Un nuevo anuncio unilateral arancelario estadounidense ha vuelto a sacudir las bases del orden comercial internacional. El presidente de EEUU, Donald Trump, declaró el último día de febrero, la imposición de tarifas arancelarias a la importación estadounidense de acero en 24% y de aluminio en 10%. La decisión, acompañada de la consigna “queremos un mercado libre, justo e inteligente”, confirma la postura del mandatario sobre la protección arbitraria y sin cálculo económico de sectores, ramas y empresas estadounidenses frente al orden comercial multilateral.
El funcionamiento comercial internacional bajo las normas de la OMC no permite aumentos arancelarios unilaterales y puede ser llevado a juicio. No obstante, bajo la Ley de Expansión Comercial de 1962 estadounidense, el presidente puede decretar, sin apelación del Congreso, medidas arancelarias que resguarden la seguridad nacional. Fuera de EEUU la respuesta natural, bajo los principios elementales de relaciones internacionales, son actos de reciprocidad. Trump puede ordenar las acciones que tomará internamente su país, pero no puede controlar las represalias que tendrán sus políticas fuera de EEUU.
Hay un solo problema, EEUU es un productor de aceros muy pequeño y un consumidor de aceros diminuto. Los grandes productores de acero son China (46.3%), y muy por debajo Japón, India; y de aluminio, con una proporción similar, son China, Rusia, Canadá e India. Así, frente a la medida tomada por EEUU, estos países pueden hacer una de dos:
- Abrir un caso en la OMC, aplicar represalias, levantar aranceles a los productos estadounidenses de importación y restringir las franquicias con impuestos específicos a las franquicias.
- Reproducir la postura Coreana frente a las refrigeradoras: “¡si quieren pagar más por su acero y su aluminio, allá ellos!”.














