucho sobre Palestina. Atrapada entre la emoción y los mandatos políticos y mediáticos, la investigación académica también fue invitada a los debates para arrojar luz sobre una noticia densa y trágica. El análisis económico estuvo menos presente, pero debería haber centrado nuestra atención, siempre que supiéramos aportar información útil sobre el tema. La teoría económica dominante sigue entendiendo los fenómenos que estudia únicamente en términos de gramática del mercado y, en consecuencia, está mal equipada para considerar los conflictos y poderes que están en juego en la economía o en su entorno inmediato. Como mucho, sus datos agregados y otros formalismos abstractos nos dan una estimación de los costes del conflicto, o de la ocupación militar, y al final entendemos demasiado poco sobre la actividad y los procesos económicos en la guerra, y en el contexto palestino.Desde hace más de una década, existen importantes controversias en el campo de los estudios palestinos, sobre todo en relación con el desarrollo y la elección de herramientas teóricas y metodológicas para leer y describir este contexto particular. Lo mismo ocurre con la investigación en economía, donde hemos asistido a un resurgimiento de la economía política, cuyo objeto ya no es el mercado o el crecimiento, sino las relaciones de dominación que se alojan y crean en la economía. Esta sacudida disciplinaria va de la mano de una crítica cada vez más extendida del régimen económico instaurado tras los Acuerdos de Oslo en 1993, y del modelo conceptual (neoliberal) que lo sustenta. Esta crítica se hace eco del callejón sin salida al que ha llegado el proyecto nacional palestino y del fracaso de la «solución de los dos Estados», y ha conducido a la búsqueda de nuevos marcos analíticos[1].














